Harem Imperial – Capítulo 42: Xiao Yu

Traducido por Sharon

Editado por Tanuki


Salón lateral del Palacio Zheng Yang.

La mañana seguía joven, y sishi [1] todavía no llegaba, pero los rayos del sol estaban radiantes. Las ventanas y puertas a un lado ya estaban abiertas para permitirle a la ligera brisa que entre. Con la esencia de varios tés, el aire era refrescante.

La casa de té del Palacio Zheng Yang era la más grande de todo el palacio. El té de calidad sólo podía encontrarse aquí. A excepción de algunas sirvientas que fueron enseñadas por Xiao Yu, las demás no tenían permitida la entrada.

Abriendo la puerta del salón, una figura delgada introdujo su cabeza y comenzó a llamar a alguien.

—Hermana Xiao.

Xiao Yu estaba dividiendo el nuevo lote de hojas del té que llegaron. Cuando levantó la mirada, se encontró con el rostro de Lan. Desde que ella entró al palacio, estuvo trabajando a su lado todo el tiempo. Esta chica era inteligente y flexible, pero algunas veces era impaciente por lo que no podía servirle al emperador, así que Gao Jing la envió con Qing Feng.

Estuvo con ella por unos meses, pero todavía no había venido a visitarla. Para que viniera corriendo tan temprano en la mañana, debía ser que tenía algo que preguntarle.

—Entra. ¿No tienes deberes hoy y por eso vienes a verme? —le preguntó con una sonrisa Xiao Yu.

—No es eso… —susurró Lan trotando dentro de la casa. Las manos de Xiao Yu que manejaban el té se detuvieron. Pensó que la chica estaría intercambiando saludos por un tiempo, parecía que la situación era problemática.

Lan se puso ansiosa y no esperó a que Xiao Yu le preguntara antes de contarle.

—Es la Señorita, la Concubina Qing. Vino y dijo… ¡Que quiere podar todas las peonas del Salón Qing Feng!

¿Podarlas?

—¿Por qué? —le preguntó Xiao Yu, sintiendo cómo si el corazón fuera a parársele. Lan sacudió la cabeza.

—No lo sé. Cuando regresó del banquete de la emperatriz viuda de anoche, lucía como si estuviera preocupada por algo. Después de eso comenzó a destruir cosas para calmar su furia. Y esta mañana, pidió podar las peonias.

La emperatriz ya sentía hace bastante que las peonias no eran agradables a la vista, pero no se atrevió a deshacerse de ellas. Que Qing Feng lo hiciera, ¿pretendía atraer la atención del emperador? ¿O era para ventilar la furia por el ahogo de su hermana? Sin importar la razón, era una tontería.

Pegando la hoja con el origen y el tiempo descritas en la pequeña caja que contenía el té, Xiao Yu volvió a ocupar sus manos.

—Te pidió que las podes, hazlo —respondió casualmente.

—¿Ah? —Lan no lo comprendía—. Pero… ¡Pero eran las flores favoritas de la Concubina Imperial Shu, y fueron seleccionadas personalmente por el emperador! —¿Por qué su hermana no se preocupaba por ello? Si el emperador pierde el temperamento, ¿qué haría?

—Ya no hay una Concubina Imperial Shu. El emperador pudo haber elegido las peonías en el pasado, puede elegir otras. —Al igual que la anterior favorecida Concubina Imperial Shu, y la actual favorita, la Concubina Imperial Hui, el corazón del emperador no pertenecía a una mujer en especial, mucho menos a unas flores.

Su hermana mayor Xiao Yu era la mujer oficial más favorecida del lado del emperador, así que cualquier cosa que dijera no podía estar equivocada. Inclinándose suavemente a su lado, Lan le hizo una pregunta:

—Lo que la hermana Xiao diga, yo lo escucharé. ¿Qué piensas que debo hacer con este asunto? ¿Debería contárselo al mayordomo Gao?

El color del rostro de Xiao Yu desapareció de inmediato mientras se giraba y observaba a la chica frente a ella.

—Lo más importante cuando uno trabaja en un palacio es estar conciente quién es tu Señora. Lo que ella ordene, el sirviente debe realizarlo y no cuestionarlo. Aunque al final alguien quiere culpar a otro, no serás tú la culpable. Por ello, en el futuro, lo que suceda con tu Señora, no debes informármelo para no levantar sospechas —le explicó con frialdad.

Lan quedó estupefacta ante la repentina furia de Xiao Yu, y bajó la cabeza con respeto.

—Muchas gracias por los recordatorios. Lan se irá primero.

Xiao Yu no la detuvo. Ella no quería ser parte con los asuntos del palacio interior. Si Qing Feng lo descubría, pensaría que había puesto alguien a su lado. Aunque hoy sólo ayudó a Lan, si la sirvienta lo entendía, eso estaba por verse.

Tomando la tela de seda a un lado para limpiar sus manos, se preparó para organizar otro tipo de té, cuando vio una figura inclinada a un lado de la puerta con una sonrisa tranquila y despreocupada.

—¿Quién pensaría que el Comandante Oficial Ming estaría interesado en escuchar una conversación entre mujeres? —rio Xiao Yu, rodando sus ojos. Ming Jian le sonrió.

—Nunca hubiera pensado que Xiao Yu tenía un lado tan insensible.

Caminó dentro de la casa y se sentó frente a la mesa redonda. Tomó uno de los tés recién preparados, y lo bebió sin preguntar. Xiao Yu le miró con enojo.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Tomando la bebida del té de primera clase, Miang Jian sólo sonrió.

—Nada, sólo quería discutir sobre un té de buena calidad.

—Este té no es algo que puedas disfrutar —le escupió Xiao Yu tomando la taza vacía en sus manos. Aunque no tenía el recipiente, Ming Jian no se preocupó y siguió sonriendo.

—El té de máxima calidad de Hong Hao que el emperador gusta no es algo que me atreva a pensar. Otros tipos son aceptables.

—No. Tengo —escupió Xiao Yu mientras las esquinas de su boca se elevaban y el sonido de la taza siendo colocada en la mesa resonaba.

—¿Es así? Acabo de venir del Estudio Imperial, y parece ser que escuché al emperador diciendo… —Interesando a Xiao Yu deliberadamente, Ming Jian sólo dijo la mitad de lo que pretendía y no continuó.

—¿Qué dijo? —bufó Xiao Yu.

Esta persona siempre es así.

—El emperador dijo que estamos en el medio del calor del verano. El té verde es el más adecuado para beber.

—¿Por qué no lo dijiste antes? —preguntó Xiao Yu, molesta. El emperador siempre estuvo a gusto con el té negro, así que acababa de dejar que alguien le llevara una taza.

—No preguntaste —dijo él inocentemente—. Cuando preguntaste, respondí.

—¡Hmph! —bufó ella con frialdad, girándose e ignorándolo. Ming Jian se puso de pie y se paró detrás de ella, quien pretendía estar ocupada buscando. Él no la molestó, y en su lugar le habló despreocupadamente.

—Vine aquí para contarte. Si no hay recompensas, no funcionará.

Tomando la pequeña bolsa de hojas del estante a su derecha, Xiao Yu lo metió en las manos de Ming Jiang.

—Tómalo. Vete rápido y no me molestes mientras trabajo.

—Muchas gracias. —Ming Jian tomó el té y caminó lejos, contento. Llegando a las afueras, olió la bolsa. Era su té Mao Jian favorito, y sus labios se doblaron inconscientemente, sintiendo que el sol del verano había disminuido.

♦ ♦ ♦

En el Estudio Imperial, la corte matutina ya había terminado, y el emperador estaba revisando los recordatorios mientras las sirvientas y los eunucos permanecían de pie en silencio. Nadie se atrevía a molestarlo en un momento como este.

Xiao Yu llevó una taza de té y caminó cerca lentamente. Pasando la larga mesa de estudio y llegando a un lado de Yan Hong Tian, bajó su cabeza y vio que el anterior té estaba frío y sin beber.

Señalándole a una sirvienta atrás para que tomara el té frío, Xiao Yu sirvió algo del té recién preparado en una mesa corta a un lado del trono, y abrió la tapa con gentileza. Un aroma a jazmín fue liberado al aire.

—¿Jazmín? —preguntó Yan Hong Tian, bajando el pincel, y Xiao Yu se apresuró a servir. Después de probarlo, el sabor refrescante le hizo reír—. Acababa de pensarlo y tú lo traes. Bien. Recompensa.

—Gracias al emperador. —En silencio, Xiao Yu suspiró de alivio. Era afortunado que esa persona se lo hubiera contado, de otras maneras le habría enviado otra taza de té negro, y eso sería malo.

Gao Jing, de pie a un lado, sonrió sin decir nada. El emperador sólo mencionó el té verde por la mañana, y Xiao Yu, por coincidencia, se acercó a servirlo. Era probable que alguien le hubiera contado.

Viendo la sonrisa en el mayordomo, Xiao Yu lo miró mal en secreto. En ese momento, un eunuco se acercó desde el fondo del salón y le susurró algo a Gao Jing. Él sonrió y ondeó su mano para indicarle que se retirara. Luego dio dos pasos adelante y se detuvo. Frunció el ceño por un momento, y retrocedió.

Yan Hong Tian estaba bebiendo del té, y su humor no era malo. Viendo su actitud vacilante, el emperador rio.

—Gao Jing, ¿qué problema te tiene tan preocupado? —le preguntó, sin dejarle seguir ocultandolo.

—La Concubina Qing ha ordenado que las peonías del Salón Qing Feng sean removidas —contestó. Este tipo de asuntos que correspondían al Palacio Interior no serían anunciados normalmente al emperador, pero se trataba de esas “peonias” y Qing Feng. Aunque el emperador la ignoraba, todavía quería escuchar las noticias de ella.

La mano de Yan Hong Tian que levantaba la taza se detuvo, y el sonido del plato raspando la taza se detuvo. Todos los que servían en el Estudio Imperial dejaron escapar un sudor frío, sin atreverse a respirar.

Después de un largo tiempo, Yan Hong Tian continuó bebiendo despreocupadamente.

—Su valor no es pequeño —dijo. Su voz profunda no transmitía ira ni alegría, y los sirvientes contuvieron el aliento sin atreverse a comentar nada. La mente de su monarca era difícil de leer—. Xiao Yu —llamó con suavidad, bebiendo la mitad del té.

—Su sirviente está aquí. —Xiao Yu dio un paso adelante, a punto de limpiar el té, cuando Yan Hong Tian le habló.

—Ve y echa una mirada. Una vez que terminen de quitarlas, muéstrate y anúnciale a Qing Feng que debe verme.

Xiao Yu quedó sorprendida por un momento, pero después de ver que el monarca volvía a observar los registros, sospechó que había escuchado mal. Las tareas que involucraban mensajes no era algo que le competiera a ella. Ya que le ordenó que fuera, ¿por qué necesitaba esperar a que las peonias fueran quitadas antes de anunciarse? No lo entendía, pero sólo pudo dirigirse obedientemente al Salón Qing Feng.

Cuando llegó, unos pocos eunucos ya habían quitado la mayoría de las flores. Usando una pala, las raíces de las flores estaban arruinadas, y de no haberlas removido, habrían muerto.

Luego de esperar afuera por un tiempo, Xiao Yu caminó dentro. Viéndola acercarse desde lejos, los eunucos que estaban cavando comenzaron a sudar frío y sus manos temblaron a pesar del cálido día de verano. Xiao Yu era una oficial femenina que estaba al lado del emperador, si ella se acercaba, ¿eso significaba que el emperador había perdido la calma?

Al principio pensó que Qing Feng estaría en su casa, así que Xiao Yu quería llamar a uno de los sirvientes para informarle, pero vio su hermosa figura de azul de pie en la sombra. Desde lejos, era la imagen de una mujer suprema cuya apariencia era impecable y exuda un aire de magnificencia. Ella, que estaba caminando, estaba llena de sudor, pero la mujer bajo la sombra del árbol estaba pacífica.

Xiao Yu estaba en trance hasta que la persona caminó lentamente hasta detenerse en frente suyo. Viendo las dos cicatrices en su rostro, Xiao Yu recuperó sus sentidos y le dio una ligera reverencia para cubrir su vergüenza.

—Esta sirvienta, Xiao Yu, saluda a su Señora.

—Levántate. —Qing Feng podía reconocerla con una mirada. La vio la primera vez que llegó al palacio de Yan Hong Tian. A pesar de que se llamaba sirvienta, no lucía como una. En todo el palacio imperial Qiong Yue, solo vio a dos mujeres así, Shui Xin y ella.

Por dentro Qing Feng la ridiculizó. En efecto, eran esposo y esposa, las personas a su lado no eran ordinarias.

—Esta sirvienta está aquí para pasar las palabras del emperador e invitar a su Señora al Estudio Imperial.

Los sirvientes a sus alrededores estaban tan aterrados que palidecieron de inmediato. Qing Feng, sin embargo, le sonrió.

—Eso es bueno, sucede que también quería ver al emperador. —Las palmas de Fu Ling comenzaron a sudar. Quería ir con ella, pero Qing Feng la detuvo diciendo—: Fu Ling, permanece atrás y haz que preparen el suelo para plantar… Begonias.

—Sí. —Fu Ling estaba ansiosa por Qing Feng, pero no se atrevió a rechazar sus órdenes.

Después de darle una mirada a la sirvienta para tranquilizarla, Qing Feng le sonrió a Xiao Yu.

—Vamos.

Si Yan Hong Tian quería castigarla, estaría en camino a la Prisión Imperial y no hacia el estudio.

Las dos caminaron una frente a la otra, sin hablar entre ellas. Xiao Yu caminaba delante para guiar el camino, y por ello no podía ver la expresión de Qing Feng, pero podía escuchar sus pisadas tranquilas como su respiración. Xiao Yu estuvo al lado del emperador desde hace mucho tiempo, así que sabía que no le haría nada, pero que Qing Feng esté así de confiada, ¿es porque sabía cómo terminaría todo o porque no tenía miedo a la muerte?

Mientras pensaba en silencio, alcanzaron el Estudio Imperial. Entrando al salón vio la espalda de Yan Hong Tian inclinada en el asiento del dragón con un pequeño libro en sus manos.

—Emperador —le llamó al ver que ya no estaba leyendo registros—. La Concubina Qing ha llegado.

El pequeño libro en sus manos fue bajado lentamente, y detrás aparecieron un par de ojos negros. Estaban ligeramente divertidos, como una pantera negra observando a su presa sin prisa por devorarla, pero sin escape.

Xiao Yu no pudo evitar los escalofríos, pero la “presa” caminó con un paso tranquilo hacia la persona que estaba sentada en un nivel mayor.


[1] Sishi: Entre las 9 y 11 a.m.

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