Dama Caballero – Capítulo 33: ¿Podemos entrar?

Traducido por Kiara

Editado por Nemoné


Era tarde en la noche cuando Kuhn llegó. Estaba siendo más cauteloso de lo habitual, ya que si un hombre es visto entrando a hurtadillas en la habitación de una señorita noble causaría rumores no deseados. No estaba acostumbrado a verla a tan altas horas de la noche pero cuando vio que había dos pañuelos atados, decidió ir.

Kuhn aterrizó silenciosamente en la habitación y se volvió para cerrar las ventanas.

Elena, que estaba a punto de sucumbir al sueño, abrió los ojos ante la leve molestia. Su mano se deslizó hacia la daga debajo de su almohada. Entonces oyó una voz familiar.

—Soy Kuhn. ¿Para qué me llamaste?

Elena aflojó el agarre en la daga y salió de la cama. Es descortés recibir a un invitado estando en la cama. Sin embargo, Kuhn desvió su mirada para no mirarla en camisón. Cuando Elena se dio cuenta de su estado, se puso rápidamente la bata que estaba al lado de su cama.

Ella fue directo al punto.

—Recibí la ropa y las joyas que él me envió. Lo sabes, ¿no?

—Sí, lo sé.

—Me veo obligada a aceptar un vestido para el baile, pero en cuanto a las joyas…

Kuhn la interrumpió.

—Eso no es posible.

Parecía haber anticipado su respuesta. Cuando Elena trató de abrir la boca para hablar, Kuhn la interrumpió de nuevo.

—El general dijo que me cortaría la garganta si tomaba tan solo una prenda de vuelta.

— ¿Q-Qué?

Elena se sorprendió por la inesperada respuesta. Ella habló de nuevo, con sospecha escrita en sus rasgos.

— ¿Es una especie de broma?

—Probablemente no.

Dudaba que Carlisle matara a Kuhn, pero le había respondido tan seriamente. Al parecer Carlisle supuso lo que pasaría. De hecho, él también le hizo prometer desde el principio que aceptaría todos los artículos que enviaría.

Pero, ¿cómo puedo aceptarlo?

El costo de los vestidos y las joyas era enorme, y ni hablar del exorbitante precio del collar de diamantes rojos. Ella no podía aceptar tales cosas sin ninguna razón.

—Entonces, por favor dile al príncipe esto: Todo es demasiado valioso para que lo acepte sin más. Devolveré el vestido después de usarlo en el baile, ya que hice una promesa y debo cumplirlo. Aunque espero que pueda tomar de vuelta las joyas.

Elena fue insistente, pero Kuhn respondió con una expresión imperturbable.

—Le haré saber. Pero el general dijo: Si ella solicita devolver algo, dile esto.

— ¿Qué es…?

—Dijo que le gustaría verte como una dama en el baile con el vestido y las joyas que te envió.

Elena no sabía por qué Carlisle quería darle esos preciosos regalos. Entonces, de repente, recordó lo que le dijo la última vez que se encontraron.

—No me gusta que otras personas te miren, pero no tengo la intención de decepcionar a mi mujer.

¿Estaba diciendo que quería que ella fuera coronada como la dama del baile?

Este no era un honor otorgado en todos los bailes, solo en aquellos celebrado por la Corte Imperial se llevaba a cabo la ceremonia en la que seleccionan a la mujer más bella de la noche.

La mujer elegida era recompensada con una tiara, y aunque la tiara en sí era más simbólica que valiosa económicamente, el puesto era un honor codiciado por muchas jóvenes nobles. Al punto en que lo rumores decían que si una mujer humilde fuera coronada como la mejor dama podría encontrar una buena pareja y ascender en su estatus social. Fue por eso que las sastrerías estaban abarrotadas con trabajo durante la temporada de bailes.

—No hay posibilidad de que me elijan para un puesto así.

En un principio, no tenía tantas expectativas, y recordó quién fue elegida como la Madona [1] en su última vida.

—Espero que Su Alteza no espere mucho de mí.

—No puedo adivinar lo que piensa.

Elena continuó con más insistencia.

—Todavía es demasiado para mí de todos modos. Por favor, dile que se lo lleve de vuelta.

—Le daré el mensaje, pero el general está lejos de la capital por asuntos urgentes. Es posible que no puedas recibir una respuesta antes del baile.

—Entiendo.

La cara de Elena se agitó con ansiedad. Se preocupaba cuando Carlisle estaba lejos de ella. Su vida había estado en riesgo en el puente de las flores, y a ella le preocupaba que algo volviera a suceder.

—El general dijo que si no quieres aceptarlo aun después de todo eso, debía decirte una última cosa.

— ¿Qué?

—Él dijo cumple tu palabra. Si no lo haces, él tampoco mantendrá la suya…

La boca de Elena se abrió con sorpresa incluso antes de que Kuhn terminara de hablar.

—De ninguna manera.

—Eso es todo lo que puedo decirle.

La forma estéril y profesional de Kuhn obligó a Elena a contener su ira. Era inútil enojarse contra un mensajero.

Qué injusto.

Ese fue el primer pensamiento que le vino a la mente. Carlisle estaba obligándola a aceptar artículos caros, pero desde el punto de vista de Elena, no podía estar endeudada con él. Ella también temía acostumbrarse a su ayuda.

En su última vida, vivió una vida solitaria con la venganza como su único objetivo. Confiar en los demás podría debilitarla. Al principio, le gustaba que Carlisle la estuviera tratando bien, pero ahora se sentía atrapada, y si seguía recibiendo constantemente ayuda de él, tendría que pagarlo un día.

—Entiendo, pero será solo por ahora. —Elena respondió con disgusto.

No había manera de devolver todo, incluso si ella quería hacerlo. Estaba preocupada por los comentarios de Carlisle hacia Kuhn, y el hecho de que no podía hablar con él en persona antes del baile. Se resignó a aceptar los vestidos y joyas. No había otra forma de asistir al baile y encontrarse con él. No le gustaba mucho, pero no tenía otra opción.

—Si no tienes más órdenes, me iré ahora.

—Gracias por tu trabajo, aun siendo tan tarde en la noche.

Kuhn inclinó hábilmente la cabeza, luego salió silenciosamente por la ventana. Ella vio que su figura desaparecía de la vista, luego se dirigió a su cama y se sentó. Sería difícil conciliar el sueño de nuevo.

No quedaba mucho tiempo para prepararse hasta el baile. Cuando llegara el momento, habría mucho que hacer. Primero, ella estaría oficialmente en una relación con Carlisle; entonces, la boda se llevaría a cabo lo antes posible para que pudiera ocupar el lugar como princesa. Aunque esto había sido planeado desde el principio, muchas cosas cambiaron alrededor de ellos desde ese momento, mucho más de lo que ella pensaba.

Elena miró por la ventana hacia el manto de estrellas en el cielo nocturno. Incluso en la oscuridad, la estrellas parecían brillar más que nunca.

—Buena suerte, Elena Blaise.

Esperaba no lamentar nada en esta vida.

Desde muy temprano en la mañana, los sirvientes de la casa Blaise estuvieron ocupados ya que había dos vestidos que arreglar antes del baile. La más apasionada de todos fue Mirabelle.

—Quédate aquí por un momento, hermana.

Mirabelle comenzó a medir a Elena a mano. Los vestidos que Carlisle había enviado eran tan hermosos que parecían haber reavivado la inspiración de la chica para crear.

Elena nunca había visto los ojos de su hermana iluminados con tanto fervor, la miró constantemente con curiosidad.

— ¿Te gustaría estudiar en el extranjero en Freegrand?

— ¿Qué? ¿Estudiar en el extranjero?

Freegrand es el país más conocido en el continente por su dedicación a la moda. Y a diferencia del Imperio de Ruford, que aún se resiste al avance económico de las mujeres, Freegrand es un reino libre sin discriminación alguna hacia el desarrollo de la mujer. Como resultado, también fue un lugar donde se reúnen muchas mujeres emprendedoras.

Mirabelle se sorprendió, como si esa idea jamás hubiera cruzado por su mente, pero pronto sonrió suavemente y negó con la cabeza.

—La matrícula es cara allí. Y padre probablemente no me lo permita.

—Si no tuvieras que preocuparte por la matrícula y si padre te permitiera ir, ¿lo harías?

No podía ser del todo sincera con Mirabelle ahora, pero Elena podría pagar la matrícula tan pronto como se convirtiera en la princesa heredera. Sin importar la vida que su encantadora hermana pueda elegir, Elena esperaba que su hermana menor fuera libre y que hiciera lo que más amaba.

—Bueno… no lo he pensado antes, así que no puedo decirlo.

—Piénsalo. Haré lo que sea necesario para ti.

—Sí, entiendo.

Mirabelle sonrió con gratitud mientras sostenía un alfiler en su mano. Elena se calentó ante la expresión de su hermana.

María, la doncella detrás de ellos que estaba trabajando en la máquina de coser, se volvió hacia Mirabelle a toda prisa.

—Jovencita, ¿qué hago con esto?

Mirabelle se dirigió directamente a inspeccionar la máquina atascada.

—Oh, esto es…

Mientras Elena observaba a Mirabelle hacerse cargo de la reparación de sus vestidos, a Elena se le ocurrió que Mirabelle se parecía bastante a su madre.

♦ ♦ ♦

El resto del día pasó tan rápido como la luz. Elena, Mirabelle y las criadas de la mansión trabajaron juntas para completar los vestidos a tiempo.

— ¡Está listo, hermana! Ven y mira.

— ¿De verdad?

Elena siguió a Mirabelle al vestidor con anticipación.

—Ah…

Ella no pudo evitar mirar con la boca abierta. Aunque había visto el proceso intermedio, era la primera vez que veía el producto final de su trabajo.

— ¿Estos son nuestros vestidos?

La voz de Elena tembló y Mirabelle asintió con entusiasmo.

— ¡Sí! ¿No son hermosos? No hicimos mucho al diseño general, sino que simplemente hicimos algunos ajustes para adaptarlos a nuestra forma. Los originales ya eran perfectos, pero pensé que sería mejor adaptarlos para que se ajusten a nosotros mismos.

—Mirabelle, esto es tan perfecto.

Ante la expresión de Elena, Mirabelle se sonrojó aún más.

—Todos trabajamos duro. Los resultados fueron mejores de lo que esperaba.

Mirabelle estaba siendo modesta, pero había creado una reinterpretación completa del estilo. El vestido que había hecho para ella, era negro, un color un poco inusual, con una gran cinta alrededor del cuello y un lujoso patrón dorado decorado en su falda.

El vestido de Elena era de una hermoso color rosa, los hombros estaban al descubierto, enfatizando su encanto femenino, la falda está compuesta de capas, dando una sensación elegante y flotante. Estaba segura de que los vestidos originales no eran tan perfectos como este. Con la figura delgada de Elena y la pequeña de Mirabelle, se crearon más partes del vestido de lo que se esperaba.

—Es impresionante.

—Tu vestido fue hecho para resaltar el collar de diamantes, especialmente por que fue un regalo de incalculable valor.

Elena se había olvidado temporalmente del collar. Ella siguió con una mirada de sorpresa en su rostro.

— ¿El collar?

—Sí, el que usarás en el baile. Entonces lo intentaré alguna vez, pero no ahora. Me ocuparé de ello incluso si es un préstamo.

Mirabelle no se equivocó, así que Elena asintió torpemente. En verdad, no tenía que ir al baile con el collar, pero ella prometió aceptar lo que Carlisle le enviará sin quejarse. Ya que de cualquier manera los devolvería, podría usarlo una vez, ella decidió aceptar su sinceridad y no preocuparse demasiado por eso. Ellos crearían una escena de amor a primera vista en el baile, por lo que tenía que verse lo suficientemente hermosa para que fuera lo más convincente posible.

—Has hecho un trabajo maravilloso con estos vestidos. Gracias por tu esfuerzo, Mirabelle.

Mirabelle sonrió felizmente y tomó la mano de su hermana para alejarla.

—Ahora que hemos terminado los vestidos, vamos a cuidar un poco de nuestra piel.

— ¿Protección de la piel?

— ¡Por supuesto! Quiero que mi hermana sea coronada como la Madonna del baile.

— No creo que eso sea posible…

A pesar del pesimismo de Elena, Mirabelle solo la apuró.

— ¡Vamos, vamos!

—Lo entiendo.

Las dos caminaron sonriendo.

♦ ♦ ♦

En la tarde del baile.

Una gran línea de carruajes atravesaba las puertas del Palacio Imperial. Uno de ellos estaba adornado con el sello de la Casa Blaise.

Los carros entraron en orden, hasta que por fin llegó el carro Blaise a la entrada. Un heraldo anunció los nombres con voz atronadora.

—Las hijas del conde Blaise.

Cuando la voz del heraldo se apagó, un sirviente abrió la puerta del carruaje. Había una alfombra roja desde el carruaje hasta la entrada del palacio.

El pie de Elena se hundió suavemente sobre la alfombra.

El hombre de la invitación hizo una doble toma en Elena y luego dejó caer la lista que tenía. La multitud a su alrededor, emocionada por el baile, dejó de actuar para mirar a la mujer que había emergido como una diosa.

Cabellos como el oro fundido y piel blanca como la nieve. Un exquisito collar de diamantes rojos hermanados, además sus ojos eran rojos y brillaban como rubíes. La joven salió completamente del carruaje, su movimiento fue tan suave y refinado como el agua y con un vestido tan impresionante que fue suficiente para recuperar el aliento de todos. Era como ver una belleza de otro mundo.

Elena, quien salió primero, le tendió la mano a Mirabelle.

 

—Ten cuidado al bajarte, Mirabelle.

El surgimiento de una nueva chica volvió a respirar a la gente. Elena se volvió hacia el heraldo y lo encontró mirándolas.

— ¿Podemos entrar?

— ¡Ooh sí! Por favor entra.

Él nombró a un sirviente para que les sirviera de guía, y Elena y Mirabelle pronto entraron al palacio, tomándose las manos con afecto.

Tan pronto como las dos desaparecieron de la puerta, los murmullos aumentaron considerablemente. Todos allí hablaban una palabra tras otra sobre Elena. Su apariencia era extraordinaria.


[1] Madona es un término medieval italiano que según Wikipedia se usa para describir a una dama o una mujer de la nobleza. Significa: mi señora.

Kiara
No se si soy la única, que no le gusto el vestido de Elena, es más por el color, creo que el color negro le hubiese quedado mejor o un azul. O quizás se deba a que el rosa casi no me gusta. Comenten sus opiniones.

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2 thoughts on “Dama Caballero – Capítulo 33: ¿Podemos entrar?

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