La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 31: Flor del Desierto

Traducido por Shroedinger

Editado por Sakuya


Tan pronto como el Vizconde Roteschu la visitó al día siguiente, Rashta le preguntó sobre el anillo.

—¿Qué hiciste con el anillo que Rashta te dio?

El Vizconde de Roteschu fue asaltado con un aluvión de preguntas antes de que pudiera sentarse.

—¿Qué hiciste con el anillo?

—Lo vendí.

—¡¿Lo vendiste?!

—¿Por qué no? Eso ya no te pertenece.

Rashta había estado dispuesta a cambiarlo si todavía lo tenía, soltó un frustrado “¡Hu!”

—Lo vendí por más dinero del que esperaba. Pensé que me habías dado un anillo barato a propósito, pero lo has hecho bien por mí.

La presión arterial de Rashta aumentó aún más ante la vil sonrisa del Vizconde Roteschu. Sin embargo, el anillo estaba ahora fuera de sus manos. Sovieshu tenía que obtener uno nuevo.

Rashta contó mental y regresivamente desde el diez, luego señaló con el dedo una silla al otro lado de la mesa.

—Siéntate.

—No toleraré más de tu descaro.

Rashta estaba extrañamente enojada por el anillo, pero no se sintió intimidada.

—Si estás del mismo lado que yo, ya no estarás a la cabeza. No seas tan grosero con Rashta.

El Vizconde Roteschu le lanzó una mirada irritada, pero cuando Rashta sacó su abanico y comenzó a enfriarse, su ira disminuyó al ver las joyas parpadeando en el abanico. No pasaría mucho tiempo antes de que él también las adquiriera.

Sonriendo con anticipación, el Vizconde Roteschu ocupó su lugar con un chirrido de su silla.

—Sí, tienes razón. Ahora somos como colegas.

Rashta lo miró con desprecio, pero continuó.

—¿Has tomado una decisión? Se me acaba la paciencia.

—Primero tienes que convencerme.

—¿Con que?

—Dijiste que ayudarías a Rashta. Ya sea que realmente estés ayudando o no, demuéstrame tu habilidad.

—¿Habilidad?

Rashta azotó el abanico contra su palma.

—Dijiste que revelarías a mi bebé si no cooperaba. Pero si arruinas nuestro acuerdo, incluso cuando estamos del mismo lado, seguiría siendo una pérdida para ti. Así que al menos tienes que mostrarme tu habilidad.

—Hmm… Entonces, ¿qué tipo de habilidades quieres ver?

—Descubra una debilidad de la Duquesa Tuania. Algo que podría iniciar un mal rumor.

♦ ♦ ♦

Cenaba dos veces a la semana con Sovieshu, y hoy era una de esas veces.

Recordé nuestra desagradable conversación del día de ayer, pero no pude evitarlo. Me cambié mi ropa diplomática por un cómodo vestido azul claro y me dirigí hacia el palacio oriental. Para evitar conversaciones incómodas, repasé cuidadosamente las palabras que quería decir.

Mientras caminaba por el pasillo hacia la habitación donde tendría la comida, me encontré con Rashta. Las secuelas de la villa aún no habían cambiado, y Rashta se inclinó con cuidado y se hizo a un lado.

—Me alegro que ya no finjas ser amigable y me llames ‘hermana’.

Esta distancia me resultó aceptable. Caminé unos pasos más allá de ella cuando habló.

—Disculpe… Su Majestad.

Rashta me llamó en voz baja desde atrás. Me detuve y me di la vuelta, pero ella vaciló.

—¿Qué sucede?

Era como si las palabras de Rashta estuvieran atrapadas en su garganta. ¿Qué estaba tratando de decir? Frunciendo el ceño, lentamente comenzó a hablar.

—Su Majestad tiene al Príncipe Heinley. Un amigo cercano.

¿Por qué estaba hablando del Príncipe Heinley de repente? Una vez afirmó que ella era su compañera de correspondencia. ¿Estaba intentando tirar de algo de nuevo?

Sin embargo, lo que dijo Rashta a continuación me tomó por sorpresa.

—Así que, por favor, no toques al Duque Elgy.

—¿Qué?

¿Por qué me molestaría con él?

¿Cree que tocaría al Duque Elgy?

Una exhalación escapó de mi boca.

—No sé de qué estás hablando.

—Cuando estaba en problemas, él era el único de mi lado que me escuchaba y confiaba en mí.

—¿Entonces?

—Por favor… no se ofenda. Su Majestad, tiene tantos amigos, así que, por favor, no se lleve a mi único…

—No lo haré.

No sabía por qué me entendió mal, pero la idea era completamente ridícula y de inmediato la descarté.

—No sé por qué esto le preocupa, pero no se preocupe. El Duque Elgy no es mi amigo.

Rashta sonrió con visible alivio.

—Como se dice.

—¿Qué?

—Has codiciado lo que era mío, pero yo no he codiciado lo que era tuyo. No estoy tan desprovista como para tener que tomar algo de otra persona.

Una mirada de angustia brilló en el rostro de Rashta, pero la ignoré. Pasé junto a ella con una mirada tan fría como la de Sovieshu.

♦ ♦ ♦

Cuando entré en la habitación de Sovieshu, su secretario, el Conde Pirnu, ya estaba dentro. No estaba segura de sí estaban inmersos en una larga conversación, pero Sovieshu estaba sentado frente a la mesa mientras que el Conde Pirnu estaba de pie a su lado. Tranquila y silenciosamente vi de frente a Sovieshu, pensando que el conde se iría pronto dado que ya tenía su sombrero en la mano. Sovieshu no le habría permitido venir aquí en primer lugar si no le importara que lo escucharan.

—Un anillo con magia curativa, ¿correcto?

—Sí.

—¿Son aceptables los collares, pulseras y espadas?

—No. Debería ser un anillo. No, no. Un brazalete también está bien.

—Muy bien. Son extremadamente raros y la búsqueda será muy amplia.

—Encuentra uno de todos modos, y tan pronto como lo hagas, cómpralo.

—Sí, su Majestad.

El Conde Pirnu hizo una profunda reverencia a Sovieshu y a mí, luego salió de la habitación cerrando la puerta. Sovieshu sonrió en mi dirección y tocó una campanilla para llamar a los sirvientes. Habían estado esperando de antemano e inmediatamente trajeron una espléndida cena de brochetas de ganso a la parrilla, estofado y pan con queso. Después de que los sirvientes se fueran, dirigí la conversación a la escena de antes.

—¿No tiene ya un anillo con un hechizo curativo, Su Majestad?

—Oh, sí. Pero ahora no lo tengo.

—Ya veo.

No parecía querer decirme por qué ya no lo tenía. En lugar de interrogarlo más, comí una cucharada de estofado. Pensé que estaba aliviada de encontrar un tema de conversación, pero ahora estaba completamente en blanco. La habitación yace en completo silencio, ya que desde pequeños nos habían enseñado a no hacer ruidos fuertes con la vajilla.

Sólo después de vaciar su plato de estofado, Sovieshu habló.

—Emperatriz, si no le importa, ¿puede prestarme la Flor del Desierto hasta que encuentre un nuevo anillo?

La “Flor del Desierto” era mi anillo, obtenido de un comerciante que regresó de Rwibt. Había sido transmitido de generación en generación por los mejores guerreros de la tribu del desierto, y también contenía un poderoso hechizo curativo. No lo usaba mucho, así que no me importaba prestárselo… Sin embargo, sin saberlo mi mirada se volvió hacia las suaves manos de Sovieshu.

No tenía ni rasguño ni cicatriz.

—¿Realmente lo necesita?

Sovieshu respondió sin rodeos.

—Solo quiero prestárselo a alguien que se ha lastimado las manos.

—¿Quién es?

—Déjame pedir prestado el anillo y prometo devolvértelo.

—Las manos de Rashta deben ser ásperas.

Los ojos de Sovieshu se agrandaron. Dejé el tenedor, me limpié la boca con una servilleta y le sonreí.

No necesitas usarlo en ti mismo. No puedes prestárselo a otros nobles de la nada, y no puedes vender nada que pidas prestado. Estás seguro de que puedes recuperarlo. Seguramente la persona a la que quiere dárselo es Rashta.

Sovieshu me miró en silencio y luego, tímidamente, se llevó la mano a la frente. Dio un largo suspiro.

—¿No me lo prestarás?

—Lo haré.

—¿De verdad?

—Sin embargo, existe una condición.

—Una condición…

—Por favor, préstame uno de tus objetos mágicos como garantía.

Sovieshu soltó una risa asombrada.

—¿Crees que no lo devolveré?

—No. Pero puede que yo tenga una persona a la que quiera prestarlo.

—Para prestarlo a… ¿Quién?

—¿No me lo dijiste ayer? No querías que me asociara con extranjeros, así que miraré a nuestros jóvenes civiles.

El rostro de Sovieshu se puso rígido.

—Entonces, ¿prestarás los artículos del Emperador a un joven civil?

Asentí y con frialdad tomé un sorbo de agua. Era mentira, pero si iba a quitarme el anillo, necesitaba seguridad. Sovieshu me lanzó una mirada asesina y se puso de pie.

— Si no quieres prestármelo, di que no. Fingiré que esto no sucedió.

♦ ♦ ♦

No pude terminar mi plato de estofado después de eso, pero todavía tenía hambre.

Tendré que pedirle un helado a la Condesa Eliza.

Me sentiría un poco mejor después de comer. Quizás fue la satisfacción por la expresión retorcida de Sovieshu, pero mi estómago se sintió menos revuelto que cuando me acusó de difundir rumores sobre que Rashta era una esclava fugitiva o cuando pensó que traje al Vizconde Roteschu.

Estaba caminando por el Palacio Occidental cuando vi un par de figuras.

—¿Príncipe Heinley? ¿Queen?

El Príncipe Heinley estaba de pie y sostenía a Queen. Mi corazón dio un vuelco cuando me acerqué a ellos, pero descubrí que estaba equivocada.

Esa no es Queen, ¿verdad?

El pájaro era un poco más pequeño que Queen y sus plumas eran azules en lugar de doradas. Su rostro también era completamente diferente.

—Este es el subordinado de Queen.

—¿Subordinado? ¿No es su amigo?

—Es su amigo, pero oficialmente es un subordinado.

El Príncipe Heinley sonrió mientras palmeaba el oído del pájaro. El pájaro hizo una expresión de descontento y me reí entre dientes.

—Los pájaros del Príncipe Heinley son muy expresivos.

—¿Es eso así?

—Queen tiene una cara de sorpresa, una cara triste y una cara tímida.

Extendí la mano y toqué la cabeza del pájaro. Él también era muy gentil por naturaleza y permaneció quieto, a pesar de que un extraño lo estaba tocando.

—Tiene una cara malhumorada.

—Él siempre se ve así. Normalmente tiene una cara como, ‘No quiero hacer eso’.

Al final de las palabras del Príncipe Heinley, el pájaro se puso aún más enfurruñado, pero era tan lindo que seguí acariciándolo.

—¿Puedo abrazarlo?

Supuse que podía, pero el Príncipe Heinley respondió con sorprendente firmeza.

—Eso no es posible.

—¿No puedo abrazarlo?

—No.

No parecía dispuesto a dar más explicaciones y asentí.

—También me gustaría criar un pájaro propio…

El pájaro parecía tan lamentable que le toqué el cuello, y el Príncipe Heinley de repente dio un paso atrás. Cuando miré hacia arriba, sonrió suavemente.

—Creo que el pájaro está ansioso por volver a la habitación.

—Parece tranquilo…

—Su corazón late más fuerte. En realidad, es una criatura tímida y cobarde, a diferencia de la valiente Queen.

No sabía si el pájaro azul era un cobarde, pero ciertamente miraba con el ceño fruncido al Príncipe Heinley. Sin embargo, en lugar de dignificar al Príncipe con su disgusto, el pájaro se levantó y se fue volando, cansado.

Nunca había visto un pájaro tan sin espíritu.

—Él siempre es así.

—¿Está enfermo?

—Él está bien. Solo se está quejando.

—¿Quejando? ¿De qué?

—Hm, de hecho. ¿Estoy en problemas porque evité que la Emperatriz le diera un abrazo?

No sabía si estaba hablando solo o preguntándome. El Príncipe Heinley tenía una expresión inusual en su rostro mientras miraba la espalda del pájaro con los brazos cruzados. Luego, como si sintiera mi mirada fija en él, se volvió y me sonrió.

—Tendré que preguntarle más tarde por qué está enojado.

—¿Puedes hablar con los pájaros?

—Sí. Probablemente esté enojado porque detuve a la Emperatriz de abrazarlo, y me va a golpear diez veces en la espalda.

Me eché a reír.

— ¿Qué es?

—Oh, me acordé de Queen.

—¿Qué?

—A veces le doy una palmada en el trasero a Queen.

Me miró sorprendido.

—Tiene un lindo trasero.

—Oh, gracias.

—¿Qué?

¿Por qué el Príncipe Heinley estaba tan rojo? Lo miré con curiosidad, pero sus ojos se negaron a encontrar los míos.

¡Ah! ¿Era porque estaba hablando tan claramente de traseros? Con una cara tan roja, realmente no era un playboy como sugerían los rumores.

Es sorprendentemente puro.

Pensé que se reiría, pero no continué porque estaba muy avergonzado. Rápidamente cambié de tema.

—Recordé que quería preguntarte algo, Príncipe Heinley.

Me miró con una mano cubriendo su mejilla en llamas.

—Sí. Pregúntame, Reina.

—Conocí al Duque Elgy ayer…

—Ah. Ya veo. —Frunció el ceño como si desaprobara el encuentro—. ¿Te faltó el respeto?

—No del todo.

—Eso es una bendición.

—En cambio, dijo algo extraño…

—¿Qué quieres decir?

La expresión del Príncipe Heinley estaba tensa.

No estoy segura de poder decirle los sobrenombres malos, ¿verdad? El Duque Elgy dijo que era un hombre frívolo.

Si bien el Duque Elgy y el Príncipe Heinley eran mejores amigos de nombre, dudaba de esa relación en este momento. En cambio, pregunté sobre otra cosa.

—Dijo que fuiste tú quien lo llamó aquí.

—Si…

—También dijo que has estado armando algo durante años.

Nuevamente me miró con asombro al rostro.

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2 thoughts on “La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 31: Flor del Desierto

  1. Reyna says:

    Haaa que creías estúpido que solo con pedirle dame tu anillo para dársela a la zorra ella diría o claro mi rey…
    Que no sabes que a las reinas se les súplica?
    #muerte.a.la.zorra
    Pd.gracias por el capítulo muchas bendiciones :3

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