La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 37: Un cambio repentino

Traducido por Shroedinger 

Editado por Sakuya


El Vizconde Langdel era un joven enamorado de la Duquesa Tuania. Cuando fue seleccionado como compañero de baile de la Duquesa en el baile de Año Nuevo, sonrió como si tuviera el mundo en sus manos. Ese mismo joven apuñaló a Rashta…

—Debe haber pensado que fue la señorita Rashta quien inició el rumor sobre la Duquesa Tuania.

La dama de honor que dio la noticia pareció sorprendida.

—¿Cómo lo sabes?

—Cuéntame los detalles.

—Todo empezó bien al principio. Fue Rashta quien lo dejó entrar en su habitación. No sé por qué.

Rashta debió haberlo dejado entrar porque sabía que era un joven enamorado. Había observado a los hombres que se reunían alrededor de la Duquesa en las celebraciones de Año Nuevo.

—No sé si puedo decir esto, pero…

La sirvienta comenzó a murmurar a modo de disculpa, pero luego agitó las manos como para ignorarlo y comenzó a hablar de nuevo.

—El Duque Elgy entró y derribó la puerta de una patada, diciendo que olía sangre, y afortunadamente golpeó… no, detuvo al Vizconde Langdel. El Vizconde fue capturado en el acto.

—¿Duque Elgy? ¿Ha vuelto? 

—Sí, pero esa no es la parte importante, Su Majestad. Cuando atraparon al Vizconde Langdel, siguió gritando que Rashta arruinó a la Duquesa Tuania…

La dama de honor me miró.

—Por eso me sorprendió cuando mencionaste a la Duquesa Tuania de repente, Su Majestad. ¿Hay realmente algo ahí? 

Aunque ambas abordamos esto desde diferentes situaciones, casualmente llegamos al mismo tema.

—¿Cómo está la señorita Rashta?

♦ ♦ ♦

—¿Cómo está ella?

El médico buscó el pulso de Rashta. Su rostro estaba pálido y sudoroso mientras soltaba un gemido, pero el médico de palacio no respondió.

—¿Cómo está ella?

Sovieshu se repitió, mirando los vendajes envueltos alrededor del abdomen de Rashta. Ella se veía en un estado terrible. El médico suspiró y miró a Sovieshu como para instar a que se callara.

—¡Sólo dime! —La voz de Sovieshu se convirtió en un grito y el médico cerró los ojos.

—Su Majestad, por favor guarde silencio por un momento. No puedo concentrarme.

Sovieshu se retiró y se paseó por la habitación con los brazos cruzados, la ansiedad carcomiéndolo. Sintió que se estaba volviendo loco. El médico ya le había dicho que la lesión no ponía en peligro su vida después de su primer examen, entonces, ¿por qué estaba haciendo esto ahora?

Después de algunos pasos, se encontró cara a cara con el Duque Elgy que estaba cerca. El Duque lo saludó con una leve sonrisa y Sovieshu le dio una palmada en el hombro.

—Gracias. Salvaste a Rashta. —Estaba tan preocupado antes que se olvidó de la existencia del Duque.

—Fue solo suerte.

—Si…

Sovieshu asintió con la cabeza y empezó a caminar de nuevo, sin darse cuenta de que el Duque Elgy seguía mirándolo con atención.

El Duque Elgy ladeó la cabeza. Había salvado a Rashta, pero Sovieshu no mencionó el hecho de que otro hombre llegó a la habitación de su concubina a última hora de la noche. El Duque Elgy se sorprendió al ver que el emperador lo manejaba con tanta frialdad.

¿Está sorprendido o…?

Su pensamiento fue interrumpido por la voz del médico de palacio.

—¿Qué es esto? ¡Qué extraño!

El Duque Elgy desvió la mirada de Sovieshu hacia el médico, que había soltado la muñeca de Rashta y estaba sintiendo su estómago.

—¿Puedes presionar la herida así? —Sovieshu le espetó al médico, pero él se limitó a sonreír.

—No esta parte. Y no estoy presionando mucho, Su Majestad.

Sovieshu estaba a punto de darle otra advertencia, cuando el médico dio un grito y se volvió hacia Sovieshu.

—¡Felicitaciones, Su Majestad!

—¿Felicidades? ¿Felicitaciones por qué? 

—¡Hay un bebé en el estómago de la señorita Rashta!

Los otros hombres en la habitación se congelaron.

—¿Bebé…?

Sovieshu miró sorprendido el estómago de Rashta. Le pareció plano.

—¿Bebé?

—Creo que la señorita Rashta quedó embarazada después de que la rescató del bosque, Su Majestad.

Un silencio atónito llenó la habitación. Sovieshu se tapó la boca con la mano.

—Bebé…

♦ ♦ ♦

Mientras me preparaba para el trabajo, me miré al espejo en lo que la condesa Eliza me arreglaba el cabello con expresión seria. Ella notó que la miraba y me dio una sonrisa incómoda, pero su expresión permaneció rígida.

—¿Está todo bien, Condesa Eliza?

Ella respondió con un suspiro.

—En verdad… hay muchas cosas de las que preocuparse.

No pude evitar estar de acuerdo. Había habido una afluencia de incidentes todos a la vez: la Duquesa Tuania estaba en proceso de divorcio, mientras que el Vizconde Langdel apuñaló a Rashta para vengarse…

Laura estaba tirando de la pluma de mi sombrero cuando habló.

—¿Qué pasará con el Vizconde Langdel?

Parecía preocupada, ya que el Vizconde era un conocido de ella. Apuñalar a la concubina de un emperador era un crimen definitivo, y el Vizconde estaba actualmente en la cárcel.

—No se preocupe. Descubriré más.

—No puedo creer que el Vizconde Langdel haya hecho eso. Es imposible de creer.

Una dama de honor abrió la boca para consolar a Laura, pero antes de que pudiera, otra dama de compañía entró en la habitación.

—Su Majestad. El Emperador está aquí.

—¿En este momento?

Todavía era temprano en la mañana. ¿Sovieshu vino aquí en persona en lugar de un mensajero? Miré con perplejidad a la dama de honor.

—Déjalo entrar.

A pesar de mi disgusto, no tuve elección, y la dama de honor soltó un sonido de afirmación y se apresuró a salir. Me aparté del espejo y miré en dirección a la puerta, y unos momentos después, Sovieshu entró en mi habitación. Me pregunté qué palabras de consuelo debería ofrecerle. Sin embargo, para mi sorpresa, no parecía angustiado. En lugar de ira o tristeza, en alguna parte de su rostro había una alegría sutil.

—¿Su Majestad?

¿La lesión de Rashta fue menos grave de lo esperado? No obstante, eso todavía no era motivo para estar feliz por ello.

—¿Está bien la señorita Rashta?

La respuesta que dio me dejó atónita.

—Rashta está embarazada.

Por un momento, no pude procesar lo que había escuchado. ¿Quién estaba embarazada? ¿Rashta?

—No puedo ofrecer mis felicitaciones… 

Las palabras honestas involuntariamente salieron de mi boca. Sovieshu me miró con ojo crítico, pero era cierto. No pude celebrar esto con él.

—Puede que no sea reconocido como parte de la familia imperial, pero sigue siendo mi primer hijo.

—Lo sé.

Mi corazón latía en mi pecho, pero su rostro parecía extrañamente helado. Quizás mi cara también estaba igualmente fría.

—No tienes que dar tus felicitaciones. Sin embargo, a partir del próximo mes, espero que aumenten la asignación tanto como cualquier otra concubina que tenga hijos.

—Por supuesto.

Lo habría hecho de todos modos.

—Rashta aún no se ha despertado, pero sus heridas no ponen en peligro su vida.

No respondí a esta información que me dio Sovieshu, manteniendo los ojos fijos en un sofá. Conté las flores y las hojas en el patrón. Sovieshu suspiró profundamente y no miró hacia atrás cuando salió de la habitación. Incluso después de que él se fue, simplemente me quedé congelada.

Debo haber permanecido ahí por un tiempo, cuando noté una figura sentada en el alféizar de la ventana. Queen estaba encaramado con el pico abierto. La ventana no se había cerrado, por lo que debió haberse sentado en el alféizar de la ventana y esperar a que lo notara. ¿Entró durante la conversación?

De cualquier manera, tuve suerte. Cuando me acerqué, Queen voló a mis brazos, apreté su cuerpo con fuerza y enterré mi rostro entre sus plumas. Me envolvió con sus grandes alas lo mejor que pudo. Podía escuchar su pequeño corazón latiendo fuerte.

—Gracias… es mucho mejor que alguien te abrace.

Fue un abrazo mejor que mil palabras.

♦ ♦ ♦

La noticia se difundió en cuestión de horas. Todos me echaron miradas furtivas en el palacio central, y se callaron apresuradamente cuando pasé. Tan pronto como llegó la hora de cenar, envié a los trabajadores de regreso. A pesar de mi éxito en mantener la compostura tranquila todo el día, mis músculos faciales estaban fatigados.

¿Qué debo hacer cuando nazca el bebé de Rashta? Recordé cómo la emperatriz anterior trató a los hijos ilegítimos del emperador. Había tratado a la mayoría de las concubinas con bastante justicia, pero era fría con los hijos de las concubinas que le desagradaban especialmente.

No iba a ser fácil. La gente simpatizaba con los niños pequeños, y tanto Rashta como Sovieshu eran tan hermosos que su bebé seguramente sería tan encantador como un hada. Si fuera tan fría con un niño tan precioso, que también era el primer bebé del Emperador, mi reputación se arruinaría. Todos me miraban fijamente y susurraban: ‘¿Qué le pasa?’ Además, si no quería que ese niño tuviera ideas tontas, tenía que dar a luz a mi propio hijo legítimo antes de que la diferencia de edad fuera demasiado grande.

Tan pronto como entré a mi habitación, me dejé caer en un sillón y respiré hondo. Era como si el aire circundante intentara aplastarme.

—Su Majestad.

Mi mano estaba apoyada en mi sien cuando levanté la cabeza y vi a la condesa Eliza cerca de mí.

—¿Qué sucede?

—El Príncipe Heinley está aquí. Parecía tener prisa por verte…

—¿El Príncipe Heinley?

Me incorporé de la silla. ¿Por qué estaba aquí?

Desde que se convirtió en un amigo secreto, el Príncipe Heinley no había venido a visitarme directamente, eligiendo solo intercambiar los saludos y cortesías habituales cuando nos reunimos afuera. También lo había visitado solo una vez cuando estaba preocupada por Queen. Si había venido en persona, debía ser urgente.

—Tráelo.

Preocupada, salí rápidamente al salón. No había necesidad de que me cambiara de ropa ya que todavía no me había quitado las ropas formales. Al mismo tiempo que entré en el salón, entró el Príncipe Heinley.

—¿Quiere té, Su Majestad?

—Sí, gracias, Condesa.

Tan pronto como la condesa Eliza cerró la puerta detrás de ella, el Príncipe Heinley se acercó a mí y levantó los brazos en el aire.

—Quería consolarte. ¿Puedo darte un abrazo, como amigo? 

Lo miré y el Príncipe Heinley se apresuró a añadir…

—Los amigos se abrazan para consolarse.

Oh… para eso estaba aquí. Vino corriendo aquí para animarme. Una sensación de alivio inundó mi cuerpo.

—Bien.

Tan pronto como di un paso hacia él, me abrazó con fuerza.

No pude evitar notar la firmeza y amplitud de sus hombros. Incliné mi frente, inhalando un aroma familiar. Era el aroma usual de Queen. ¿Queen olía al Príncipe o el Príncipe olía a Queen?

Aunque el abrazo de Queen fue reconfortante, el cuerpo del Príncipe Heinley era mucho más grande. Me sentí segura mientras estaba envuelta en sus brazos. Todo está bien, parecía decir su cuerpo, y entre el aroma familiar y los brazos desconocidos, la confusión en mi mente se calmó. Incluso el sonido de los latidos de su corazón me dio una sensación de seguridad. Fue saludable, ruidoso y rápido.

—Yo realmente…

Lo miré con duda. 

—Realmente debo ser un idiota repugnante, Reina.

—¿De qué estás hablando?

—Vine aquí para consolarte porque tenía miedo de que estuvieras molesta. Pero mientras tanto estaba teniendo malos pensamientos.

—¿Malos pensamientos?

¿De qué estaba hablando? Aparté la frente confundida y di un paso atrás, mientras el Príncipe Heinley bajaba los brazos. Su rostro estaba rojo mientras retrocedía ligeramente.

—¿Estaba demasiado cerca de ti?

Lo miré con preocupación y me dio un tentativo “¿Eh?” Sus orejas se pusieron rojas y agitó las manos.

—No estaba teniendo malos pensamientos sobre eso, Reina. Absolutamente no. No soy el tipo de persona que se excita así.

¿Excitado…?

Lo miré fijamente.

—Me estoy volviendo loco.

El Príncipe Heinley se tapó los ojos con ambas manos como si quisiera que la tierra se lo tragara.

—Ni siquiera me preguntaste en primer lugar. Me metí en esto yo solo, ¿no?

—Un poco…

Al oír su angustia, mi boca no pudo evitar levantarse.

—Bueno, estoy sonriendo en medio de esto. Las emociones humanas son complicadas.

—Bueno, me alegro de que mi vergüenza te haya hecho sonreír.

El Príncipe suspiró y luego soltó una risita. En ese momento entró la Condesa Eliza con el té. Dejó la bandeja sobre la mesa, luego se apresuró a dejar al par solos de nuevo.

Le levanté una taza de té y él la aceptó con cuidado. Podía sentir su mano temblar cuando nuestros dedos se rozaron. Su mirada estaba dirigida hacia abajo cuando lo miré, pero lentamente levantó los ojos, revelando sus iris púrpura debajo de sus suaves pestañas doradas. Fue cautivador.

—Si el Príncipe Heinley fuera una mujer…

—¿Hm?

—El Emperador se enamoraría de ti. Tus ojos son preciosos.

—Qué forma tan peculiar de hacer un cumplido.

Me miró fijamente por un momento, luego se echó a reír y se llevó la taza a los labios.

—Si fuera mujer, me convertiría en la dama de honor de la reina.

—¿Mi dama de honor?

—Podemos quedarnos juntos todo el día.

—¿Quieres ser mi dama de honor?

—Eso no. Enfócate en lo importante, Reina.

Hubo otra risa. Después de escuchar la noticia sobre el bebé, me alegré de encontrar alivio con el Príncipe Heinley, aunque sabía que era una receta temporal y volvería a sentir náuseas después de que se fuera. Cuando estaba a punto de sacar a colación el tema de Queen, la Condesa Eliza volvió a llamar a la puerta.

—Su Majestad, la Duquesa Tuania está aquí.

¿Duquesa Tuania?

—Tráela.

¿Qué estaba haciendo ella aquí en este momento? Tenía una buena relación con la Duquesa, pero no había ocasión para que las mujeres nobles me visitaran por la noche sin una invitación, a menos que fueran mis damas de honor. Me sorprendió tanto como sabía que ella estaba cargada de problemas. ¿Había algo que necesitaba que hiciera por ella?

Cuando entró la Duquesa Tuania, tenía los ojos húmedos.

—Me despediré, Reina.

El Príncipe Heinley se dio cuenta con sensatez de que no era una conversación en la que debería participar, por lo que asintió con la cabeza a la Duquesa y se fue. Tomé la mano de la Duquesa y la llevé a sentarse en el sofá.

—¿Qué pasa? ¿Está bien?

La espalda de la Duquesa Tuania estaba recta y su postura era elegante, pero parecía más gastada de lo habitual. Tan pronto como se sentó en el sofá, tomó mis manos entre las suyas. Esperé a que hablara en lugar de apurarla, y finalmente la Duquesa logró ahogar las palabras atrapadas en su boca.

—Su Majestad, me da vergüenza pedirle esto, pero… por favor, salve al Vizconde Langdel.

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3 thoughts on “La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 37: Un cambio repentino

  1. Mei says:

    Me estás diciendo que el emperador tuvo relaciones con una chica que acababa de conocer que posiblemente fuera una esclava fugitiva (que lo es) ????????????????????????????????

    Porque si no,¿como kk explica rashta que ese bebé era suyo? Y como pudo quedar embarazada tan rápido otra vez, porque ella hace poco había dado a luz su primer hijo, así que me sorprende que haya quedado embarazada tan rápido . Aunque no se sabe la fecha exacta pero aja

  2. namu says:

    Navi, enamorate de Heinley, please, porque el ya cayó por ti <3

    Y no entiendo a Sovieshu, es tonto o se hace?

    Muchas gracias por las actualizaciones!!

    • Queen says:

      Es realmente tonto la sirena le está engañando el solo ve hermosos sus defectos y es cierto que pueda ser a si de ingenua…. Pero hay un limite Navie sabe controlar el balance entre política y vida socia…. Sovieshu está estirando demasiado la cuerda un día de estos se romperá y no volverá a ser lo mismo. La zorra salió preñada que bien…..

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