Contrato con un vampiro – Capítulo 27: Llamaradas

Traducido por Herijo

Editado por Ayanami


Lo último que Azuza supo de Kyouya era que estaba durmiendo en una cama peleando entre la vida y la muerte.

—No te preocupes, no está muerto —Tsukiharu persuadió con una sonrisa a Azuza, que estaba haciendo un agujero con la mirada al reflejo de Kyouya.

Saber que está vivo no evitaba que el estado en el que se encontraba la persiguiera. Lo había visto en ese estado hace apenas tres días.

— ¿Estás bien? —Preguntó Kyouya, mirándola con su habitual rostro inexpresivo. La puso en el suelo frente a él. Su mortalmente pálida piel había recuperado su color habitual. Azuza sintió toda la fuerza de su cuerpo desaparecer.

— ¡Kyouya, estas bien! —Azuza cerró la distancia entre ambos, olvidando responder la pregunta que le había hecho. Frenéticamente, se sujetó del cuello de su camisa con ojos llorosos.

Kyouya tragó saliva y contuvo el aliento, respondiendo con un simple sí

Azuza se relajó y sonrió —Gracias a Dios.

— ¿Qué hay de ti?

—Ah, sí. Estoy bien. Estaba haciéndolo lo suficientemente bien como para que me permitiera cocinar mis propias comidas.

— ¿Huh? —Kyouya quedó boquiabierto ante la respuesta inesperada.

—Me alegra ver que te encuentres bien, Azuza. Kyou, volvamos pronto a casa. Las cosas se pondrán feas si el hombre de pelo plateado regresa, ¿cierto? No tendría sentido que atacáramos cuando no está él si ese fuera el caso. —Advirtió Tsubaru, mientras jugaba con el cóctel molotov que tenía en sus manos. Saludó despreocupadamente a Azuza cuando sus ojos se encontraron —Ichy aun no despierta, así que estás atrapada con alguien que es malo peleando, lo siento por eso.

— ¿Ichy está bien?

—El veneno dejó su sistema. No debe tardar en despertar… ¡De verdad, deberíamos empezar a correr mientras hablamos! Este amigo servirá como distracción —Tsubaru giró el cóctel molotov en su mano, mientras giñaba. Kyouya asintió en respuesta, levantando a Azuza.

El tejado en llamas de la mansión crujió derrumbándose.

—Esto apesta. ¡En verdad apesta!

Un gruñido siniestro hizo temblar el suelo donde estaban, cuando la mansión se derrumbó aún más. Una sombra, lentamente, se paró de entre las llamas y escombros.

— ¿Qué está haciendo Shiro en un momento como este? Debo regañarlo cuando regrese.

— ¿Tsukiharu? —Jadeó Azuza, haciendo que Tsubaru y Kyouya voltearan hacia donde estaba mirando.

— ¿Qué es él? ¿No era el cuidador? —Dijo Tsubaru maravillado.

—Es humano…por lo menos, por ahora —Agregó Kyouya

—En verdad, no parece alguien que aún no ha despertado —Dijo Tsubaru, mientras sudor frío recorría su frente, su mirada estaba fija en Tsukiharu. Kyouya también lo miraba intensamente.

Tsukiharu había creado una delgada membrana transparente sobre sí mismo. Sus ropas estaban rasgadas en varias partes, pero no había ni un solo rasguño sobre su cuerpo. Como si demostrara su furia, su cabello estaba revoloteando a pesar de que no había viento.

—En todo caso, lo de Shiro puede esperar. Primero esta su castigo y Azuza, cariño, ¿a dónde pensabas ir?

Azuza permaneció en silencio ante esa aura intimidante.

—Oh, ya veo. ¿Aun los prefieres a ellos? Esperaba eso. Sí. Está bien…las cosas no son color de rosa. Planee que simpatizaras conmigo, pero he cambiado de opinión. Mataré a estos sujetos y me convertiré en el blanco de tu odio. Sí, haré eso. No se si pueda vencer al Demonio rojo con un cuerpo que aún no ha despertado…pero, probablemente, estaré bien. No perderé ante un tonto que no bebe sangre. Más vale que me animes desde ahí, Azuza —Balbuceó Tsukiharu con locura.

Algo estaba mal. Auza contuvo su respiración ante el aura completamente diferente que emanaba de él.

—Kyouya, Tsubaru, al parecer es un humano con el cuerpo del Antiguo, creado como otro experimento parecido a mí.

— ¿Huh? ¿Qué demonios? Nunca escuche nada de un experimento como ese…

—No se si es verdad o no, pero eso fue lo que me dijo.

—Esto es malo…

— ¡Corramos!

— ¡Voy tras de ti!

—No los dejaré escapar.

El cuerpo de Tsubaru salió volando, estrellándose contra un árbol que se hizo pedazos. Tsubaru gimió de dolor cuando varios de sus huesos se rompieron.

—Demonio, baja a Azuza. No quiero lastimarla. Aún no soy bueno controlando mi fuerza.

Kyouya puso a Azuza en el suelo.

— ¡Kyouya!

—Ve para allá —Le ordenó Kyouya, empujándola. Ella tropezó sin caer y, para el momento en que giró de nuevo, su batalla ya había comenzado.

 ♦ ♦ ♦

Tsukiharu balanceó su brazo, las puntas de sus dedos cortaron limpiamente el pelo sobre los ojos de Kyouya. Kyouya tomó su brazo y lo sacó de balance con un lanzamiento a una mano. Un árbol se despedazo ante el impacto, suavizando su caída. Tsukiharu extendió sus brazos e invocó una pared de flamas azules rodeándolos a ambos.

—Es lo mejor que puedo hacer por el momento, pero es más que suficiente para vencerte. Has despertado como vampiro, pero todas las interrelaciones entre humanos y vampiros ha debilitado su poder haciéndolos incapaces de hacer algo tan simple como esto, ¿no es así? —Dijo Tsukiharu retando a Kyouya.

Kyouya no tenía palabras para refutar lo que había dicho.

— ¡Te quemaré vivo!

Tsukiharu levantó su brazo y las llamas convergieron en un tornado furioso que se dirigía hacia Kyouya. Un grito escapo de la garganta de Azuza, pero su voz no podía alcanzarlos. Kyouya esquivó el tornado por un margen mínimo, pero las llamas, como si estuvieran vivas, lo rodearon una y otra vez, engulléndolo completamente. Kyouya apenas pudo escapar forzando su camino a través de las llamaradas en una explosión de velocidad inhumana. La onda de choque disipó el fuego.

—Eres tan tenaz como uno supondría del Demonio rojo. ¿Qué te parece esto?

Los restos del tornado, rápidamente, se dividieron y se multiplicó el número de tornados a tres. Dos de ellos rodearon a Kyouya y el tercero se dirigió de frente hacia… ¡Azuza!

— ¡Tch!

Ella escuchó a Kyouya tronar su lengua cerca de su oído. Se había puesto enfrente siendo consumido por el espiral del tercer tornado. Lo levantó por los cielos haciéndolo estrellarse contra el suelo.

— ¡Kyouya! —Gritó Azuza. Las llamas oscilantes lo consumieron, Todo pasó tan rápido. La sangre se drenó del rostro de Azuza ante la terrorífica escena ante ella.

— ¡Que idiota! No hay forma de que te hubiera lastimado —Río Tsukiharu, burlándose. Su rostro estaba lleno de confianza ante su victoria, pero pocos segundos después…

— ¿Dijiste algo, mocoso? —Gruño una voz profunda, mientras las llamas azules desaparecían. En medio de las pocas llamas que quedaban estaba Kyouya, con sus ojos brillando en un profundo color carmesí.

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