Dejaré de ser la subordinada de una villana – Capítulo 28

Traducido por Herijo

Editado por Michi


—George, ¿qué estás haciendo? 

Al oír la voz, volteé para ver de quién se trataba. Un chico de ojos color avellana y pelo rubio se encontraba viendo con asombro hacia donde me encontraba.

—Vaya, Remias. Deberías probar este masajeador de bambú, se siente de maravilla y es ideal para un anciano con mala salud que se aísla de los demás como tú.

¡Que grosero!

George dio una sonrisa radiante que no correspondía en absoluto al rudo comentario que hizo.

Lo sorprendente es que lo haya dicho sin malas intenciones, pero aún así, no es como si pudieras decir cosas groseras aunque no se tenga la intención de ofender.

Considerando la naturaleza simplista de George, me imagino que la persona en cuestión no se dio cuenta de lo que dijo, pero eso no le da derecho a herir los sentimientos de los demás con comentarios fuera de lugar.

Este tipo de actitud puede conducir al acoso y a la delincuencia.

Puse mi mano en mi cadera y encaré a George.

—¡Hey! ¡No debes de tratar así a tus amigos, a pesar de que luzca un poco pálido y con grandes bolsas debajo de sus ojos, tan delgado que parece estar hecho de piel y huesos y con el pelo algo reseco!

—¡Oye nunca dije algo así!

—¡No me respondas! Y sigo esperando tu disculpa…

—¿Eh?

—Tu disculpa…

George me miró con algo de confusión, pero eventualmente abrió su boca en resignación:

—Lo siento…

—Bien.

Me di la vuelta para hablar con el chico de pelo rubio.

—Me disculpo, parece ser que mi hijo le causó problemas… Me sentiría agradecida si pudieran llevarse bien después de esto.

—¿Tu hijo?… ¿Desde cuándo? Para empezar, somos de la misma edad… ¿Acaso eres una madre?

George estaba lanzando quejas pero no le presté atención.

El chico permanecía con una mirada perdida que luego cambió por una sonrisa

—No se preocupe, son las típicas frases que George dice sin pensar, y es cierto que estoy algo delgado.

Qué joven tan agradable.

Sin duda debo enseñar a George como convivir con personas de su edad.

Asentí mientras le sonreía al joven.

—Lamento la demora, soy el hijo mayor del Duque Doranju, me llamo Remias. Un placer conocerla, Señorita Cosette Edelweiss, ¿Cierto?

Me sentí aliviada de oír las palabras de Remias.

Me convertiré en un ogro si es necesario para hacer que George se vuelva tan educado como Remias, es la naturaleza de una madre después de todo.

—Me disculpo por la presentación tardía. Como dijo mi nombre es Cosette Edelweiss.

Fingiendo ignorancia de todo lo ocurrido hasta el momento, decidí poner en práctica la elegancia de una Señorita.

—No, está bien. Después de todo pude ver algo interesante. Usted es la única que podría hacer que el cabeza dura de George se disculpase.

—Bueno…

—Oye, de alguna manera ese acto femenino se sintió raro.

—Soy una mujer, es más Señorita para usted— Dije mientras pellizcaba a George.

—Ya entendí, para con el pellizco, eres una mujer. Pero en verdad prefiero tu forma de ser a la de los otros nobles engreídos.

—Vaya, George…

¿Te sientes cómodo conmigo?

Nunca lo había pensado, pero ahora entiendo porque George viene casi todos los días.

—Habiendo dicho eso, podrías parar de hablarme de usted, somos amigos después de todo ¿cierto?— Dijo George mientras volteaba la cara por la vergüenza.

Que ocurre con él, es adorable.

Hice una sonrisa de oreja a oreja mientras volteaba a ver a George

—¡Sí!

George sonrió después de mi respuesta.

—Por favor háblame de tú también. Los amigos de George son amigos míos. Aparte, he oído tanto de ti de mi hermana Remy, que es casi como si te conociera de hace tiempo.

—¿De Remy? Es un honor.

Bueno si lo piensas detenidamente puedes notar que Remias es el hermano mayor de Remy.

Pero debido a la gran diferencia con Remy, no lo noté.

Remias es demasiado delgado y con piel seca.

Su nutrición parece bastante mala… realmente me preocupa.

Siento que la naturaleza de madre dentro de mi está saliendo a flote.

—Remias usted, no, ¿Te gustaría pasar a platicar un poco dentro de la tienda? Tenemos un nuevo té que me gustaría que probaras.

Cuando traté de hablarle de usted a Remias, hizo una cara de insatisfacción, por lo que me corregí de inmediato.

—Me parece bien, y disculpa las molestias

—¡Sí! Los dulces de Cosette siempre son deliciosos.

Me dirigí junto a esos dos al interior de la tienda.

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