Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 19

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


Sintiendo un dolor que me hacía preguntarme si mi pecho no se había desgarrado, no fui capaz de pararme, permanecí agachada en el suelo. Aparte de mis sollozos, no podía escuchar ningún otro sonido. Ni siquiera uno. Ni siquiera escuchaba el sonido de alguien respirando o el rozar de los ropajes.

—¿Hermana…?

En este mundo desprovisto de sonido, esas palabras se acentuaban. Al principio pensaba que era mi imaginación, pero ciertamente había escuchado una voz encantadora que me llamaba. Cuando levanté la vista, Silvia estaba parada frente a la puerta abierta. Quién sabía desde hace cuándo había estado aquí.

—Hermana, ¿qué pasó?

¿Abrió la puerta voluntariamente sin esperar por permiso o, la sirvienta había sentido una presencia y la abrió para revisar el pasillo? De todos modos, antes de darme cuenta, mi hermana pequeña estaba aquí a punto de entrar en la habitación.

—Silvia, no entres. Regresa a tu habitación.

Nuestro padre le ordenó con una expresión estricta que probablemente nunca le había dirigido antes. Creía que Silvia sin duda se asustaría, pero no lo hizo, simplemente me miró con la cabeza ladeada y una expresión estupefacta. Esta chica que nunca había sido reprendida por nuestros padres y que, sin importar lo que hiciera, a lo sumo recibiría un gentil consejo, parecía que nunca había pensado que podría convertirse en el blanco de la ira de alguien. Y así, ignorando las palabras de nuestro padre, entró en la habitación sin dudarlo. Ignorándolo como si fuera lo más natural, no le importaron las palabras del hombre que, a pesar de ser nuestro padre, también era el dueño de una casa condal. Es algo que sería imposible para la hija de un noble, pero parecía que eso no se aplicaban a ella.

—Silvia, no debes. —Las palabras de mi madre tampoco tuvieron un efecto considerable.

No les hizo caso y caminó directamente hacia mí. Me miró, bañada en la tenue luz que entraba por las ventanas de esta amplia habitación. El sol ya se había puesto, por lo que la luz que provenía del exterior era sólo la frágil luz de la luna y las estrellas. Aunque hoy había sido un día tan terrible, el cielo nocturno estaba despejado y sereno, completamente desprovisto de nubes.

—No te acerques a ella…

Nuestro padre dio una orden con una voz más grave que antes, pero no estaba mirando a Silvia, me estaba mirando a mí. La que se acercaba era Silvia y, sin embargo, estas palabras no estaban dirigidas a ella.

Si tocas algo hermoso y efímero, esto se romperá.

Entonces, ¿estaba diciendo que una persona como yo no tenía permitido acercarse? Mi garganta hizo un ruido extraño, así que la agarré fuertemente con ambas manos preguntándome qué había sucedido. En ese momento me di cuenta de que era el sonido de mi llanto. Quería preguntarle por qué había dicho eso, pero las palabras no salían.

—¿Por qué?

Silvia se agachó y miró a nuestro padre. Debido a que estaba sentada frente a mí, sus cabellos plateados se balanceaban suavemente frente a mis ojos.

—¿Por qué no puedo venir, padre? ¿No está llorando mi hermana?

—Silvia, está bien, así que aléjate. Para empezar, ¿por qué viniste?

—Hoy es el día de mi examen médico. ¿Lo olvidaste? El médico me estaba examinando en mi habitación, pero Maurice vino a llamarlo. Pensé que podrías estar enfermo, pero él dijo que era por una herida, así que…

—Ya veo, entiendo. Viniste a ver lo que pasó.

—Sí, eso es correcto.

—Eres una buena niña.

—¿Pero, por qué?

—¿Qué quieres decir?

—¿Por qué no se apresuran y curan a mi hermana? Desde hace un rato el doctor ha estado esperando en el pasillo. Más bien, ¿no debería haber sido examinada antes que yo? ¿Qué pasó, padre?

—Silvia.

Doblando las rodillas, mi hermanita se acercó hacia mí y cerró la distancia entre nosotras, extendiendo bruscamente su mano.

—¡No la toques!

—¡No me toques…!

Nuestro padre y yo exclamamos casi al mismo tiempo. Pero como se esperaba, Silvia no mostró la más mínima vacilación y me rodeó los hombros con los brazos. Traté de retorcer mi cuerpo pero ella me detuvo con una fuerza que nunca hubiera pensado que poseía su frágil cuerpo. Era un agarre gentil pero firme que no me permitía oponer resistencia. Noté que el brazo que me había herido no tenía fuerza.

—¿Por qué? ¿Por qué no debo? ¿Padre? Madre, tú también, ¿por qué? ¿Por qué no dices nada? Mira cómo está llorando mi hermana. Está herida. Hay mucha sangre. ¿Por qué? ¿Por qué la dejan así? ¿Por qué se quedan quietos?

Ella repetía “¿por qué, por qué?” como una niña, con dudas e incomprensión mezcladas en su voz.

—Incluso estás sangrando de tus labios… ¿Alguien… te golpeó? Dime, Ilya. ¿Qué fue lo que pasó?

Nuestros padres no respondieron. Simplemente miraban a Silvia en silencio mientras mostraban expresiones preocupadas. Al verlos así, debe haber pensado que no obtendría respuesta. Así que esta vez, me miró al rostro y me preguntó en su lugar.

—Silvia.

—Sí, ¿qué?

Cuando llamé su nombre, sus ojos violáceos se estrecharon y se suavizaron. Eran ojos brillantes como los de un gatito. Puede que mostrara esa expresión para hacerme sentir aliviada. Pero para empezar, el temperamento de Silvia también había sido así. Puede ser que, debido a que había sido criada con amor mientras era protegida y adorada, de la misma manera, también podía amar, proteger y apreciar a los demás. Lo haría desinteresadamente, sin esperar una recompensa.

Mi hermana pequeña siempre extendía las manos sin la menor vacilación. En mis repetidas vidas, Silvia lo había hecho muchas veces. La primera vez había sido el incidente en los establos. Se podría decir que este incidente, que sólo había durado unos segundos, fue lo que decidió mis acciones posteriores. Fue el día que decidí que quería apreciar a mi hermanita. En ese momento… cuando el casco del caballo se aproximaba sobre mí, tenía una sirvienta a mi lado y al mozo de cuadra detrás. Estaban mucho más cerca que Silvia, quien pasó por casualidad. Pero, cuando tropecé y el caballo asustado relinchó y levantó su casco, en ese momento la única persona que se movió para salvarme había sido Silvia. Si me hubiera pasado algo, tanto la sirvienta como el mozo habrían tenido que asumir la responsabilidad. Todas las personas que servían a un noble debían tener esa resolución. Pero incluso sabiendo esto, en ese momento, no pudieron reaccionar de inmediato, no pudieron tomar la decisión… La decisión de salvarme. Si hubiera sido alguien con algo más de experiencia, podría no haber tomado la misma decisión. Como existía la posibilidad de que ellos mismos se vieran arrastrados al problema, no era de extrañar que trataran de evitarlo. Incluso entendía que esta forma de pensar no estaba mal. El hecho de que Silvia se hubiera lanzado sin dudar ante mí en ese momento había sido simplemente porque era muy joven y no podía evaluar correctamente la situación. En realidad, fuimos salvadas por el mozo de cuadra que tiró de la rienda, Silvia no me había salvado exactamente. Aun así, esta niña nunca dejó de extender sus manos por mí.

En una de mis vidas cuando fui llevada a un burdel, mi hermana pequeña había tratado de localizarme. Ya habían pasado algunos años desde que mi escape de la mansión. Durante ese tiempo, Al me dijo que siempre me había estado buscando. Incluso después de que se convirtió en parte de la casa del marqués, creo que mantuvo los ojos bien abiertos en caso de encontrar cualquier pista. Como ya estaba al borde de la muerte, no podía pensar correctamente y su gentileza se sentía como algo innecesario. A veces, recordaba la amable mano de mi hermanita. Cuando despertaba en medio de la noche, mi hermanita se encontraba sentada al lado de la cama, tejiendo. Al encontrarse nuestras miradas, ella sonreía y susurraba que había estado preocupada por mi fiebre alta. Al escuchar su amable voz, esta se superponía con la figura de mi madre. A pesar de que esta no era una persona que hablara con este tono, parecía como si mi madre estuviera sentada allí. Aunque la persona en cuestión nunca había venido a verme, ni siquiera en mis últimos momentos.

El padre y la madre con quienes compartía lazos de sangre, siempre me abandonaban rápidamente, me dejaban desamparada. Sin embargo, mi hermana pequeña, con la que compartía sólo la mitad de los genes, nunca me abandonó.

Incluso, después de ver mi aspecto lastimero cuando me vi reducida a una prostituta, la única que no frunció el ceño con inquietud y desaprobación fue mi hermana pequeña. Había sido Soleil quien había detenido a esa niña que había tratado tan desesperadamente de encontrarme.

—Silvia, Silvia, yo… te aprecio.

—Sí, lo sé.

Le había explicado a Cuervo que el hecho de que ella fuera mi rival amorosa no era una razón para no apreciarla. Este sentimiento no cambió ni siquiera ahora.

—Pero yo, tomé las botellas de té que son tan preciadas para ti.

—¿De verdad?

Mi hermanita me abrazó en sus brazos, su mano acariciando mi espalda. Ella repitió el mismo gesto una y otra vez, muy gentilmente.

—¿Por qué? —me preguntó y en su voz no se escuchaba ningún tono de reproche. Simplemente me estaba haciendo una pregunta. En el funeral de mi madre, mi hermana pequeña había dicho que yo no era el tipo de persona que haría eso. Lo había gritado mientras todo su cuerpo se sacudía. Las únicas palabras que salieron de sus pálidos labios fueron palabras que decían cuánto creía en mí. En serio parecía creer en mi inocencia.

—Ilya, detente. —La persona que intentó evitar mi sollozante confesión era mi madre. Sobre el hombro de Silvia, la vi quitar la colcha e intentar levantarse. Me preguntaba si quería acercarse a nosotras.

—Ilya, aléjate de Silvia —ordenó nuestro padre en tono energético, extendiéndole una mano para ayudarla. Puede que él supiera que había tomado el té de la habitación de Silvia. Aturdida, miré en silencio las figuras de mis padres mientras se tomaban de la mano. Ni siquiera ahora entendía completamente cuál era su relación, qué había entre ellos. Hasta que mi madre se suicidó, no tenía dudas de que eran dos personas unidas por amor, una pareja cariñosa. Y soñaba con ser como ellos.

—Hermana, ¿por qué? ¿Por qué tomaste mis cosas? —me preguntó de nuevo sin prestar atención a nuestros padres. Mi madre dejó escapar una exclamación silenciosa.

—Porque es injusto…

Lo que salió de mis labios fueron palabras que ni siquiera yo misma esperaba decir.

—Quiero decir, ¿por qué? ¿Por qué, por qué… siempre eres tú, Silvia? ¿Por qué siempre es sólo Silvia?

Ser amada por nuestros padres, ser elegida por Soleil, poder obtener la felicidad. ¿Por qué siempre era sólo Silvia? Sin embargo…

—¿Hermana?

Hasta el final, la persona que nunca me abandonó, fue mi hermanita. Incluso aunque me rindiera, mi hermana pequeña siempre trataba de rescatarme con su corazón puro y santo. Es cierto que también me había traicionado. Recordaba bien la apariencia de Silvia, su rostro que había perdido los colores, cuando estaba embarazada del hijo de Soleil. Pero, por encima de todo, mi hermanita me extendía los brazos. No importaba cuántas veces la vida se repitiera y los momentos se acumularan, cada vez trataba de extenderme sus brazos. Y entonces, yo, no importaba cuántas veces repitiera mi vida, perdía a esa hermanita.

—Me alegro de ser tu hermana —fue una frase dicha hace mucho, mucho tiempo. La persona que la había dicho no era la niña parada frente a mí ahora.

—¡Detén esto de inmediato! ¡Ilya!

Mi madre levantó la voz y me agarró por los brazos.

—¡La que necesita detenerse eres tú, madre! —Mi madre vaciló debido la respuesta feroz de Silvia. Seguramente era la primera vez que Silvia se había opuesto a ella.

—¿No está llorando mi hermana…? —Cuando la miré al rostro, Silvia también estaba llorando—. ¡¿Por qué nadie la está ayudando…?!

La gentil Silvia. Mi encantadora hermanita. Sin embargo, esa niña había robado mi cosa más preciosa. Quería amarla. De verdad quería. Comprendía que debía hacerlo, tenía que amar a esa niña. Quiero decir, ella era mi única hermana menor. Si pudiéramos tomarnos de las manos, estaba segura de que la vida sería maravillosa.

Mi madre soltó calmadamente mis brazos, como si arrancara sus dedos temblorosos de mí.

—Silvia, tenía la intención de apreciarte…

—¿Hermana?

—Siempre, siempre quise hacerlo.

—¿Qué te ha pasado?

—Pero no puedo.

Acuné el pequeño rostro de Silvia en mis manos. Mi mano derecha mojada en sangre ensució su cara de rojo.

—Yo… no puedo amarte.

Recordé los sentimientos que mi madre había soltado en el momento de su muerte, sus reales sentimientos. Cuando me había dicho que no nunca pudo amarme, escupió sangre como si se tratara de un gran pecado.

Pensé en mi madre quien había dicho que no podía amar frente a la hija que debería haber amado.

Pensé en mi madre que no podía extender su mano frente a la hija que debería haber abrazado. Probablemente yo era igual.

—Lo siento, Silvia… Lo siento, no puedo… amarte—. Mi garganta soltó un fuerte sollozo—. No puedo… forzarme a amarte…

Mirándola a los ojos, en el momento en que se lo dije, lo profundo de mi garganta fue bloqueado por un coágulo de sangre. Intentaste darme un profundo afecto, pero también me lo robaste todo. Una gota de luz flotando en los ojos violáceos de Silvia se convirtió en una lágrima y se deslizó por su mejilla. Esos hermosos ojos suyos siempre parecían estar nadando en tristeza. Sus labios ligeramente fruncidos temblaron. Alcanzando mi propia mano aún firme en su mejilla, la envolvió en su pequeña mano y susurró con una voz tan impotente que parecía que se desvanecería en el aire:

—Lo sé.

Lo sé desde hace mucho tiempo.


Kavaalin
Esta escena siempre me apretará el corazón T.T

Sharon
No tengo idea de cómo le hice para llegar al final y entender lo que estaba leyendo. No veo nada por las lágrimas

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6 thoughts on “Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 19

  1. rocego says:

    Amo y odio demasiado esta novela, realmente. Es frustrante que, sin importar cuánto lo desee, el sufrimiento de Ilya no cese. Cada palabra o frase destinada a expresar el dolor de Ilya se siente como si alguien desgarrara mi pecho. Más absurdo que todo ello, es que sigo leyendo esperando que algo bueno pase a Ilya y ya no deba sufrir nunca más, pero se torna cada vez peor.

    Aún así, este es un gran trabajo. Y no, no hablo de la historia solamente (aunque me fascina y me provoca complicados y contradictorios sentimientos) sino también de cómo la traducen y dedican su tiempo y esfuerzo para que podamos leer. Muchas gracias por el capítulo y no puedo esperar por el siguiente, aunque luego lo lamente si Ilya termina sufriendo otra vez. Ojalá aparezca cuervo y simplemente la salve de todo esto, aunque ya aprecio mucho que el sea el que mantuvo la poca cordura que a ella le queda.

    • Tato says:

      No pude haberlo dicho mejor. Cada vez que entro acabo llorando y siempre estoy esperando que algo bueno pase, porque uno no puede sufrir tanto y acabar bien. No tengo ni idea de como lo hace Ilya, pero hay momentos en los que me gustaría que la hubieran dado en adopción o algo, porque si no la querían debieron dejarla con alguien que si lo hiciera, y ahorrarse todo el drama.

      Muchas gracias por el capítulo.

  2. Waldino says:

    *Sollozos * parece que será diferente de todas sus vidas hasta ahora
    Pd: gracias por el pack de capítulos
    Se hace esperar pero vale mucho la espera

  3. Atelier Otaku says:

    MUCHAS GRACIAS POR LOS CAPÍTULOS!!! ESTOY LLORANDO, ESPERABA ESTO DESDE HACE TIEMPO!!!
    OJALÁ QUE AHORA PUEDAN SOLUCIONARSE TODOS LOS PROBLEMAS Y LLEVAR UNA VIDA FELIZ DE UNA VEZ!!!!

    • Karla Rodal says:

      Esta es una historia que siempre me destroza el corazón, se a que vengo pero aún así termino o llorando o a punto de, espero por los nuevos caps, muchas gracias por el trabajo

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