Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 20

Traducido por Maru

Editado por Sharon


—Lo sé todo. Así que, está bien —murmuró Silvia mientras agarraba mis manos gentilmente. Esa cara que trataba de perdonar a todos, estaba medio teñida de rojo. El rojo de mi sangre.

—Hay una mancha… —Cuando de repente murmuré eso de la nada, mi hermanita sonrió y asintió.

—Lo sé. —Sus propias lágrimas lavaron su mejilla blanca. Esa apariencia era tan heroica que era conmovedora, pero también desgarradora—. Está bien, hermana mayor. Lo sé todo, así que está bien.

Silvia, que suavemente acercó su rostro al mío, que todavía temblaba, también temblaba como yo. Su tierna voz me hizo cosquillas en los lóbulos de mis orejas, rezumando amabilidad como la voz de una madre santa, pero trajo consigo un dolor que me retorció el pecho. Normalmente en ese momento, quien debería abrazar a la otra y tranquilizarla con palabras como “no hay nada que temer” debería ser yo.

Yo era la hermana mayor y ella la menor. Siempre lo habíamos hecho hasta ahora. Por eso, cuando ella me alentó con suavidad acariciando mi hombro, se sintió terriblemente incómodo.

Había lastimado al niño que debía proteger.

En mi mente lo entendía a la perfección, no quería quedarme a su lado. Sabía que no debía ser una persona tan insensible, pero todavía pensaba que debería separarme de mi hermana pequeña. No pude torcer este cuerpo sin fuerza. Las lágrimas que caían de las mejillas de Silvia le empaparon los hombros, dejando su vestido de color pálido en un tono ligeramente más profundo. Mientras la miraba por el rabillo del ojo, parpadeé repetidamente. Quería decir una vez más que lo sentía, pero las palabras no salieron. Mi garganta temblorosa solo filtró un gemido. Aun así, Silvia respondió.

—Lo sé.

¿Qué demonios sabes?

Quería preguntarle el verdadero significado de sus palabras, pero una voz baja me interrumpió.

—Si no se hace nada pronto, su vida estará en riesgo.

Cuando levanté la cabeza, una persona que debería haber estado esperando en el pasillo se acercó a mí con una expresión sombría. Luego, metiéndose entre mis padres y yo, se sentó abruptamente. Entonces, miró la cara de Silvia y la mía.

—Parecía que tenía una conversación importante y complicada en curso, así que esperé en el pasillo pero…

La mano arrugada del doctor presionó mi hombro y me separó de Silvia. Tal comportamiento hacia un noble podría ser criticado, pero él no era una persona a quien se le pudiera decir eso. Había servido en nuestra casa durante décadas desde la época de mi abuelo, pero incluso si lo dejabas de lado, aún sería tratado con mucho cuidado como una persona versado en las artes médicas. Porque tales personas eran pocas.

—Quiero evitar el caso donde una persona muere por una pérdida de sangre excesiva bajo mi vigilancia. —Cuando nos reprendió en un tono tranquilo, no pudimos levantar la más mínima protesta—. Si no la tratamos pronto, se volverá grave.

En cierto sentido, la habitación que había sido muy tumultuosa hasta ahora, tenía su estado de ánimo amortiguado, pero se quedó estática como la muerte debido al intruso abrupto. La criada esperaba en la esquina e incluso mis padres estaban observando los movimientos del médico. Se sentía como si todos contuvieran la respiración, como si no hicieran ningún sonido. El aire se congeló hasta el punto de que las simples respiraciones sonaban fuerte. La voz del doctor que sonó en esta quietud tenía una inusual impresión.

—Entonces, dese prisa, vámonos.

Tras ser instada por el médico, cuando me levanté vacilante, Silvia se puso a mi lado para sostener mi cuerpo.

Aunque estaba confundida a esta distancia que parecía demasiado cercana, miré el perfil de mi hermana pequeña, que estaba tan cerca que podía escuchar su respiración. Entonces, me encontré con sus ojos morados que contenían una luz pálida. No pensé que nuestras miradas se encontrarían, así que vacilé. Aunque lo que se dirigió a mí fue una mirada llena de amabilidad, no me dio ninguna sensación de seguridad. Una ansiedad indescriptible se arremolinaba en mi pecho, como si el suelo que se extendía bajo mis pies fuera de cristal. Comprendí bien que Silvia no tenía malicia. Debido a su naturaleza, los trucos y las tramas eran poco probables. Pero sabía que quedarse con mi hermana pequeña no era seguro. Al menos para mí, eso era así. Por eso, como apenas podía soportarlo, espontáneamente di un paso atrás. Suaves dedos rozaron mi espalda con suavidad como si la estuvieran persiguiendo. Fue un gesto desprovisto de cualquier truco o significado oculto, un gesto no hecho porque la persona en cuestión estaba esperando una recompensa. En los lugares tocados por esos dedos, se sintió como una sensación suave que se extendía por mi cuerpo.

No estaba segura de cómo llamar a esa cosa que me fue otorgada de esta manera.

En general, se decía que entre los aristócratas, no existía una bondad dada sin esperar nada a cambio. Y así, me enseñaron que ser amable con alguien y recibir la amabilidad de alguien tenía un significado…

—Hermana mayor, volvamos a tu habitación.

A pesar de que había puesto cierta distancia entre nosotras, Silvia no se preocupó por eso y prestó su mano como de costumbre. Aunque le dije que no la amaba, aunque el significado debería haberse transmitido claramente. La chica que me estaba mirando con una expresión inocente actuó como si nada malo hubiera pasado. Solo la gota de agua que quedaba en sus largas pestañas demostraba que la perturbación anterior realmente ocurrió. Era como si no ser amado por mí fuera trivial. Con una expresión que decía que no le importaba eso, me estaba ofreciendo sinceramente su consideración y amabilidad.

—Espera, Silvia.

Cuando estábamos a punto de seguir al médico que había salido de la habitación, una voz sonó detrás de nosotras. Sosteniendo a mi madre, que tenía una expresión vacía en sus ojos, mi padre solo miraba a Silvia. Pero, sin volverse atrás, mi hermanita me instó:

—Vamos, hermana mayor.

—Silvia, te quedarás aquí. Incluso si vas, obstaculizarás el examen médico.

Dicho esto en un tono apresurado, padre movió su mirada hacia mí. Ciertamente había llamado el nombre de mi hermana pequeña, “Silvia”. Sin embargo, había una razón por la que me miraba… Para obligarme. Sabía que al hacer esto, podría manipular a su hija a voluntad. Porque ese había sido el caso hasta ahora.

—Además, ya has hecho suficiente.

Cuando escuchó eso, Silvia rápidamente se volvió, sorprendida. Como se había dicho su nombre, naturalmente, ella debía haber pensado que estas palabras estaban dirigidas a ella. Pero ese no era el caso. Comprendí que esta frase estaba destinada a mí, la persona que sin pensarlo le había susurrado a mi hermana pequeña que no la quería.

Ya has hecho suficiente. Tus emociones deberían haberse calmado ahora. ¿Qué más quieres de tu hermana pequeña?

—Silvia, haz lo que dice tu padre. Sabes que no debes obstaculizar al médico, ¿verdad?

—¿Hermana mayor?

—Quédate junto con padre y madre.

—¿Por qué…? ¿Por qué dices eso?

Agarré los delgados dedos de Silvia. Como antes, la hermana pequeña que estaba frente a mí repetía la misma pregunta. Su rostro juvenil no tenía suficiente sangre, no parecía saludable. Era mucho mejor de lo que solía ser en el pasado, pero su altura y peso corporal aún estaban lejos del promedio. Su pequeño cuerpo parecía muy joven. Ahora que lo pensaba, debido a que esa niña siempre se quedaba en la mansión, solo recientemente descubrió el mundo exterior.

¿Qué tan sola debía haber sido la vida en la academia donde las doncellas que siempre la acompañaban no estaban presentes? Era algo que había deseado para sí misma, pero esta nueva vida debía haber sido más difícil de lo que ella imaginaba. Además de ser expulsada por sí misma en el mundo exterior, no tenía ningún amigo y la hermana mayor que le dijo que confiara en ella no se mantuvo cerca. Sin distinguir su derecha de su izquierda, seguramente había sentido miedo.

Probablemente por eso confiaba en Soleil. Me imaginé el profundo alivio que sintió en el momento en que, dentro de la academia llena de extraños, vio esa única cara conocida.

—Está bien ahora.

Así es. Era suficiente. Silvia me apoyó. Más bien, ella presentó su mano y me dijo que todo estaba bien. Solo eso ya era suficiente.

—Ya está bien, Silvia. Puedo ir sola.

Porque al contrario que Silvia, estuve sola desde el principio.

—Puedo caminar sin tener que depender de ti —le dije mientras sonreía.

Cuando me escuchó, sus ojos se abrieron un poco.

—¿Por qué? —susurró una vez más.

—Ven aquí, Silvia.

La voz de la madre la llamó cubriendo esa voz fugaz. Era una voz amable, pero también débil, mostrando su corazón ansioso y conmocionado, y sirvió perfectamente para desviar la atención de Silvia. Cuando lanzó una mirada en su dirección, me deslicé del agarre de mi hermana pequeña. Luego fui tras el médico que ya se había ido. Me temblaban las rodillas, e incluso para dar un paso adelante tuve que poner fuerza en todo mi cuerpo, pero aún podía seguir adelante. Varios pasos por delante, Merge estaba parada allí, y cuando me miró con una mirada preocupada, susurré:

—Por favor.

Con solo eso, mi intención seguramente se transmitiría a ella.

Su rostro había perdido su color, pero asintió fuertemente y apretó su pecho.

♦ ♦ ♦

Cuando era niña, usaba una habitación de la finca como mi estudio.

Me sentía deprimida yendo y viniendo de mi habitación y los archivos. Entonces, quise cambiar mi estado de ánimo e hice una solicitud a padre para usar libremente la habitación desde donde podía ver crecer a la madre de rosas. Mi solicitud fue aprobada por el administrador, inesperadamente. La pequeña habitación que no se había utilizado en unos años se me asignó con la condición de que no causara problemas a las criadas y al chambelán y obtuve permiso para usarla como quisiera. Eso probablemente se hizo con la implicación de instarme a ser independiente. Pero recordé que no estaba insatisfecha, ya que podía traer tantos libros como quería en la habitación que originalmente solo contenía un escritorio y sillas y era lo suficientemente amplia para mí, que pasaba el tiempo sola. Ese nuevo entorno tuvo la influencia suficiente para hacer volar toda mi tristeza.

Desde que me convertí en la prometida de Soleil, no había tenido tiempo para descansar, así que era la primera vez en mucho tiempo que podía saborear el sabor de la libertad.

Moví el escritorio hacia la ventana, puse floreros en la esquina y colgué cortinas nuevas. Debido a que esa habitación estaba ubicada en un receso del primer piso, pude ver las rosas que madre había recortado al mirar por la ventana. Como nadie más que yo vendría a esta habitación, podría olvidar el tiempo y sumergirme en la lectura. Como era de esperar cuando llegó mi tutor privado, tuve que regresar a mi habitación, pero aparte de esos momentos, pasé la mayor parte del tiempo allí. Leí muchos cuentos de hadas destinados a niños que no hubiera podido tocar si hubiera estado bajo el escrutinio de los adultos como de costumbre, porque los cuentos de hadas se habían considerado innecesarios desde que comencé mi educación para convertirme en una dama. Los saqué de los archivos donde los habían recogido solo como documentación.

Era la primera vez que veía los cuentos de hadas conocidos convencionalmente por todos los niños de la sociedad. Los leí a fondo, y me fascinaron estas palabras agradables y maravillosas. Los protagonistas que vivían en estos mundos misteriosos siempre encontrarían la felicidad al final, incluso si fueran pobres, feos o acosados. Y anhelaba tales historias.

Pero esos días no duraron mucho.

Un día, mientras leía, escuché una voz desde la ventana. Cuando levanté la cabeza, mi madre y Silvia estaban allí. Aunque me sorprendió un poco la aparición de esta media hermana que rara vez me encontraba, las observé. El cristal de la ventana y las rosas cultivadas por madre estaban entre nosotras, pero la distancia no era tan amplia. Cuando forcé mis oídos, capté sus palabras. Como siempre, mi hermana pequeña era muy hermosa. Mientras la miraba con admiración, de repente, esa carita me miró.

Y luego, ella sonrió.

De inmediato, me caí de la silla y me agaché debajo del escritorio para esconderme, abrazando mis rodillas entre mis brazos. No quería que nadie me encontrara. Porque esa era mi habitación. Una habitación solo para mí… era mi lugar secreto. Cuando estaba tratando de calmar mi corazón palpitante y contener la respiración…

—¿Qué ocurre? ¿Silvia? —escuché la voz de mi madre.

—Justo ahora, había alguien ahí.

—¿Alguien?

—Sí.

—Bueno, eso no debería ser posible. Verás, esta habitación está vacía. No debería haber nadie en ella.

—¿Seguro?

—Sí. No se ha usado durante mucho tiempo.

—Mmmmm… Es extraño —dijo una voz que parecía estar haciendo pucheros.

—Tienes razón, es extraño —respondió madre con la risa contenida en su voz. Aunque ya no podía confirmar su expresión, podía imaginar sus rostros mientras se reían juntas.

Pensé que era genial que no me descubrieran. Pero también me preguntaba por qué no intentaron encontrarme. No debería haber querido ser descubierta, pero deseaba serlo.

Probablemente así fue como me sentí.

♦ ♦ ♦

—¿Cómo está tu condición?

Cuando levanté la vista, Marianne estaba inclinando la cabeza, sus hermosas cejas ligeramente arrugadas. Como me quedé en la cama unos días porque tenía fiebre, mi cuerpo se sentía pesado. Además, mi brazo derecho había recibido algunos puntos de sutura, me costaba incluso levantar la parte superior del cuerpo de la cama. En este momento, podría sentarme porque había varias almohadas detrás de mi espalda, pero con mi propia fuerza, usaría toda mi energía.

—Estoy considerablemente bien pero… estoy pensando en tomarme unos días más de descanso.

Cuando dije eso, Marianne, que estaba sentada en la silla de al lado, dejó escapar un pequeño suspiro. A pesar de que se veía infeliz y angustiada, hoy también tenía una belleza hermosa. Sus cabellos, que parecían estar salpicados de polvo dorado, reflejaban la tenue luz dentro de la habitación, como si brillara con un halo. Incluso el papel de pared blanco parecía desvanecerse en su deslumbrante presencia.

—Escuché que estabas herida, pero no esperaba que estuvieras en tal… estado.

Marianne, que logró transmitir claramente su emoción a pesar de usar palabras ambiguas, era noble de todos modos. Yo, que estaba en “tal estado” como ella dijo, solo podía reír.

—Mi lesión no es realmente problemática. Simplemente necesito descansar debido a la fiebre alta. Solo tengo que tener cuidado. La fiebre ya se ha ido.

Mirándome sin decir nada, Marianne suspiró una vez más. Luego, tocó suavemente la mano derecha que había herido. Aunque grité de dolor cuando se suturó, parecía que no era inusual que un paciente luchara incluso por una herida como la mía, ni profunda ni superficial, y el médico me elogió, diciendo que lo soporté bien Luego agregó mientras sacudía la cabeza con lástima que era raro que una joven aristócrata sufriera una herida tan importante. La persona que no estaba acostumbrada al dolor podría incluso haberse desmayado hace mucho tiempo.

—En el pasado, ¿recibió una lesión grave en alguna parte? —No era como si dudara de mí, pero cuando me hizo esa pregunta con una expresión de asombro y sorpresa tan profunda, solo pude bajar la cabeza.

En esta vida, nunca había sufrido ninguna lesión.

Pero en las vidas que había experimentado, lo tuve. Incluso tuve que soportar el dolor de dar a luz. Además del dolor que sentí cuando mi vida terminó.

—¿Quedará una cicatriz?

La pregunta se hizo con suavidad, como algo pesado en la punta de la lengua pero que te obligaban a empujar, y era probablemente lo que más quería escuchar.

—Ah, la cicatriz, cierto… El médico dijo que probablemente habrá una, sí. Porque, aparte de la profundidad, parece que las lesiones causadas por una herramienta con filo a menudo dejan una marca.

—¿Una herramienta de borde, dijiste?

Aunque respondí a su pregunta, parecía estar más molesta por el objeto que había causado la herida que por la cicatriz restante.

—Los detalles son… un poco difíciles de explicar… —dije, y sonreí con una expresión preocupada que mostraba que no deseaba que continuara preguntando al respecto.

—Ilya.

—Sí.

—Creo que no es algo que deba decir, pero hay una tendencia a evitar el derramamiento de sangre en la alta sociedad.

No sabía si podría llamar a lo que sucedió entre madre y yo como un derramamiento de sangre. Pero, lo que realmente sucedió y cómo otras personas lo percibieron eran dos historias diferentes. Cuando una hija noble que no debería estar expuesta a una disputa resultaba herida, no se podía pensar en muchas causas y explicaciones. Todos pensarían que ella se involucró en alguna pelea. O tal vez, ella fue quien la causó. En realidad, dado que la herida de mi brazo fue causada por un cuchillo, incluso si lo llamaras accidente, era una lesión que alguien más me causó. Si no llamabas a esto una disputa, no sabía cómo nombrarlo.

—¿Y Soleil lo sabe?

Al verme tan callada, Marianne inclinó su cuerpo hacia adelante y me hizo esa pregunta.

—Le dijeron que estaba herida.

—Entonces, ¿dijo algo?

—Debido a que este asunto se informó a través de una carta, la respuesta aún no ha llegado…

—Es así…

—Pero, más tarde hoy, se supone que nos veremos.

Aunque yo misma pensaba que era estúpida por tener tal reacción, pero cuando imaginé ese momento próximo, sentí mis dedos temblar. No pensaba que rompería nuestro compromiso. Si un sustituto pudiera usarse tan fácilmente, no habríamos caído en una situación tan compleja para empezar. Además, una cicatriz era algo que se podía ocultar usando mangas largas y, en primer lugar, los aristócratas no expondrían tanto su piel. Incluso si tuviera que usar mangas largas en pleno verano, nadie lo cuestionaría. Para un evento como un baile, no usábamos vestidos de manga larga, pero solo necesitaba usar guantes. En resumen, tenía muchas formas de ocultarlo. Con respecto a las personas que harían demasiadas preguntas sobre ello, simplemente me quedaría callada y me reiría. Después de todo, como prometida de Soleil, era alguien que pronto entraría en la casa del marqués. Este simple hecho debería ser suficiente para mantener a otros bajo control.

Sin embargo, también era cierto que no podía decir que este razonamiento fuera absoluto. A pesar de que era una posición fija de la que nunca logré separarme, no solo en esta vida sino en todas las precedentes, con solo esta simple cicatriz, podría perderla. Así es. Con solo esta mera cicatriz. Comparado con todas las cosas que había hecho hasta ahora, lastimarme los brazos no era gran cosa. Aun así…

—Ilya…

Marianne hizo una expresión triste. Su mano se acercó a mí y me palmeó el brazo de derecha a izquierda para consolarme con suavidad. Debido a que estaba encima de mis vendajes, era difícil saberlo, pero sentí que me rozaba suavemente la mano.

Desde que recibí el examen médico, ella había sido la única persona que hizo eso. Ni padre ni madre se habían presentado desde ese día. Silvia había venido muchas veces, pero como todo estaba nublado debido a mi fiebre alta, no recordaba haber tenido una conversación real con ella. Después de que mi fiebre bajó, tal vez ella dudó, o fue detenida por nuestros padres, pero esta vez no había venido. Fui yo quien alejó su mano extendida, pero por alguna razón, la actitud de mi hermana pequeña me hizo sentir dolor.

—Marianne, yo… —Estoy bien, era lo que pensé decir pero las palabras no salieron.

Mi voz dijo su nombre y luego se detuvo de forma antinatural. Por un momento, nos miramos la una a la otra. Cuanto más pensaba que debía decir algo, más me quedaba callada. Y así, seguí abriendo y cerrando la boca. Repetí esos estúpidos movimientos. Al verme así, hizo una expresión intensa y sincera, y se acercó a mí.

—Ya que nadie más está aquí, si quieres tener una conversación secreta, es ahora o nunca. —Después de decirlo en voz baja, inclinó la oreja hacia mí. Frente a esta actitud que parecía decir que no dejaría de escuchar ni la más mínima voz, la fuerza me abandonó de repente.

—Marianne, ¿recuerdas lo que una vez me dijiste en la biblioteca de la academia?

Si bien pensé que ni una sola palabra saldría, una pregunta que ni siquiera yo sabía, había escapado sin problemas de mi boca. Sus ojos decorados por esas pestañas doradas que agregaban un toque de encanto, parpadearon una vez. Entonces, ella asintió profundamente.

—Por supuesto. Mis sentimientos no han cambiado desde entonces, Ilya. Si hay algo que pueda hacer, puedes preguntarme en cualquier momento. No importa lo que sea.

No había el menor rastro de vacilación en esa figura sonriente. No importaba cuán absurda pudiera parecer una promesa ni cuán absurda fuera mi solicitud, porque esa promesa fue hecha por ella, que venía de la casa del primer conde. Seguramente la cumpliría. Eso era precisamente por qué…

—¿No me preguntarás la razón por la que tomaría prestada tu mano, Marianne?

No pude confirmarlo. Por unos segundos, sus ojos vagaron, indecisos. Pero solo duró un breve instante. Ella corrigió su postura que se inclinaba hacia mí y estiró la espalda.

—Pienso que no es necesario. ¿No estaría bien si al menos una vez en mi vida, intentara hacer todo lo posible por un amigo? Pero como es de esperar, no puedo arriesgar mi vida —dijo, dándome una sonrisa amplia y elegante. Sus palabras me hicieron jadear de sorpresa. No importaba cuántas veces repitiera mi vida, un amigo que me dijera esas palabras nunca apareció. Siempre había estado sola, incapaz de moverme.

—No recuerdo haber hecho nada que te hiciera ir tan lejos…

Mi perplejidad excedió mi alegría o felicidad. Estaba claramente desconcertada.

—Ilya. No entiendo bien qué es lo que se llama amistad… Como soy alguien que vive en el mundo aristocrático, incluso dudo si tal cosa existe para empezar.

—Bueno, supongo que tienes razón.

—Pero, si se trata de amor, creo que entiendo.

—¿Sobre el amor?

—Sí. Porque creo en la existencia del amor. También creo que existe un amor que se puede ofrecer a mis amigos. Además, no hay necesidad de tener una razón para amar. Y así, Ilya, quiero ofrecerte mi amistad.

Dijo todo eso como si fuera alguien que nunca hubiera visto el lado oscuro del mundo. Estas palabras de ella, una persona que probablemente solo había vivido en un lugar bajo el cálido sol, emitía una especie de resplandor y se hundió en mi pecho. Soporté el impulso de llorar con frenesí. Las lágrimas cayeron una por una, a pesar de mi alma vacía.

Estaba sola, dolorida y triste. Pero, en este momento, por un breve momento, no fueron las únicas emociones que sentí. Para aclarar mi visión borrosa, cerré fuertemente los ojos. Después de quedarme así por un rato, cuando los abrí, la vi mirándome maravillada.

—Entonces, me iré pronto —dijo mientras se levantaba.

—¿Ya es la hora?

Traté de fingir lo más posible que no me importaba, pero no sabía si me las arreglé para hacerlo bien. Ella inclinó un poco la cabeza e hizo una sonrisa amarga.

—Bueno, parece que Soleil también vendrá pronto. Hoy solo vine a ver cómo estabas, Ilya.

Intenté levantarme para despedir a Marianne, pero mi mano izquierda se deslizó de manera poco confiable en las sábanas. Aun así, traté de corregir mi postura.

—Por favor, quédate así —dijo Marianne algo agitada mientras me empujaba por los hombros. De hecho, era difícil y doloroso levantar la parte superior de mi cuerpo, así que mientras me disculpaba, acepté su oferta. Bastante satisfecha con mi actitud, inclinó la cabeza y se fue.

Mientras la seguía retirarse con los ojos, miró por encima del hombro.

—Ilya, a veces en la vida, hay ocasiones en que no puedes lograr nada solo con tu propia fuerza.

—Bueno, sí… eso es cierto.

No podía adivinar el verdadero significado que estaba insinuando. La mirada de Marianne se paseó, algo vacía. ¿Estaba mirando a lo lejos, o estaba mirando algo distante? De todos modos, su línea de visión estaba dirigida hacia mí, pero parecía que no me estaba mirando.

—Hay personas que dicen que el destino se puede cambiar. Lo llamamos destino precisamente porque es algo que no se puede alterar sin importar cómo tratemos de cambiarlo. Si logras cambiarlo, eso significa que ya no es tu destino. Y…

—¿Y?

—Y creo que las cosas que absolutamente no se pueden evitar están predestinadas.

—Predestinado…

—No, no está del todo bien. En lugar de decir que no puedes evitarlos, hay algunas cosas que no deberían evitarse.

No deberían ser evitados.

—Es precisamente porque nunca debes evitarlos que pueden ser cambiantes e inciertos.

Hablando lentamente como si seleccionara cuidadosamente cada palabra, ya no sonreía. Su rostro, que no mostraba ninguna emoción y sus dedos que estaban completamente inmóviles, la hacían parecer una marioneta. Como si ella fuera manipulada por algo. Su tono era frío, apático, poco impresionante. Escalofríos corrieron por mi espalda.

—Oh, eso es bastante inusual.

Pero, sin preocuparse por lo que estaba pensando, Marianne de repente exclamó con una voz idiota. Esta vez, una expresión distintiva de sorpresa apareció en su rostro. Como si hubiera olvidado de qué estaba hablando hace un momento. Su mirada pasó a mi lado, dirigida a la ventana más lejos de la entrada de la habitación.

—Es un pájaro negro.

La que jadeó sorprendida, ¿fue ella o yo? Cuando me di la vuelta, en la valla fuera de la ventana, había un pájaro posado allí de verdad, cuyas plumas parecían haber sido cubiertas de ébano. Justo cuando extendí una mano hacia Cuervo, me di cuenta de que sus ojos eran del mismo color que sus plumas. El cuervo que a veces imitaba la apariencia de un pájaro, tenía ojos color ámbar, así que sabía que no era él.

Pero, pero…

—Marianne, ¿sabes el nombre de ese pájaro?

—No. Nunca he visto un pájaro como este. Un pájaro completamente negro… —Mientras hablábamos, el pájaro negro agitó sus alas y se fue volando—. No, estaba equivocada. Ilya, como se esperaba, podría haberlo visto mal. Se supone que no existen los pájaros negros. Seguramente, debe haber sido gris oscuro. O tal vez, un azul profundo y oscuro como el color en el fondo del mar.

La risa de Marianne resonó desde la distancia.

¿Sabes mi nombre? Mi nombre es Cuervo —había dicho Cuervo la primera vez que vino.

El pájaro portentoso de mal agüero.


Maru
Hola, ¡hola! Estaré ayudando hasta que Kavaalin vuelva de sus vacaciones en el campo... La verdad es que siempre me ha gustado esta historia así que es genial poder participar por un tiempo jeje

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