Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 4

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


—Ya no te amo.

Cuando las decía en voz alta, lograba pronunciarlas sin mucha dificultad. El doloroso estremecimiento en lo profundo de mi pecho era un remanente de los recuerdos de las numerosas vidas que había acumulado.

Aunque ciertamente creía que era doloroso, también sentía que había construido una resistencia al dolor que había sido grabada incesantemente en este cuerpo. Por esa razón, pensaba que si intentaba no darle importancia, podría manejarlo de alguna manera.

—Ya no…

En la biblioteca que se había sumido en un silencio sepulcral debido a que yo era la única persona en el lugar, fingí leer un libro y lo susurré una vez más. Entonces, noté que mis labios estaban temblando. Era doloroso y sentía como si mi respiración se hubiera quedado atascada en mi garganta.

Por instinto me llevé ambas manos al cuello. Simultáneamente, una risa tensa escapó de mis labios porque me había dado cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba estrangulándome mientras imaginaba el incidente que actualmente no había ocurrido. No estaba tan ciega como para no darme cuenta de esta estupidez.

—Te amo…

Las palabras entrecortadas que había murmurado por segunda vez se perdían en el aire, dejando detrás sólo un rastro sonoro. Sin embargo, esas palabras que habían perdido su existencia como sonidos aún revoloteaban a mi alrededor. Estaban imbuidas con tanto significado.

En todas esas vidas, por el bien de Soleil, por el bien de mi hermanita y por mi propio bien, había tratado de transmitirlo muchas veces. Sabía que mentirme a mí misma era lo mejor, por lo que había tratado de hacerlo. Sólo una palabra, si era  capaz de decirla, Soleil y yo podríamos avanzar para formar una relación más positiva.

Si no nos amábamos. Si no compartíamos ningún tipo de sentimiento.

Nos sería permitida una relación llana y sencilla. Estaría bien construir una relación de confianza sólo como compañeros de trabajo. Incluso si no lográbamos convertirnos en una pareja armoniosa, por el bien de proteger el feudo, podríamos haber creado una sociedad, que habría tomado el nombre de familia. Y, aun así, en cada vida, nunca era capaz de transmitirlas.

—¿Por qué?

Me preguntaba por qué me había enamorado de Soleil. En estas vidas que se seguían repitiendo, también me seguía repitiendo esta pregunta, una y otra vez. A pesar de que sabía que no obtendría respuesta, esta duda nunca se disipó. Recordé la sensación que surgió cuando nuestras miradas se cruzaron, ese día de mi infancia, en ese instante. No importaba cuántas vidas acumulara, no importaba cuánto tiempo pasara, ese sentimiento nunca se esfumó.

En lugar de describirlo como que me había enamorado, era más correcto decir que había tenido un presentimiento. Si me atrevía a nombrarlo. Si ese desgraciado destino era obra de Dios.

Entonces había sido exactamente como tener una revelación divina.

Nadie llamaría enamorarse a eso. Lo entendía bien. Pero, sin lugar a dudas, podía decir que mi vida había comenzado en el momento en que había conocido a Soleil.

En ese desconocido lugar en el que no podía ocultar mi nerviosismo, nunca podría olvidar esos ojos almendrados que se relajaban visiblemente mientras me decía “todo está bien, no te preocupes, todo está bien” a la vez que me ofrecía esa pequeña mano suya. Incluso el tono de su voz parecía revivir y volver a resonar en mis oídos. En ese momento, los latidos de mi corazón se aceleraban y el tiempo comenzaba a correr rápidamente.

Era leve, pero incluso ahora podía recordar la sensación de aquella mano que sujetaba la mía firmemente. Podía sentirlo como si estuviera sucediendo en este mismo instante. Si doblaba mis dedos podía sentir como si estuviera sosteniendo su mano. Dado que su blanca piel se asemejaba a sus gélidos ojos, había imaginado que se sentiría como tocar hielo, pero por supuesto sus manos eran cálidas. Mi mano, la cual rara vez había sido sujetada por mis padres, recordaba cómo él la había envuelto con las suyas.

Cada vez que evocaba esos dedos que se deslizaban por el dorso de mi mano para tranquilizarme, las palabras dichas por Soleil, todo está bien, aumentaban su importancia y se transformaban en algo especial. Al recibir la inmensurablemente pesada responsabilidad de ser la prometida del hijo del marqués, aunque a veces me dejaba petrificada, esas palabras que me había dicho meramente un par de veces, para bien o para mal, me habían dado un pequeño empujón.

—Está bien…

En la silenciosa biblioteca, sólo quedaban unos pocos estudiantes. Rodeados de libreros, habían alineadas largas mesas que permitían que varias personas se sentaran a estudiar, pero durante el día había suficiente espacio para permitirme sentarme sola en una de estas mesas compartidas. Por eso, a pesar de que nos encontrábamos en la misma habitación, todos estábamos sentados bastante separados. La distancia era tal que me permitía susurrar tranquilamente. E, incluso si mis murmullos eran escuchados, las demás personas no alcanzarían a entender lo que estaba diciendo.

—Todo está bien.

Estreché fuertemente mis temblorosas manos, repitiendo las palabras que el Soleil del pasado me había dicho. Sin embargo, se sentía exactamente como si estuviera recitando un diálogo de una obra, no estaba acompañada de la más mínima emoción. A pesar de que la pequeña yo ciertamente había sido salvada por esas palabras. A pesar de que esas palabras siempre me daban un empujón. Ahora, no significaban nada.

—Dime, ¿qué piensas acerca de separar a dos personas que tienen sentimientos el uno por el otro?

De repente recordé las palabras de Saion. Aunque sólo había sido hace un par de horas, ya se sentía como si hubiese pasado mucho tiempo.

Después de quedarme paralizada, incapaz de decirle ni una sola palabra en respuesta, fui a las clases de la tarde, llevando puesta una expresión calmada como si nada hubiese ocurrido. Era una expresión de ignorancia para pretender que era inconsciente de los rumores acerca de Soleil y Silvia, los cuales podías dar por seguro que llegarían hasta mí. Si no sabía nada entonces no tendría que hacer nada, había desviado mi mirada ante el comportamiento de mi prometido.

Al verme actuar así, los estudiantes de la academia me miraban con sonrisas llenas de desdén, era notorio que ansiaban la oportunidad de burlarse de mí. Seguramente esperaban el momento en que cometiera un error. Si hubiese sido la yo de hace no mucho, me habría dirigido directo hacia los grupos que gozaban esparciendo los chismes.

Por lo que yo sólo miraba hacia delante. No bajar mi cabeza ni mirada era mi pequeña forma de resistencia. Esa era la única cosa que podía hacer. No había forma de corregir mi comportamiento pasado. La yo que trataba de mantener en jaque a cada mujer que se acercaba a Soleil me perseguía. Ahora debía mantener absoluto silencio mientras trataba de evitar cualquier acción que pudiera hacerme destacar.

Esos dos eran llamativos. No importaba qué estuvieran haciendo, yo lo sabría antes de siquiera tener que preguntar. Pero aunque supiera que las cosas serían así, no podía evitar deprimirme al escuchar a los demás decir que lucían bien juntos.

Segundos, minutos, horas. Aumentando con el tiempo, un malestar similar al desconsuelo bloqueaba mi respiración. Era doloroso. Increíblemente e irremediablemente doloroso.

Aunque iba a la misma escuela, aunque era su prometida, yo nunca había sido invitada para que almorzáramos juntos. Esta hora que poseía un significado diferente de los almuerzos obligatorios en los que nos turnábamos para asistir en cada casa, Silvia los disfrutaba como si fuera algo natural. No había manera de que no sintiera nada al respecto. Estaba herida, enojada y triste. Si hubiera sido la yo del pasado… si hubiera sido antes de esa fiesta de té, probablemente habría ahogado a Silvia en burlas. A pesar de que la culpable no era ella.

Si bien sabía eso, la mayor parte de mis ataques aún estarían dirigidos a mi hermanita. Las mujeres en general eran esa clase de seres. Pero sabía muy bien lo tonto que era ese comportamiento y, en este momento, no podía actuar de esa manera ni siquiera por error. Además, si llegara a levantar mi mano, ya sabía qué tipo de reacción mostraría Soleil. Se disgustaría y, con una mirada mezcla de desilusión y desprecio, me preguntaría mientras suspira:

—¿Por qué no te preocupas por tu hermanita?

No había duda de que él me había hecho esa pregunta en una de mis vidas pasadas. Soleil esperaba que me comportara como una cariñosa hermana mayor.

—Está bien, todo está bien.

No, eso es lo que me forzaba a creer.

—¿Señorita Ilya…?

Justo cuando las uñas de mis dedos se estaban clavando en las palmas de mis manos, una voz me llamó sacándome de mi ensimismamiento. Cabellos dorados aparecieron por el rabillo de mis ojos, incluso sin mirar su rostro, sabía que era Marianne. Nadie más poseía un color tan magnífico.

—¿Aún no se ha ido a casa?

Ese tono de voz susurrante hacía parecer que estaba hablando consigo misma. De repente, su línea de visión bajó hacia mis manos.

—¿Así que incluso usted, señorita Ilya, está leyendo ese libro?

Como sorprendida por lo que veía, Marianne entrecerró sus ojos con suavidad y acercó una silla a mi lado para sentarse. “Tengo un encuentro con él.” Leyó el título y mostró una dulce sonrisa que la hacía lucir muy alegre.

—Inesperado, ¿no?

Este libro que había leído ya muchas veces, no pertenecía a la biblioteca sino que era mío. Aunque la portada era simple, solo teniendo el nombre del autor y el título, el año de su publicación se había convertido en un tema de conversación popular entre las muchachas nobles. Debido a que era un trabajo tan conocido, todos sabían al menos su título.

—Solo conozco el título y un poco sobre la trama, pero… es una historia sobre el enamoramiento de la princesa del reino vecino y un caballero, ¿verdad?

—Sí, esa es la historia.

—¿No es un clásico entre las historias de amor? Sin embargo, se siente más como una fantasía, un sueño imposible… No puedo decir que luzca realista… —Marianne detuvo sus palabras, inclinó la cabeza y añadió con una sonrisa: —Ah, pero si a usted le gusta, me disculpo por mis críticas.

Aunque desaprobaba la novela, sabía que no había ninguna malicia en sus palabras, así que sacudí la cabeza ante su disculpa. Al ver esto, ella rió una vez más.

—Señorita Ilya, pensaba que era una realista.

—¿Una realista?

—Alguien que no tiene sueños ingenuos.

La luz de la puesta de sol que entraba a través del gran ventanal se reflejaba en sus resplandecientes cabellos, deslumbrando mis ojos. Era absolutamente imposible que mis cabellos cenicientos brillaran de esa forma.

—No conozco el final de esta novela, pero el personaje principal seguramente se encuentra con un final feliz.

—Sí, ese es el caso.

Cuando asentí con la cabeza para confirmarlo, Marianne mostró una expresión de preocupación mientras apoyaba sus delgados dedos en su barbilla.

—¿Que le molesta?

—La princesa se enamora de un caballero del reino vecino y encuentra la felicidad, ¿no quiere decir que termina unida con la persona que amaba? Pero, ¿sabe…? Realmente me pregunto si una princesa que se casa con un simple caballero es un final feliz…

Esta señorita perteneciente a una casa noble de rango medio que me parecía mucho más realista que yo, soltó un suspiro mientras mostraba una sonrisa mezclada con un tinte de disgusto. Si habláramos de estatus social, su casa estaba mucho más cerca de la alta aristocracia que la mía. Estaba atada a su casa, tenía que casarse por razones políticas y no podía huir, todo era igual que en mi caso. Pero la diferencia fundamental entre nosotras dos era el hecho de que su prometido la amaba. Para mí, eso parecía una fantasía.

—Además, la princesa probablemente tenía… No, es posible que el caballero también… ambos pueden haber tenido prometidos, ¿verdad? Me pregunto si tal personaje aparece en esta novela —dijo Marianne mientras su hermoso rostro mostraba un deje de dolor.

La trama principal de esta novela trataba de cómo la princesa había sido exiliada de su nación de origen debido a una guerra civil y cómo el caballero al que le habían ordenado protegerla por un decreto real se enamora de ella. Varios obstáculos se interponen entre los dos, pero al final todo se calma y se resuelve en paz. No eran personajes desafortunados y la progresión de la trama solo mostraba una vaga noción de extorsión, pero había cautivado los corazones de las hijas de los nobles. Es por eso que, naturalmente, un personaje que obviamente debería haber existido como el prometido de la princesa nunca aparecía en la historia. Incluso Saion lo había dicho.

No importaba si el matrimonio por amor se estaba convirtiendo en lo normal entre los plebeyos, esto no ocurriría para los nobles. Mucho menos para la realeza. Si se comparaba con la realidad, podría decirse que era muy poco natural que ni la princesa ni el caballero tuvieran prometidos. Pero al final, sólo era una novela.

—Oh, ¿ya es tan tarde? Tengo que irme ya.

Sin querer miré los elegantes movimientos de Marianne mientras se levantaba sin hacer ruido. Ella, quien era una existencia opuesta a la mía en mis vidas anteriores, ahora se había convertido en mi amiga. Cuando la observé de nuevo después de volvernos más íntimas, comprendí lo inferior que era en comparación a ella. Frente a quien, desde la punta de sus dedos hasta la punta de sus cabellos, ostentaba la belleza de alguien nacido en una familia noble, desde lo más profundo de mi corazón me sentía avergonzada de haberla llamado mi rival.

—¿Sabe, señorita Ilya…?

A punto de pasar a mi lado, Marianne de repente se detuvo en seco.

—A pesar de que ahora me veo así, de niña era una marimacha. —Se rió recatadamente.

Imaginar a esta joven como una marimacha era absolutamente imposible. Cuando la miré perpleja, añadió mientras observaba mi expresión,

—Cuando mi prometido se decidió sin que yo lo supiera, me enfurecí. Dije que era imposible que me casara con alguien cuya cara ni siquiera conocía. Cuando lo conocí, no pensaba que terminaría amándolo —continuó con una inusual sonrisa burlesca. —También fui muy grosera con él. Utilicé el hecho de que el estatus de su casa era menor que la de la mía como escudo. Sin embargo…

Antes de proseguir, Marianne cerró la boca. Poco después, soltó un profundo suspiro, una acción realmente impropia de una dama como ella.

—Le pregunté a mi madre sobre usted, señorita Ilya.

—¿Sobre mí?

—Sí. Puede que no lo sepa, pero mi madre asistió a varias de las fiestas de té organizadas por su madre.

—¿Las fiestas de té…?

—Eso es correcto. En ese momento, me di cuenta de usted. —Asintiendo profundamente, su mirada comenzó a vagar en la distancia y prosiguió hablando: —Convertirse en la prometida del hijo del marqués es…una gran carga… yo lo entiendo muy bien. Porque también soy una aristócrata.

Después de decir eso, se inclinó sobre mí y sujetó mis manos. Suave, gentilmente, las envolvió con las suyas. Cuando mis manos se agitaron inquietas tratando de rechazar el gesto, ella se negó a dejarlas ir.

—Mi mamá me dijo. Que no debía confiarme y dormirme en los laureles sólo porque tenía un prometido. Que para estar a su lado, debía esforzarme mucho. Entonces, dejé evitar a mi prometido —dijo mientras su fuerte mirada pasaba a través de mí. Luego concluyó con una pequeña sonrisa: —Y después de eso, me convertí en su prometida con fervor.

—Señorita Marianne…

La llamé, incapaz de permanecer en silencio, pero después de eso las palabras no siguieron saliendo. No sabía qué decir. Sin que me diera cuenta, alguien me había estado mirando. Ese hecho simplemente me hizo perder las palabras.

—Cuánto esfuerzo ha estado realizando, en verdad, no tengo idea. Sin embargo, esta situación en la que su existencia es descuidada e ignorada, no puedo tolerarla.

Cuando dejé caer mi mirada sobre esos blancos dedos que me sujetaban con fuerza, de repente perdí mi fuerza.

—Si hay algo que pudiera hacer, por favor, no dude en pedírmelo.

Al recibir esa mirada suplicante, por un segundo, casi estiré mi mano. Pero incluso si dependía de ella, sabía que no podía cambiar este enorme flujo de eventos ineludibles. Si hubiera sido la primera vez, entonces… No, si hubiera sido la segunda o la tercera… entonces no había duda de que hubiera tomado su mano y hecho todos los esfuerzos posibles para que Soleil me encarara. En realidad, también podría haber tomado medidas para mantener alejada a Silvia.

Pero en el momento en que decidí hacer que Silvia asistiera a la academia, esperaba un futuro como este. Un futuro en el que Soleil priorizaría a Silvia por sobre mí, un futuro en el que Silvia ganaría un cuerpo mucho más saludable que antes. Y también, un futuro que conduciría a una vida diaria en la academia donde ellos se harían más cercanos. Todo era como había anticipado. Cuando tomaba en cuenta todas mis vidas pasadas, no era difícil hacer algunas predicciones.

Y a pesar de todo, aun así hice que esa niña asistiera a la academia. Puede ser porque aún conservaba alguna esperanza y estaba apostando a la posibilidad en un millón de que Soleil me priorizaría. A pesar de todas esas experiencias negativas, todavía esperaba escucharlo decir un día que me daría más importancia a mí que a esa niña. Dejé que Silvia asistiera a la academia y pusiera distancia entre Soleil y yo, sin embargo, todavía estaba esperando su mano.

En verdad, qué persona tan tonta era.

—No, señorita Marianne… Estoy bien.

Está bien. Todo está bien. 

Una voz juvenil hizo eco en mis oídos, diciéndome esto. Tenía que seguir creyendo que todo estaba bien. De lo contrario, como hizo una de mis yo pasadas, ataría una cuerda alrededor de mi cuello.

Sin embargo, ya me había dado cuenta. Que hace mucho, mucho tiempo había perdido un lugar al cual escapar.

La voz que repetía estoy bien temblaba ligeramente. Cualquiera que la escuchara entendería que no se podía confiar en estas palabras. Pero Marianne sólo negó un poco con la cabeza y no dijo nada. Sin embargo, su mirada clara se nubló un poco y repitió las mismas palabras que me había dicho en el momento en que Silvia acababa de inscribirse en la academia,

—Señorita Ilya, usted es realmente amable.

Pero, esta vez, no lo negué claramente. Para no hacer que Silvia pareciera una mala persona por error.

Silvia no había hecho nada malo. Esa niña sólo se había enamorado de Soleil, no estaba actuando con la intención de robármelo. Ya había decidido no odiarla ni guardarle resentimiento. Puede que estuviera celosa, puede que tuviera envidia, pero no la entramparía ni le haría daño.

Esa niña era mi querida hermanita. Traté de decir eso.

Pero, las palabras no salieron de mis labios, solo se escapó un largo suspiro. Mi corazón estaba a punto de romperse en pedazos. Mi respiración estaba a punto de detenerse, era insoportable.

—Señorita Ilya, una persona no siempre puede mantener el autocontrol. Sin embargo, si es por el bien de alguien importante, creo que los humanos son criaturas capaces de resistir indefinidamente, por tanto tiempo como sea necesario.

La realidad me tragaría en cualquier momento. Por eso, para esconderme de esa realidad, detuve mi respiración y cerré los ojos con fuerza. El tiempo para preguntarme si podría hacerlo bien esta vez ya había pasado. Ya no me quedaba nada más.

—Señorita Ilya, ¿por quién está haciendo todo esto?

La débil voz de Marianne se fue alejando hasta desaparecer.

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