Riku – Capítulo 6: Si sólo fuera un sueño

Traducido por Kaori

Editado por Kaori

Corregido por Sharon


Han pasado varios días desde que empecé a vivir en la base.

No he tenido problemas y tengo lo necesario. De hecho, se podría decir que mi estilo de vida ha mejorado considerablemente en comparación con mi estancia en Perikka, pero todavía no es un hogar.

Todos me evitan. Cuando entro al comedor recibo miradas frías de todos los presentes y luego empiezan los murmullos. Nadie habla conmigo excepto, por supuesto, Vrusto. No obstante, lo hace por las órdenes del capitán. Si no fuera por eso, él también me apartaría como los demás y estaría completamente sola.

Me he acostumbrado al duro entrenamiento, el dolor es soportable, pero no me habitúo al desprecio que me muestran todos.

—Los humanos somos muy odiados… —murmuré entre dientes, mientras me acercaba la cucharada de sopa a la boca. Vrusto me escuchó y dejó escapar un largo suspiro, jugando con el cuchillo.

—Bueno, es lógico. Hasta ahora, los tuyos nos han oprimido, y para empeorarlo eres de una familia de espiritistas. Lo raro sería que no te odiaran… De hecho si no fuera por las órdenes del capitán, no sería tu niñera.

—Niñera… Tengo 7 años…

—Sólo eres una mocosa; ignóralos, termina tu comida y vamos a entrenar.

—SÍ. —Volví a meter la cuchara en el plato.

Empiezo a poder adelantarme a sus golpes, pero aún hay una gran brecha de poder debida a su experiencia. Cada vez que presiono para atacar, él contraataca con el doble o el triple de fuerza. Al final se convierte en un combate defensivo.

Sólo consigo alcanzarlo si se despista o lo engaño con una buena finta.

Leivein me dijo que tenía talento, pero ¿será así?

—La cuchara está quieta… Debes comer bien. Si te desmayas durante el entrenamiento, me causarás problemas, ¿entiendes? ¿O es que odias la sopa?

—No, no es eso…

Toqué el fino pedazo de carne que había en la sopa. Cuando vivía con mi familia en la sopa no había carne ni vegetales como estos. La cantidad era mayor y los trozos de carne eran generosos, y al morder la carne, su jugo recorría mi paladar y el sabor encajaba perfectamente con la sopa, era delicioso.

Extraño mi vida anterior, pero mientras tenga algo que llevarme a la boca, será suficiente.

—Entonces, ¿qué es, te molesta la carne? —Se rió y sus colmillos relucieron. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

—Si no la quieres dámela. Los demonios amamos la carne más que nada. —Miré con desconfianza la porción de carne del plato.

—Lo que los demonios más aman…

La frase hace eco en mi cabeza. Es algo que aprecian y además comen. La carne que los demonios cocinan y comen es…

—¡Ugh!

Se me revolvió el estómago, sentí náuseas y arcadas. La imagen de la identidad de la carne me vino a la mente. Me tapé la boca con las manos e intenté reprimir el llanto.

Desde que vine, todos los días he comido carne, si tengo razón todo este tiempo he estado comiendo…

—¡O-Oye, no hagas eso! Sólo es carne de cerdo, hay una granja cerca del campo de entrenamiento.

—¿Eh? ¿Cerdo?

—Sí, cerdo. Si tanto te preocupa, ¿qué te parece si vamos a echar un vistazo antes de entrenar? —Vrusto parecía desconcertado.

Las arcadas remitieron y pude come. De veras creí que había estado comiendo humanos. Por un momento me odié y sentí asco de mí misma, pero parece que no ha sido así, es un alivio.

—Eres muy injusta con nosotros. Odiamos a los humanos, pero no los comemos, ¿vale? En realidad mocosa, ¿alguna vez has comido demonio?

—No.

—¿Verdad? Es lo mismo aquí, no hay forma de que nosotros comamos humanos o vosotros demonios, son mentiras.

Medité sobre ello mientras terminaba mi sopa.

Los libros de texto y los manuales ilustrados hablan sobre los hábitos alimentarios de los Demonios y su gusto por la carne humana. Lo leí en múltiples lugares y mi padre lo confirmó en más de una ocasión. Es probable que Vrusto esté mintiéndome, pero no parece ser así.

Siendo ese el caso, tanto mi padre como los libros están equivocados. No quiero dudar de padre, no puedo creer que mintiera. Ya no sé nada.

Iba a preguntarle a Vrusto, pero una voz aguda resonó por el comedor.

—¡Escuchen! —La puerta se abrió de golpe.

No puedo ver quiénes son, pero son dos figuras una más alta que la otra. No me hace falta mirar. Conozco esa voz.

Sentí un impacto en mi nuca.

—¡Estúpida! ¡Baja tu cabeza ahora! —Vrusto presionó con fuerza mi cabeza hacia el suelo.

Por el rabillo del ojo pude ver, que todos los Demonios del comedor se habían inclinado ante el capitán Leivein, quien a pesar de no ser el más alto imponía mucho más respeto que su acompañante.

—Todo el mundo levanten sus cabezas. Nos movemos —anunció el capitán.

♦ ♦ ♦

Antes creía que el Reino de Shiidoru se hallaba en su época más deslumbrante gracias al extraordinario poder de las familias de espiritistas quienes erradicaron el mal que se arraiga con fuerza a la tierra, llamado Demonio. Todo era magnífico a mis ojos, el único inconveniente era la bomba de relojería en que se había convertido el infame Señor Demonio cuando fue sellado.

Para mantener nuestro nivel de supuesta paz y tranquilidad, cada año se realizaba un ritual: la Campaña de limpieza de demonios. Consistía en una unión de los espiritistas para atacar y destruir a nuestros enemigos, que se suponía habían arrasado ciudades y consumidos sus bienes y habitantes, para después regresar a la Capital a mostrar la victoria exhibiendo, en un desfile, las cabezas de dichos adversarios que perecieron en encarnizado combate.

He visto ese desfile. En el centro del mismo, mi padre se encontraba en un vehículo cubierto de flores. Su figura, que saludaba al público majestuosamente, me inspiró de pequeña a ser como él. Con la alabarda en mi mano, algún día sería como él, acabando con los malvados Demonios.

Se supone que era un buen recuerdo, uno brillante e inspirador.

—Podría ser que… ¿Todo fuera planeado por el Reino? —murmuré sorprendida mientras las piezas encajaban en mi mente.

Desde la Base del Demonio Dragón viajamos 500 soldados, aunque habrán bajas por los ataques de los espiritistas. Llegamos al pueblo y nos dividimos en grupos de 100 soldados para adentrarnos en el bosque.

—En la historia se relata como una heroica hazaña, pero es pura fachada. Hay un montón de sucias acciones en este cuento —dijo Vrusto sin tapujos mientras me miraba de reojo y mis ánimos se hundían en el abismo.

—Esta vez tenemos suerte, ¿sabes? Es bueno saber qué pueblo será atacado.

—¿Pero no es mejor si simplemente evacuan el lugar? En caso de que ellos ataquen, podríamos hacer que el pueblo parezca abandonado…

—Estúpida, si hacemos eso, ellos buscarán otro pueblo que atacar. Para reducir las bajas lo mejor es que nosotros, que tenemos experiencia en combate, luchemos y le demos tiempo a los aldeanos para huir. Cuando el Capitán vea la oportunidad, dará una orden de retirada de inmediato. Lo que esos tipos quieren realmente es mero prestigio, desean obtener una cabeza de demonio para mostrar y decirles a su gente “era la cabeza de un general”. Ansían lucirse y hacerles creer que destruímos un pueblo, incluso si es sólo un lamentable e insignificante humano.

Miré mi sombra, mis piernas pesaban mucho y me detuve. Todo en lo que creía era una mentira… Es como una pesadilla. Tal vez cuando me echaron, me quedé inconsciente y esto es un sueño. Corregí mi postura y sujeté mejor mi alabarda.

—Los seres humanos somos muy odiados, ¿verdad?

—¿Cuántas veces más vas a repetir eso? —Con el aullido de Vrusto mis emociones estaban a flor de piel.

Voy a una guerra, mi tan ansiado campo de batalla, pero no siento más que tristeza y pesar.

—¡No mueras mocosa! —Vrusto se rascaba la mejilla con sus afiladas uñas.

—Sí…

—Si mueres, todo el tiempo entrenando sería un desperdicio, ¿verdad? Entonces creerán que no te entrené bien. Eso afectaría mi reputación, ¿qué se supone que haré entonces? Si puedes ve por algunos logros, ¿entendido?

—Sí…

—¡Contrólate! —Vrusto me dio una firme y fuerte palmada en la espalda.

Salí propulsada hacia delante, pero mantuve el equilibrio y no me caí. Me giré y le miré molesta.

—¡Lo sé! No quiero morir todavía, pero… ¿es la fuente de información fiable? Podría ser una trampa, ¿verdad?

—Parece fiable. He oído que es información que un espía en la Capital obtuvo con gran esfuerzo. Bueno, no conozco los detalles.

—¡Oye, Vrusto! ¡Ven aquí un segundo! —Otro demonio vino desde las filas delanteras y le estrechó la mano.

Le había visto antes, últimamente venía a menudo a conversar con Vrusto, parecían amigos. Mi instructor mostraba una amplia sonrisa.

—Mocosa, sigue adelante, ¿de acuerdo? ¿Qué dices Sejji? Oh, Frank también estás aquí. —Salió corriendo con ellos hacia el frente, conversando animadamente.

Parecía divertirse con sus amigos, aunque no oía de qué hablaban, así que seguí adelante y mantuve mi ritmo. Me dejó sola y ahora no tengo con quién hablar. Leivein tampoco está por aquí, lidera otro escuadrón y además es el Capitán del batallón, no puedo acercarme a él tan a la ligera.

—Sería bueno si todo no fuera más que un sueño.

Sé que no puedo estar siempre pensando en la vida que tenía, mi padre me desechó, pero…

—Oye, ¿vamos a matar a la mocosa humana?

—Mejor no.

—Huele a humano; tal vez la confunda con el enemigo en combate.

—¿La mataras durante el caos de la refriega?

—Deberías renunciar a eso. En este momento el Capitán no está aquí, pero si se entera se va a enojar mucho.

—¿Entonces, en qué pensaba al traerla?

Los oía claramente y sentía sus frías y despectivas miradas en mí. Las dudas sobre mi estancia con ellos aumentan cada vez más. No debería vivir aquí. Podría huir en medio de la batalla, pero si escapo, no tengo la confianza de encontrar otro lugar en el que hospedarme.

Suspiré con pesar, no tengo a dónde ir.

—¡DISPAREN! ¡Exorcismo de flechas!

De los árboles, que nos rodeaban, surgió una lluvia de flechas.

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