Vida en prisión de la villana – Capítulo 34: La noble dama no pudo haber hecho algo porque estaba en prisión

Traducido por Den

Editado por Sharon


Poco a poco, acosar a Rachel se había convertido en una especie de actividad extracurricular para el príncipe Elliot y sus amigos. Día tras día, hacían los preparativos mientras merodeaban por la mazmorra.

En este momento, Elliot estaba dando instrucciones en el patio trasero. Esta vez tenía mucha confianza en su plan. Pero de repente, la indispensable Rachel se asomó por la ventana de ventilación cercana.

—¿Sykes estás ahí?

—¿Eh? ¿Yo?

Sykes se acercó a la ventana de ventilación, curioso por saber la razón por la que lo había llamado.

—¿Qué pasa?

—Supongo que necesito disculparme antes. Lo siento.

—¡¿No deberías decírselo a Margaret?! —gritó Elliot.

Pero Rachel ignoró la bravuconaría del príncipe y en cambio le dirigió una sonrisa avergonzada a Sykes.

—Bueno, en realidad, desde que me encerraron aquí, de vez en cuando he estado enviando cartas esporádicas a mis amigas… por lo que Martina y Margaret…

—¡¿Qué?! ¡¿Le contaste a Martina sobre Margaret?!

Sykes se puso tenso cuando la ex-novia de su jefe soltó un pequeño y pesaroso “teehee”, sacando la lengua y dándose un golpecito en la cabeza.

—Se lo conté… y vino. Vino a visitarme a la prisión anteayer~.

Antes de que esas palabras salieron de su boca, Sykes ya había comenzado a correr a tope.

—¡¿Oye, Sykes?!

—¡¿Abigail?!

Los otros hombres dispersos por el patio trasero lo llamaron confundidos, pero no estaba claro si simplemente no escuchaba sus llamadas o si solo las ignoraba.

Mientras tanto, la única persona que estaba al tanto de las circunstancias de Sykes, Elliot, tenía la cara completamente azul.

—¡Rachel, ¿qué fue lo que le dijiste?!

—Los puntos principales de la carta eran que había roto mi compromiso y me habían arrestado. Pero, lo único a lo que reaccionó fue a la pequeña parte donde mencioné que Sykes y Margaret se habían vuelto cercanos.

—¡Obvio! ¡Oigaaaaan, regresaremos al palacio de inmediato! ¡Sykes está en peligro!

—¿Eh?

Todos los demás que no lo sabían inclinaron la cabeza hacia un lado, confundidos aun más por el repentino cambio de actitud del príncipe.

 ♦ ♦ ♦

En la sala de conferencias donde se habían reunido los altos ejecutivos de la Orden de Caballeros, el comandante de caballería, Sir Abigail, se acariciaba su magnífica barba mientras escuchaba atentamente un informe.

Entonces, el sonido de unos pasos frenéticos procedentes del corredor inundaron la habitación.

Como era de esperar de un grupo de caballeros veteranos, supieron que todo el alboroto retumbante provenía de una sola persona.

—¿Qué sucede? Oye, que alguien vaya a echar un vistazo.

Uno de los jóvenes asistiendo, se levantó de su asiento y caminó hacia la puerta a la orden del oficial al mando. Pero la puerta se abrió de golpe cuando alcanzó el pomo, empujándolo hacia un lado de la habitación.

—¿Qué pasa?

Todos los caballeros se pusieron de pie de inmediato, con las manos apoyadas en las empuñaduras de sus espadas, preparados para luchar… Al final, lo único que vieron fue a un Sykes muy molesto frente a ellos.

—¿Sykes? —murmuró en alto y boquiabierto el comandante al ver que su hijo fue quien había atravesado las puertas. Luego, apartó la mano de su espada.

—¡¡Padre, dame algo de dinero!!

Por alguna razón, el hijo idiota del comandante de los caballeros había irrumpido durante una reunión importante exigiendo que le diera un poco de dinero, haciendo que todos los altos ejecutivos de la Orden de Caballeros se frotaran al mismo tiempo la sien.

Sir Abigail suspiró hondo y actuó como el portavoz del grupo cuando se dirigió hacia su hijo trémulo.

—Sykes… aunque ya te has convertido no solo en un adulto, sino también en un verdadero caballero, irrumpiste en una reunión oficial pidiéndome dinero mientras estoy trabajando… ¡¿Estás bien de la cabeza?! Incluso en circunstancias normales, ¿no estás enfrentando críticas por no protestar a Su Alteza por el asunto con la señorita Ferguson? ¡Sin mencionar el hecho de que ya tienes una prometida y, sin embargo, te pones tímido con la amante de Su Alteza! ¡Cualquier persona con sentido común te ignoraría! ¿Este dinero es para que puedas comprarle un regalo a la señorita Poisson? ¡Si estás tratando de ser más fiable, entonces por qué no haces algo por Martina!

—¡Martina leyó una carta de la señorita Rachel y está de camino! ¡A AQUÍ! ¡Guárdate tu sermón para luego, padre! ¡Dame algo de dinero ahora mismo para que pueda huir! —respondió de forma directa y gritando mientras sacudía con vehemencia la cabeza.

Sir Abigail se llevó de inmediato la mano al bolsillo del pecho, sacó la cartera y se la arrojó a su hijo. Al mismo tiempo, comenzó a gritar órdenes a los otros caballeros en la habitación.

—¡Todos los caballeros a sus puestos de combate! ¡Quiero que todos los hombres posicionados en las periferias se movilicen en una formación cuadrada [1]! ¡Cada soldado estará equipado con escudos grandes y preparado para un asedio! ¡Tenemos que detenerla antes de que se acerque demasiado!

Sharon
What the fuck…?

Cada uno de los caballeros se apresuró para llevar a cabo sus deberes asignados. Se escucharon gritos furiosos por aquí y por allá durante este repentino estado de emergencia.

—¡¿Qué demonios está haciendo la administración oriental?! ¡¿No se suponía que estarían vigilando a la señorita Evans?!

—¡Era el trabajo de la compañía ecuestre! ¡¿No eran cuarenta soldados de élite?!

Sir Abigail miró a su hijo y señaló hacia el norte.

—¡Toma nuestro caballo más rápido y dirígete a nuestra sede norteña en el Valle de Arena, hijo mío! ¡Puedes pedir prestado más dinero una vez que llegues!

—¡Lo siento, padre! ¡Si sobrevives, reunámonos una vez más!

Y así, Sykes dio media vuelta para desaparecer sin molestarse en recoger suministros para su viaje.

Pero…

—Sabes que voy a venir, entonces ¿a dónde vas cuando no me has visto en todo el día? Hola, Sykes…

Sin que nadie se diera cuenta, frente a la puerta, un ángel exterminador “amoroso” se interpuso en su camino.

Esta chica con un largo cabello negro brillante recogido en una coleta que le llegaba hasta la cintura, y piel suave pero bronceada, entró en la sala de conferencias. Con un torso firme, caminó con gracia, acercando su elegante y alta silueta sin sacudir sus músculos.

Gracias a su trabajo en las líneas del frente, su piel se había quemado hasta llegar a ser un color trigo claro sin necesidad de maquillaje, por lo que, aunque se desviaba de la belleza estándar que la mayoría de los nobles tenían como ideal, las características fundamentales seguían siendo excelentes para hacerla parecer una bella noble dama con ojos grandes y penetrantes y labios finos y elegantes.

Pero…

A pesar de que esos ojos estaban bien abiertos, no había luz en sus profundidades.

Emitía un aura extraña y asesina de todo su cuerpo que hacía retroceder incluso a los adultos.

Solo mirar la figura de Martina hizo que las docenas de caballeros en la sala se congelaran.

Esta mujer era peligrosa.

En los diez años de historia que llevaba comprometida con Sykes, esta era lo más peligrosa que había sido.

Las rodillas de estos ejecutivos que habían enfrentado crisis muchas veces temblaban de miedo al encarar este peligro.

—¿Qué les sucedió a los muchachos posicionados en el fuerte…? —murmuró en voz alta lo que pensaba sin notarlo uno de los ejecutivos, haciendo que Martina riera entre dientes.

—Cuando me apresuré a partir, todos trataron de detenerme… después de persuadir a veinte de ellos con mis puños, me despidieron felices… pero persuadirlos me llevó tiempo, por eso llego tan tarde.

La sala de conferencia se sumió en un silencio asombrado ante las palabras casuales de la chica, antes de quedarse tan silenciosa como la muerte… Al ver a esta mujer, ni un solo hombre allí era lo suficientemente estúpido para dudar de la validez de sus palabras.

En ese aire sofocante, Sir Abigail levantó la mano para intentar hacerla esperar.

—Martina… estoy seguro de que te preocupan esos rumores sobre Sykes, pero sigues sirviendo a la Orden de Caballeros. ¿No es un problema abandonar arbitrariamente tu puesto para venir aquí a reunirte con él?

La mirada penetrante de Martina se posó sobre el comandante de los caballeros.

—Por supuesto que lo sé, ¡pero eso no importa en este momento! ¡Como un anciano mustio [2], ¿no puede entender que Sykes me está engañando?! ¡No puedo proteger tranquilamente el país durante un momento así —le gritó con lágrimas en el rabillo del ojo.

—¡Por favor, da prioridad al país!

—¡No lo haré! ¡Me convertí en una caballero para proteger a Sykes! ¡Cuando hice mi voto como caballero, reemplacé las palabras “por Su Majestad” por “mi adorable Sykes”! ¡¿Entonces mi espada no es para proteger mi futuro con Sykes?! ¡Sinceramente no me importa un viejo decrépito al que nunca le he hecho esa promesa!

—¡Esas son las principales palabras que un caballero nunca debe pronunciar!

Martina comenzó a acercarse a Sykes, ignorando al grupo de ancianos aturdidos.

—Sykes… ¿qué es esto? ¿No podemos hablar adecuadamente al respecto…?

—E-Eso… bueno…

Desde detrás de Martina, uno de los capitanes hizo una señal con la mano. Un grupo de caballeros que se había estado conteniendo hasta ahora avanzó con lentitud, atacándola desde detrás de repente.

Ella desenvainó una espada con un solo tajo a la izquierda y derecha a una velocidad que era imposible de ver.

Pasaron unos segundos.

A derecha e izquierda de Martina, los cuatro caballeros que había derrotado gemían de dolor en el suelo. Parecía que no había derramamiento de sangre, pero cada uno de los hombres se agarraba con fuerza el pecho, donde los había golpeado.

—¡¿Los golpeó con esa velocidad y su espada los lastimó a pesar de su armadura…?! —expresó inconscientemente su asombro uno de los capitanes.

Sin siquiera mirar hacia atrás, pudo golpear al mismo tiempo con una velocidad casi sobrehumana a cada uno de los soldados blindados que la atacaban por detrás.

—Ah, como siempre, ella es increíble siempre que Sykes está involucrado.

—En efecto… como era de esperar de la “Berserker de amor puro” [3].

Martina tenía un talento prometedor para su edad, pero su habilidad habitual solo la situaba entre los cinco primeros para aprendices de caballeros. Estaba por debajo de Sykes, quien se encontraba en la cima en cuanto a habilidades… a menos que pasara por la sombra de otra mujer, en cuyo caso su indignación de alguna manera le otorgaba habilidades sobrehumanas.

—Pensé que se calmaría si pasaba tiempo en la frontera…

—¿No ha empeorado por no poder verlo? ¿No se dio cuenta que no sirve de nada tratar de justificar el abandono de su puesto antes de ahora..?

Los soldados miraron a Sykes mientras susurraban entre ellos. Esa presión silenciosa de: “Solo cásate ya”, hizo que su rostro se volviera inusualmente azul mientras trataba de objetar.

—¡¿E-Estás bromeando?! Pensar así cuando es el problema de alguien más… Antes de presionar a otro, ¡deberías intentar casarte con ella!

—¡Ah…! —soltaron al unísono todos los espectadores, mientras Sykes se daba cuenta de su propio error.

Miró temeroso detrás de él.

Antes de que Martina pudiera entrar en su línea de visión, notó que la ira de la mujer se arremolinaba a su alrededor en un aura completamente oscura.

Ser sometido a las violentas quemaduras de su ira lo asustó demasiado como para volver la cabeza… hasta que pudo oír sus gélidos susurros.

—Sykes… oye, ¿hay algo en mí con lo que no estés satisfecho? Si tienes algo que decir, deberías decirlo. Por favor. ¿No estamos en una relación? Q-Quiero que seas sincero conmigo…

Con la súplica de su prometida, fortaleció su determinación y trató de darle una respuesta tímidamente.

—Martina… eso es…

—¡NOOOO! ¡No quiero saberlo!

—¡Aun no he dicho nada!

Antes de que pudiera decir algo más, le pateó con fuerza el trasero, obligándolo a salir disparado hacia delante, rodando por el suelo y aterrizando sobre su espalda.

Sin poder alejarse, Martina se puso encima de él, su espada clavándose en el suelo justo al lado de uno de sus ojos.

—¿Has oído esos extraños rumores…? Escuché que recientemente Sykes ha perdido la cabeza por una cerda llamada Margaret… Oye, Sykes… ¿no te vas a casar conmigo? No te convertirás en un granjero de cerdos, ¿verdad?

Al mirarla a los ojos, supo que no estaba bromeando al respecto. El rumor la había enloquecido por completo.

Sykes esbozó una sonrisa falsa para no ofenderla más, tratando de calmarla.

—¡P-Por supuesto, Martina! Me ca…

—¡No mientas! ¡Escuché todo ayer: de cómo Sykes se ha vuelto loco por esa perra en celo, Margaret!

Martina se sentó a horcajadas en su pecho, estrangulándolo con el puño en alto.

—¡¿Entiendes – cuánto – he – estado – pensando – en ti – durante – mi – expedición?!

Cada palabra enfatizada que pronunciaba iba acompañada del golpe seco y adherente del puño que conectaba con su cara.

—¡So – lo – te – he – a – ma – do – a – ti! ¡No – mi – res – a – o – tra – mu – jer!

El intervalo entre los golpes se hacía cada vez más pequeño. La gente que observaba desde un lado en silencio comenzó a preocuparse por si Sykes todavía estaba vivo.

—¡Solo – mírame – a – mí! ¡No – quiero – tener – que – hablar – sobre – esta – clase – de – cosas!

Continuó sin cesar… Y lentamente, en lugar de preguntarse si Sykes todavía estaba vivo o no, los espectadores habían comenzado a preocuparse si iba a arrancarle la cabeza a su cadáver.

—¡¿Lo – entiendes?! ¡¿Te – duele?! ¡Bueno – mi – corazón – está – sufriendo – mucho – más!

Sharon
My god, no sé si amar a esta chica por darle tal paliza a ese patético hombre, o sentir lástima por ella por amar a ese hombre tan patético.

La tristeza de la chica era evidente en su rostro mientras estaba sentada a horcajadas sobre su pecho, gritando a todo pulmón mientras su puño seguía moviéndose por el aire.

No, Sykes definitivamente está sufriendo más, pensaron todos los que estaban reunidos en la sala al escuchar ese llanto lleno de tristeza.

Sus corazones y mentes se habían convertido en uno.

Martina pronto mostró una sonrisa retorcida mientras comenzaba a buscar a tientas la daga que colgaba de su cintura.

—Ah, Sykes… la razón por la que estás tonteando es porque hay otras mujeres en el mundo, ¿verdad? Por supuesto que no puedo matar a todas las mujeres del mundo, así que ¿qué te parece si ambos vamos juntos al cielo, donde nadie más puede interponerse en nuestro camino? Fufu, en el cielo podemos ser solo los dos para siempre.

Los caballeros que habían estado observando en silencio hasta ahora por fin comenzaron a avanzar hacia ella cuando logró sacar su daga.

Pero entonces la voz de una mujer que no era la suya irrumpió en la sala.

—¡Deténganse! ¡No peleen por mi culpa!

Todos se volvieron al mismo tiempo para ver a quien había hablado… y, efectivamente, era Margaret con Elliot siguiéndola desde detrás.

La tez de todos los caballeros reunidos se volvió aun más pálida.

¡La peor persona que podría haber llegado vino…!

Sharon
Y aquí vemos cuando Margaret muere. El resto de los capítulos es una historia de terror sobre cómo Martina se encargó de asesinar a todos en el reino

¡Sykes ya había encendido las brasas y ahora acababan de arrojar gasolina al fuego!

Sir Abigail comenzó a gritarle a Margaret en cuanto la vio.

—¡Huya, señorita Poisson! ¡Martina está en modo berserker y no puede detenerse!

—¡¿Jaaa?!

Margaret quedó confundida ante la frase que nunca antes había oído.

La mujer con la coleta sentada sobre Sykes a quien Margaret nunca había visto, se movió un poco cuando entró y se levantó lentamente de donde estaba.

—Ja, ja, ja… Así que eres esa sucia cerda, puta, perra en celo, gata ladrona del zoológico…

—¡¿Qué…?! ¡¿Quién eres tú?! —le respondió Margaret con firmeza y valentía mientras retrocedía por su miedo. La mujer ante sus ojos no era normal. Obviamente estaba loca. Por cierto, Rachel tampoco era normal de ninguna manera, pero al menos estaba cuerda.

La chica de cabello negro con ojos bien abiertos y sin pestañear, esbozó una sonrisa retorcida mientras levantaba la espada que había tirado.

—Me alegro de conocerte. Soy la prometida de Sykes, Martina Evans.

—Cieeeerto… Saludos.

Margaret bajó la cabeza, sin comprender por completo la situación actual mientras daba un paso al frente.

—Por el bien de Sykes, que se ha visto obligado a pasar un mal momento porque lo sedujiste…

—No, está pasando un mal momento por tu culpa.

Los corazones de todos los caballeros se unieron una vez más, pero ninguno de ellos estaba lo suficientemente ansioso como para expresar sus pensamientos en voz alta.

Sin importarle lo que pensara el gallinero, la sonrisa retorcida de Martina se ensanchó cada vez más a medida que su reflejo en los ojos de Margaret se hacía cada vez más grande.

—¡Voy a cortarte el cuello…!

—¡Cuidado, Margaret!

Sabiendo lo que iba a suceder a continuación, Elliot derribó a Margaret, empujándola hacia el suelo cuando la gran espada de Martina apenas pasó sobre sus cabezas. La hoja de la espada cortó casi una docena de hebras de sus coletas.

—¡Ay!

—¡Tch! ¡Fallé!

Margaret por fin comenzó a comprender lo que estaba sucediendo cuando Martina reajustó la espada en su mano. Al darse cuenta de que si no se hubiera movido la espada habría mutilado su torso, se puso azul.

—T-Tú… ¡¿no sabes que es peligroso blandir algo así?!

—Obviamente. En primer lugar, estoy blandiendo esto para quitarte la vida. —Martina apretó su agarre en la empuñadura de la espada—. Hay demasiadas putas en este mundo lanzándole miradas amorosas a mi Sykes. Así que Sykes y yo vamos a vivir felices juntos en el cielo, solo nosotros dos.

—¿Eh? Oh, ¿de verdad?

—Pero cierta chica de aspecto obsceno podría aparecer después… es por eso que no puedes venir al mismo cielo que nosotros, voy a cortarte en un montón de trocitos ahora mismo y a esparcirte en la pocilga a la que perteneces.

—Oh… ¡¿YO?! ¡¿POR QUÉ?! ¡¿PODRÍAS ESPERAR UN MOMENTO?!

—¡No!

Martina se acercó con lentitud. Margaret retrocedió.

—¡Si lo hablamos, lo entenderás!

—¡No tiene sentido discutir!

Entendiendo que la cabeza de Martina estaba completa y perfectamente averiada, Margaret dio media vuelta y salió corriendo lo más rápido posible.

Martina iba a perseguirla, pero como no estaba prestando atención a sus pies, terminó pisoteando y tropezando con la cabeza de Elliot, que todavía yacía en el suelo después de empujar a Margaret al suelo.

—¡Gyaaa!

—¡Maldición!

—¡Gwaa!

Martina se apresuró a patear lo que bloqueaba su camino mientras se levantaba, pero en esos diez segundos perdidos Margaret ya estaba muy lejos.

—¡¿Crees que te dejaré escapar?!

Comenzó a perseguir a la chica pelirroja mientras balanceaba arriesgadamente su espada sobre su cabeza.

Una mujer persiguiendo a otra, casi como si estuvieran jugando al pilla, pilla [4].

En el fondo de la Orden de Caballeros, los ejecutivos estaban dando instrucciones al resto de los guardias del palacio real, casi como si estuvieran tratando de salir de un estado de parálisis del sueño [5]…

Por otro lado, Elliot se quedó tendido en el suelo incluso cuando Wolanski se acercó a él.

—¡Su Alteza, eso fue absolutamente magnífico! ¡La señorita Margaret está escapando animadamente gracias a usted!

—¿D-De verdad? Jaja, entonces valió la pena usarme como escudo… Aparte de eso, ¿alguien podría darme unos pañuelos para detener esta hemorragia nasal…?

♦ ♦ ♦

—¡Deja de correr cerda! ¡Voy a hacerte carne picada para un estofado de caridad en los suburbios!

—¡¿Quién querría convertirse en algo así?! ¡Valgo mucho más que cerdo barato!

Mientras se lanzaban púas entre sí, Margaret estaba avanzando como una velocista en un intento de escapar.

Sin embargo, Martina le seguía el ritmo con esa velocidad a pesar de llevar una armadura pesada y blandir esa espada larga sobre su cabeza.

El miedo de la fuerza destructiva de la espada que agitaba en el aire hizo que los cortesanos dentro del palacio real huyeran, apartándose del camino de las dos chicas. De vez en cuando, se cruzaban con soldados acorazados con escudos los cuales intentaban rodear a Martina y acorralarla.

Pero cuando Margaret miraba hacia atrás, todo lo que podía ver era a esos soldados volando por los aires. A pesar de que estaban completamente blindados, un golpe de esa pesada espada dejaba una gran abolladura en sus escudos antes de también lanzarlos por los aires.

Esto es malo. Me van a cortar en un montón de tiras largas. Como cortar un daikon… ¡¿Oye, quién tiene piernas daikon [6]?! 

No, no, nadie puede tratar de jugar a la vez el papel del cómico y el personaje serio por su cuenta. Margaret estaba haciendo todo lo posible para tratar de encontrar un lugar donde esconderse antes de que le costara respirar, por lo que se metió en espacios estrechos a propósito para ganar algo de distancia.

♦ ♦ ♦

El archiduque Vivaldi le estaba mostrando al Primer Ministro un jarrón decorativo que había colocado cerca de la entrada para cualquier invitado especial.

—Este es un jarrón de cerámica que encargué a un joven ceramista recientemente popular. Maravilloso, ¿no cree?

—Oh. Qué uso más atrevido del esmaltado para añadir sombra y disfrutar de la gradación… Es fascinante.

—Mm, me enorgullece dejar que las generaciones más jóvenes disfruten trabajos como este.

Fue en ese momento que uno de los subordinados del Primer Ministro se acercó a él corriendo muy nervioso.

—¡Su Alteza archiduque y Su Excelencia Primer Ministro deben irse de inmediato! Hay un vándalo arrasando el palacio real y…

Pero antes de que el asistente pudiera terminar su frase, instando a ambos hombres confundidos a retirarse… llegó el tifón.

—¡Muere!

—¡No quiero!

Una chica pequeña con el cabello recogido en dos coletas intentó esconderse detrás del encantador jarrón del archiduque y, al momento siguiente, otra chica con una coleta intentó cortarla en dos con su larga espada.

Aunque parecía que había fallado y el jarrón permanecía intacto… Un segundo después se escuchó un crujido y aparecieron unas líneas en su superficie. Justo después de que se formara el corte, todo explotó como si lo hubiera golpeado una masiva onda expansiva.

—Huh —dijo alguien despidiendo la tormenta que había venido y se había ido en ese instante.

—Me enorgullece dejarle este trabajo a las generaciones jóvenes, pero no es esto a lo que me refería… —murmuró el archiduque al Primer Ministro.

♦ ♦ ♦

Aunque Margaret no lo sabía, los alborotos de Martina cada vez que Sykes estaba involucrado eran famosos en el palacio.

Por eso todos los residentes que estaban al tanto permanecían en sus habitaciones, manteniendo las puertas cerradas desesperadamente. La mayoría de las puertas no se abrían y no se podía contar con los caballeros que salían de vez en cuando, por lo que no tenía más remedio que correr exaltada por los pasillos sin un alma a la vista

—Tiene que haber algún lugar al que pueda escapar… pero, ¡¿no hay nada que pueda hacer para ganar algo de distancia…?!

—¡Esperaaaa! ¡Deja de correr, cerdaaaaa!

Los gritos de Martina se pegaban a su espalda como rugidos llenos de odio de un espíritu vengativo. Aunque para ella Martina tenía más esencia para eso, haciéndola parecer mucho más aterradora. En ese momento, le cruzó por la mente un viejo dicho: “Los seres humanos son los monstruos más aterradores de todos.”

Margaret había corrido demasiado y tanto su cuerpo como su mente estaban llegando al límite. Y para colmo, este pasillo iba en línea recta hacia la terraza, formando un callejón sin salida. En el otro extremo, debería estar la plaza del castillo y la gran fuente en su centro.

En otras palabras, el exterior.

Echó un vistazo por encima de su hombro y vio que la mujer loca que la seguía acababa de pasar la primera mitad del pasillo y no parecía faltarle la respiración.

Margaret tomó una decisión.

—¡Bieeeeeen, hagámoslo!

Con toda la fuerza que pudo reunir, saltó de la terraza desde la barandilla para dar el salto más grande que podía hacer desde la línea de salida.

Se arrojó de la terraza del segundo piso e hizo una hermosa parábola cayendo bastante lejos y provocando una gran salpicadura en la fuente cuadrada de agua.

Salió rápidamente a la superficie, apartándose el cabello mojado que tenía pegado en la cara, y miró hacia la terraza. Martina también parece haber saltado tratando de seguirla, pero cuando Margaret miró hacia atrás, estaba claro que ésta no había aterrizado cerca de donde ella estaba sino que había chocado con fuerza contra la plaza de mármol.

Aunque su velocidad era la misma que la suya, Martina pesaba por su armadura y espada, por lo que necesitaba mucha más potencia para llegar tan lejos como ella desde la barandilla. Margaret apenas pudo lograr llegar a la fuente de la plaza, así que por supuesto Martina se quedó corta.

Se abrió camino hasta tierra firme y observó a un grupo de soldados lanzando una red para tratar de capturar a la bestia. De repente, sintió sus rodillas flaquear.

—Ah~… Moriré pronto…

Y de esa forma colapsó, completamente tirada en el suelo y demasiado exhausta para moverse.

♦ ♦ ♦

Rachel cerró el libro que estaba leyendo y miró al guardia de la prisión que estaba sentado en la sala.

—Has estado sentado allí durante bastante tiempo hoy.

—Ah… Este parece el lugar más seguro.

♦ ♦ ♦

Unos días más tarde. 

En un rincón de la sala de guardia de la Orden de Caballeros, Martina estaba sentada en el regazo de Sykes, creando una atmósfera amorosa mientras coqueteaban descaradamente entre sí.

—Oye Sykes… ¿me amas?

—Sí, por supuesto.

—¿Qué clase de vestido te gustaría para nuestra ceremonia de bodas…? No estoy muy segura. ¿Crees que un vestido con corte sirena me quedaría bien?

—Sí, por supuesto.

—¿Cuántos hijos deberíamos tener? Me gustaría tener aproximadamente cinco.

—Sí, por supuesto.

—Si ya estás de acuerdo, entonces en ese momento nadie más tiene que responder.

—Sí, por supuesto.

En esta conversación alegre entre tortolitos, Martina le hacía preguntas de forma linda mientras él intentaba asentir de forma presuntuosa a pesar de que el collarín que llevaba puesto se lo dificultaba y daba mecánicamente la misma respuesta como un muñeco de cuerda. A menos que estuvieras leyendo su diálogo en una hoja de papel, quitando el tono monótono de Sykes, sería imposible ver a estos dos como son y pensar que estaban coqueteando entre sí.

Coquetear mientras estás sentado en el regazo de tu amante delante de todos era la clase de comportamiento libertino que incluso Margaret estaría demasiado avergonzada de intentar… aunque ninguno de los otros caballeros en la sala de guardia podían criticarlos.

En primer lugar, todos actuaban como si no pudieran ver a la pareja. Poner fin al dulce momento (planificado) de Martina con Sykes era sinónimo de suicidio… Saltar de los muros del castillos sería una forma mucho más fácil de morir que ser destripado por Martina.

—Sería bueno si los puños de Martina se calmaran tan fácilmente… —comenzó a quejarse el comandante de los caballeros, el padre de Sykes. Se encontraba entre los líderes que miraban a la pareja desde fuera de la ventana de la sala de guardia.

Los ejecutivos reunidos a su alrededor también comenzaron a susurrar entre ellos.

—Ella sigue eligiendo preguntas que pueden responderse incluso con las respuestas secas de Sykes, ¿no creen que eso significa que se ha calmado?

—No, me pregunto si… Ella puede estar haciendo lo que quiera ahora mismo.

—Si alguna vez sucediera una pelea de amantes, entonces ocurrirá lo mismo que el otro día …

Con todo lo que había sucedido, Martina claramente ya había superado por un paso a la actual criminal del país, Rachel, y no habría sido extraño si la hubieran encarcelado… Aunque mientras Sykes no diga nada malo, cualquier violencia doméstica se puede pasar por alto.

No, incluso si dejaras a un lado los golpes de Sykes, también habría cargos por:

  1. Agredir a tus compañeros soldados.
  2. Invadir el palacio real.
  3. Responder a un oficial superior.
  4. Violar tu juramento.
  5. Violencia contra el príncipe.
  6. Deserción.
  7. Destrucción de la propiedad.
  8. Interferir con los deberes de un funcionario público.
  9. Faltarle al respeto al archiduque.
  10. Ser atrapada con las manos en la masa tratando de asesinar a la hija de un barón.

Había suficientes cargos para encerrarla de por vida tres veces… Pero todos, desde el archiduque hasta un soldado de bajo rango normal y corriente, querían evitar involucrarse todo lo posible con esa Martina loca de amor, así que antes de que se dieran cuenta, el incidente se había quedado sin resolver con nadie que quisiera volver a encargarse de él.

Por eso se les pidió a los oficiales de la Orden de Caballeros que presentaran medidas preventivas para sus arrebatos. Por ello estaban sentados en silencio, rascándose la cabeza.

—Al final, lo mejor es mantenerlos alejados del palacio real. Sería la forma más fácil de mantener lejos cualquier daño. Esta vez Sykes irá con ella y podrán hacer su juego de recién casados en algún lugar del país. Incluso si se pone en modo berserker, solo la mitad del fuerte terminaría destruido.

Todos compartían la opinión del vicejefe. Mientras tanto, sus complejos pensamientos le hacían suspirar mucho.

—Separé a Martina de él porque era demasiado dependiente de Sykes. Pensé que enviarla a la frontera podría corregir su personalidad de alguna manera… pero ahora, ¿quizás la manera a proceder es que Sykes siente cabeza y forme una familia?

Desde la ventana aun se podía ver a Martina haciéndole preguntas entusiasmada mientras él daba la misma respuesta una y otra vez.

—Sin embargo, Sykes es fuerte. Sobrevivir después de recibir tal paliza… Hubo un tiempo en que logró recuperarse de haber ingerido comida enlatada podrida con solo bañarse.

—Ese es un buen punto, pero…

El comandante miró a los otros caballeros reunidos a su alrededor y de repente cambió de tema.

—¿La señorita Ferguson también estuvo involucrada en este incidente?

—La persona en cuestión lo admitió fácilmente. Al parecer envió una carta a Martina contándole todo lo que estaba sucediendo.

—Bueno, si quería deshacerse de Sykes, contarle a Martina sobre la señorita Poisson es una forma segura.

—No hizo nada malo pero fue la causa de todos estos problemas…

El comandante miró hacia el vasto cielo.

—Si el grupo de Su Majestad no regresa pronto… me temo que el acoso creciente de la señorita Ferguson puede llevar a la ruina al palacio real.

—Ja, ja, ja, me pregunto qué clase de mano jugará la próxima vez.

—¡¿Por qué estás diciendo algo tan fatídico?! ¡Hable así y algo peor que ahora terminará sucediendo!

No obstante… mientras la relación del príncipe Elliot y Rachel permanezca como está, entonces no hay duda de que algo como esto terminará sucediendo de nuevo.

Los líderes ejecutivos de la Orden de Caballeros permanecieron cabizbajos, abatidos, mientras imaginaban el sombrío futuro por venir.


[1] Una formación cuadrada es una postura defensiva para las unidades de infantería armadas con mosquetes, creando un muro de acero infranqueable para defenderse de los ataques de caballería.

[2] Mustio es lánguido, débil.

[3] Los berserker eran guerreros vikingos que combatían semidesnudos, cubiertos de pieles. Entraban en combate bajo cierto trance de perfil psicótico, casi insensibles al dolor, fuertes como osos o toros. Llegaban a morder sus escudos y no había fuego ni acero que los detuviera.​

[4] El pilla, pilla es el nombre que recibe en España el juego de persecución más simple que en otros países es conocido como “La traes”, “Encantado” etc.

[5] La parálisis del sueño es un estado que se produce cuando uno apenas se queda dormido o al despertar, en el que una persona está consciente pero no puede moverse ni hablar. Durante un episodio, uno puede alucinar lo que a menudo genera miedo. Los episodios generalmente duran un par de minutos.

[6] La broma se explica por sí sola aquí. Cortas daikon en tiras largas. También el término japonés para tobillos o piernas gordas se traduce literalmente como piernas daikon. Así que la frase se traduciría más directamente como “Como cortar un daikon…. ¡¿Oye, quién tiene piernas gordas?!”

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4 thoughts on “Vida en prisión de la villana – Capítulo 34: La noble dama no pudo haber hecho algo porque estaba en prisión

  1. Aquiles Bailoyo says:

    Yo siento lástima por la chica que ama a un pendejo… enserio, aunque este loca.

    Osea, esa chica se está arriesgando en la líneas frontales por el y el muy hijo de su querida madre le mete los cuernos.

    Y que decir sobre Rachel: Maravillosa Jugada.jpg

    Gracias por el capítulo~

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