Al límite – Capítulo 154: Cortejando el desastre

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Wang Zhong Ding por fin abrió la boca varios minutos después y dijo:

—Er Lei, llama a Han Dong y dile que venga inmediatamente.

—En realidad… él ya está aquí —respondió el camarada Er Lei, que ya lo había previsto. Se apresuró a hacerlo pasar y lo dejó frente al jefe Wang.

Como no se habían visto en más de una semana y, sumado a eso, estaba lo del vídeo de vigilancia, la mirada que Wang Zhong Ding le dirigió a Han Dong era casi caníbal.

—¡Explícate! —ordenó Wang Zhong Ding.

Han Dong sonrió y respondió:

—¿No crees que este movimiento tan poderoso fue impresionante? Ja, ja, ja…

—Un hombre disfrazado de mujer montando un escándalo, ¿¡qué tiene eso de impresionante!? —estalló Wang Zhong Ding.

Han Dong dio unos pasos hacia adelante, se inclinó y se apoyó en el escritorio, haciendo que su trasero sobresaliera sin reservas, mientras sus ojos brillantes miraban a Wang Zhong Ding con picardía.

—Pero la palabra “gratitud” está claramente escrita en tu cara.

Wang Zhong Ding lo fulminó con la mirada y no dijo nada durante un buen rato.

A Han Dong le remordió un poco la conciencia. Entonces, alargó la mano traviesa, la metió bajo la camisa de Wang Zhong Ding y le acarició provocativamente los abdominales.

Wang Zhong Ding le sujetó la muñeca con una fuerza asombrosa.

Han Dong apretó los dientes y preguntó:

—¿De verdad estás enfadado?

En consecuencia, Wang Zhong Ding lo besó y le mordisqueó la boca sin previo aviso. Sus acciones fueron extremadamente rápidas.

Para cuando Han Dong reaccionó, el rostro de Wang Zhong Ding seguía tan tenso como antes, como si nada hubiera ocurrido.

—¡Ve allí y ponte a mirar la pared! —le ordenó, tratándolo igual que a XiXi.

Soyokaze
No tenía idea de que ese tipo de castigo existiera, pero por lo que investigué, al parecer es muy común tanto en Occidente como en China. Poner a los niños a mirar la pared es un castigo humillante, y los expertos aconsejan no aplicarlo

Han Dong lo miró atónito.

—¿No me besaste hace un momento? ¿Por qué ahora me estás castigando?

—¿Quién te besó? —negó Wang Zhong Ding.

Han Dong estaba desconcertado.

—Hace un momento tú claramente me be…

—¡Estás alucinando! —le cortó, y añadió en un tono estridente—: ¿Hiciste ese tipo de fechorías y aun así crees que te besé? ¡Da gracias más bien de que no te haya molido a palos!

El rostro de Han Dong se ensombreció. No le hacía ninguna gracia que Wang Zhong Ding le echara toda la culpa y se preguntó si últimamente estaba de moda imitarlo tan descaradamente.

—¡Ve a reflexionar! —ordenó Wang Zhong Ding. Su tono dejaba claro que no había otra opción más que obedecer.

Wang Zhong Ding dijo todo aquello, pero en realidad esperaba que Han Dong se negara, para poder aprovecharse de su desobediencia.

Al final, Han Dong lo sorprendió al obedecerlo: se fue a la esquina y se quedó mirando la pared en silencio, con el cuerpo recto como una vara.

Wang Zhong Ding se llevó la mano a la frente, preguntándose con pesar por qué de repente Han Dong se había vuelto tan obediente.

Al cabo de un rato, Han Dong giró bruscamente el cuerpo y dijo:

—Ya reflexioné.

Wang Zhong Ding se tensó por dentro. Le preocupaba especialmente que Han Dong empezara a decir un montón de cosas justas y razonables para justificarse.

—¡Descubrí que en verdad soy tan inteligente! —dijo Han Dong con entusiasmo—. Le dije que se fuera hacia el oeste en ese momento y fue. Ni siquiera se lo señalé con claridad y aun así salió directo a pisar ese agujero de estiércol después de cruzar la puerta oeste. ¡Cuánta perspicacia y control se necesitan para que todo salga tal como uno lo planea!

Wang Zhong Ding pensó con orgullo que Han Dong era, efectivamente, una buena “esposa”, y luego dijo:

—No creo que sea necesario que vuelvas al dormitorio, quédate aquí esta noche.

Sin embargo, Han Dong lo rechazó sin titubear, sin dejar espacio para negociar:

—Tengo que volver al dormitorio.

Esta vez, Wang Zhong Ding se enfadó de verdad.

—¿Por qué tienes que volver?

—Ming’er está pasando por un mal momento, no puedo dejarlo solo.

—¿A él le gustas? —preguntó de repente Wang Zhong Ding.

El corazón de Han Dong dio un vuelco. Se preguntó si acaso él lo sabía.

Al final, Wang Zhong Ding añadió rápidamente:

—Dado que es imposible que le gustes, ¿qué sentido tiene que vuelvas al dormitorio?

Un viento helado sopló en el corazón de Han Dong.

Toda la compañía cree que no te gusto, y tú crees que tampoco puedo gustarle a Yu Ming. ¿Piensas que disfruto siendo tan mezquino y bajo?, le reprochó en silencio.

—¡Deja de hacer daño a los demás y reflexiona seriamente sobre ti mismo!

—Tengo que volver, si no, no voy a estar tranquilo.

Al terminar de hablar, Han Dong se marchó sin mirar atrás.

♦♦♦

Yu Ming ya se había dormido, pero la llegada de Han Dong lo despertó. Desde que Han Dong se fue, no había podido conciliar el sueño, y una tristeza inexplicable volvía a oprimirle el pecho.

Yu Ming se dio cuenta de que, en estos días, Han Dong había sido como su oxígeno.
Con Han Dong cerca, podía mantener sus funciones básicas; sin él, era como si estuviera muerto en vida.

Por eso, en cuanto oyó el sonido de la puerta, una emoción indescriptible le llenó el corazón.

Lo primero que hizo Han Dong al entrar al dormitorio, incluso antes de cambiarse de ropa, fue ir a comprobar el estado de Yu Ming. Al verlo tendido en la cama, sano y salvo, sintió que el corazón se le aliviaba.

Justo cuando Han Dong estaba a punto de salir, Yu Ming habló:

—Di algo.

Han Dong se quedó desconcertado.

—¿Estás despierto?

—Ajá.

—¿Qué pasa? Dime.

—Tal vez tenga que regresar al estudio mañana.

Los puños de Han Dong se cerraron al instante.

—Mañana no. No es nada conveniente para ti. Si vas, podrías acabar ofendiendo a alguien vil.

Yu Ming no quiso escucharlo.

—No puedo permitir que el rodaje se retrase por mi culpa. No quiero que mis compañeros se vean afectados.

Han Dong dudó un momento antes de decirle:

—Puedes ir, pero yo voy contigo.

—¿No tienes trabajo que hacer? —preguntó Yu Ming.

Han Dong le echó un breve vistazo al teléfono móvil.

—Por el momento no he recibido ninguna notificación al respecto.

Yu Ming estuvo de acuerdo y no dijo nada más.

♦♦♦

Al día siguiente, Feng Jun fue a la oficina de Wang Zhong Ding con el rostro lleno de satisfacción y los ojos risueños, pero al entrar se encontró con una cara sombría.

—¿Pasó algo? —preguntó Feng Jun, intentando recordar si había ocurrido algo en la compañía que pudiera explicar la expresión de Wang Zhong Ding.

Él no respondió y, en cambio, preguntó:

—¿Qué se te ofrece?

—Han Dong llamó la atención de Armani durante la alfombra roja del Festival de Venecia. Quieren que sea su portavoz exclusivo en China a partir de mañana, así como el modelo masculino de apertura en la Semana de la Moda.

El semblante de Wang Zhong Ding finalmente se relajó un poco al oír esto. Sus buenos esfuerzos de los últimos seis meses no habían sido en vano.

El guardarropa de Han Dong estaba prácticamente abarrotado de ropa de Armani, y cada vez que asistía a una alfombra roja de gran escala, llevaba prendas de Armani que combinaban con la vestimenta de Wang Zhong Ding.

El propio Han Dong no tenía idea de que todo su armario había sido reemplazado por ropa de alta gama hecha a medida.

La dedicación de Han Dong, así como su extraordinaria presencia, terminaron por convencer a Armani de elegirlo como su primer portavoz masculino en Asia.

—¿Quiere que lo llame para darle la buena noticia? —preguntó Feng Jun.

Wang Zhong Ding resopló fríamente y respondió:

—Tú decides.

Feng Jun no pudo soportar la actitud de su jefe.

Nuestro Han Dong ha conseguido algo enorme. ¡Deberías darle al menos un poco de reconocimiento!, pensó, sin atreverse a decirlo en voz alta.

Han Dong iba camino al set de rodaje con Yu Ming cuando recibió la llamada de Feng Jun.

—La semana que viene se va a celebrar una conferencia de prensa de una marca de moda. Nuestra empresa va a cooperar con una famosa marca internacional, así que ven a la compañía de inmediato para prepararte.

Para su sorpresa, Han Dong respondió:

—¿No es hasta la próxima semana? ¿Por qué quieres que me prepare tan pronto?

—Solo quiero que vengas para que podamos hablar de los detalles.

—Lo siento, hoy no puedo —dijo Han Dong, y colgó.

Cuando la llamada se cortó, a Feng Jun solo le dieron ganas de maldecirlo. Pensó en su personalidad absurda: estaba estúpidamente tranquilo cuando no debía estarlo, y estúpidamente exaltado cuando debía mantener la calma. ¡No es de extrañar que al jefe Wang no le gustara!

El rostro de Wang Zhong Ding, que ya se había calmado, volvió a ensombrecerse tras esa llamada. No hacía falta que nadie le dijera que Han Dong estaba acompañando cariñosamente a Yu Ming al estudio.

—¿Quiere que lo vuelva a llamar? —preguntó Feng Jun.

Wang Zhong Ding resopló:

—No hace falta que le hagas caso.

♦♦♦

—¿Te está buscando la compañía por algo? —preguntó Yu Ming a Han Dong.

—No es nada importante —respondió Han Dong con indiferencia—. ¿Qué conferencia de moda ni qué cooperación? Seguro que es para volver a caminar en una pasarela.

—Aun así deberías ir a comprobarlo. Tal vez te están invitando a ser portavoz.

—¡Tonterías! La última vez que una marca de ropa quiso que fuera su portavoz, Wang Zhong Ding se negó de inmediato. ¡No soporta verme volverme popular!

Yu Ming quiso decir algo más, pero Han Dong lo interrumpió:

—Hoy voy a acompañarte sí o sí, así que no intentes convencerme de que me vaya.

Por un lado, Han Dong temía que las cosas se le pusieran difíciles a Yu Ming; por otro, quería ver cómo estaba Sun Mu después de haber sido humillado.

Diez minutos después, ambos llegaron al set de rodaje.

Fue una lástima que aquella reprimenda no pareciera haber surtido efecto. Cuando vio a Sun Mu, este seguía de buen humor, charlando ociosamente con su asistente.

—Hoy no ha venido ese hombre tan guapo —dijo Sun Mu, frunciendo los labios para mostrar su disgusto.

Soyokaze
Sun Mu se refiere a Xia Hong Wei

Su asistente sonrió y le preguntó:

—No te habrás enamorado de él, ¿verdad?

Sun Mu resopló y contestó:

—¡Por favor! Que quede algo claro: ¡es él quien viene aquí y se queda esperando todo el día! Así que, ¿por qué no aprovechar para tener una aventura con él?

El asistente se reía cuando vio entrar a Han Dong. Emocionado, le dio un codazo a Sun Mu y le dijo:

—Mira, ¿no es ese el Maestro Espiritual Ma, el que actuó en la película con Yu Ming? ¡Soy súper fan suyo!

Sun Mu miró a Han Dong con indiferencia y comentó con desprecio:

—¿Qué tiene de especial ese tipo para que seas su fan? Cualquiera que hubiera hecho ese papel se habría hecho famoso.

El asistente se quedó sin palabras.

Más tarde, el rodaje dio comienzo.

Las escenas que tenía que filmar Yu Ming ese día iban a ser muy difíciles para él. No solo estaría de rodillas todo el tiempo, sino que además tendría que ser maltratado por otro príncipe.

—No creas que no sé lo que has hecho —Yu Ming miraba ferozmente al otro príncipe.

El otro príncipe agarró a Yu Ming del cabello con rudeza, lo acercó hacia sí y preguntó:

—¿Qué hice? ¡Dilo!

Yu Ming cerró la boca y se negó a pronunciar una sola palabra.

Han Dong descubrió que las habilidades de actuación de Yu Ming eran mil veces mejores que antes, así que no pudo evitar sentirse contento por él.

—¡Corten!

El director cantó NG justo en el instante en que Yu Ming caía al suelo después de que el príncipe le diera una patada en el pecho.

Sin embargo, después de invalidar la escena, no fue él quien se acercó a explicar los fallos, sino el propio Sun Mu, que se puso a gesticular mientras hablaba con el otro príncipe.

Soyokaze
Gesticular mientras se habla = explicar agitando las manos o criticar mientras se da una orden

—¡De ninguna manera puedes hacerlo así! Tienes que lograr que el público sienta la intensidad. Tienes que agarrarlo con fiereza. Déjame hacerte una demostración.

Después de decir esto, sujetó con brutalidad el cabello de Yu Ming y dijo:

—¿Qué hice? ¡Dilo!

Desde su posición, Han Dong pudo ver claramente que Sun Mu no solo estaba tirando de la peluca de Yu Ming, sino también de su propio pelo por debajo.

Yu Ming clavó una mirada feroz en Sun Mu.

Sun Mu quería ver en Yu Ming algo más que actuación, pero no consiguió su objetivo.

Entonces, llevado por una rabia extrema, le dio una patada despiadada en el pecho y, acto seguido, le mostró a Yu Ming una pretenciosa expresión de disculpa mientras le tendía la mano y exclamaba con falsa amabilidad:

—¡Mil disculpas! Me pasé un poco con la fuerza.

Han Dong apretó los puños y los levantó con furia, pero los bajó a regañadientes ante la mirada de advertencia que Yu Ming le lanzó.

En la segunda toma, fue un misterio si el príncipe lo hizo a propósito o no, pero su interpretación fue incluso peor que antes de la “guía” de Sun Mu.

El director negaba con la cabeza y suspiraba. Después, Sun Mu avanzó a grandes zancadas, agarró del pelo a Yu Ming y lo tiró al suelo antes de propinarle otra patada despiadada.

—¿No puedes hacerlo así? —reprendió al príncipe con fiereza.

Los ojos de Han Dong se tiñeron de rojo de la rabia.

♦♦♦

Cuando Wang Zhong Ding volvía de una reunión, pasó por casualidad por la base del estudio de cine y televisión.

Er Lei no pudo evitar llamarle la atención:

—Jefe Wang, Yu Ming tiene una escena hoy. ¿Le gustaría visitar al elenco?

Feng Jun habló antes de que Wang Zhong Ding pudiera responder:

—¿Es necesario? No es un drama importante; además, nuestra empresa ni siquiera está invirtiendo en ese proyecto.

—Está bien —asintió Er Lei.

En consecuencia, en cuanto terminó de hablar, entró al estudio de todos modos.

—¿Eh? ¿Qué se supone que haces? —preguntó Feng Jun, enfadado.

Er Lei ya había entrado en el estudio donde filmaba Yu Ming y frenó en seco.

—¡Ay, rayos! Me equivoqué. Mis disculpas, jefe Wang. Daré la vuelta y nos iremos de inmediato.

—Olvídalo —dijo Wang Zhong Ding, fingiendo que lo obligaban, y añadió—: Ya que estamos aquí, echemos un vistazo.

Feng Jun miró abiertamente a Er Lei, indignado:

—¿Qué te pasa últimamente? ¿Acaso un burro te mordió el cerebro?

El rostro de Er Lei no mostraba ni servilismo ni arrogancia.

♦♦♦

Durante su “tercera demostración”, Sun Mu pateó a Yu Ming directamente contra el suelo.

Han Dong no pudo soportarlo más: se lanzó hacia Sun Mu y le dio una patada por la espalda.

Sun Mu tropezó y cayó al piso.

El set volvió a convertirse en un caos.

El guardaespaldas debería haber “invitado” a Han Dong a salir, pero Han Dong era su ídolo, y el fondo de pantalla de su ordenador aún era la foto en la que salían juntos con pose masculina. ¿Cómo iba a ponerle una mano encima?

Al final, la escena terminó siendo un grupo de personas rodeando a Sun Mu mientras este insultaba a Han Dong sin parar.

—¡Pinche méndigo de mierda! ¿Con qué derecho te atreves a pegarme?

Sun Mu siguió despotricando:

—¡Es indignante que una basura como tú, que ni siquiera se ha hecho un nombre artístico, se atreva a desafiarme! ¿No has estado siempre haciendo papelitos de relleno sin importancia?

 »Antes, cuando el culo de Yu Ming valía oro, tú, un perro vulgar, solo podías seguirlo detrás y tragar mierda a gusto. Ahora él es un despojo que ni siquiera puede protegerse a sí mismo y, aun así, ¡todavía sigues lamiéndole los huevos!

»No creas que no sé lo miserable que es tu situación en tu empresa y lo mucho que le desagradas al jefe Wang. Te lo digo: si ahora mismo saco a relucir todos tus trapos sucios y dejó al descubierto la clase de escoria que eres, ¡hasta el jefe Wang podría terminar enamorándose de mí!

error: Contenido protegido