Al límite – Capítulo 160: Tú ganas

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Han Dong partió por la noche con varios miembros del equipo de producción.
Para ahorrar dinero, el séquito de asistentes no podía acompañarlo, a excepción de Xiao Liang. Wang Zhong Ding costeó sus gastos de su propio bolsillo solo para que alguien se quedara al lado de Han Dong y no estuviera solo.

Han Dong pensó que no había preparado nada: todo lo que necesitaba estaba en la maleta que le entregó Shen Chu Hua.
Dentro había todo tipo de ropa de viaje y el equipo que podría necesitar durante esos días; las prendas de marca, combinadas, venían ordenadas en bolsas de almacenamiento.

—Bien, chica frustrada. Eres muy considerada —dijo Han Dong, riendo pícaramente.

—Yo no preparé esto. Lo preparó personalmente el jefe Wang —aclaró Shen Chu Hua.

Al imaginar a su apuesto marido, de pie frente al armario, frunciendo el ceño ante más de una docena de conjuntos y dándole vueltas con determinación, Han Dong sintió una oleada inmediata de felicidad.

—¿De verdad estás con el jefe Wang? —preguntó Shen Chu Hua, inquisitiva.

—¡No digas tonterías! —replicó Han Dong, con expresión de suficiencia.

—¿Se ha cocido el arroz?[1]

—¿Quién te dijo que el arroz estaba cocido? —Han Dong, por reflejo, se atragantó.

Apenas terminó de hablar, se dio cuenta de que había revelado algo sin querer y se apresuró a cerrar la boca.

Shen Chu Hua suspiró débilmente.

—Entonces… ¿no tengo ninguna oportunidad de salir con el jefe Wang?

Han Dong dio una palmadita a la camarada Shen Chu Hua, atrapada hasta el fondo en la dulzura del director general e incapaz de salir de ella, y la consoló:

—No necesariamente; quizá solo está conmigo para presionarte a que confieses.

Shen Chu Hua se quedó sin palabras.

Tras soltar por fin lo que moría por preguntarle, volvió al tema principal.

—Yo también preparé algo para ti.

—¿Qué?

Señaló un compartimento interior y susurró:

—Ahí hay una peluca y todo tipo de productos femeninos.

Han Dong se sobresaltó.

—¿Por qué has puesto eso ahí?

—Por si te resulta incómodo salir a la calle: ¡así podrás disfrazarte!

Han Dong se llevó la mano a la frente. «Genial, de verdad eres muy considerada», pensó.

♦♦♦

El equipo puso rumbo a su primera parada: el condado de Taining, al noroeste de la provincia de Fujian.

Una docena de miembros se registraron por la noche en un hotel local. Han Dong, agotado por el viaje, se durmió en cuanto se tumbó. En un principio quiso llamar a Wang Zhong Ding, pero al final esa tarea sólo pudo hacerla en sueños.

Yi Lu, en la habitación contigua, pensó en llevar unos bocadillos de medianoche; sin embargo, nadie abrió tras un rato de llamar. Al intuir que Han Dong ya dormía, regresó en silencio a su cuarto.

No obstante, al acostarse, oyó al lado un tenue murmullo.

«¿No estaba dormido?», se extrañó, y volvió a la habitación de Han Dong para entregarle los bocadillos.

Esta vez, Han Dong abrió la puerta cuando ella llamó.

Yi Lu llevaba algo en la mano, así que no reparó en los ojos de Han Dong y entró rápido para entregarle los bocadillos.

Han Dong estaba al teléfono con Wang Zhong Ding.

—Te extraño. No podía dormir de lo mucho que te extraño.

Yi Lu sonrió con complicidad a un lado: era evidente que él casi no podía mantener los ojos abiertos del cansancio y aun así decía que no podía dormir.

Wang Zhong Ding, consciente de que Han Dong hablaba medio dormido, aun así preguntó:

—¿Cuidaste a los veteranos del equipo durante el trayecto?

—Sí. Les ayudé con las maletas y también pagué sus bebidas.

—¿Escuchaste inglés en el coche?

—Lo escuché; incluso lo grabé. Cuando vuelva te lo pondré.

Wang Zhong Ding no supo qué responder.

Tras colgar, Yi Lu dijo:

—He venido a traerte unos aperitivos.

—¡Guau! De verdad tengo hambre, muchas gracias —contestó Han Dong, acercándose.

—Compré estos fideos en un puesto cerca del hotel. Justo comí allí la primera vez que vine…

Yi Lu se atragantó con las palabras: acababa de ver a Han Dong llevarse los fideos a la boca con los ojos cerrados, moviéndose con una precisión pasmosa.

Lo observó durante un minuto, y no lo vio abrir los ojos ni una sola vez. Levantó la mano y la agitó varias veces frente a él sin obtener reacción.

Por fin, comprendió: no es que a Han Dong le diera demasiada pereza abrir los ojos… ¡es que los tenía cerrados del todo!

—Tú… —intentó decir algo, y se contuvo.

Han Dong asintió, inexplicablemente.

—Oh, ya entiendo. Olvidé añadir el condimento.

Dicho esto, tomó el sobre de condimentos delante de Yi Lu y lo abrió para mezclarlo, sin cometer un solo error en todo el proceso.

Yi Lu se quedó boquiabierta. Había oído que Han Dong hacía cosas poco razonables, ¡pero nunca imaginó que tanto! No extraña que pudiera hacer una película tan buena: ¡estaba basada en su carácter inconfundible!

♦♦♦

Al día siguiente llovió a cántaros hasta el mediodía. Varios productores y subdirectores se quedaron en el vestíbulo charlando ociosamente, y solo Han Dong se paseaba de un lado a otro en la entrada del hotel.

¿Y cómo podía alguien tan imperturbable como Han Dong mostrarse tan ansioso?

La respuesta era sencilla: esa gente se estaba gastando decenas de miles en alojamiento y comida cada día. El dinero que estaban quemando era el de su marido, ¡así que no debían perder el tiempo!

Justo cuando pensaba qué decir, Yi Lu bajó del segundo piso.

Con impermeable, botas de lluvia y paraguas, su aspecto “completamente armado” dejaba claro que pensaba salir.

Efectivamente, había alguien más impaciente que Han Dong.

—Pongámonos en marcha ya. Dudo que la lluvia pare pronto, así que mejor terminemos de una vez.

Si una mujer como Yi Lu lo decía, ¿cómo iban los veteranos a tener la desfachatez de seguir sentados? Así que, con toda formalidad, el grupo echó a andar.

Aunque llovía a cántaros, Yi Lu encabezaba el grupo con gran ánimo. Estaba empapada, pero no se quejó ni una sola vez. Cuando pisaba el barro, soltaba una carcajada; no mostraba ni rastro de la arrogancia ni las quejas típicas de ciertas estrellas o mujercitas[2].

Aun sabiendo que Yi Lu también ahorraba dinero para su “familia”, Han Dong seguía teniendo buena impresión de ella.

El equipo viajó de noche desde un pintoresco pueblo de Fujian hasta su segunda parada, en la provincia de Guizhou.

En cuanto Han Dong oyó ese nombre, el corazón le dio un vuelco. Aunque sabía que la probabilidad de encontrarse con su hermano mayor en una provincia tan grande era mínima, iba por la calle mirando a todas partes, visiblemente distraído.

—Disculpa… Hace un momento, ¿cuánto dijeron que medía este sector de este a oeste? —preguntó Han Dong a Yi Lu.

Yi Lu no estaba tomando notas, así que no lo tenía claro.

—¿Qué pasa? —le devolvió la pregunta.

Al ver el cuadernito en la mano de Han Dong, lleno de marcas, no pudo contener la curiosidad:

—¿Para qué son esas marcas?

Han Dong sonrió.

—Solo son algunas tonterías, nada más.

El “Step down”[3] podía parecer una tarea fácil, pero en realidad es muy agotadora. En solo tres días de recorrido, varios de los mayores ya no podían más.

—Esto no puede ser, hoy debo relajarme como es debido —dijo un director de apellido Chen.

Alguien propuso en respuesta:

—Deberíamos ir a un club nocturno.

Yi Lu intervino de inmediato:

—Estoy demasiado cansada estos días. No me interesa, así que diviértanse ustedes.

—¿Vas a ir? —le preguntó el director Chen a Han Dong.

Han Dong dudó y no respondió de inmediato.
El director Chen había oído que Han Dong era muy tacaño, así que dijo:

—¿De qué tienes miedo? No tendrás que gastar ni un céntimo.

Al oír esto, Han Dong asintió rápidamente.

Excepto Yi Lu y algunos otros que preferían ahorrar, los siete u ocho hombres restantes entraron en el club nocturno de moda de la zona.

Entre ellos, el productor Hou —encargado de administrar el dinero— conocía muy bien el lugar. Aunque no había rodado ninguna escena allí, era un visitante habitual.

Apenas entraron al club nocturno, vaciaron directamente sus bolsillos. Las “princesas” habituales no les bastaban; pidieron que formaran sólo fila modelos tiernas[4], xiaomi[5], y modelos de negocios[6] de ojos de melocotón y figura impecable.

—Han Dong, puedes elegir primero, que eres el más joven —dijo alegremente el productor Hou.

A Han Dong se le iluminaron los ojos, pero aun así agitó la mano con firmeza.

—Olvídenlo, ustedes diviértanse.

—No eres muy prometedor. Nosotros, teniendo familia, no somos tan tímidos; ¿a qué va a temer un joven como tú?

Han Dong fingió indecisión.

—Vayan, vayan… debería acompañarlos, ja, ja…

Tras decirlo, comenzó a escoger con extrema cautela —para desesperación de los que lo observaban— y, al final, se decidió por una mujer bellísima con un lunar en la frente.

—Solo tú.

Antes de entrar en la habitación privada, Han Dong reía con malicia mientras soplaba anillos de humo cerca de la oreja de la mujer; pero, en cuanto cruzó el umbral, se transformó en otra persona.

—Quiero todos los registros de transacciones que el productor Hou ha hecho aquí —pidió, y fue directo al grano.

La mujer quedó desconcertada.

—Si quieres esas cuentas, deberías hablar con el jefe.

—Si quisiera cuentas “arregladas”, no te estaría buscando a ti.

—No las tengo. Solo trabajo aquí a tiempo parcial, ¿cómo podría acceder a…?

—¡Deja de dar excusas absurdas! —la cortó Han Dong, serio—. En este club, solo tú y el director financiero tenéis cierta “amistad”.

El bello rostro de la mujer se tensó, pero enseguida asintió.

—Sí, puedo acceder a esas cuentas… pero no significa que vaya a dártelas.

Han Dong deslizó treinta mil yuanes en el escote de sus abundantes pechos.

—¿No eres demasiado tacaño? —protestó ella, haciendo un mohín.

—Aunque no aceptes el dinero, acabarás dándome esas cuentas igualmente —replicó Han Dong, seguro.

Ella sonrió y devolvió el fajo a la mano de Han Dong.

—Tienes razón. Quiero darte esas cuentas. No quiero tu dinero, pero tengo una petición.

—¡Dila!

—¡Quiero acostarme contigo! —dijo, abriendo su camisa y dejando al descubierto sus pechos. Con los labios rojos curvados, añadió—: Maestro Espiritual Ma~, a varias de mis hermanas mayores les gustas mucho~.

Han Dong aspiró una bocanada de aire.

¡Maldita sea! Con razón casi nunca me cruzo con fans: resulta que todas están concentradas en este negocio, pensó, contrariado.

La mujer se agachó, dispuesta a tocar el rasgo más prominente de Han Dong: sus piernas. Con dos pechos enormes colgando frente a él, le costó la vida mantener la compostura.

—Lo siento, pero no puedes satisfacerme —puntualizó Han Dong, con una sonrisa afilada.

La belleza hizo un mohín.

—Entonces no hay trato. Sabes que no me falta dinero.

—Zhang Yao: naciste en el condado de Pingyao, provincia de Shanxi; hija única; “modelo de virtud y estudios” desde niña; entraste en la Universidad de Guizhou hace tres años y la abandonaste el año pasado. Tu familia desconoce tu situación actual. ¿Me equivoco en algo?

La mujer contuvo la respiración.

—Entiendo. Tú ganas.

♦♦♦

Al volver al hotel, Han Dong lanzó las cuentas falsas a la cara de Xiao Liang y, con un inusual tono varonil, dijo:

—Es hora de que entres en acción.

Luego cerró la puerta de un portazo. Ya dentro de su habitación, se bajó a toda prisa los pantalones y frotó a su “hermano pequeño”, que estaba a punto de sangrar.

Poco después de la una de la madrugada, Yi Lu estaba a punto de dormirse cuando oyó abrirse la puerta de al lado.

Qué raro… ¿No se había ido Han Dong al club nocturno? ¿Por qué ha vuelto solo? ¿No será sonámbulo?, pensó, y salió rápidamente.

Como había previsto, Han Dong iba elegantemente vestido en plena noche; ni siquiera sus ojos cerrados lograban disimular su aire canalla.

Yi Lu había oído que a los sonámbulos no debe despertárseles a la ligera, así que se calzó una gorra al azar y lo siguió discretamente.

Los pasos de Han Dong sobre la acera eran rápidos, y Yi Lu tuvo que trotar para mantener el ritmo.
Tras veinte minutos de caminata, Han Dong se plantó otra vez ante el club nocturno, deteniéndose justo en la entrada.

Yi Lu lo comprendió al instante; corrió hacia él y le bloqueó el paso.

—Volvamos.

Han Dong no se movió.

Temerosa de despertarlo si lo arrastraba con brusquedad, le tomó los brazos y le susurró al oído, con suavidad:

—Sé obediente y vuelve conmigo al hotel.

Pareció tomar una gran decisión, porque por fin se dio media vuelta y siguió a Yi Lu de regreso.

En el camino, Han Dong no paraba de murmurar:

—Hace un momento no pude…

Yi Lu lo calmó, de buen humor:

—Ya han cerrado; será la próxima vez.

Como consecuencia, estalló un escándalo: aparecieron noticias con fotos “íntimas”.

Un reportero los había retratado frente al club, incluida la imagen de Yi Lu cogiéndole del brazo y la de ella susurrándole al oído, difundidas luego de forma tendenciosa.

Pronto, el gran jefe de la empresa se enteró.

El rostro de Wang Hai Zhi se ensombreció en cuanto vio la foto. Llamó con dureza a su asistente a casa.

—¿Dónde se tomó esta foto?

—Parece que en la provincia de Guizhou, adonde han viajado estos días.

—¡Date prisa y consígueme un billete de avión!


[1] El arroz se ha cocido = lo que está hecho ya está hecho

[2] Mujercitas = mujeres pequeñas que pueden describirse como remilgadas, arrogantes e infantiles.

[3] Step down = generalmente se refiere a ir a un determinado lugar con antelación para conocer la situación allí.

[4] Modelo tierna = se refiere a la modelo joven y hermosa de menos de 20 años que no ha recibido ninguna formación como modelo.

[5] Xiaomi = se refiere a mujeres con relaciones impropias con hombres.

[6] Modelos de negocios = también conocida como Dirty model, que en realidad vende su cuerpo y se considera ilegal en China. Lo más parecido que se me ocurre en términos occidentales es el servicio de acompañantes.

17

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido