Baño de la Diosa – Capítulo 4: Hay que escapar

Traducido por Endgame

Editado por Sakuya

Corregido por Maru


La mansión estaba en un alboroto.

Pisadas fuertes que parecían que en cualquier momento romperían las tablas y el eco de una vajilla romperse conmocionó a los confundidos residentes.

Cada vez que se escuchaba esa áspera voz junto a ese ruido, hacían temblar los dedos de cualquiera.

Sentoor estaba ansioso.

¿Quién podría haber imaginado que en un momento tan crítico, Yukama, el tío de su Señor, de repente tomaría tal drástica medida?

—¡Princesa! Por favor, apúrese.

Sentoor se dio la vuelta.

La hermana mayor de su señor, la princesa Yunoha, lo miraba pálidamente. Su famoso pelo brillante, conocido por ser el hilo más fino de Ka’ikoh, estaba ahora desaliñado sobre las mejillas de su ovalada cara.

Los dedos de sus manos, eran lo suficientemente delgados como para que él pensara que podrían romperse con solo un apretón y estaban tan heladas que pensó que la tensión y la ansiedad podrían haber afectado su circulación. Así que Sentoor cuidadosamente envolvió sus grandes manos alrededor de ella.

Él tenía que permitir que la princesa escapara.

Yukama estaba apuntando a la elegida como la famosa belleza número uno de la nación, la Princesa Yunoha, así como también a la posición de Rey.

El anterior Rey había fallecido el año pasado y su hijo  Setsugen heredó su posición como rey de Triht. Setsugen era un joven de poco más de veinte años, pero estaba más que cualificado para ser Rey. En estos dos últimos años, siempre había estado al frente y se esforzó por proteger a su clan y a su nación.

Yukama no pensó bien de esto.

Contrario a las expectativas, él abusó de su autoridad como guardián de Setsugen y apuntó a la hermana de Setsugen, la princesa Yunoha. Su plan era casarse con la princesa y robar el asiento del Rey.

Los sucios planes de Yukama fueron detenidos por Setsugen y sus talentosos subordinados. Aunque tuvieron muchos problemas para detener definitivamente a Yukama, aun así, protegieron a la Princesa.

Sin embargo, este año Triht paso por un severo frío, de un tipo que nunca se había visto en los últimos años.

Con la respiración de Suu’rin (un ser místico que vivía bajo tierra) congelando el suelo, los agricultores encontraron difícil incluso arar los campos, por no hablar de los cultivos.

Además, un rayo golpeó el almacén con los alimentos de emergencia, convirtiéndo la mitad en cenizas. A este ritmo, mucha gente morirá de hambre el próximo invierno.

Al borde de la ruina, discusión tras discusión, un día una noticia completamente inesperada llegó a sus oídos.

Yohk’Zai, la nación que gobierna el Zaharya más allá del Montaña Pirenia, había caído en una lucha por el trono, y estaba al borde de una guerra civil. Para Triht, esto era como un regalo caído del cielo.

Aprovechando este caos, se aliarían con la tribu Kak’Kenah que vivía al sur de la Montaña Pirenia y juntos, tomarían una parte del Zaharya. Ese era el objetivo de Setsugen y de sus servidores.

Yohk’Zai era una nación con poca historia.

De ninguna manera la lealtad había alcanzado todos los rincones de su nación y mucho menos cada rincón de sus corazones. El plan seguramente iría bien.

Por lo tanto, Setsugen creyendo en eso, inició un viaje con apenas algunos compañeros.

Siguiendo en contacto tras contacto, recientemente recibieron una respuesta positiva. A pesar de que Triht se salvaría por los pelos, gracias a las superficiales ambiciones de Yukama, todo esto se iría por la borda.

Las orejas de Sentoor captaron el sonido de las pisadas de los intrusos enemigos, mientras él corría hacia la entrada trasera.

Venían para acá, desde un rincón de la mansión. Dos de ellos, no, parece que eran tres.

Sentoor chasqueó la lengua. Era una conducta impropia de un guerrero, pero en este momento no había nadie que lo reprendiera.

—¡Por aquí!

Abriendo una puerta cercana, se deslizó y cerró silenciosamente la puerta.

Se había escapado a una habitación de invitados. Dentro de la habitación había una simple mesa de madera y en cada lado había asientos hechos de tallos de sen tapizados con esteras de paja.

Aunque la puerta estaba cerrada, ya que no había fuego aquí, estaba helado.

Sentoor examinó rápidamente la habitación pero no había ningún lugar donde esconderse. Al otro lado del pasillo de la puerta estaba el patio, pero era probable que los subordinados de Yukama estuvieran allí.

¿Es aquí hasta donde llegamos?

Sentoor estaba dispuesto a morir en cualquier momento. Pero, ¿qué hay de la princesa Yunoha? Pensando que era que necesario en que ella protegiera su honor, se dio la vuelta y se encontró con los ojos de la princesa, que había sacado una daga desde el interior de su faja.

Su temblorosa mano se aferró a la empuñadura y miró a Sentoor.

Sentoor veía una determinación inquebrantable en sus ojos ultramarinos como el cielo justo antes del amanecer e inconscientemente se arrodilló al suelo como un sirviente.

Como pensaba, sólo podía servir a estos hermanos.

Los gritos del pasillo eran cada vez más ruidosos.

¡Vengan cuando lo deseen!

Sentoor se puso de pie y se paró frente a Yunoha como para protegerla.

Sacando su espada y colocándose de pie como un guardia vigilante… De repente apareció ante él un cuadro rectangular que había sido finamente tallado. Cortó la pared en forma de cuadro y dentro de este, había una tabla translúcida.

Sentoor se estremeció. Si un místico se uniera a las hordas de Yukama, entonces…

Con un ruido, la tabla translúcida se deslizó hacia un lado. Sentoor empujó la espada en su mano hacia el marco y en ese momento sintió una respuesta a su espada.

—GYOEHH-

Un sonido como el agonizante grito de un goeru siendo aplastado por las ruedas de carruaje, resonó en la habitación.

¿No se supone que los goeru tienen que estar hibernando en esta estación?, se preguntó Sentoor mientras inclinaba la cabeza, antes de quedar atónito ante la escena que tenía delante.

Una mujer desnuda estaba de pie en ese lugar, con algo que parece ser un cubo blanco sin ninguna costura, poniéndolo delante de su pecho. La espada de Sentoor había golpeado justo en la mitad de ese objeto blanco.

…Experta.

Un sudor frío le corría por su espalda.

Para bloquear completamente la estocada de un espadachín como él, significaba que esta mujer no era una enemiga común. ¿Esta era una asesina contratada por un místico o era por sí misma una experta mística?

—Le pido su nombre.

Su sangre como espadachín se estaba calentando.

—¿Eh? Izumi.

La mujer lucía un poco aturdida.

Pensar que incluso se había entrenado a ella misma en la actuación para incitar indiferencia. Incluso el hecho de que estaba desnuda era, sin duda, una táctica para distraer al enemigo. Sentoor se quedó sin habla. A ella no le faltaba nada como oponente.

—Mi nombre es Sentoor. Yo te desafío.

Después de liberar su espada que estaba completamente atrapada en ese escudo blanco, el tomo la espada que estaba al otro lado de su cintura.

—¡¿HAHH?! ¡Espera un momento! ¿Qué diablos estás diciendo después de apuñalar con una espada mi balde keroppi? En serio, si ya terminaste, ¡entonces cierro la ventana!

Aunque en un estado de confusión, la mujer todavía le gritaba palabras enojadas a Sentoor.

—¿Poniendo la cola entre las piernas después de encontrar resistencia durante un asesinato? ¡Ridícula!

Sentoor preparo su espada.

—¡Oye! ¿Tienes problemas cerebrales?

Sentoor se había quedado atónito. Había pensado que durante sus últimos momentos había conocido a un oponente digno, pero aparentemente estaba equivocado. En el momento en que pensó cortar a esta desagradable asesina en medio de sus excusas, la mujer volvió sus ojos a la persona detrás de él.

—¡Eh, tú ahí! ¿No puedes hacer algo por este tío? No está escuchando. ¡No soy una asesina! Justo cuando estaba a punto de tomar un baño, pensé que como el agua estaba tan caliente, solo abrí la ventana para que se enfríe un poco. Para empezar, ¿en qué clase de mundo encontrarías a un asesino desnudo y desarmado? ¿O podría ser que los asesinos en tu mundo sean exhibicionistas? ¿Son todos exhibicionistas?

Después de hablar una y otra vez sin ni siquiera tomar un momento para respirar, ella envió una mirada implorante a la princesa Yunoha.

Sentoor comenzó a encontrar algo extraño en la fuerza de esta mujer.

—Sentoor, baja la espada. Esta persona parece no tener relación con el tío Yukama.

La princesa Yunoha apoyó esta sensación con una tranquila voz.

—¿No eres una asesina contratada por Yukama?

La mujer asintió como si fuera natural.

—Ni siquiera he oído el nombre de Yukama antes.

Sentoor miró a la mujer de frente. Sus oscuros ojos se sentían de alguna manera sin fondo y hasta parecían aterradores, pero ella no parecía estar mintiendo.

—Y por lo tanto, como no estoy relacionada,¿les importa si cierro la ventana?

La mujer puso su mano sobre la tabla translúcida. De sus movimientos, se podía ver la impaciencia y la ansiedad.

¿Así que ella realmente era una persona sospechosa…? Sospechó Sentoor una vez más, pero en el momento en que estaba a punto de dirigir sus ojos hacia ella, el grito enojado de Yukama llegó desde el pasillo.

—¡Yunoha! ¿Dónde estás? ¿No te apresurarías y saldrías? Vas a ser mía.

Los delgados hombros de Yunoha temblaron con un sobresalto.

—¡Yunoha! ¡ Yunoha!

Mientras los gritos de la princesa llegaban uno tras otro, la mujer frunció el ceño y miró a la princesa.

—Yunoha… ¿Eres tú?

—Sí.

La princesa Yunoha blandió la daga que había estado apretando en su pecho. Aunque pálido, su rostro no era del todo patético.

—Esto es lo más lejos posible. Sentoor, por favor sea mi segundo.

Sentoor cerró los ojos y asintió. Mientras levantaba lentamente sus párpados, tomó con fuerza la espada que tenía.

La princesa Yunoha miró a Sentoor, y levantó las comisuras de su boca un poco. Era una sonrisa sorprendentemente hermosa. Ella sería capaz de morir para no ser una carga para el Señor… su hermano menor. La sonrisa podría haber sido llenado con ese tipo de satisfacción.

Arrodillándose sobre el piso, la Princesa Yunoha apuntó la hoja a sí misma.

—Que Triht sea bendecida con alegría. —murmuró, dejando expuesta su cabeza.

Después de asegurarse de que la oscilación de la hoja se encontraría con su blanca cabeza, Sentoor alzó la espada.

—¿Ha?¿Eh? ¡Es-espera un momento!

Una voz aterrada distrajo a Sentoor.

La mujer lanzó el escudo blanco, detrás de sí misma, antes de colocar las manos en el marco e inclinarse hacia adelante.

—¿Te preocupa algo?

Sonaba como el grito de alguien desesperado.

—Estás preocupado, ¿cierto? Ummm, ummmm, por favor, déjamelo a mí, ¡te salvaré!

La mujer puso su mano en su barbilla y parecía que estaba pensando.

—¿La fuerte voz de afuera era Yukama? Y, estás siendo perseguida por Yukama. ¿Verdad?

Sentoor y Yunoha asintieron con la cabeza.

—Te esconderé, así que ven aquí. Sube por este marco, vamos.

La mujer hizo una seña.

—¿Qué estás haciendo? ¡Apúrate!

El sonido de los pasos de Yukama se acercaba. Su vacilación sólo duró un momento. Él recordó un viejo refrán;  no se puede coger un cachorro tura sin entrar en una cueva tura.

Sentoor tomó a Yunoha y encontrando su determinación, pasó a través del marco rectangular. En el momento en que bajó, su pie estaba húmedo con agua caliente.

Hablando de eso, ella mencionó que iba a tomar un baño…

La ropa mojada se aferraba a sus piernas y parecía que él se iba a caer, pero al mismo tiempo estaba intentando arreglar su postura y cambiar la forma en que llevaba a Yunoha para que ella no se mojara.

—Si lo cerramos por completo, tal vez no puedas regresar, así que voy a dejarla un poco abierta, ¿de acuerdo? Voy a buscar algo para usar como arma.

—Espera, Mística. ¿Qué hay de nosotros?

—¡Quédate en el baño o algo así!. Escucha, no puedes irte, ¿de acuerdo? Definitivamente no puedes pasar por esta puerta.

Dejando esas palabras detrás, la mujer corrió apresuradamente.

No había nada que Sentoor y Yunoha pudieran hacer, excepto mirarse estupefactos el uno al otro.

La mujer volvió pronto. Su cuerpo estaba envuelto en un paño blanco que cubría todo, desde su pecho hasta las nalgas.

Ella estaba agarrando un cilindro con la imagen de un aterrador monstruo volador

—¿Qué es eso?

—Es insecticida. Para matar avispas.

Sin importar siquiera que su ropa se mojara, la mujer entró en el cubo con el agua caliente, y se paró al lado de Sentoor. Echó un vistazo a través de la abertura en la tabla translúcida.

Se oía el ruido de la puerta siendo golpeada violentamente.

—¡Yunoha!… ¿Qué es esto? —Era la voz de Yukama. Su enojada voz, se había convertido en confusión. —¿Yunoha? ¿Estás ahí?

—¡Ella no está! ¡Pírate ya, calvo!

En respuesta a la voz sonora de Yukama, la mujer gritó vigorosamente. Pero, ¿no era lo mismo que admitir que estaba aquí…?

—¿Qué estás haciendo, Yunoha? Estas sentada allí con una mística tan sospechosa como esa.

Siendo ciego a sus propios defectos, seguro que podía hablar.

Sentoor bajó suavemente a la princesa hasta el misterioso suelo hecho de una sustancia blanca, antes de alcanzar con su mano la espada en su cintura.

Pero fue detenido por la mujer

—Déjamelo a mí.

¿Qué pretendía hacer?

Sus miradas se encontraron, pero la mujer asintió y no tuvo intención de hablar. Ella declaró que tenía dejárselo a ella, así que probablemente tenía algún plan.

Sentoor cumplió su voluntad y se quedó a un lado.

Dejando huellas violentas y fuertes, sin ni siquiera tratar de ocultar su irritación, Yukama entró en la habitación. Detrás de él estaban varios de sus subordinados.

Las caras de los hombres visibles a través de una grieta eran familiares. Había un montón que sólo se preocupaba por el dinero y no sabía nada acerca de la lealtad, pero su habilidad era seria.

Sentoor comenzó a sentirse ansioso.

Sin embargo, incluso cuando pasaron por delante de la mesa redonda, la mujer no mostró señales de movimiento. Un paso, y luego otro paso. Acortaron la distancia. Sin embargo, la mujer no se movió.

…Este es el límite.

Sentoor agarró la empuñadura de su espada.

Yukama estaba justo más allá del marco.

Y en ese momento, la mujer abrió la tablilla translúcida, empujó ambos brazos hacia adelante y levantó el cilindro.

—¡Come esto! ¡El poder de Raid!

Junto con el canto de su maldición, una niebla broto vigorosamente desde el cilindro.

Yukama se cubrió los ojos con ambas manos.

—¿Q-Qué es esto…? N-No puedo ver.

Mirando al sufrimiento de Yukama, la mujer declaró en voz alta.

—Te he maldecido. Si no te lavas los ojos por tres días y tres noches con agua descongelada de nieve perpetua, tus ojos se volverán inútiles. Si lo lavas un poco, podrías volver a ver por un tiempo, pero a menos que sigas durante tres días y tres noches, el dolor volverá pronto.

Qué aterrador.

Sentoor sintió miedo hacia la mujer y por reflejo se cubrió los ojos con la mano. Parecía que los seguidores de Yukama también temían la maldición, y ninguna persona se movía.

Finalmente, Yukama se derrumbó en el suelo.

—¿No crees que sería mejor que te fueras a casa?

La mujer dijo eso mientras miraba a Yukama.

Acurrucado en el suelo, entre los huecos de sus dedos, los ahora brillantes ojos rojos de Yukama se volvieron hacia ella. Aquellos ojos, incluso ahora estaban llenos de ambición, mirando por aquí y allá antes de fijarse en la  princesa Yunoha detrás de Sentoor.

—Yunoha. Escucha bien. Tu hermano se ha congelado hace mucho tiempo. Le pagué al hermano menor del jefe del clan Kak’Kenah en Zaharya para que envenenara su vino en la fiesta. Su cuerpo debería llegar en cualquier momento.

Sentoor se llenó de rabia, los irremediables sentimientos surgieron desde sus entrañas y movió su cuerpo en acción.

—¡TÚÚÚ!

Sacando la espada, dio un paso en el marco.

Los secuaces congelados de Yukama volvieron a sus sentidos, y se precipitaron al lado de su señor. Superándolo en número. Tal vez no sea posible que él tome la vida de Yukama. Pero al menos, no podría calmarse si no lo atacaba.

Siguiendo su rabia, en el momento en que estaba a punto de salir del marco, un desnudo brazo lo envolvió alrededor de su cintura.

—Cálmate. Lo que tienes que hacer ahora es proteger a Yunoha, ¿verdad?

Llegó un suave susurro al oído.

—¡Eres tan ruidoso! Date prisa y vete. ¿O estás bien con ser ciego?

Con el brazo todavía envuelto alrededor de Sentoor, la mujer llamó a Yukama.

Yukama gimió de frustración.

—Escucha bien, Yunoha. ¡Este país ya es mío!

—Un cabrón tan obstinado. ¿Quieres que sea aún más fuerte esta vez? Lejos de tus ojos, esta vez haré que tu piel se pudra.

La mujer levantó la lata con una mano, y Yukama soltó un grito patético. Agarrándose a sus subordinados para intentar escapar un segundo más rápido, salió de la habitación.

—¡Prepara la nieve descongelada! ¡Llama a un místico! ¡No me importa! ¡Saca el humo hacia afuera! ¡Rodeen esta habitación hasta que vuelva!

Gritó la voz de Yukama, cada vez más lejos que la anterior.

La mujer soltó la cintura de Sentoor y se hundió en el baño.

—Gracias a Dios terminó bien.

—No lo hizo.

Respondiendo al murmullo de alivio, Sentoor frunció el ceño y bajó la cabeza.

—Señor Setsugen… Señor Setsugen… mierda…

Incapaz de soportarlo, golpeó la pared. El dolor en su puño le hizo ver el hecho de que esto no era un sueño.

—Setsugen… No puede ser… Setsugen…

La débil voz de la princesa Yunoha llenó el extraño espacio rectangular.

—Ummm, creo que está bien.

—¿Huh?

Sentada en el agua caliente con los brazos envueltos alrededor de sus rodillas, la mujer miró a Sentoor.

—Esa persona Setsugen, creo que está bien.

—¿Por qué piensas eso…?

Él apretó la voz ronca de su garganta.

—Porque lo conocí. Mira esto. Lo obtuve de esa persona Setsugen.

Echando un vistazo a lo que la mujer estaba señalando, se dio cuenta de que las hojas verdes estaban atrapados en un tubo delgado.

—¿Esto es hierba helada?

—Bien, bien, lo conseguí de un intercambio. Esa persona Setsugen estaba dentro de una cabaña, y después de hablarle un poco, dijo que ya no necesitaba ir a Zaharya y que se iba a casa. O algo así. Y en ese momento, conseguí esta hierba helada de él. Ese Clan Kak’Kenah o lo que sea esta en Zaharya, ¿no?

—¿No es posible que Setsugen no fuera a Zaharya? —concluyó la mujer, antes de agitar la hierba helada con su dedo y hacerla sonar con un sonido claro y refrescante.

—Una cabaña con hierba helada… ¡¿Podría ser la cabaña en la cumbre de la Montaña Pirenia?! ¿Cuándo fue esto? ¿Cuándo pasó esto?

Sin preocuparse por el agua, él se arrodilló al lado de la mujer. Agarrando la mano que estaba hurgando en la hierba helada y haciendo su pregunta, la mujer se movió incómoda.

—Hace una semana… ¿Hace siete días?

Si utilizaron la cabaña de la montaña hace siete días como base, entonces ya era hora de que llegaran a la capital.

Los ojos de Sentoor se pusieron calientes. A pesar de que no había llorado incluso cuando sus padres habían muerto, no podía ser… Sentoor puso las manos sobre la superficie debajo del agua.

—¡Mística! Gracias, gracias.

Inclinó la cabeza y todo su cuerpo se sumergió en el agua caliente. Se estaba ahogando, pero ahora mismo estaba agradecido por el agua. Sentoor derramó sus lágrimas en el agua sin que nadie lo supiera.

—Señorita Mística, me gustaría darle las gracias también… Usted no sólo me ha salvado a mí, sino que a toda la nación Triht. No importa cuánto se lo agradezca, no sería suficiente.

Aunque empapado, cuando Sentoor levantó la cabeza, la princesa Yunoha estaba fuera del agua, arrodillada con sus manos en el suelo.

—No, um, bueno, eso es genial… supongo. ¿Las cosas estarán bien una vez que Setsugen regrese? Ese calvo va a venir de nuevo, ¿sabes?

—No, casi todos los corazones de la gente de Triht pertenecen a Setsugen. Tal vez tío va a correr y causar problemas al proclamar que mi hermano está muerto. Pero una vez que Setsugen regrese, no debería haber nadie que siga a Yukama.

—Entonces está bien —se relajó.

—Um, ¿qué debemos hacer hasta que regrese el Señor Setsugen?

Sentoor miró alrededor de la caja rectangular en la que estaba. Ya habían tenido demasiado de la mujer y quería devolverle el favor aunque sólo fuera un poco. Sería suficiente con que él le picara leña, limpiara el inodoro o algo así.

—Vamos a ver, por ahora…

La mujer estiró su mano a una caja que estaba en un rincón y después de buscar algo tanteándolo, ella se dio la vuelta.

Su mano agarraba un cilindro transparente, el cual estaba lleno de un líquido con una sola hoja de hierba helada flotando en su interior.

La mujer soltó una sonrisa.

—¡Bebamos!

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