Barra de Progreso de la Muerte – Capítulo 123: Cobarde

Traducido por BeeMiracle

Editado por Ayanami


Al final de la cena, aparte de Lian Jun, las otras seis personas en la mesa estaban completamente borrachas.

El primero en emborracharse fue Li Jiuzheng. Había bebido demasiado baijiu a la vez y se había quedado inconsciente. El segundo fue Rong Zhouzhong, que había estado bebiendo con él; se quedó dormido sobre la mesa poco después de que Li Jiuzheng se desmayara.

Después de eso estaban Shi Weichong y Fei Yujing, quienes habían bebido mucho mientras comían y hablaban. Los dos restantes, Shi Jin y Xiang Aoting, parecían haberse centrado en comer, pasando un buen rato charlando sobre los ingredientes. Shi Jin estaba muy interesado en este tema. Instó a Xiang Aoting a probar un vino u otro con él, y esos sorbos se sumaron imperceptiblemente para ser una gran cantidad de alcohol. Cuando Lian Jun notó que algo andaba mal, ya estaban desplomados en sus sillas, con los ojos brumosos.

Lian Jun tomó a Shi Jin, que estaba hundido en la silla y diciendo tonterías, en sus brazos y lo dejó apoyarse contra su pecho. Acarició suavemente la mejilla del adolescente y llamó a Gua Uno.

Gua Uno entró en el comedor y esperó órdenes.

—Llévalos a las habitaciones de invitados y pídele al tío Long que les eche un vistazo y vea si están bien. Recuerden alimentarlos con medicamentos para la prevención de la resaca. —Ordenó Lian Jun. Se puso de pie apoyando a Shi Jin, que estaba borracho, pero aún despierto, y lo llevó a su habitación.

Gua Uno reconoció la orden y sacó su teléfono para pedir ayuda.

Shi Jin siguió a Lian Jun. Cuando estaba a punto de salir del comedor, el aturdimiento en sus ojos se aclaró por un breve momento y miró a sus hermanos, desmayados alrededor de la mesa.

—Se emborracharon a propósito. —Susurró, sin saber con quién estaba hablando. —De esta manera, si se despertaran mañana y descubrieran que sus esperanzas y esfuerzos fracasaron, podrían mentirse a sí mismos diciendo que todo fue un sueño… Qué tipos tan astutos y sinvergüenzas.

Lian Jun siguió la mirada de Shi Jin, estando de acuerdo en silencio con él: estas personas se desmayaron borrachas casi al mismo tiempo, lo cual fue demasiada coincidencia para que no fuera intencional.

Todos son unos cobardes. Shi Jin se volvió hacia el frente nuevamente y se apoyó contra Lian Jun. —Yo también… Pero todavía te tengo a ti. Lian Jun, no me dejes o moriré.

El brazo de Lian Jun se apretó alrededor de Shi Jin y bajó la cabeza para besar la frente del joven. —No lo haré, siempre estaré contigo —dijo, guiándolo hacia adelante.

—Eso es bueno. —Shi Jin puso todo su peso sobre él, frotando su cabeza contra su hombro. Estuvo en silencio por un momento, luego dijo de repente: —Lian Jun, mi nombre es Shi Jin.

Lian Jun volvió la cabeza para mirarlo.

—El nombre de mi padre era Shi Lei y el de mi madre Lan Xiao. Vivían en un pueblo llamado Huaiyang y tenían una pequeña tienda de comestibles. Fui adoptado por ellos al nacer… Mi papá era un hombre gentil, amable y considerado. Mi madre parecía un poco feroz, pero en realidad ladraba y no mordía… Eran buenas personas y definitivamente les hubieras gustado mucho.

»Sabes, en realidad tenía un nombre de infancia local, Dazhuang. Mi mamá me lo dio. Según ella, los niños con nombres locales crecían bien. Hasta que fui a la escuela primaria, pensé que mi nombre era Shi Dazhuang. Más tarde, para que me acostumbrara a mi nombre formal, papá cambió el nombre de su tienda a JinJin Grocery Store. Eran adorables, ¿no lo crees? Estos son mis padres… Completamente diferentes de Shi Xingrui.

Los dedos de Lian Jun temblaron y se giró para abrazar a Shi Jin con fuerza.

Shi Jin se inclinó hacia él, frotándose cariñosamente contra él con su mejilla. —No te preocupes, no soy esquizofrénico ni delirante. Lo que dije es verdad, es mi experiencia de vida real… Créeme, ¿de acuerdo? Realmente no estoy loco.

—Te creo —dijo Lian Jun, al que le resultaba difícil formar palabras, y acarició con dulzura la espalda de Shi Jin. —Sé que no estás loco, no mentirías, lo sé.

Shi Jin le devolvió el abrazo. Pareciendo borracho y lúcido, respondió: —Sabía que dirías eso, siempre eres muy bueno conmigo… En realidad, no importa si me crees o no. Estoy borracho en este momento, y es normal que un borracho diga tonterías. Solo escucha, puedes olvidarlo después de escucharlo…

Lian Jun apretó aún más su abrazo.

Los dos se abrazaron en silencio por un rato, luego continuaron caminando hacia su habitación.

El alcohol parecía estar subiendo a la cabeza de Shi Jin porque sus palabras se estaban volviendo inconexas e incoherentes.

—En realidad tengo la misma edad que tú… Y soy un verdadero oficial de policía, no te estoy tomando el pelo, lo soy desde hace varios años… Espera, déjame contar si ya morí una o dos veces… Al principio, solo tenía algunos recuerdos borrosos. Shi Weichong, Li Jiuzheng o Shi Xingrui y todo eso, no recordaba a ninguno de ellos, eran todos extraños, nombres impresos en un libro, completamente ajenos a mí… Sabes, es realmente extraño. En ese entonces, mis padres se oponían mucho a que me convirtiera en policía, diciendo que era un trabajo duro y peligroso, pero, aun así, insistí en ir a la academia de policía. Sin embargo, por qué estaba tan empeñado en eso…

Finalmente llegaron a su habitación. Lian Jun llevó a Shi Jin al baño, le quitó la ropa y lo ayudó a meterse en la bañera, luego abrió la ducha para quitar el olor a alcohol del cuerpo de Shi Jin.

Shi Jin miró distraídamente el chorro de agua que caía. —Lo recuerdo —dijo, sus ojos se veían un poco menos borrosos. —Había estado pidiendo ayuda a gritos, rezando para que alguien me salvara. El dolor, el odio, solo quería que alguien viniera a salvarme, que viniera y me sacara de ahí. ¿Cómo podría alguien como yo, que creció mimado y amado, soportarlo… Espera, ¿fui yo? No, no debería haber sido yo… Soy este Shi Jin, no ese Shi Jin, no puedo ser ese Shi Jin…

El agarre de Lian Jun en el mango de la ducha se hizo más fuerte, hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

—Pero por qué nadie vino a salvarme… No, el Cuarto Hermano me salvó una vez. Él es increíble… Entonces, si me vuelvo como él, podría salvarme, ¿verdad?… Trabajé muy duro, ¿no? Hice lo mejor que pude para poder salvarme…

Lian Jun respiró hondo. Con su revés, se secó las lágrimas que aparecían en las esquinas de sus ojos, luego bajó la ducha y se inclinó para abrazar a Shi Jin con fuerza.

Shi Jin se apoyó contra él, observando cómo se elevaba el vapor en el baño. Con los ojos nublados nuevamente, susurró: —Después de que papá murió, mis hermanos se volvieron diferentes. Realmente no me importa el dinero, podrían tomarlo todo si quisieran, pero ¿cómo puede la gente cambiar tan completamente en un instante? Antes, cuando les sonreía, ellos también me sonreían. Luego, cuando sonreía, solo me miraban con una expresión fría y hostil, o burlona, ​​o vacilante, o con intenciones asesinas… No debo llorar, si lloro, seré aún más odiado… “Yo” Sigo siendo el mismo yo, entonces, ¿por qué todos me tratan de manera diferente? ¿Es mi culpa? ¿Hice algo mal?

—No —finalmente habló Lian Jun, su voz era baja y tensa con emociones reprimidas. —Eres muy bueno y, desde el principio, lo has estado haciendo muy, muy bien.

—Entonces, ¿me he salvado a mí mismo? —Shi Jin preguntó, agarrándose a su ropa.

—Lo hiciste. Y no solo a ti, también me salvaste. Eres increíble.

El agarre de Shi Jin se aflojó y soltó la ropa de Lian Jun. —Eso es bueno… —dijo, una sonrisa de alivio apareció en su rostro. —En realidad, también soy un cobarde. Sin estar borracho, nunca hubiera tenido el coraje de hablar de algunas cosas…

Lian Jun le acarició la espalda con dulzura. —No eres un cobarde. Eres valiente, más valiente que nadie.

—¿De verdad? Eso es bueno… —Los ojos de Shi Jin se cerraron, su rostro estaba ligeramente sonrojado por el alcohol. Mientras se dormía, murmuró: —Xiao Si, no llores, es ruidoso…

La mano de Lian Jun que acariciaba su espalda se detuvo por un momento y luego reanudó su movimiento lentamente. Después de un rato, dijo suavemente: —Buenas noches, Shi Jin.

♦ ♦ ♦

Shi Jin durmió hasta el mediodía del día siguiente. Cuando despertó, Lian Jun le dijo que sus hermanos ya se habían ido; se levantaron temprano y tomaron el primer vuelo de la mañana. Miró en blanco por un momento, desconcertado, luego se masajeó las sienes, palpitando con el dolor de cabeza de la resaca. —Ya veo. Es fin de año, todos están ocupados.

—Te dejaron regalos —dijo Lian Jun. —¿Quieres verlos?

Shi Jin negó con la cabeza, luciendo adormilado. Le tomó un tiempo despertar completamente. —Deberíamos estar preparándonos para ir a la isla, ¿no? —Preguntó cuando se unió completamente al mundo de los vivos. —Te has visto obligado a permanecer en el interior durante mucho tiempo; tenemos que ir a un lugar cálido para que finalmente puedas tomar un poco de aire fresco.

Lian Jun extendió la mano y alisó el cabello de su amante, desordenado por el sueño. —¿Cuándo te quieres ir? Gua Seis ya hizo todos los preparativos en la isla, podemos partir en cualquier momento.

Shi Jin respondió, con una rara obstinación: —Hoy, quiero irme hoy. —Después de un reencuentro, obviamente vendría una despedida. Como todos se fueron, no quería quedarse aquí solo.

—Ok. —Lian Jun se inclinó para besarlo. —Haré los arreglos.

Dado que la decisión de irse se tomó justo antes del mediodía, incluso Lian Jun solo pudo organizar el vuelo en jet privado para las 11 p.m., y apenas logró cumplir el deseo de Shi Jin de irse el mismo día.

—Solo podremos dormir después de subir al avión —dijo Lian Jun, ayudando a Shi Jin a empacar. La mitad del contenido de la maleta eran libros de texto.

Shi Jin se frotó el estómago que estaba lleno de bocadillos, fingiendo no verlo. —Entonces, hoy, debes dormir más tiempo en tu siesta.

—¿Me acompañas? —Preguntó Lian Jun, dejando los libros de texto.

Shi Jin se volvió para mirarlo. —Por supuesto que lo haré.

Después de levantarse de la siesta, Lian Jun descubrió que Shi Jin estaba un poco inquieto y, a menudo, giraba la cabeza para mirar por las ventanas. Pareció comenzar después de leer los mensajes de texto en su teléfono.

Lian Jun movió su silla de ruedas hacia él. —¿Quieres salir y hacer un muñeco de nieve? Para cuando regresemos, la nieve debería haberse ido hace mucho tiempo.

Shi Jin frunció el ceño pensando. —Sí, vamos. Construiremos uno pequeño este año.

Bajaron las escaleras, al mismo salón que habían usado cuando hicieron el muñeco de nieve el año pasado. Shi Jin los abrigó a ambos y luego llevó a Lian Jun al lugar donde la nieve era más espesa. Se agachó, tirando de Lian Jun hacia abajo con él para que pudieran rodar bolas de nieve juntos.

—Tú haces la bola de nieve más pequeña y yo hago la más grande, luego las juntamos. Será simple, pero seguirá siendo un muñeco de nieve —dijo Shi Jin, explicando su plan.

—¿No quieres hacer algo más elegante? —Preguntó Lian Jun.

—El próximo año —respondió Shi Jin, sonriéndole. —Este año, mantengamos la forma tradicional del muñeco de nieve.

—Está bien. —Lian Jun le devolvió la sonrisa, sabiendo que esto se debía a su condición física.

Como tal, terminaron haciendo un pequeño muñeco de nieve que solo llegaba a las rodillas de Shi Jin, y ni siquiera les tomó veinte minutos. Shi Jin estaba muy satisfecho. Se tomó una foto con el muñeco de nieve junto con Lian Jun, luego se apresuró a llevar a Lian Jun adentro para lavarse las manos y la cara con agua tibia para deshacerse del frío.

Lian Jun se sintió un poco angustiado al ver que Shi Jin se esforzaba tanto por cuidarlo.

Era esta querida persona la que todos deberían proteger cuidadosamente. Antes de darse cuenta, extendió la mano y atrajo a Shi Jin a sus brazos.

Sorprendido, Shi Jin inclinó la cabeza para mirarlo de reojo. —¿Qué ocurre?

—Si hay algo que quieras hacer, simplemente hazlo —dijo Lian Jun, besando la oreja de Shi Jin, enrojecida por el viento frío. —No te contengas porque estás preocupado por mí. Lo que más quiero es que seas feliz.

Shi Jin hundió la cabeza en su hombro, abrazándolo con fuerza. Pensó en los mensajes de texto que Rong Zhouzhong y Xiang Aoting le habían enviado que decían que Li Jiuzheng no se veía bien cuando se fueron por la mañana y no habló.

Estaba oscureciendo y la hora de partir se acercaba cada vez más. Shi Jin siguió mirando por las ventanas. Finalmente, justo cuando el reloj estaba a punto de dar las siete, se puso de pie y miró a Lian Jun. —Necesito salir. Volveré antes de las 9:30.

—Eso es muy tarde. —Lian Jun negó con la cabeza. —El vuelo está programado para las 11 en punto, tenemos que salir para el aeropuerto a las 9 en punto a más tardar.

Esto hizo que Shi Jin se detuviera. —Cierto, olvidé que es la víspera de Año Nuevo. El tráfico va a ser una pesadilla… —dijo, dándose palmaditas en la frente. —No importa entonces, nosotros…

—Pero si nos vamos ahora, podría haber tiempo suficiente para ir a donde quieras y hacer una breve parada allí —continuó Lian Jun, moviendo su silla de ruedas hacia adelante para tomar la mano de Shi Jin. —¿Qué es lo que quieres hacer? Gua Dos y los demás ya han cargado todo el equipaje en los autos y el equipo de escolta está listo. Podemos partir en cualquier momento.

Shi Jin lo miró tontamente por un momento, luego le apretó la mano. —Entonces, vámonos ahora. Me gustaría pasar por la ciudad universitaria… ¿Está bien?

—Por supuesto —respondió Lian Jun, llevándose la mano de su amante a sus labios para besarlo.

♦ ♦ ♦

El auto condujo por la calle. Al ver pasar el paisaje cada vez más familiar de la ciudad universitaria, Shi Jin metió la mano en el bolsillo y cerró la mano en la llave que había dentro. Era la llave del departamento de Li Jiuzheng, a donde iba ahora.

En cuanto a por qué…

Sacó su teléfono, abrió la aplicación de mensajería y pasó al último mensaje de texto que Li Jiuzheng le envió esta mañana: [Gracias, entiendo. Por favor continúa odiándome y yo continuaré amándote. Eres un regalo de Dios, para ser muy apreciado. Nos vemos en año nuevo [emoji de corazón]].

Esto sonaba como algo que enviaría un joven emo melodramático, que era el estilo de mensajería típico de Li Jiuzheng. Shi Jin generalmente no le prestaba demasiada atención, pero una frase familiar que había sido grabada en la memoria de Shi Jin lo hizo incapaz de ignorar este mensaje de texto en particular.

“Un regalo de Dios”, estas palabras son realmente…

—Tu quinto hermano ya debe haber regresado a Rongcheng —dijo Gua Dos, sentado en el asiento del copiloto. Miró por la ventana a la ciudad universitaria sin un alma a la vista y se frotó los brazos de manera exagerada. —Con todos los estudiantes en casa para las vacaciones, esto parece un pueblo fantasma, especialmente de noche. Ah, qué miedo.

—No regresó a Rongcheng —respondió Shi Jin, despertando de sus pensamientos. Miró en dirección al apartamento de Li Jiuzheng. —Ahí es donde están enterrados su madre y sus abuelos. No habría vuelto a pasar el Año Nuevo allí. —En este momento del año pasado, Li Jiuzheng también se quedó en la ciudad B e inmediatamente se apresuró a salvar a Shi Jin después de recibir accidentalmente su llamada de ayuda.

Sí, salvar. Independientemente de las acciones posteriores de Li Jiuzheng, al considerar sólo la situación en ese momento, Li Jiuzheng lo salvó. Además, en la vida anterior, Li Jiuzheng también salvó al “Shi Jin” original. Dejando a un lado la tortura mental, al menos en lo que respecta al cuerpo de “Shi Jin”, Li Jiuzheng cumplió con su responsabilidad como médico: no solo salvó “su” vida después del grave accidente automovilístico, sino que incluso lo llevó a “él” a su hospital privado para atenderlo personalmente.

Además, esa tortura mental… Shi Jin pensó en lo que dijo Li Jiuzheng frente a la tumba de su madre el año pasado y frunció los labios.

De repente, entendió algunos de los pensamientos y acciones de Li Jiuzheng. Esta persona era realmente como un niño, yendo y viniendo entre el bien puro y el mal puro, incapaz de expresar adecuadamente sus emociones y sentimientos.

Tal vez, solo tal vez… Cuando Li Jiuzheng estaba diciendo todas esas palabras aterradoras junto a la cama de hospital del Shi Jin original, y cuando sacó un bisturí y preguntó si debería ayudar a “Shi Jin” a “estar libre de dolor”… Tal vez, no tenía la intención de ser tan malicioso como parecía, tal vez, en realidad tenía la intención de ser amable.

Estaba enfermo. Al igual que Shi Weichong, se rompió, aplastado silenciosamente bajo la presión de las emociones de sus padres.

Después de todo, los médicos no se curan a sí mismos. Tal vez, no hubo pretexto ni máscara, y los estados de ánimo inconsistentes de Li Jiuzheng fueron simplemente una manifestación de su enfermedad.

Cuando tenía dolor, quería arrastrar a todos al infierno con él, y cuando recobró el sentido, hizo todo lo posible para aprovechar el calor que no se había escapado… Era lo mismo, todos eran iguales… Además, a pesar de sus circunstancias similares, el “Shi Jin” original había vivido feliz y rodeado del amor familiar, por muy falso que luego resultó ser. Sin embargo, Li Jiuzheng no tenía nada, ni madre, padre o hermanos verdaderos. Todo lo que le dieron fue una dura realidad y una gran cantidad de emociones negativas que no pudo procesar.

Qué «joven genio», esto no era más que una bonita etiqueta impuesta a Li Jiuzheng. Todo lo que había era un niño acorralado que descubrió que esta era la única forma en que podía salvarse. Los pensamientos de los niños, a veces eran realmente simples: cuanto más aprendieran, más rápido crecerían y, cuando fueran grandes y crecieran, podrían resolver cualquier problema con el que lucharan y encontrar soluciones para los problemas de los demás también.

Pero si estás muerto, ¿qué debo hacer?

Las palabras que Li Jiuzheng dijo una vez, de repente pasaron por la mente de Shi Jin, y sus pensamientos dispersos se unieron abruptamente. Apretó la llave en su bolsillo. Su mente nunca se había sentido más clara y despierta.

En su última vida, Li Jiuzheng se había vuelto loco durante mucho tiempo. Perdió a su padre y a su madre, y su relación con sus hermanos mayores era completamente utilitaria, y su único hermano menor, que era especial para él por el lavado de cerebro de su madre, estaba a punto de morir. Ya sea que lo hicieran sentir dolor o esperanza, si todas las personas importantes para él se habían ido, ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Qué podía hacer? ¿Qué haría una persona mentalmente enferma, que ahora estaba completamente sola en el mundo y nunca había crecido mentalmente?

Por primera vez, Shi Jin había comenzado a preguntarse: ¿qué sucedió después de que muriera el “Shi Jin” original? Para el que mostró intenciones asesinas hacia él innumerables veces, pero en realidad nunca actuó en consecuencia, y en su lugar había estado tratando de arrebatarlo del ángel de la muerte, ¿qué le pasó a Li Jiuzheng?

El coche se detuvo. Shi Jin se despertó de sus pensamientos y descubrió que habían llegado frente al complejo de edificios residenciales donde vivía Li Jiuzheng. Miró hacia el piso en el que estaba el apartamento de su hermano y un impulso repentino se apoderó de él.

Ya no hay esperanza de ayudar al Li Jiuzheng de la vida pasada. En esta vida, aunque solo sea para devolver el favor de “salvar”, intentémoslo de nuevo.

Por primera vez, aceptó conscientemente todas las emociones que llenaban su pecho. Con la experiencia de Shi Jin, de veintiséis años, analizó y digirió todo lo que “Shi Jin”, quien murió con apenas dieciocho años, no pudo entender.

No dejes que tus emociones te controlen. Está bien, puedes hacerlo.

Abrió la puerta y salió del auto, dirigiéndose hacia la entrada del edificio donde vivía Li Jiuzheng. Sus pasos se hicieron cada vez más rápidos hasta que echó a correr. Rompió el botón de llamada del ascensor y corrió en el momento en que se abrió la puerta.

—¿Está realmente bien, Jun-shao? —Gua Dos preguntó con el ceño fruncido, viendo cómo la espalda de Shi Jin desaparecía.

Lian Jun se recostó en su asiento y extendió la mano para tocar el lugar donde Shi Jin había estado sentado hace un momento. —Está bien, él sabe lo que está haciendo.

El ascensor llegó al último piso y Shi Jin se dirigió al apartamento número 3602. Después de ajustar su respiración, sacó la llave y abrió la puerta.

El apartamento estaba oscuro y frío, la calefacción no estaba encendida. No parecía que hubiera nadie allí, pero Shi Jin no dudó y entró directamente. Efectivamente, cuando entró a la sala de estar, vio una figura acurrucada en el sofá. —Solo puedo quedarme aquí diez minutos como máximo o perderé mi vuelo —dijo.

La persona en el sofá no se movió, como si ya estuviera dormido.

—Para ser honesto, te tengo miedo. No puedo superar el hecho de que querías matarme. —Shi Jin hizo una pausa y su voz se relajó un poco. —Pero también estás en lo correcto. De todos nosotros, los hermanos, tú y yo somos los más parecidos.

Tal vez lo imaginó, pero la figura oscura en el sofá pareció acurrucarse aún más.

—Lian Jun y yo vamos a la isla de Lian Jun a pasar el invierno. Pasaremos el Año Nuevo allí también —dijo Shi Jin, girándose de lado. Tenía las manos en los bolsillos tan apretadas que los nudillos se le pusieron blancos. —Si quieres ir con nosotros, empaca rápido y baja. Solo te esperaré cinco minutos… Quinto hermano, no quiero seguir odiándote, es demasiado agotador. Yo también quiero ser libre.

Sin verificar si la persona en el sofá estaba despierta y lo escuchó, se dio la vuelta y salió de este apartamento que parecía estar vacío de toda presencia humana.

La oportunidad se había dado. Aferrándose a su última pizca de racionalidad, venció la resistencia y el miedo que le traían los recuerdos, para extender su mano una vez más. No le quedaba energía de sobra para preocuparse de si la otra parte quería agarrarlo.

Cinco minutos después, Shi Jin miró hacia la puerta del edificio por la que nadie había pasado. —Vámonos o perderemos el avión —dijo, mirando hacia otro lado.

Gua Uno encendió el auto, pero Gua Dos dijo de repente: —Espera, alguien está saliendo.

Shi Jin levantó la mirada y vio a Li Jiuzheng salir corriendo del edificio vistiendo solo una camisa y pantalones, abrazando un teléfono móvil, documentos de identidad y algunas otras pertenencias. A pesar de ser pleno invierno, su frente estaba cubierta de sudor. Se detuvo en la puerta y miró a su alrededor con ansiedad. Al ver el auto que estaba a punto de partir, corrió y se detuvo frente a él, bloqueando el camino. —Xiao Jin, quiero ir contigo —dijo, sin aliento. —Estaba buscando mi identificación, se me olvidó dónde la puse. No me dejes, quiero ir contigo, por favor déjame ir contigo.

Shi Jin lo miró a través de la ventana del auto, pareciendo verse a sí mismo en el pasado, pidiendo ayuda con todo lo que pudo. Cerró los ojos y extendió la mano para abrir la puerta.

—Date prisa y entra, tenemos que tomar un avión.

Los ojos de Li Jiuzheng se iluminaron con sorpresa y alegría. Rápidamente, caminó alrededor del auto hasta la puerta abierta y entró, sentándose al lado de Shi Jin. Su cuerpo fue atormentado por escalofríos, ya sea causados ​​por el frío o por otra cosa.

Shi Jin sacó una manta y se la envolvió, descubrió que Li Jiuzheng salió corriendo sin zapatos. A estas alturas, la nieve que se le había pegado a los pies ya se había derretido, empapando sus calcetines y manchando el tapete del auto.

—Lo siento, ensucie el auto. —Li Jiuzheng notó que Shi Jin miraba sus pies y su expresión se volvió avergonzada.

—Está bien. —Esta vez, Shi Jin sacó una toalla y le indicó a su hermano que se quitara los calcetines y se secara los pies.

Li Jiuzheng obedeció apresuradamente. Sus movimientos eran ansiosos, como los de un niño que tiene miedo de hacer algo malo y ser abandonado.

Shi Jin miró su rostro pálido y nervioso y sintió que su corazón tembloroso se estabilizaba lentamente. Para todo el mundo, parecía que mientras él dijera algo, aunque fuera un poco duro, su hermano se desharía en lágrimas. ¿Era este tipo de persona alguien a quien temer?

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Un comentario en “Barra de Progreso de la Muerte – Capítulo 123: Cobarde

  1. Merel Nev says:

    Muchas gracias por los capítulos ! 😀

    Ais, Li Jiuzheng es un personaje muy difícil pero no puedo evitar sentir lástima por él en estos capítulos ;_;

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