Crié a un sirviente obsesivo – Capítulo 18: Un paso más cerca (8)

Traducido por Melin Ithil

Editado por Lugiia


—Ray, ¿estás durmiendo? —preguntó Yurina, llamando a la puerta. Sin embargo, no obtuvo respuesta. Contrario a lo que esperaba, ¿de verdad estaba durmiendo? Siguió mirando la puerta sin respuesta y frunció el ceño levemente.

Habiendo confirmado que estaba durmiendo, pensó en volver a su habitación, pero al mismo tiempo, se le ocurrió cerciorarse de que estuviera bien.

Solo voy a comprobar si está durmiendo.

Y, tan pronto como abrió la puerta, con cuidado para que no se oyera ningún sonido, vio un capullo gigante revoloteando en la cama.

—Uhhh… —Justo cuando un trueno sacudió la habitación, el capullo se estremeció con fuerza y dejó escapar un lamento de dolor.

—¿Ray? —Yurina cerró la puerta y se apresuró al lado de su cama.

—Uhhh…

—¿Ray? Soy yo, despierta.

La niña bajó el candelabro e intentó consolarle. Detuvo los lamentos de dolor que había emitido el niño y el mismo empujó su cabeza fuera de la manta. Cuando se encontró con Yurina, sus ojos redondos parpadearon lentamente.

—¿Yurina…? ¿Por qué estás aquí?

No hubo una escena ni nada en la que gritara: «¿Por qué viniste a mi habitación en la noche?» Solo se levantó, presionando con fuerza su cabello revuelto y dejándolo como un nido de pájaros mientras se enrollaba en la manta.

—¿Es porque tú tampoco puedes dormir?

—¿Qué? —Yurina frunció el ceño como si aquellas palabras fueran absurdas.

Quizás, el niño no podía ver su expresión, por lo que solo sorbió su nariz y continuó:

—Los truenos son aterradores. Y tú también eres una niña.

¿Quién le habrá dicho eso?, pensó Yurina mientras se sentaba en la cama y presionaba su frente con fuerza.

—Estoy aquí para ver si estás durmiendo bien. Después de verte, parece que hice bien en venir.

—No tenías que venir a verme, estaba durmiendo bien.

—Te vi temblando bajo la manta.

—Es porque el sonido es fuerte y no puedo dormir. —Trató de fingir, sin percatarse de su apariencia. Parece que Raynard no pudo darse cuenta que quedaban leves marcas de lágrimas en sus mejillas.

—Entonces, ¿debería irme?

Yurina fingió levantarse de la cama, pero el niño se apresuró a agarrarla por el dobladillo de su pijama. Una luz destelló fuera de la ventana, mostrando a un niño aterrado siendo provocado por una niña. En cuestión de pocos segundos, el sonido de un trueno resonó.

Raynard retiró su mano de la falda de la joven y volvió a meterse bajo la manta.

—Uhh…

—¿Ray?

Sin importar cuánto sacudiera su cuerpo, él solo emitió un gruñido y se retorció como una oruga. Parecía imposible que se tranquilizara. Ella lo miró por un momento y luego se subió a la cama.

Se recostó un poco lejos del niño y levantó la manta. Él sintió su presencia y abrió uno de sus ojos.

—¿Qué?

—Es mejor estar acompañado que solo.

—También tienes miedo, ¿verdad?

Yurina pudo escuchar nuevamente ese sonido. Era obvio que estaba temblando, pero ¿cómo podría decir eso con tanta confianza? La niña presionó la punta de su nariz con un dedo.

—Basta de hablar, duerme —exclamó Yurina. Raynard se acercó más a ella sin preocuparse de que su nariz se volviera plana.

—Debes haber estado asustada por dormir sola, ¿no es así? Ahora estoy a tu lado, así que no te preocupes y duerme. —Su cálido aliento, murmurando justo delante de su nariz, hizo cosquillas en el rostro de la niña. Su voz sonaba bastante seria a pesar de que acababa de emitir un quejido de dolor.

Yurina presionó la punta de su nariz aún más fuerte y dijo:

—Tienes que decir las cosas como son. Es por eso que estoy a tu lado.

—Estabas asustada y por eso viniste a mi habitación, ¿no es así?

—Entonces, ¿eso significa que viniste a mi habitación porque estabas asustado la última vez?

A pesar de que Raynard era bueno devolviendo las palabras, rápidamente cerró la boca y puso los ojos en blanco para evitar su mirada.

Mientras permanecía en silencio, una luz brilló sobre la fina manta de verano, acompañada de un fuerte sonido. Raynard respiró hondo y agarró el brazo de Yurina tan fuerte como pudo. Con su mano todavía temblando, abrió los ojos y fingió estar tranquilo.

—Todo está bien, esto no es tan aterrador.

Con solo mirar su expresión solemne, parecía que incluso si un monstruo entraba a la habitación en ese momento, él no se rendiría y protegería a Yurina.

Debido a su sinceridad, la niña decidió dejarse engañar por él.

—Sí, me siento tranquila porque estás aquí. Creo que ahora puedo dormir.

—Lo sabía, tú también tenías miedo.

—Sí, sí. Da tanto miedo que también deberías dormir.

—Uh…

Después de eso, truenos y relámpagos rugieron sin cesar. Raynard, quien sostenía la mano de Yurina cada vez más fuerte, puso su frente en la de ella y cerró los ojos con una expresión ligeramente incómoda.

—Sabes… —murmuró el niño con los ojos cerrados, después de un largo silencio que hizo pensar que estaba durmiendo—. Odio la lluvia.

Yurina estaba un poco desconcertada por su elección de palabras. A pesar de estar temblando a causa del miedo, ¿solo no le gustaba la lluvia? Por otra parte, era un poco extraño decir que odiaba la lluvia, y no los truenos y relámpagos.

—¿Por qué? ¿Debido a que está nublado cuando llueve?

—No, es eso… —Negó con la cabeza con su rostro sobre la almohada. Como si fuera un bebé somnoliento frotando su rostro contra el hombro de su madre, repitió esa acción varias veces hasta que se detuvo por completo—. Cuando llueve, tengo recuerdos desagradables.

—¿Qué recuerdos tienes?

 Ante la pregunta de Yurina, Raynard cerró su boca como un caparazón de almeja.

Ella acarició su cabello y esperó en silencio una respuesta. El niño parecía algo deprimido.

Él emitió un quejido de dolor y finalmente volvió a abrir la boca.

—Solo la odio.

Esas fueron sus únicas palabras. Al terminar esa corta conversación, volvió a cerrar los ojos.

Yurina miró sus ojos cerrados en silencio.

¿Qué le pasó?

Era un poco desconcertante y triste verlo caer sin energía. Sabía que la vida que había estado viviendo no era tranquila; sin embargo, nunca había mostrado tanta debilidad desde el incidente con la señora Lauren.

Si temblaba hasta el punto en que no podía entrar en razón por sí mismo y se sentía aliviado con la poca calidez que le mostraba Yurina, ¿qué tan doloroso habrán sido esos recuerdos?

Su vida estuvo llena de dificultades, así que ni siquiera podía imaginar lo que estaba pensando.

¿Es posible que escapara de casa en un día lluvioso? Si no es así, ¿quizás le habían echado de casa?

No podía entender cuál era la razón, pero parecía haber vislumbrado la verdad que estaba escondiendo.

—Ray, ¿estás durmiendo?

—Sí… —respondió con una voz somnolienta mientras se acurrucaba—. Espero… que el clima… mejore pronto.

Después de murmurar en un tono poco claro, no dijo nada más. Parecía que, esta vez, realmente se había quedado dormido. Yurina puso su mano sobre la de él, todavía sosteniendo su brazo, y cerró los ojos.

—Sí, yo también lo espero.

Estaba lo suficientemente oscuro y lluvioso como para hacer imposible una predicción, pero estaba segura que esta noche silenciosa pronto desaparecería.

Tal vez, el brillante y cálido sol de verano caerá sobre la cabeza del niño que temblaba por miedo a la oscuridad.

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