Dejaré de ser la subordinada de una villana – Capítulo 45

Traducido por Herijo

Editado por Dea


Había pasado un día desde que hablé con Remias.

Las clases habían terminado y los estudiantes se preparaban para ir a sus casas.

Yo me encontraba sacando los bocadillos que hice ayer de mi casillero.

Los de hoy eran galletas de arroz.

Estaban sazonadas con sal ya que no tenía salsa de soja.

No estaba mal, pero recientemente empezaba a añorar la salsa de soja.

Estaba pensando en invitar al príncipe, quien también apreciaba los dulces japoneses, a una fiesta de té.

Había tanto en mi mente, que me fue imposible tomar el té con ellos. Por lo que horneé una cantidad ridícula de galletas a manera de disculpa.

Espero que sean felices.

Envolveré unas cuantas para los que no puedan asistir.

Me encontraba tan emocionada que fui directamente a la silla del príncipe

—Príncipe Leonhart, ¿tiene un minuto?

Lo llamé cuando iba de salida.

—Lo siento, pero me encuentro algo ocupado. ¿Es urgente?

—No diría que urgente, pero…

—Entonces si me disculpa.

—¿No quiere galletas…?

—Lo siento, pero tengo prisa.

—Oh…

El príncipe dejó el salón sin siquiera dirigirme la mirada.

Me encontraba ahí parada con un sentimiento de abandono.

Habíamos jugado desde que éramos niños, y sin embargo, nunca me había rechazado de forma tan grosera. Por eso me sorprendió bastante.

Y nunca habíamos hablado sin que nuestros ojos se cruzaran.

Debió ser algo verdaderamente urgente.

Bueno, en primer lugar, era tonto de mi parte creer que su alteza el príncipe siempre tendría tiempo para tomar el té con nosotros.

Estaría ocupado con sus demás tareas.

Pero siempre había venido hasta ahora. Nunca había rechazado una invitación.

Eso me afectó.

Me di cuenta de que siempre había participado en mis fiestas de té a pesar de ser el príncipe heredero.

Había ocasiones en el que un sirviente iría a buscarlo, pero nunca había rechazado desde el principio.

Y por eso di por hecho que siempre vendría.

Qué imprudente de mi parte…

Sin importar lo cercano que fuéramos, la hija de un simple conde como yo no podía actuar como si el príncipe le perteneciera.

Fui invadida por un fuerte sentido de vergüenza, tanto que creí que podría desmayarme.

La bolsa de galletas de arroz que tenía en mis manos se veía miserable.

Qué dulces más inútiles eran.

Sentía como si los otros nobles a mi alrededor se estuvieran riendo.

“Con que al fin se da cuenta”

“Que tan desvergonzada era”

“Ja, ja, ja”.

No podía permanecer ahí por más tiempo, así que salí corriendo del salón.

Antes de darme cuenta, ya había llegado al patio trasero.

El mismo lugar donde siempre tomábamos el té.

No había nadie.

Por algún motivo, las lágrimas brotaban de mis ojos.

No sabía por qué estaba llorando.

Era obvio que el príncipe estaría ocupado, y era una tontería de mi parte llorar por eso.

Las lágrimas eran tan lamentables. Estaba avergonzada de estar actuando tan herida por esta situación.

¿Cuánto tiempo duré así?

Tal vez no mucho.

Oí voces cerca de la entrada por lo que volteé a ver.

Ahí estaba Angie, balanceando su melena rosada, y el príncipe se encontraba hablando con ella.

No podía ver sus expresiones desde aquí.

Pero esa cabellera plateada sin duda era la del príncipe.

Sus manos sostenían una bolsa que no era típica de un hombre.

Eso…

Lo recordé.

Eran dulces hechos a mano que Angie hizo para su interés amoroso.

La escena del juego que mi hija jugaba apareció en mi cabeza.

Me sentí tan indefensa que traté de tirar mi propia bolsa al suelo… pero no pude.

Sería un desperdicio,

No podía permitirme derrochar comida.

Así que las empecé a comer yo sola.

Las lágrimas seguían fluyendo y mi boca estaba seca por las galletas. Era una trágica escena

—¿Cosette?

Volteé y vi a Remias y a George.

Debí lucir terrible ya que me miraban con un rostro preocupado. Sus ojos se encontraban completamente abiertos por la sorpresa.

—Traeré una toalla —dijo George mientras salía corriendo

Remias sacó un pañuelo limpio y me limpió la boca

—Nunca te había visto llorar antes. ¿Te encuentras bien? Toma, bebe un poco de té.

Él sacó un termo y sirvió un poco de su contenido.

—Comí demasiadas galletas al mismo tiempo. Se atoraron en mi garganta y me hicieron llorar.

Sabía que era una excusa tonta, pero ni siquiera yo comprendía por qué estaba llorando.

Bebí el té tan rápido que hizo que me ahogara.

—¡Cosette!

Remias palmeó mi espalda.

Lo lamento…

Me sentía terrible.

Cuando miré hacia arriba, mis ojos se encontraron con los del príncipe.

¿Aún estaba aquí? ¿Qué estaba haciendo?

Mientras lo miraba tontamente, él miró hacia otro lado y abandonó la academia

Con Angie envuelta alrededor de su brazo.

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