Traducido por Bee
Editado por Shiro
El adelanto de Calle caótica tuvo un efecto inesperado: avivó el entusiasmo en torno a la nominación de Bai Lang en los premios Golden Emperor.
Quizás se debía a que Bai Lang no había participado en muchas producciones. Aparte de Oro y jade, la obra por la que había sido nominado, el público solo podía juzgarlo por Partners. Sin embargo, cuando filmó esta última, él era aún un novato. Su experiencia interpretativa era limitada y, aunque hacia el final mostró una notable mejoría, aquella sencilla historia de vida urbana no le ofrecía demasiadas escenas donde desplegar su verdadero talento. Lo que atrapaba al espectador era la trama, no tanto las actuaciones. Por eso muchos pensaban que su nominación era cuestión de suerte.
Pero cuando salió a la luz el clip de Calle caótica, ese Bai Lang completamente distinto hizo que todos abrieran los ojos.
Desde sus expresiones hasta los más pequeños movimientos, el Bai Lang del video parecía haber cambiado hasta los huesos. De él emanaba la esencia de alguien perteneciente al estrato más bajo de la sociedad, y lo hacía con una naturalidad que parecía innata. Incluso su forma de caminar en sandalias se veía orgánica; y, aun así, conservaba ese aire de atractivo despreocupado. No generaba rechazo, sino fascinación. Era como ese chico rebelde que, dentro de un grupo de gamberros, brilla inevitablemente con un carisma que hace que los demás quieran seguirlo.
En el clip también había una escena en la que Bai Lang maldecía con fluidez mientras huía. Su acento se parecía en un 90 % al de cierta región real, lo que transformaba las palabras toscas en algo lleno de sabor local y ritmo cultural. Así, resultaban agradables al oído y dotaban al personaje de una vitalidad más intensa. Su actuación se percibía incluso en la forma en que articulaba cada sílaba: ese nivel de detalle y maestría dejó una huella profunda en el público.
Aunque, en realidad, aquel acento tenía un origen muy particular: Bai Lang estaba aprovechando la experiencia acumulada de su vida pasada.
En esa oportunidad, Calle caótica también había sido un éxito. Los personajes y el guion resultaban más que satisfactorios, y las tramas estaban llenas de giros que mantenían al público encantado. Sin embargo, hubo un punto débil que generó muchas críticas: el actor que interpretó a Luo Zai —llamado Cheng Yuan en aquella vida—. También era un joven muy guapo, de rasgos finos y algo andróginos, perfectos para la imagen de Luo Zai. Pero cada vez que abría la boca para hablar o maldecir con su acento extremadamente estandarizado, los internautas más mordaces lo criticaban por parecer demasiado educado, demasiado culto y poco realista.
Algunas de esas limitaciones se debían, en realidad, a la naturaleza del propio drama. Después de todo, estaba dirigido al público familiar, abusar de un lenguaje demasiado extremo. Sin embargo, había muchas escenas en las que el personaje de Luo Zai dependía enteramente de sus líneas para expresar su esencia. Así, el guionista se vio atrapado en una situación incómoda: debía crear diálogos que no fueran ni demasiado suaves ni demasiado provocadores.
Cuando Bai Lang recibió el guión, prestó especial atención a ese detalle y, muy pronto, buscó conversar con el guionista sobre el problema.
La sugerencia que dio Bai Lang le dio fue simple, pero ingeniosa: podía expresarse con un acento local, utilizando modismos y frases propias de la región para sustituir las maldiciones más vulgares. De ese modo, aunque el público oyera esas palabras con frecuencia, no las sentiría ofensivas ni desagradables. Para demostrarlo, Bai Lang improvisó unas cuantas frases con aquel acento regional y vocabulario propio.
Cuando terminó de hablar, los ojos del guionista se iluminaron. De inmediato buscó a varios asesores nativos del lugar y reescribió el guión, modificando casi todas las líneas de Luo Zai. Incluso los personajes que se relacionaban con él fueron ajustados para mantener la coherencia. En cuanto a cómo Bai Lang, que había crecido en la pequeña Ciudad T, lograba dominar con tanta precisión aquel acento, él solo respondía que había trabajado diez años más que los demás para lograrlo.
Además de eso, había otro elemento imposible de pasar por alto en el adelanto: las escenas de acción de Bai Lang. Hasta entonces, siempre se había mostrado ante el público como un joven de porte gentil y elegante, un tipo que parecía no tener relación alguna con el delincuente callejero del drama. Sin embargo, bastaba observar la precisión y fuerza de sus movimientos para comprender cuánto esfuerzo había invertido en el papel.
Así, aunque Calle caótica no tuviera nada que ver con Oro y jade, el simple hecho de que Bai Lang demostrara una dedicación y concentración tan propias de un actor consagrado bastó para que ese joven recién llegado, comenzara a ser reconocido y esperado por todos.
♦ ♦ ♦
La noche de los Golden Emperor.
El cielo, cubierto de estrellas, brillaba con la misma intensidad que las luces del evento.
Los periodistas se agolpaban desde hacía rato a ambos lados de la alfombra roja, extendida hasta el interior del recinto. Cada uno trataba de captar la atención de las celebridades que iban llegando, lanzando preguntas entre destellos de cámaras. Varias de las principales empresas patrocinadoras también habían apostado a sus propios presentadores a lo largo del recorrido, encargados de realizar breves entrevistas antes de que los invitados cruzaran el umbral del salón.
Aunque pocos se detenían realmente a responder, el ambiente se mantenía animado. Las risas, los flashes, el bullicio de las voces creaban una atmósfera vibrante. Y, al ver que aquella efervescencia atraía aún más miradas hacia el evento, los patrocinadores no tuvieron razón alguna para detenerlos.
De modo que, en cuanto Bai Lang bajó del auto y pisó la alfombra roja, se vio sumergido en un torbellino de destellos y preguntas.
—¡Señor Bai! ¿Cómo se siente en este momento? ¿Tiene confianza en ganar el premio Golden Emperor?
—¿Cree que su salida del armario ha afectado sus posibilidades de ganar? ¡Cuéntenos qué piensa!
—¡Señor Bai, ¿ya preparó su discurso de aceptación?! Según las estadísticas actuales, parece que sus probabilidades de ganar son bastante bajas. ¿Qué opina de esto?
—¿Por qué el señor Qiu no lo acompaña esta noche? ¿No es una ocasión muy importante?
—¿Siente pesar por su ausencia? ¿Le habría gustado que estuviera aquí con usted?
—¿Tiene intención de casarse en el extranjero? ¿El anillo que lleva puesto fue un regalo del señor Qiu?
—El señor Qiu tiene un anillo idéntico, ¿es acaso un símbolo de su amor mutuo, señor Bai?
Bai Lang mantuvo una sonrisa tranquila y saludó con cortesía, sin responder a ninguna de las preguntas. Solo cuando llegó al final de la alfombra y la presentadora del patrocinador apareció a su lado, se detuvo. Quizás por fortuna, la conductora de esa noche era Gao Fenfen, la misma que lo había entrevistado tiempo atrás durante la promoción de Oro y jade.
Gao Fenfen llevaba un vestido de tonos vivos y el cabello recogido con una horquilla reluciente. Se acercó con una sonrisa profesional y le tendió el micrófono.
—Nos volvemos a encontrar, Bai Lang —su voz sonaba alegre—. Es todo un gusto verle nuevamente aquí.
—Hola, hermana Fen —respondió Bai Lang con una leve inclinación y una sonrisa cálida—. Hoy luce más hermosa que nunca.
—Ay, ay, sigue siendo igual de encantador que siempre. No noto ni un ápice de nervios en alguien que está nominado a mejor actor, ¿eh?
—No estoy nervioso —respondió con serenidad—. Solo vine a disfrutar del ambiente.
—¿Oh? ¿Tan humilde? Entonces, si no gana usted, ¿quién cree que se levará el Golden Emperor a mejor actor?
—Hermana Fen, no me haga caer en trampas. Además, olvidé elogiarla por lo joven que se ve; permítame corregir de inmediato mi error.
Gao Fenfen soltó una risa melodiosa antes de continuar:
—Debo confesar que me encanta Oro y jade. Después de entrevistarte la última vez, fui al cine a verla más de una vez.
—Gracias, hermana Fen. Haciendo a un lado el hecho de que yo salgo en ella, Oro y jade es realmente una delicia visual.
—Por supuesto, un hombre guapo siempre es un deleite para la vista —dijo ella, recorriéndolo con la mirada de pies a cabeza antes de añadir—. En, hoy también llevas un anillo precioso. Te hace ver aún más apuesto.
—Gracias —repuso Bai Lang con una sonrisa serena.
En los últimos tiempos, cada vez que surgía aquella pregunta, su única respuesta era esa: una sonrisa que lo decía todo sin revelar nada.
Esta vez Gao Fenfen no lo puso en aprietos. Le sonrió con amabilidad.
—De todas formas, quiero felicitarte. Y también espero que hoy tengas un buen resultado.
Bai Lang le agradeció de nuevo, esta vez con una sinceridad más profunda. Gao Fenfen hizo una pequeña seña al camarógrafo, indicando que la entrevista había terminado. Bai Lang asintió hacia la cámara y, con elegancia, siguió al personal hacia el interior del recinto.
♦ ♦ ♦
Una vez dentro, tras haber superado con éxito la entrevista, Bai Lang sintió que la tensión finalmente se disipaba.
Tal como le había dicho a Gao Fenfen, en realidad no esperaba recibir ningún premio esa noche. Aunque después de su renacimiento su talento actoral había mejorado de forma notable, al compararse con un veterano como Que Qiming, podía sentir claramente cuánto le faltaba todavía por crecer. En ese momento, apenas se encontraba en la senda de perseguir un nuevo nivel. Por eso, si realmente ganara, lo cierto era que Bai Lang se sentiría algo decepcionado.
Así que, al no estar destinado a obtener el galardón, se conformaba con disfrutar como un espectador más. Cuando llegara el momento de las nominaciones y mencionaran su nombre, solo tendría que adoptar el gesto correcto y aplaudir con cortesía.
Con ese ánimo tranquilo, Bai Lang aprovechó el breve intervalo antes de que comenzara la ceremonia para saludar a distintos actores, directores y productores con los que había trabajado antes. Era un gesto de cortesía que Fang Hua le había recalcado cumplir: evitar que lo tildaran de arrogante o de joven altivo.
Pero, en esta vida, las personas con las que Bai Lang había colaborado no eran muchas. Así que pronto terminó su ronda de saludos. Solo le quedaba una persona: la emperatriz del cine del año anterior, Fei Hong. Esa noche, ella era una de las encargadas de entregar los premios. En el pasado, Bai Lang había filmado con ella un comercial de cerveza. Aunque la experiencia no había sido del todo agradable, Bai Lang, siempre tolerante, se acercó igualmente a saludarla.
En ese momento, Fei Hong conversaba con un director. Al girarse y verlo, sonrió con soltura y respondió con cortesía, intercambiando las típicas frases: si se sentía nervioso, si tenía confianza, y otras formalidades. Nada en su actitud dejaba rastro de la incomodidad que había existido entre ambos en el pasado.
Conversaron brevemente unos minutos, y cuando se anunció que la ceremonia estaba por comenzar, Bai Lang se despidió con amabilidad y se dispuso a marcharse.
Pero justo al pasar junto a Fei Hong, escuchó algo.
—Deberían tener cuidado.
Fue una frase dicha en voz baja, casi imperceptible. En medio del bullicio y las luces del salón, cualquiera habría pasado por alto aquellas palabras.
Extrañamente, Bai Lang las oyó con absoluta claridad. Sus pasos se detuvieron, y volvió la cabeza para mirar a Fei Hong.
Sin embargo, Fei Hong actuó como si no hubiera dicho nada. Ya se había dado la vuelta, caminando en dirección contraria mientras charlaba animadamente con otra persona.
Bai Lang no la siguió. Solo contempló su espalda, rumiando el peso oculto de sus palabras.
«Deberían». Usó el plural.
Esa sola palabra bastó para que una sensación amarga se instalara en su interior, un presentimiento que le oprimió el pecho con fuerza.
Después, siguieron múltiples actuaciones deslumbrantes durante la ceremonia, pero Bai Lang ya no pudo recuperar el ánimo para disfrutar de nada.
De pronto, sintió una necesidad intensa, casi desesperada, de oír la voz de Qiu Qian.
Pero Qiu Qian estaba en el País V, ultimando los detalles de un contrato petrolero que él mismo había gestionado. Le había asegurado que cerrar ese trato era vital: la pieza clave para consolidar su poder e influencia dentro de la familia Qiu.
Por eso mismo, todo el proceso parecía haberse adelantado varios años respecto a su vida anterior.
Este efecto mariposa, esta sucesión de variaciones que está transformando el presente… ¿hasta qué punto se modificará el destino que recuerdo?
Mientras sus pensamientos se arremolinaban, en el escenario llegó finalmente el momento de anunciar el premio al mejor actor.
El maestro de ceremonias presentó con voz potente:
—Los nominados al premio al Mejor Actor son…
»Jin Zhiquan, por Río Largo;
»Wu Yuntian, por Cómo decir que te odio;
»Chen Kandao, por Agua y cielo;
»y Bai Lang, por Más allá del Oro y jade.
»Y el premio es para…
En ese instante, el teléfono móvil que Bai Lang guardaba en el bolsillo interior comenzó a vibrar.
Era el sonido de un mensaje entrante, apenas perceptible bajo el modo silencioso.
Sabía que no debía mirarlo —probablemente la cámara lo tenía enfocado en ese preciso momento—, pero la inquietud que lo había estado carcomiendo hizo imposible esperar un segundo más.
Lo miró.
Y el mensaje que apareció en la pantalla lo dejó helado.
[El hermano Qiu ha sufrido un grave accidente de coche en el País V.
El avión ya ha…]
No alcanzó a leer el final.
Entre el estruendo de los aplausos, Bai Lang se levantó de golpe y, con pasos resonantes, salió corriendo del auditorio.
