Emperatriz Abandonada – Capítulo 1: Emperatriz abandonada (2)

Traducido por Lugiia

Editado por Gia


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—Tia, ¿eres la concubina del emperador?

¿Qué le sucede hoy? Me quedé atónita por sus palabras, pero comenzó a molestarme el hecho de que se acercara a mí de forma abrupta, con lágrimas en los ojos, para preguntarme si soy la concubina del emperador.

Ya han pasado cuatro meses desde que apareció de repente ante mí. Durante más de dos meses, me ha visitado a menudo sin previo aviso, interrumpiendo mi trabajo. A pesar de eso, ahora me pregunta quién soy yo. ¿Tiene esto algún sentido?

—Lo siento, Su Alteza.

—Entonces, ¿de verdad eres la concubina de Ruve?

Concubina… Aunque una concubina no es la esposa oficial del emperador, hay una jerarquía entre ellas. En el imperio, solo hay una emperatriz y una concubina real. Por consiguiente, a la emperatriz se le llama la esposa oficial del emperador, mientras que a la esposa no oficial se le llama concubina real. Esta última, administra a todas las mujeres del palacio y, en tiempos de emergencia, actúa en nombre de la emperatriz. El significado del título “concubina real” cambió desde el undécimo reinado del emperador, debido a que se le empezó a dar a la mujer más favorecida por este. Entonces, hubieron pocas concubinas reales que desempeñaron adecuadamente su papel a lo largo de la historia del Imperio.

—Sí, soy la concubina real del emperador, Su Alteza.

Ha pasado casi medio año desde que se convirtió en la emperatriz y todavía no sabe la diferencia.

Probablemente no entiende por qué estoy corrigiendo el nombre de mi título. A diferencia de las emperatrices anteriores, no está familiarizada con su trabajo y con su papel a cumplir como emperatriz, así que he estado sustituyéndola. A pesar de eso, no se da cuenta de lo insultante que es llamarme como una concubina cualquiera. Me pregunto cuándo se dará cuenta de eso.

—A propósito…

¿Qué intentas decir esta vez? ¿Qué diablos me vas a decir?

A causa de una severa hipotensión, no me sentí muy bien por la mañana. Por extraño que parezca, me sentía mareada y con dolor de cabeza. Debido a ello, no pude levantarme a tiempo, incluso teniendo tanto trabajo por hacer.

¿Se debía a esto? Me estaban molestando cada vez más sus abruptas visitas y, esta vez, estaba dudando en decir algo. Dado que los nobles suelen tener reuniones sociales hasta altas horas de la noche, tienen la costumbre de evitar visitar a alguien por la mañana. Ella ha estado aprendiendo los modales reales durante casi medio año, pero todavía no sabe ni los básicos. No sé qué le está enseñando su entrenador de etiqueta.

—Hmm… déjame volver más tarde. Lo siento.

Después de dudar un poco, salió corriendo de la habitación. Mientras miraba su espalda con molestia, levanté la pila de papeles con un suspiro. Pensar que debía entregarle mi trabajo a ella el año que viene, parecía imposible.

♦ ♦ ♦

—Lo siento, Tia. Lo siento mucho.

Mi temperamento empeoró cuando volvió a visitarme al día siguiente, lo que me hizo enojar.

En el momento en que la vi, pensé: Por favor, ¿puedes dejar de ser tan grosera al visitarme de forma abrupta y sin avisar?

—¿Por qué me está pidiendo perdón, Su Alteza? —le pregunté con una cara seria y presionando mi dolorida cabeza.

—Lo siento mucho, Tia. De verdad lo siento.

¡Detente, por favor! Ayer me molestaste preguntándome si era una concubina real. ¿Por qué vuelves hoy?, pensé frustrada.

Me sentí furiosa al verla llorar después de entrar en la habitación con una mirada demacrada, como si algo hubiera sucedido anoche. Me dieron ganas de gritarle, pero no lo hice.

¿Por qué se está disculpando tanto conmigo? ¿Por qué tengo que ocuparme de todo el trabajo sucio que no has hecho? ¿Por qué me has dejado todo el trabajo del palacio? ¿Por qué no puedes mejorar ni un poco tus malos modales? ¿Puedes detenerte? Si no estás aquí para poner a prueba mi paciencia, por favor, detente.

—Lo que quiero decir es… —La miré sin decir nada—. Escuché que, originalmente, fuiste designada como la emperatriz y que eras la prometida de Ruve desde que naciste.

Ah… ¿Apenas estás oyendo eso? ¿Cómo es que no lo has oído hasta ahora? Ya ha pasado medio año desde que te convertiste en la emperatriz.

—Lo siento. De verdad. Lo que quiero decir es…

—Oh, no tiene que disculparse, Su Alteza.

—¿De qué estás hablando?

Al principio, solo intentaba escucharla, dejando que sus palabras entraran por un oído y salieran por el otro.

Pero, debido a mi dolor de cabeza desde esta mañana, las palabras salieron de mi boca sin darme cuenta.

—Escuché que la esposa del emperador fue decidida por Dios. Entonces, es verdad que, como la Hija de la Profecía, eres la esposa del emperador. Fuimos ignorantes y malinterpretamos la voluntad de Dios.

—¿Cómo puedes decir eso tan fácilmente?

—¿Qué quiere decir, Su Alteza?

—¿Dios? ¿Dios decidió a la emperatriz? ¿Por qué lo decidió él? ¿Es tan importante?

¿Qué? Me quedé sin palabras en ese momento. Cuando la miré fijamente, comenzó a gritarme.

—¡¿Cómo puedes decir eso de forma tan natural?! ¿No te molesta?

¿De verdad crees que lo doy por hecho? ¿Crees que he aceptado la realidad con calma sin enfadarme?

—¿Emperatriz? ¡Oh, Dios mío! ¡No quería ser este tipo de emperatriz en absoluto! Un día, cuando volvía a casa, agarré una moneda. Después de eso, fui arrojada a este imperio. Todos a mi alrededor estaban vestidos con ropas extrañas y me miraban de forma curiosa. Hablaban un idioma que nunca había oído, pero que, de alguna manera, podía entender y entablar una conversación con ellos. Me recordaban que estaba en un mundo diferente al que vivía antes, ¡e incluso decían que era una chica enviada por Dios! —Después de que escupió algunas palabras, las cuales no pude entender en absoluto, jadeó para respirar—. De repente, un tipo que se hacía llamar emperador apareció ante mí y me pidió que fuera la emperatriz. Solo tengo diecinueve años. Para mi país, Corea, aún no soy una adulta, ¡pero aún así, me vi obligada a casarme con él!

»¿Emperatriz? No quiero ser nada de eso. Solo quiero volver a casa. Me dije a mí misma que soportaría todo hasta que pudiera regresar. Aunque no quería, aprendí diligentemente un idioma extraño y unos modales que no conocía. —Cuando escuché eso, sentí que hervía de rabia. Mis manos comenzaron a temblar y tuve que sostener el dobladillo del vestido para que no se me notara—. Te consideraba como una hermana, pero descubrí que eras una concubina real, y además, habías sido designada originalmente como la emperatriz. No te convertiste en ella por mi culpa, ¿verdad? Ahora mismo, me siento muy mal por eso y, al mismo tiempo, me considero una mala persona. ¿Emperatriz? ¿Qué diablos es eso?

—¿Ha terminado de hablar conmigo, Su Alteza? —Miré fríamente a la chica de cabello negro y seguí descargando mi ira, reprendiéndola sutilmente—. ¿Me preguntó qué es la emperatriz? Es la primera dama del Imperio. Nunca será una posición que pueda tratar como algo insignificante. Será mejor que no hable demasiado.

—¿Tia…?

Me aparté de la chica que me miraba con ojos temblorosos. Aunque sabía que no debía actuar de esta manera, no pude controlar mi ira.

—¿Dices que solo quieres regresar? ¿Dices que lo sientes porque, hasta hoy, no conocías las circunstancias de mi título? ¿Dices que lo lamentas porque me quitaste mi sitio como emperatriz y, como resultado, te sientes como una mala persona? Entonces, en primer lugar, ¡¿por qué dijiste que querías ser la emperatriz?!

—Eso es porque…

—Eres una cobarde. Lo hiciste porque, probablemente, no sabías nada. Creo que hasta fue difícil para ti negarte. Sin embargo, me parece que deberías ser responsable de tu decisión, como mínimo. —Jadeé para respirar, habiendo expulsado ya algunas de las emociones que he estado reteniendo. Podía ver cómo temblaba ante mis palabras—. Si querías ser la emperatriz, al menos deberías haberte dado cuenta de lo que abarcaba tal posición. ¿Escritura? ¿Modales? ¿Dices que fue difícil aprenderlos, pero que lo hiciste en contra de tu voluntad? ¿Te parecía tan fácil el papel de emperatriz? Eres la madre de todas las personas de este imperio. Al mismo tiempo, eres el pilar de apoyo y la única compañera del emperador, quien es el gobernante de nuestro imperio. No puedes permitirte el lujo de pensar en volver a casa mientras mantienes esa posición.

—Yo solo…

—Me preguntaste si estaba molesta, ¿verdad? Desde luego que lo estoy. Siento pena por el emperador y por mi gente. Sobre todo, siento lástima por mí misma. Creo que hasta ahora, he perdido mucho tiempo ayudando a alguien como tú… —Me miró sin responder—. Solo vete. No quiero oír más quejas acerca de esto. De verdad, espero que puedas darte cuenta de lo importante que es la posición de la emperatriz.

Estaba temblando debido a la ira en mi interior. Me sentía tan miserable. ¿Fui degradada al puesto de concubina por esta mujer que es tan deplorable? ¿Por qué el emperador eligió a esta mujer como su esposa en lugar de a mí?? ¿Por qué pensó que era tan encantadora?

—Tia, yo solo…

—Por favor, salga de la habitación.

—Estaba confundida por haber caído repentinamente en un lugar extraño… —Después de dudar por un momento, continuó—: Me resultó difícil aceptar que Ruve tuviera otra mujer porque, en mi país, a ningún hombre se le permite tener dos esposas. Ahora resulta que la otra esposa de Ruve eras tú, a quien quiero tanto, como a una hermana. De hecho, creo que me interpuse entre ustedes. —No quise contestarle más—. Lo siento. He dicho demasiado. De verdad, lo siento mucho. Me retiraré ahora.

Dejé escapar un suspiro, abrumada por la fatiga. Presioné mi sien con ambas manos. Hace un momento, mientras expulsaba mi ira, sentí un dolor en ese lugar.

Inspiré profundamente mientras sentía que mi respiración se hacía cada vez más difícil. Pensé que era bastante buena controlando mis emociones, pero, últimamente, me he estado enfureciendo por razones que no puedo explicar.

No sé por qué estoy tan emotiva estos días. No es la primera vez que lo experimento.

Cuando vi la pila de papeles en el escritorio, me sentí frustrada. Se supone que la emperatriz debe encargarse de este trabajo y no yo, pero ella no sabe nada acerca de su papel. Disfruta del privilegio de tenerlo y de la plenitud del amor de Ruvellis, mas no le importa su deber como emperatriz. Solo pude fingir una sonrisa ante su repugnante comportamiento.

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