Traducido por Lugiia
Editado por YukiroSaori
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El día después de que terminaran los banquetes del Día de la Fundación, la princesa Moira se marchó, mientras que las princesas Nayma y Veery lo hicieron ayer. Hoy era el día en que la princesa Princia regresaría a su país.
Había mucha gente esperando delante del castillo para despedirla: el emperador y el príncipe heredero, así como parte de los escuadrones de caballeros, y algunas personas de la oficina de administración. Aunque momentáneamente pensé que había demasiada gente solo para despedirla, me di cuenta de que sería bueno expresar sinceridad, dado que era la princesa de un reino aliado. Se despidió del emperador y del príncipe heredero, dio las gracias uno a uno a los trabajadores de la oficina de administración y luego se detuvo frente a mí.
—Antes de irme, quería verle por última vez, así que esto es un gran alivio, señorita Aristia.
—Gracias, princesa Princia.
¿Acaso le agradaba? Al ver que la princesa sonreía mientras me hablaba, me sentí algo decepcionada. Mientras sonreía ligeramente, la princesa me agarró ambas manos y dijo:
—Señorita Aristia, no estoy segura de si pensará de forma extraña en esto, pero desde el primer momento en que la vi, me gustó.
—Princesa Princia.
—Usted es racional, pero cuando se trata de sus emociones, es bastante torpe al respecto, y eso parecía muy contradictorio, así que me fascinó tanto que no podía apartar los ojos. Ahora que me voy del Imperio, no sé si podré volver a verle, así que quería preguntarle: ¿Podría convertirse en mi amiga?
—Sí, por supuesto.
Al ver su mirada sincera, mi corazón se llenó de calidez. Era mi primera amiga en la que estábamos en igualdad de condiciones, a diferencia de Niave y Enteya, donde éramos de distinto rango. Aunque no podíamos compartir muchas cosas, me alegraba que ella sintiera lo mismo. Al mismo tiempo, me sentí decepcionada por el hecho de que solo me había reunido con ella dos veces y que, una vez que se marchara, tal vez no pudiéramos volver a encontrarnos.
—Aunque no podamos volver a vernos, vamos a escribirnos a menudo. ¿Lo promete?
—Sí, lo prometo.
La princesa Princia sonrió y me apretó las manos una vez con fuerza antes de soltarlas. Se despidió de los miembros del Escuadrón de Caballeros y estaba a punto de darse la vuelta cuando vio a Carsein, quien estaba de pie cerca de mí, y dudó mientras le preguntaba:
—Perdone, señor Carsein, ¿no va a venir el señor Rass? Le he buscado, pero no le he encontrado.
—Ah, ¿se refiere a mi hermano? Lleva unos días encerrado en su habitación. No creo que esté enfermo, pero incluso cuando le pregunto qué le pasa, no responde.
—¿Es así? Quería despedirme de él antes de irme —dijo como si estuviera decepcionada y se dio la vuelta.
Después de despedirse de todos una vez más, colocó ligeramente un zapato en el escalón del carruaje. No obstante, de repente, se escuchó el sonido de los cascos de un caballo ocupado y una voz urgente:
—¡Por favor, espere, princesa Princia! —Un hombre detuvo el caballo y bajó de un salto. Con su ondulante cabello rojo, se acercó a la princesa y se detuvo justo delante de ella. Miró fijamente a la sorprendida princesa, quien también le observaba, y de repente se arrodilló.
Todos los espectadores contuvieron la respiración sorprendidos por la inesperada situación. Los murmullos estallaron por todas partes.
La princesa ensanchó sus ojos púrpura claro y habló con voz confusa:
—¿Señor Rass?
—Princesa Princia. No, Princia.
—¿Q-Qué…?
—Por favor, cásate conmigo.
—¿Perdón?
Los murmullos se hicieron aún más fuertes. Mientras algunos contenían la respiración, otros susurraban, e incluso empezaron a toser después de jadear tan repentinamente.
No solo la gente de nuestro Imperio estaba hablando, sino que la delegación del reino de Rua también había empezado a murmurar. Como si todos estuvieran tan sorprendidos como los demás, la princesa Princia miraba fijamente al señor Rass. Él fue el único que continuó hablando con una expresión sincera.
—Cuando le vi por primera vez, me sorprendió su belleza, y me empezó a gustar al ver lo amable y amigable que era con todos. Me robó el corazón cuando vi lo segura y desenvuelta que era al tratar con las otras princesas.
La princesa Princia seguía mirando al señor Rass con los ojos muy abiertos.
—Intenté rendirme cuando pensé que no estaba destinado a ser. Pero no puedo aguantar más. Por favor, no diga que mis sentimientos son superficiales solo porque fue un encuentro breve. La amo con todo mi corazón.
—Señor Rass.
—Entonces, Princia, ¿aceptaría mis sentimientos?
Se hizo el silencio. Los que estaban atónitos y sorprendidos se habían callado al ver la seriedad del señor Rass. Después de que él pronunciara su última frase, todos volvieron su atención a la princesa.
Yo también lo hice. Aunque había pensado que la forma en que el señor Rass había tratado a la princesa era extraña, nunca había imaginado que fuera porque sentía algo por ella, y mucho menos que se le declarara apasionadamente delante de todos. ¿Qué diría ella ahora? Mi corazón palpitaba con expectación, al igual que la mirada del señor Rass.
—Yo… No puedo aceptar su propuesta.
—Ah —exclamé involuntariamente. La princesa Princia y el señor Rass parecían hacer buena pareja. Él era el sucesor de la casa Rass. Como próximo duque del Imperio, no tenía que sentirse inferior en estatus. Además, si aceptaba su propuesta, habría una alianza más fuerte entre el Imperio y el reino a través de su matrimonio. Así que su negación fue lamentable. Dado su carácter, se habría desenvuelto muy bien como esposa de la familia noble más poderosa del Imperio.
La princesa sonrió al ver cómo el señor Rass bajaba la cabeza sin decir nada.
—¿Cómo voy a casarme sin ni siquiera un cortejo adecuado? No puedo aceptarlo. Aunque tal vez un compromiso.
—¿Princesa?
—¿No fue usted quien me llamó con confianza por mi nombre y me propuso matrimonio hace un momento? ¿Por qué me llama princesa otra vez? Llámame Rin. Señor Rass, no, Kaysian.
—¿Acepta mi propuesta?
—Empecemos con el cortejo primero.
—¡Rin! —El señor Rass se levantó apresuradamente y tiró de la princesa, quien sonreía con timidez, para abrazarla. Ante su atrevida acción, ella mostró sorpresa por un momento antes de cerrar pronto los ojos y apoyar la cabeza en su pecho.
Mi corazón latía con fuerza cuando veía lo felices que eran. Sentí mucha envidia. Al mismo tiempo, estaba triste. Me entristecí al pensar en mí, que nunca podría experimentar un amor tan puro como el de ellos. Por mucho que lo hubiera deseado, no había sido capaz de que me devolvieran mis sentimientos. Estaba tan agotada por ello que no sería capaz de volver a amar a alguien así. Incluso si lo recibiera ahora, no podría devolver esos sentimientos, ya que siempre estaría confundida, comparando el pasado con el presente. Y tal vez temblaría de ansiedad y de dudas infinitas. Siempre tendría miedo de que me abandonaran de nuevo.
—Parece que solo he ayudado a otros a ser felices. —Una voz familiar llegó desde algún lugar detrás de mí.
—Su Alteza, el Futuro Sol del Imperio. Por favor, perdóneme por no haberle saludado antes.
—Está bien. Felicidades, señor Rass y princesa Princia. Aunque parece que todavía tenemos que escuchar las opiniones de ambas naciones, creo que escucharemos buenas noticias. ¿No es así?
—Gracias, Su Alteza.
Escuché la voz ligeramente alegre del príncipe heredero, y vi al señor Rass saludar con respeto y a la princesa hacer una ligera reverencia. Mientras los felicitaba a ambos, el príncipe heredero se acercó a la delegación de Rua con los labios curvados en una sonrisa.
Al igual que yo, el príncipe heredero también había evaluado ya el asunto. Había decidido que sería beneficioso para el Imperio.
—Creo que deberíamos enviar pronto un delegado al reino de Rua, así que, por favor, expliquen la situación al rey.
—Por supuesto, Su Alteza.
—Entonces, espero que tengan un buen viaje a casa.
—Gracias.
Después de terminar la conversación positiva con la delegación, habló con el señor Rass:
—Le daré una semana de permiso para que pueda escoltar a la princesa a mitad de camino y regresar.
—S-Su Alteza.
—Aunque le parezca poco, confórmese primero con eso. Cuando enviemos una delegación al reino de Rua, seguramente estará incluido.
—Gracias, Su Alteza.
—Entonces, cuídense.
Cuando la princesa se inclinó una vez más ante él y subió al carruaje, la delegación de Rua y el señor Rass subieron también a sus carruajes. En cuanto se dio la señal, los carruajes partieron lentamente.
Enhorabuena, señor Rass. Las cosas han salido bien, princesa. Pensé que no podríamos vernos más, pero parece que podremos reunirnos dentro de poco. Esté en paz hasta que nos volvamos a encontrar.
Después de despedirme en dirección al carruaje, giré la cabeza y noté que la mayoría de la gente ya se había ido. En ese espacio vacío, vi a Carsein, quien estaba de pie, inexpresivo, con los ojos desenfocados. Debía de estar sorprendido por su hermano, quien siempre se había mostrado callado y cortante. ¿Acaso no le mencionó nada a Carsein?
—Carsein.
No dio ninguna respuesta.
—¿Carsein?
—¿Eh? ¿Me llamaste?
—Sí. Casi todos se han ido. Volvamos también.
Carsein, quien se había girado para mirarme inexpresivamente, sacudió la cabeza con fiereza. Al hacerlo, su cabello rojo, que le había crecido hasta los hombros, parpadeó como las llamas y volvió a su posición normal.
Como si se hubiera sacudido sus pensamientos, su rostro también volvió a su expresión normal. De repente, me miró fijamente. Conmocionada, di un paso atrás mientras él sonreía significativamente y se acercaba con firmeza.
—¿Q-Qué pasa, Carsein?
Aunque tartamudeé en mi pánico, Carsein levantó mi mano como si no hubiera oído nada. Al agachar la cabeza, el cabello que le caía me hizo cosquillas en el dorso de la mano.
—Hermosa señorita, ¿me daría la oportunidad de servirle como mi dama?
—¿C-Carsein?
Enderezó la espalda y sonrió. Sus ojos azules estaban riendo.
—Oye, ¿te sorprendí?
No se me ocurrió ninguna respuesta.
—¿Tu corazón ha palpitado con fuerza? Bueno, supongo que soy bastante atractivo.
—Oh, Carsein. Me asustaste. —Mientras respondía malhumorada, sintiéndome como si se me hubiera burlado de mí, Carsein estiró su mano y me alborotó el cabello.
—No, pero me di cuenta de que mirabas a la princesa con envidia. Pensé que querías algo así.
—Tú…
—Está bien, está bien. ¿Estás enfadada, pequeña?
—¡No soy una niña pequeña!
—¡Si te enfadas porque te llamen así, es que lo eres! —Riéndose, me revolvió el cabello una vez más.
Ugh, acababa de atármelo bien, y ahora está todo revuelto. Mientras le miraba con desprecio, Carsein se echó a reír una vez más y extendió su brazo hacia mí.
—Vamos. Es tarde.
—De acuerdo.
Siguiendo a Carsein, me giré hacia el edificio donde se encontraba el escuadrón de caballeros, y vi a un joven de cabello azul caminando un poco por delante de nosotros. Como había pasado bastante tiempo desde que las princesas se habían ido, naturalmente supuse que él también se había ido hace tiempo. ¿Qué había estado haciendo? ¿Por qué se dirigía ahora al palacio interior?
Probablemente tenía algo que ver.
Más importante aún, ¿aún me quedaba algo por terminar hoy? Ayer terminé todos los documentos, así que ¿podría pasar el día entrenando? Pensando que debía pedirle a Carsein que me enseñara nuevas habilidades con la espada, me dirigí con él al edificio del escuadrón de caballeros.
♦ ♦ ♦
—Hola, Tia. No has olvidado nuestra promesa para hoy, ¿verdad?
—Hola, Allen. No la he olvidado. Estaba a punto de ir a buscarte.
—¿De verdad? Eso es genial entonces. Podemos irnos ahora mismo.
Había terminado el entrenamiento antes de lo habitual y me preparaba para salir del palacio cuando Allendis vino a buscarme justo a tiempo. Como Carsein había sido llamado urgentemente por el duque, se había ido primero a casa.
Debe ser por el señor Rass.
Dado que se había producido tal conmoción, es probable que haya querido escuchar la situación exacta de Carsein, quien había estado en el lugar.
—¿En qué piensas tan profundamente, Tia?
—Ah, solo en el señor Rass y la princesa Princia. ¿También has oído hablar de ellos, Allen?
—Sí, me enteré. La oficina de administración también se está volviendo loca por eso.
—Ya veo. ¿No es increíble? No puedo creer que se haya declarado en público de esa manera.
Mientras salía del palacio exterior con Allendis, hablábamos de esto y aquello.
A las afueras del palacio, llegamos a un distrito comercial donde vivían los nobles. Como ya habían pasado tres días desde la celebración oficial del Día de la Fundación, no había mucho que hacer. Según Allendis, tendríamos que caminar un poco más hasta la zona residencial de los plebeyos para ver el último día de la fiesta. Como estaba bastante lejos del palacio, tuve que caminar un buen rato con él. Aunque ya había pasado por allí en un carruaje, nunca lo había visto con mis propios ojos, y por eso estaba bastante emocionada por ver en qué clase de lugar vivían los plebeyos.
De repente, se hizo el silencio. Me resultó difícil romperlo, así que caminamos un momento sin hablar. En aquel limpio camino, vi nuestras sombras grises.
Observando cómo las sombras se movían al compás de cada uno de mis pasos, probé a levantar la mano derecha; la sombra me siguió. Cuando incliné la cabeza, la sombra también lo hizo. Al ver que la sombra seguía todos mis movimientos, recordé de repente mis recuerdos del pasado. Aunque me había esforzado por borrarlos, por cubrirlos con mejores recuerdos, estos se quedaron conmigo hasta el final. La sombra de mi pasado quería olvidarla.
—¿Qué estás haciendo, Tia?
—Allen.
Allendis, quien había estado caminando a mi lado, me miró interrogativamente. Tras dudar un poco, le lancé una pregunta. ¿Cómo habría reaccionado él, ya que recuerda todo lo que ve y oye vívidamente, si se hubiera visto atrapado en la misma situación que yo? ¿Cómo se habría enfrentado a ella?
—Allen, si alguien tiene una sombra y quiere escapar de ella, ¿qué debe hacer?
Allendis reflexionó durante un rato antes de tirar de mí hacia la sombra.
—Hmm, ¿esto? —Cuando la sombra me envolvió, tal y como había dicho Allendis, dejé de ver la sombra. Sin embargo, esto no era una forma de resolver la raíz del problema.
Suspiré suavemente y dije:
—Sí, pero eso es solo temporal. No puedes evitar la luz para siempre.
—Eso es cierto, Tia, pero…
—¿Hmm?
—Si las sombras pudieran pensar, ¿no sería algo muy triste? Negar las sombras, desde el punto de vista de la sombra, es lo mismo que negar toda su existencia.
Si negara los recuerdos del pasado, ¿significa que estoy negando todo lo que hay de mí en ese tiempo? Solo porque era difícil vivir con los recuerdos, solo porque era difícil vivir conmigo misma del pasado, lo había estado ignorando conscientemente. Me había empeñado en seguir adelante, pero seguía acudiendo a mí, atormentándome. Para superar el pasado y enfrentarme a las sombras que me seguían, ¿tenía que aceptar todos los recuerdos dolorosos?
Los últimos cuatro años habían sido muy duros. Si tuviera que caminar hacia adelante cargando con todos esos recuerdos, sería demasiado doloroso. ¿No había otra manera? ¿Tenía que cargar con mis horribles recuerdos mientras seguía adelante, para no negar mi existencia?
—Tengo envidia de las sombras.
—¿Hmm? ¿Por qué es eso, Allen?
—¿Acaso las sombras no viven muy cómodamente? No tienen expresiones y no necesitan hablar.
—Hmm.
—Pueden quedarse quietas sin tener ningún pensamiento. Nadie le dice a las sombras que se muestren.
—Pero ¿no sería eso frustrante? —pregunté, inclinando la cabeza. Poder simplemente existir, sin pensar en nada, sin tener que mostrarse… ¿Acaso él estaba celoso de eso? Allen sonrió con amargura, haciendo que yo también sonriera con tristeza.
La sombra que no me dejaba en paz, y nuestras diferentes interpretaciones al respecto.
¿Allendis también tendría una sombra? Si la sombra de la que yo quería escapar eran los recuerdos de mi pasado, ¿qué significa la sombra de Allendis para él?
—Ah, a este paso llegaremos tarde. Tenemos que ver varias cosas ya que es el último día.
—Bien. Sí, démonos prisa. —Allendis dejó escapar un suspiro mientras hablaba.
Ante sus palabras, moví los pies. Nuestras dos sombras se extendían hacia el pueblo, siguiendo nuestros pasos bajo el sol de otoño.