Emperatriz Abandonada – Capítulo 6: Despedida y encuentro (3)

Traducido por Lugiia

Editado por Yusuke


♦ ♦ ♦

—Ha regresado, señorita.

Tan pronto llegué a casa, todas las doncellas y sirvientes me dieron la bienvenida. Los saludé de regreso y llamé al mayordomo.

—Mayordomo, un momento, por favor.

—¿Qué sucede, señorita?

—Voy a hacer un entrenamiento más intenso de ahora en adelante. A partir de mañana, comeré principalmente alimentos nutritivos y saludables. Por favor, transmítale mis palabras al chef.

—¿Está segura que quiere incrementar aún más su entrenamiento? —preguntó lleno de dudas.

—Sí —respondí, asintiendo con mi cabeza.

Después de un momento de silencio, él respondió con voz pesada:

—De acuerdo, señorita, pero no se exija demasiado.

—No lo haré.

El mayordomo me dirigió una mirada ansiosa y llena de preocupación. Por mi parte, simplemente lo miré y subí a mi habitación.

Cuando estaba reflexionando sobre mi conversación con el joven Rass, Lina tocó la puerta. Después de permitirle pasar, preguntó:

—Señorita, ¿sucedió algo con el joven Rass?

—¿Eh? ¿Por qué preguntas…?

—Escuché que, justo al llegar, le dijo al chef que cambiara su menú. ¿Discutió con el hermano menor del señor Rass?

Al oír su respuesta, me quedé en silencio.

—Parece que mi suposición es correcta. Señorita, usted no es de las que discute con alguien más, así que él debe estar equivocado. ¡Ánimo, señorita! ¡No debe perder ante él!

—E-Está bien.

Lina parecía estar más furiosa que yo, así que le sonreí torpemente. Después, organicé en mi cabeza lo que tenía que hacer a partir de mañana.

Como ya había descubierto la respuesta al problema con mi entrenamiento, me quedé dormida sin preocupaciones.

♦ ♦ ♦

Al día siguiente, empecé a entrenar mis músculos propiamente. Basé mi entrenamiento en los recuerdos que tenía de otros caballeros, por lo que le pedí a Lina que me hiciera sacos de arena a mi medida para poder atarlos a mis muñecas y tobillos.

Al igual que siempre, hice ejercicios básicos de acondicionamiento físico y practiqué de forma constante mi esgrima. Corrí tanto que pude sentir sangre en mi garganta. Aun con falta de aire, blandí mi espada hasta que mi brazo estaba paralizado. Debido al cansancio, muchas veces me era imposible cenar y solo caía como peso muerto en mi cama. Y así, esta rutina se repitió varios días.

Sin embargo, ¿cuántos días han pasado desde que comencé este patrón desconocido? El mayordomo y el resto del personal empezaron a mostrarse preocupados por mi duro entrenamiento. Sabía que cuando me levantaba por la mañana, me sentía muy pesada y mi cara parecía demacrada.

Era consciente que no podría mejorar mis habilidades con este método de práctica, pero de igual forma seguía dirigiéndome al campo de entrenamiento antes de que saliera el sol y volvía a casa al anochecer.

No podía dejar esta imprudente rutina. La esgrima era la única forma de evitar el destino de involucrarme con la familia real.

♦ ♦ ♦

—¿Estás loca? —Entonces, un día, llegó un visitante inesperado. El chico, cuya cara se puso tan roja como el color de su cabello, me gritó—: ¿Crees que estás entrenando de la forma correcta? ¿Eh? ¡¿Lo crees?!

—Sí, por supuesto. ¿No me dijo que primero tenía que desarrollar mi fuerza física antes de hablar de esgrima, joven Rass?

—¡¿Quién te dijo que practicaras así?! No quieres sostener una espada el resto de tu vida, ¿verdad? ¡Detente ahora mismo!

—¿Por qué te importa?

—¿Qué has dicho? —preguntó, estupefacto.

—¿No recuerda haberme dicho que no tenía razones para enseñarme? No volveré a pedirle ayuda, así que no interfiera en mis asuntos y márchese.

—¿Estás haciendo todo esto porque te pedí me demostraras tus habilidades…? ¿Es por eso que estás protestando?

—Si no tiene intención de ayudarme, no interrumpa. Como estoy ocupada, me retiraré primero. Qué tenga un buen viaje de regreso, joven Rass.

—¡Espera!

Aunque estaba a punto de decir algo, ignoré sus palabras y me alejé.

Después de correr unos diez pasos, escuché a una persona persiguiéndome mientras me arrojaba malas palabras.

Cuando di otro paso, fingiendo que no había oído, sentí que mis rodillas cedían.

Mientras me tambaleaba e intentaba intentar mantener el equilibrio, mi visión se volvió blanca.

—Tú… ¡Oye, oye! ¡Despierta!

Mi visión borrosa se volvió roja y luego, el mundo entero se oscureció.

Antes de perder la consciencia, sentí el toque de alguien tirando de mí con fuerza.

♦ ♦ ♦

Al abrir los ojos, vi un techo familiar y sonreí amargamente.

Desde que volví a ser una niña de diez años, intenté constantemente ponerme en forma, pero no tenía más remedio que reírme de manera incontrolable al ser incapaz de seguir desmayándome.

Aunque me esforzaba por vivir una vida diferente a la de mi pasado, ¿cómo es tan complicado lograr hacer un cambio?

—¿Está despierta, señorita?

—Lina…

—Primero, beba agua. Aquí.

Después de beber el agua que me dio Lina, logré incorporarme. Ya que los sacos de arena habían sido retirados de mis muñecas y tobillos, mis manos y pies estaban un poco hinchados. ¿Los habré amarrado con mucha fuerza? Dejé salir un pequeño suspiro ante mis acciones.

¿Qué debería hacer? Si no puedo lograr un cambio, ¿cómo puedo escapar de mi pasado?

—¿Señorita?

—¿Hmm?

—El joven Rass está de visita.

—¿El joven Rass?

—En realidad, aquel día, el joven la trajo de regreso después de que se desmayara. Desde entonces, ha estado visitando todos los días.

Abrí los ojos ante su inesperada respuesta. Podía entender que me atrapara cuando me estaba cayendo y me llevara a casa, pero tenía curiosidad por saber por qué me seguía visitando todos los días.

Sospechaba de sus acciones, pero sentí que debía expresarle mi gratitud de todas formas, así que le dije a Lina que lo dejara entrar.

Después de un momento de silencio, él preguntó:

—Um, bueno… ¿Estás bien?

—Estoy bien. Gracias, joven Rass.

—Uh, ¿p-por qué me agradeces?

—Me atrapó cuando estaba cayendo ese día. Gracias a su ayuda, no presenté ninguna lesión. Por ello, le doy las gracias.

Aunque todavía me sentía molesta por sus acciones, incliné la cabeza como agradecimiento. Con una expresión desconcertada, el chico revolvió su cabello rojo. Su mirada vagó por todo el lugar sin mirarme directamente a los ojos.

¿Quizás es por su expresión nerviosa? A diferencia de lo que sentí en nuestro primer encuentro, esta vez no vi la sombra de aquella persona superpuesta en sus ojos azules. Cuando le miré más relajada, el chico respiró profundamente y dijo con más calma que antes:

—Oye, tú, deja ya este tipo de entrenamiento. Si cometes un error, nunca más serás capaz de sostener una espada. ¿Por qué crees que tu padre no te entrenó de esa manera? A esa edad, si usas sacos de arena de esa manera, lesionarás todas tus articulaciones. Por eso el marqués no se excedió en tu entrenamiento.

No pude evitar estar de acuerdo con sus palabras. Mi debilidad fue la razón por la que mi padre no me entrenó de esta manera.

Aunque practiqué con Allendis durante el mismo periodo de tiempo, la razón por la que él logró mucho más que yo fue porque, además de la diferencia de talento, era superior a mí en términos de fuerza muscular y físico innato. Tal vez por eso había pocas mujeres caballeros en el Imperio, ya que la mayoría eran hombres.

No obstante, por muy difícil que fuera, por muy desventajosa que fuera mi condición física innata, estaba determinada a aprender esgrima. Nunca podría rendirme con la razón más importante para cambiar mi pasado.

—¿Por qué intentas aprender esgrima? ¿Por qué tienes tanta prisa?

No podía contarle de mi situación, así que me mantuve en silencio.

—¿Todo por ser la única hija legítima de la familia Monique? ¿Intentas ser la sucesora de tu familia? —Me observó por un momento y, al no obtener respuesta, continuó—: Está bien, no seguiré insistiendo, pero todo eso es muy extraño. Como no tienes que luchar con alguien por la sucesión, no hay razón para apresurarte tanto. Entonces, ¿cuál es la razón? ¿Por qué eres tan dura contigo misma?

—Por favor, retírese, joven Rass —exigí, aclarando mi garganta. No tenía derecho a preguntarme algo tan personal sin tener relación alguna con mi familia. No después de haberse burlado de mí e ignorado—. No tiene ninguna razón ni derecho a intervenir en mis asuntos, joven Rass. Siento los problemas que causé últimamente. No le molestaré más, así que, por favor, retírese.

—Oye…

—Ya que valoro el poco tiempo que estuvimos juntos, permítame darle un consejo: Ser excepcional en un aspecto no cubre por completo sus otros defectos. Si valora el honor de su padre y de su familia, será mejor que preste atención a su comportamiento y empiece a actuar como un noble.

—¿Q-Qué?

En ese momento, tiré de la campana a mi lado. Como si estuviera en espera, Lina apareció de inmediato antes de que él pudiera decir algo para refutar mis palabras.

Le indiqué que lo acompañara a la salida e hice una leve inclinación con la cabeza para despedirme del chico de cabello rojo.

—Lamento no poder guiarlo a la salida debido a mi condición física. Qué tenga un buen día, joven Rass.

—¡Oye! ¡¿Pero qué estás…?!

—Por favor, sígame, joven Rass —dijo Lina.

Me dirigí hacia la cama y cubrí mi cabeza con la manta, ahogando gradualmente los gritos de aquel joven. No quería encontrarme ni hablar con nadie.

Lentamente cerré mis ojos y caí en mi propio mundo de los sueños.

♦ ♦ ♦

¿Era por la exigencia del entrenamiento o por una pérdida repentina de energía? Al día siguiente de expulsar al joven Rass con bastante brusquedad, comencé a sentirme muy enferma por un tiempo.

Todo mi cuerpo dolía como si hubiera sido golpeada y mantenía una fiebre bastante alta. Tenía que cambiar las sábanas varias veces durante el día a causa del sudor frío, y no podía comer nada porque sentía náuseas.

Lina estaba muy preocupada y el mayordomo, quien usualmente tiene un tono monótono, expresó preocupación en su voz. Nunca había estado tan enferma como ahora, ni siquiera cuando estaba físicamente débil.

Como mi condición no mejoraba con los días, el mayordomo dijo que enviaría una carta a mi padre, pero le dije que no lo hiciera.

No quería preocuparlo. Además, creía saber la causa de mi enfermedad. Era por el estrés emocional que acumulé hasta ahora.

Estaba obsesionada con la esgrima porque era la única forma que se me había ocurrido para no repetir mi pasado. Incluso, me deprimía al pensar en todo lo que me queda por recorrer.

Sabía que no tenía ningún talento excepcional como Allendis o el joven Rass. Sabía que era difícil que lograra los resultados deseados en un tiempo determinado. Así que me engañé a mí misma, diciendo que era posible progresar rápidamente con la espada.

Me dije que todo era posible con esfuerzo, que capaz tendría un poco de talento. Aunque sabía que no podía lograr nada en un periodo tan pequeño de tiempo, me forcé a ese entrenamiento excesivo. Esta enfermedad fue el resultado de mi terquedad.

Suspiré para mis adentros. Como estaba presionada por el tiempo, no podía acortar el tiempo de entrenamiento para progresar.

A medida que se acercaba el plazo prometido cada día, me sentía más frustrada.

Pensé en pedir un aplazamiento, pero había pocas posibilidades de que mi petición fuera aceptada. No había ninguna posibilidad de que el emperador, quien quería ligarme a la familia imperial de una forma u otra, accediera a mi petición.

Me sentía desesperada. Tenía que aguantar hasta que apareciera Jieun, pero el tiempo era demasiado corto. Incluso si podía aguantar, eso planteaba otro problema. Si no tengo una respuesta decente para su llegada, no me libraría de mi destino como concubina del próximo emperador. ¿No lo había experimentado ya en el pasado?

Cuanto más se debilitaba mi sueño de salir de mi destino condenado a través de la esgrima, más sombría y frustrada me sentía. Sonreí con amargura y juré que rechazaría el destino que me había dado Dios. ¿Solo fueron palabras? ¿Realmente no había forma de escapar de mi pasado?

—Disculpe, señorita, recibió una carta.

Al séptimo día en cama, Lina me trajo mi medicina y me dio una carta con una expresión nerviosa.

Observé el emblema en el sobre. Tenía grabado un león dorado. No era otro que el escudo de la familia imperial.

Mi corazón se hundió. Me puse la mano en el pecho mientras los latidos de mi corazón latían con fuerza y respiré hondo. Cuando abrí el sobre con la mano temblorosa y leí su contenido, ladeé la cabeza.

Solo había una frase en el lujoso papel que decía que tenía que ver al emperador.

¿Qué ocurre? Lo normal es que se mencione el motivo a través de la carta.

—¿Lina?

—¿Sí, señorita?

—Debo ir al palacio imperial. Por favor, ayúdame a prepararme.

—¿Qué? Pero señorita…

—Sabes que no puedo desobedecer la orden del emperador. Por favor.

Aunque dudó por un momento, Lina asintió ante mi insistencia. Como estaba enferma, no quería ir, pero se sentiría incómoda si no iba.

El emperador podría haber omitido mencionar la razón por la que quería verme, pero ¿y si era un asunto tan grave que no podía mencionar en la carta?

Sintiéndome mareada, levanté el cuerpo. Me lavé con agua tibia, me coloqué gruesas capas de ropa y me detuve frente al espejo.

Cara pálida, cabello opaco y labios agrietados.

¿De verdad puedo ir a ver al emperador de esta manera?

¿Puedo enviar una carta sobre mi ausencia? ¿Y si mi familia es castigada por ello? Tras dudar un momento, me dirigí al palacio imperial, dejando atrás a Lina, quien me miraba preocupada.

—Aristia La Monique saluda a Su Majestad, el Sol del Imperio.

—Ha pasado mucho tiempo, señorita Aristia. De casualidad, ¿está enferma?

—No me he sentido bien. Lamento mostrarme de esta manera.

—Oh, Dios, si hubiera sabido que estaba enferma, le habría llamado otro día. Ah, enviaré a un médico imperial para que le trate.

—No, no es necesario, Su Majestad. Estoy bien.

—Esta es una orden.

—Gracias por su consideración, Su Majestad.

Después de aceptar sus palabras, el emperador asintió.

—Debe sentirse sola sin el marqués. ¿Cómo la ha pasado últimamente?

—Gracias a Su Majestad, he salido adelante sin problemas.

—Hmm, quería verle ya que tengo algunas preguntas. ¿Quién es su escolta personal? ¿Queda algún caballero en su casa?

—No, Su Majestad.

—Como pensé… Tu padre debería haber dejado un par de caballeros para protegerte. ¿Cómo puede ser tan inflexible? No puedo creer que usted esté vigilando la mansión sin un guardián. Es ridículo. Enviaré caballeros de la guardia imperial de inmediato.

Mis ojos se abrieron ante sus palabras. ¿La guardia imperial? Solo existen para proteger a la familia real.

Era una oferta excepcional. Nadie puede ser escoltado por los caballeros de la guardia imperial a excepción de los miembros legítimos de la familia real.

Aunque soy la prometida del príncipe heredero, solo soy hija de una familia de marqueses.

—Por favor, retire su orden, Su Majestad. Es un trato muy extraordinario para mí.

—No, no lo es. Usted es la próxima emperatriz, ¿no es así?

—Su Majestad.

—Le prometo que no usaré esto como deuda a futuro. ¿Qué dice? ¿Aun así va a rechazarlo?

—Gracias por su consideración, Su Majestad. Le estaré infinitamente agradecida…

Después de aclarar mi garganta educadamente, me las arreglé para expresar mi gratitud. Cuando me estaba humedeciendo mis labios secos, oí que alguien anunciaba que el príncipe heredero acababa de llegar.

Un chico de cabello azul entró por la puerta en silencio. Tras mirarme rápidamente, dijo:

—¿Me ha llamado, Su Majestad?

—Estás aquí, hijo. Hmm, había planeado una hora del té contigo y con la señorita Aristia, pero…

Me apresuré a abrir la boca cuando el emperador me miró.

—Estoy bien. Por favor, no se preocupe.

—No, no puedo hacer que te unas al té estando enferma. Ve a casa y descansa. Oh, hagamos esto. Hijo, ¿por qué no la acompañas de regreso a casa? Haré que preparen el té para cuando vuelvas.

—N-No, Su Majestad. Estoy bien…

—De acuerdo, padre, lo haré. Vamos.

Aunque intenté negarme por todos los medios, una fría voz me interrumpió.

Me puse rígida al ver su mirada inexpresiva. Me levanté torpemente cuando sus fríos ojos azules parecían instarme a levantarme. Apenas pude despedirme del emperador, quien me miraba de forma amable, y salir rápidamente de la recepción.

Caminamos en un silencio sofocante. ¿Era porque me sentía muy ansiosa? ¿O era por la energía fría saliendo de mi interior? De repente, sentí que mi fiebre volvía a subir.

Cuando cerré los labios con fuerza, dejé escapar de forma inconsciente un aliento caliente. La cabeza me latía con fuerza, así que apreté el dobladillo de mi falda sin notarlo.

Debo aguantar un poco más.

Mientras intentaba enderezar mi cuerpo tambaleante, pronto salí a un amplio campo donde había muchos carruajes alineados.

Gracias a Dios, estamos a medio camino de terminar esto. Suspiré aliviada y me incliné ante el chico de cabello azul.

—Gracias por acompañarme hasta aquí, Su Alteza. Me despediré primero.

—Señor Lank. —Se dio la vuelta, ignorando mis palabras, y llamó al caballero imperial que venía a nuestras espaldas. Cuando el caballero se acercó, dijo con voz fría—: Prepara un carruaje lo antes posible. Voy a ir a la mansión Monique.

—Sí, Su Alteza.

Abrí mucho los ojos. ¿De qué demonios está diciendo?

Me miró fijamente después de darle la instrucción a su caballero.

Sus ojos azules lucían molestos. En ese instante, me di cuenta que el príncipe heredero quería escoltarme hasta mi casa ya que el emperador no había especificado hasta dónde debía acompañarme. Tenía que escoltarme todo el camino para que no hubiera ningún problema con su padre.

Me apresuré a bajar la mirada. Temía provocarlo aún más con mi mirada cuando ya lucía lo suficientemente incómodo.

Traté de mantener mi cuerpo derecho mientras mordía mis labios. Me consolé, jurando que solo debía aguantar un poco más.

Un momento después, vi que se acercaba a nosotros un carruaje ornamentado con el escudo de la familia real.

Finalmente, subí al carruaje, escondiendo cuán aliviada me sentía. Fijé los ojos en mis manos cruzadas sobre las rodillas, pero tuve que elevar mi cabeza ante la mirada de alguien. No sabía lo que estaba pensando en ese momento, pero el chico de ojos azules me miraba sin expresión.

En el momento en que respiré con fuerza por el nerviosismo, apartó su mirada de mí y la dirigió a la ventana. De nuevo, un pesado silencio cayó dentro del carruaje.

Cuando llegué a mi mansión, me bajé, sosteniendo la mano del caballero. Apenas toqué tierra, pude sentir que todo estaría bien.

¿Por qué el camino a casa se sintió tan largo? Si me hubiera quedado a solas con él un poco más, podría haberme sofocado.

Cuando me ajusté la ropa y me despedí, el chico, quien tenía los ojos fijos en la ventanilla, me dijo:

—Bueno, entra a la casa.

—Sí, Su Alteza, graci…

La puerta del carruaje se cerró antes de que pudiera despedirme. Sonreí con amargura mientras observaba desaparecer el carruaje. Con la mano en mi frente palpitante, entré en la mansión con pasos pesados.

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