Emperatriz Abandonada – Capítulo 7: La ceremonia de mayoría de edad del príncipe heredero (1)

Traducido por Lugiia

Editado por Yusuke


Para mi querida Aristia,

¿Cuánto tiempo ha pasado? He querido enviarte una carta muchas veces pero, debido a todos nuestros viajes, no he tenido la oportunidad.

La cosecha de otoño ha sido menos abundante de lo esperado, y con el frío que se avecina, podríamos tener algunas dificultades durante el invierno. No obstante, la distribución de la ayuda va por buen camino.

A diferencia de la primera vez que llegamos, las cosas están mucho más organizadas ahora.

Esta mañana, me desperté y noté que había nevado durante la noche. Todo a mi alrededor era blanco y brillante.

Me recordó a ti y a lo mucho que te gusta la nieve recién caída.

No solo eso, sino todas las cosas reconfortantes y dulces. Si hubiera sabido que iba a estar fuera tanto tiempo, habría hecho más chocolate blanco para ti antes de irme. Me siento un poco triste al pensar en ello.

¿Recuerdas nuestro primer invierno juntos? ¿Cuando tuve una pelea de bolas de nieve con el señor Eckse y el señor Morr? En ese momento, una bola de nieve se desvió y golpeó al señor League, haciendo que se uniera jurando venganza. Y, poco a poco, más y más personas se unieron a la pelea hasta que alguien te golpeó por accidente con una bola de nieve y todo se descontroló.

Oh, ¿y recuerdas? Después de ese accidente, te resfriaste mucho.

Para ser honesto, tenía miedo de asistir a los entrenamientos después de eso. El marqués tenía una expresión tan aterradora, que pensé que uno de nosotros seguramente iba a morir.

Así que, Aristia, si tienes una razón para salir, debes abrigarte muy bien. Me preocupa que caigas enferma mientras entrenas sola en los campos nevados, esforzándote demasiado sin que el marqués, los caballeros de la familia o yo podamos vigilarte.

Aunque lo dije en mi carta anterior, vale la pena repetirlo: No hay nada que no puedas lograr. Por favor, no te presiones en tu apuro.

Se me acaba de ocurrir que el gran día se acerca con rapidez. Estoy seguro que todo el mundo está trabajando duro para prepararlo, y yo haré lo mismo.

No estarás pensando que es imposible ya que todo el mundo está fuera, ¿verdad? Si es así, te equivocas. Solo tienes que esperar, mi señorita. Pronto llegará un regalo especial para usted.

¿Qué es, te preguntarás? Eso es, por supuesto, un secreto. Sin embargo, te daré una pista. Es algo que te gusta: algo reconfortante y dulce.

Ah, mi padre me está llamando. Supongo que es hora de que nos vayamos. Mantente sana y cuídate. No te enfermes. ¿De acuerdo?

Tu caballero, Allendis.

Leí las palabras que llenaban aquel pergamino verde y, cerrando el sobre, sonreí.

Ahora que lo pienso, hoy es el día prometido. Si lo que dice es cierto, ¿ocurrirá algo especial?

El cálido sol pintaba el suelo a través de la ligera abertura de las cortinas. Abrí las cortinas decorativas de la cama y me levanté para abrir las ventanas.

Los pájaros cantaban mientras una refrescante brisa revoloteaba entre mi cabello. Respirando profundamente el aire fresco, miré los jardines que florecían con una exuberante vegetación. De verdad, parecía que hoy iba a ser un día especial.

—Buenos días a los dos.

—¿Durmió bien, señorita?

Al abrir la puerta, vi a los dos caballeros que me habían custodiado durante la noche. Mientras se dirigía a su habitación, le dije al señor Seymour que durmiera bien y me dirigí al campo de entrenamiento con el señor June.

—Hoy parece feliz. ¿Ha tenido un buen sueño?

—No, solo siento que hoy será un gran día.

—Es probable que sea porque la primavera está aquí. De todos modos, es bueno verle entusiasmada. Si mi amigo pudiera verle ahora, estaría absolutamente encantado.

—¿Quién es ese amigo suyo, señor June?

—No estoy seguro que lo conozca, pero es Adel Su Lian, un caballero del segundo escuadrón. Él realmente le admira.

—¿El señor Adel?

Un hijo de la casa Lian. ¿Quién era él? ¿Cuál era el emblema de su familia? Mientras escudriñaba en mis recuerdos, recordé un rostro.

¿Era él? ¿El caballero que siempre me había mirado como si fuera un cachorro?

Así es. Era el joven caballero que tímidamente dijo que me escoltaría en su lugar. Tenía el emblema de la familia Lian bordado en su ropa.

—¿Es el joven caballero de cabello ceniza y ojos azul oscuro?

—Así es. Entonces, lo conoce. Se alegrará mucho de saber que se ha acordado de él —respondió el señor June con una sonrisa. Después de dar un paseo por los jardines, mientras manteníamos una conversación, me dirigí al campo de entrenamiento para realizar mi entrenamiento matutino.

Estaba calentando mi cuerpo, satisfecha por lo ligera que me sentía hoy, cuando vi entrar a un chico de cabello rojo.

—Buenos días, joven Rass.

—Oh, hoy luces feliz. ¿Tuviste un buen sueño anoche?

—Tal vez.

—¿Qué, de verdad? ¿Qué soñaste?

Le dejé con curiosidad y comencé a correr alrededor del campo de entrenamiento. No estaba segura de cuánto tiempo había corrido, pero reduje la velocidad para recuperar el aliento. Tenía la extraña sensación de que alguien me seguía.

¿Será el joven Rass?

En el momento en que me aparté para dejarle pasar, alguien tiró de mí hacia él. Casi de inmediato, todo mi cuerpo fue envuelto por su calor.

—¿Q-Qué…?

—Te atrapé, mi señorita.

Estaba a punto de gritar por su grosera acción, pero en lugar de eso, me quedé rígida. Al oír aquella familiar y cariñosa voz en mis oídos, mis labios temblaron.

—¿A-Allendis?

—Ha pasado mucho tiempo, Aristia.

Me apresuré a darme la vuelta. Me resultaba muy familiar, aunque de algún modo diferente.

Parpadeé lentamente al ver a Allendis. Había crecido tanto en los últimos seis meses.

¿Por qué me resulta tan desconocido?

Aunque no me resultaba familiar, su cabello, que brillaba bajo la luz del sol, seguía siendo verde como la primera vez que nos conocimos. Podía ver mi reflejo en sus ojos esmeralda mientras me miraban con cariño. Sonreí con alegría ante la cálida sensación que se extendió por mi corazón y me aferré con fuerza a su abrazo.

—Te extrañé, Allendis.

—Yo también. Te extrañé, mi señorita. Ah, ahora siento que por fin puedo respirar —susurró y me devolvió el abrazo. Acarició mi cabello con cuidado, como si estuviera tocando algo precioso.

Cerré los ojos involuntariamente ante el refrescante aroma de su abrazo. Era una sensación tan pacífica.

Entonces, alguien me apartó de forma brusca. Al darme la vuelta, vi al joven Rass jadeando.

—¿Qué es ese descaro? —exclamé.

—Eso es lo que me gustaría preguntarte. ¿Qué estás haciendo? —gritó el joven Rass con la cara enrojecida, sin saber qué pasaba por su mente. Retiré el brazo que me había agarrado con brusquedad y fruncí el ceño de forma inconsciente.

—¿Estás bien?

—Sí, estoy bien.

Sonreí a Allendis, quien había preguntado preocupado. La sensación de tranquilidad que me dio fue muy cálida. Llevaba tiempo sin sentir esto.

—Pero Aristia, ¿quién es él?

—Ah, se me olvidó presentarle. Este es Carsein De Rass, el segundo hijo del duque Rass. Joven Rass, este es el segundo hijo del duque Verita, Allendis De Verita.

—Ah, usted es el joven que tiene la misma edad que yo. —Allendis sonrió de forma alegre mientras extendía una mano—. Es un placer conocerle, joven Rass. Soy Allendis De Verita. Parece que se ha hecho amigo de Aristia mientras no estaba.

—Oye, tú —me dijo el joven Rass, omitiendo las palabras de Allendis. ¿Qué tipo de descortesía es esta? Aunque sabía que no era de los que cuidan los modales, no había esperado que tratara así a Allendis también. Incluso tenían la misma posición social—. ¿Qué es esta discriminación?

—¿Qué quiere decir?

Mi respuesta fue seca ante su comportamiento irritado, haciendo que se girara a mirar a Allendis. Aunque debería haberse enfadado por la audacia del joven Rass, parecía sorprendentemente bien.

¿De verdad estaba bien? Solté un suspiro de alivio, pero el joven Rass continuó hablando con enojo:

—¿Por qué me llamas a mí “joven Rass” y a él por su nombre? Tu tono también es diferente.

—Eso es porque Allendis y yo nos hemos permitido nuestros nombres. No he tenido tal entendimiento con usted, joven.

—¡Entonces, llámame también por mi nombre a partir de ahora!

—No deseo hacerlo.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Más importante aún, salúdale primero como es debido. ¿Qué descortesía es esta en su primer encuentro?

Mientras le respondía con frialdad, él despeinó su cabello con frustración y se volvió hacia Allendis.

—Bueno, digamos que es un placer conocerte. Soy Carsein De Rass.

—Aunque he oído su nombre antes, esta es la primera vez que nos conocemos en persona. Es un placer conocerle, joven Rass.

El joven Rass se limitó a asentir ante la respuesta de Allendis y se giró para mirarme.

—¿Feliz? Ahora llámame también por mi nombre.

—Bueno, no es gran cosa, pero…

—¿De verdad? ¡No puedes retractarte! Entonces, adelante.

—Carsein. ¿Está contento?

—Ah, pero ¿qué es ese tono?

—Solo dije que le llamaría por su nombre, nada más.

Al ver su expresión de estupefacción, me eché a reír. Me estaba tapando la boca, intentando contener la risa, cuando algo pesado cayó sobre mi cabeza.

—Hace seis meses que no te veo. ¿No vas a darme un regalo?

—¿Hmm? ¿Hay algo que quieras, Allendis?

—Sí, lo hay. ¿Me lo vas a regalar?

—Por supuesto. ¿Qué es?

—Tu apodo.

—¿Mi… apodo? —pregunté sin comprender. ¿Mi apodo? Aunque los nombres podían usarse fácilmente entre amigos, los apodos eran diferentes.

Solo se permitía ante la familia o amantes. Aunque se podía permitir entre amigos muy cercanos, era raro.

Dudé un poco. ¿Qué debería hacer? Era imposible que Allendis no supiera el significado de los apodos. Era demasiado inteligente para eso. Me quedé sin palabras mientras me miraba con una sonrisa de complicidad.

Temía que se sintiera herido si lo rechazaba, pero no era algo que pudiera hacer fácilmente. Nominalmente, seguía siendo la prometida del príncipe heredero. ¿Qué pasaría si me lo reprochaba?

Mientras me preocupaba por ello, Allendis suspiró y habló:

—¿No es posible cuando somos amigos?

—Bueno…

—No soy tan tonto, Aristia. No te llamaré por tu apodo delante de los demás. No te preocupes.

¿Era eso lo que quería decir? Cierto, era imposible que Allendis no hubiera pensado en eso. Bueno, si ese era el caso…

Me sentí un poco mal por hacer esto delante de Carsein, pero estaba segura de que no haría un problema de esto ya que éramos de la misma facción.

Tras una rápida mirada en dirección a Carsein, asentí suavemente.

—Siento no haber podido responder antes, Allendis Sí, por supuesto. Te permitiré usar mi apodo.

—Gracias, Tia. Entonces, ¿no me llamarás Allen también?

—Allen.

Aparte de mi padre, era la primera vez que alguien, sin vínculos sanguíneos conmigo, me llamaba por mi apodo. La gravedad de aquello se deslizó en lo más profundo de mi corazón.

Era un nombre que había deseado desesperadamente escuchar de la persona a la que dediqué todo mi corazón. Sin embargo, nunca lo hizo. Los días en que oculté mis celos, porque él y Jieun usaban apodos, ensombrecieron brevemente mis pensamientos.

De repente, me dolió el corazón. El hecho de tener a alguien que me llamara por ese nombre, y de tener a alguien a quien llamar por un apodo, me golpeó en lo más profundo de mi ser. Mis ojos empezaron a lagrimear.

—Oye, ¿estás llorando? ¿Por qué lloras? ¿Te ha hecho llorar?

Agaché la cabeza de repente cuando Carsein acercó su rostro al mío.

—¿Me atrevería a hacer llorar a Tia? Es un malentendido, joven.

—Un momento. ¿Por qué la llamas por un apodo?

—Es porque me ha dado permiso para hacerlo, hace un momento. —Allendis sonrió a Carsein, quien frunció el ceño antes de volverse hacia mí—. ¿Puedo hablar con el joven Rass a solas un minuto, Tia? Parece que necesitamos conocernos mejor si vamos a vernos a menudo.

—Ah, sí, por supuesto.

—Gracias, mi señorita. Entonces, joven Rass, ¿deberíamos trasladarnos a otro lugar?

—Bueno…, de acuerdo —respondió el chico de cabello rojo, con una expresión de desagrado, y abandonó el campo de entrenamiento con Allendis.

Estaba preocupada. ¿Estará bien Allendis? ¿Y si Carsein sigue siendo grosero? Si eso sucede, es muy probable que Allendis se sienta herido. Bueno, puede que lo supere con generosidad y madurez.

Con el corazón preocupado, volví a la mansión y me lavé. Abrí un libro en la sala de estar mientras Lina entraba a dejar la merienda.

—Gracias como siempre, Lina.

—De nada, señorita.

—Siéntate. Podemos comer esto juntas.

—¿Yo, con usted, mi señorita?

—Sí. He estado tan ocupada que no hemos tenido tiempo para estar juntas.

Lina era alguien especial para mí, habíamos crecido juntos desde que éramos pequeñas. En el pasado, esto lo hacíamos más seguido. Ella era la única persona que evitaba que me sintiera sola. Lina había estado más cerca de mí que mi propio padre.

—Pero…

—Está bien. Te doy mi permiso.

Aunque seguía dudando, no pudo negarse a mis repetidas peticiones y se sentó frente a mí. La incomodidad solo duró un momento y pronto empezó a charlar conmigo.

Mientras yo levantaba mi taza de té, la conversación continuaba sin parar. De repente, Lina dio una palmada como si tuviera una idea repentina.

—Por cierto, señorita. Mientras llevaba los aperitivos, vi algo a través de la ventana. El joven Allendis y el joven Carsein estaban juntos.

—Sí, dijeron que tenían algo que hablar, solo ellos dos. ¿Por qué? ¿Pasó algo?

—No me extraña que el ambiente fuera inusual. El joven Allendis dijo algo y una mirada de indignación se apoderó del otro joven. Parecía que estaba a punto de golpearle.

—¿De verdad? ¿Dónde están?

Debería haberlos detenido. Pensé que con el tranquilo y cariñoso Allendis allí las cosas estarían bien. Me equivoqué. Me apresuré a levantarme y Lina hizo un gesto salvaje mientras seguía hablando con entusiasmo.

—Definitivamente se debió a los celos. Acaban de descubrir la existencia del otro. Seguro que es por usted.

—¿Celos?

¿Qué está diciendo?

Dejé escapar una risa baja. Pensé que tal vez había leído demasiadas novelas románticas entre hombres y mujeres. El amor más allá del estatus era un tema popular, por lo que las novelas románticas estaban prohibidas en el Imperio, pero habían ido ganando popularidad entre las damas nobles y los plebeyos alfabetizados. Así, el día de la publicación de una nueva obra de un escritor famoso, las librerías de todo el territorio se llenaban de doncellas de familias nobles. Las historias más populares eran principalmente sobre el amor entre nobles y plebeyos o caballeros y damas. Últimamente, “Cuando la luna crece y mengua siete veces” de Madame Gem, era extremadamente popular. Pero ¿cómo podía imaginarme a mí y a esos dos hombres en ese tipo de situación?

—Eso es imposible. ¿Por qué estarían celosos el uno del otro? ¿Y por mí?

—Bueno, no sé sobre el joven Rass, pero al joven Verita es seguro que le guste, señorita. Y mientras él se fue, un nuevo hombre apareció a su lado. No hay forma en que acepte eso. Es obvio que el joven Verita le dijo algo al otro.

—Allendis y yo solo somos amigos. Y, como alguien que siempre es educado y respetuoso, Allendis no haría eso.

—¿Por qué solo son amigos? Ha recibido una propuesta de él.

—¿Qué propuesta? Fue solo una broma para aligerar el ambiente en nuestro primer encuentro. De todos modos, es imposible que le guste a los hombres.

No tenía absolutamente ningún encanto que pudiera cautivar a un hombre. Era la razón por la que, en mi pasado, el entonces emperador nunca se había fijado en mí. Por eso, me había llamado mujer fría, repitiendo que no era nada para él. Al rememorar el hiriente recuerdo, una amarga sonrisa adornó mis labios.

—¿Por qué dice eso? No hay nada malo en usted…

¿Se dio cuenta que mi humor se había oscurecido de repente? Cuando Lina estaba a punto de decir algo a toda prisa, oí un fuerte sonido mientras la puerta se abría de golpe.

—¡Oye, tú!

—¿Qué sucede esta vez?

—¿Qué pasa con tu tono?

—Como he dicho antes, nunca dije que le trataría de forma diferente.

—Bueno, olvídate de eso. ¿Qué tipo de relación tienen tú y ese imbécil?

—¿Te refieres a Allen?

—¡Sí, ese imbécil de color hierba! —Suspiré mientras me volvía a sentar. ¿Qué estaba pasando ahora? Sentía que me dolía la cabeza, así que simplemente levanté mi taza de té sin decir nada. Carsein, en cambio, se dejó caer en el asiento vacío de Lina y habló como si estuviera frustrado—: ¡No me ignores! De todos modos, mantén las distancias con ese imbécil.

—¿Qué está diciendo?

—Ese imbécil del color hierba está absolutamente loco. Él…

—¿Se refiere a mí con eso, joven Rass? —Fruncí las cejas ante sus palabras cada vez más insultantes. Pensando que no tenía más remedio que reprenderle firmemente, bajé mi taza. Justo entonces, sonó una voz conocida. Vi que un chico de cabello verde inclinaba ligeramente la cabeza al hablar—. Vaya. He entrado sin tu permiso, Tia.

—No pasa nada. Más importante, ¿quieres un poco de té, Allen?

—¿Qué es? Ah, bálsamo de limón. Por supuesto —respondió Allendis, quien se había sentado de alguna manera a mi lado y había mirado la taza de té que yo había bajado antes. Luego, asintió con la cabeza.

Ordené a Lina, quien se había desplazado a un lado, que trajera más tazas de té y pregunté:

—¿Ha pasado algo? He oído que las cosas no iban bien.

—¿Hmm? No. Me sorprendió que pudiera hablar con él tan fácilmente. Tiene un ojo muy agudo. ¿No es así, joven Rass?

—Ja. Bueno, olvídalo. Acordemos decir que sí.

Ladeé la cabeza ante las cejas crispadas de Carsein.

¿Realmente había pasado algo? La expresión de Allendis era demasiado tranquila para que eso fuera cierto. Además, si lo que había dicho Lina había sucedido de verdad, con la personalidad de Carsein, era imposible que lo hubiera dejado pasar.

Bueno, no debe haber sido nada. Una pequeña diferencia de opinión es común.

Justo a tiempo, Lina entró con una taza de té y una tetera con agua caliente. Pude concentrarme en otra cosa mientras sacaba unas hojas de té secas y empezaba a remojar el té.

Serví té para Allendis mientras él tomaba mi libro y se ponía a leer. También serví una taza para Carsein, quien miraba fijamente a Allendis. A continuación, me llevé a la boca un trozo de pastel blanco puro.

Saboreé el sabor de la crema derritiéndose en mi boca y levanté la vista cuando se me ocurrió un pensamiento.

—Allen.

—¿Sí? ¿Qué pasa, Tia?

—Sobre las palabras que escribiste en la carta. ¿Cuál era el regalo especial que dijiste que llegaría? ¿Algo blanco, cálido y dulce?

—Ah, ¿eso? ¿Todavía no lo has adivinado? Estoy un poco decepcionado.

—¿Hmm? ¿Cuál es la respuesta?

—¿Qué otra cosa podría ser? Por supuesto que soy yo. ¿No soy un hombre cálido y dulce? Mi piel también es blanca.

—Mira, Hierba. ¿Estás loco? Qué clase de tonterías…

Ah, ¿era eso? Lo miré estupefacta mientras Carsein lo miraba con desprecio. Allendis, por su parte, se limitó a sonreírme. No pude evitar devolverle la sonrisa.

Bueno, en efecto, es un regalo especial. ¿Había algo más especial que el regreso de un amigo querido después de tanto tiempo?

Justo en ese momento, el mayordomo entró llamando a la puerta y me entregó un sobre. ¿De dónde había salido?

Cuando acepté el lujoso sobre blanco con indiferencia, vi el emblema estampado en el exterior. Era un león dorado. Mi cuerpo se congeló de forma involuntaria y mi pecho se sintió repentinamente pesado.

—Oh, es el emblema de la familia imperial.

Ante la voz sorprendida de Carsein, Allendis despegó los ojos del libro. Al ver el emblema del león, sus ojos esmeralda me miraron, llenos de preocupación.

—¿Estás bien, Tia?

—Ah, sí. Estoy bien…

Tras respirar profundamente, abrí el sobre. Al leer con detalle su contenido, mordí mis labios. Aunque había estado preparándome desde año nuevo, a medida que se acercaba el día, finalmente sentí que la realidad y la desesperación me golpeaban.

¿Qué debería hacer? Mi padre aún no había vuelto. ¿Cómo diablos iba a cambiar mi destino?

—¿Qué pasa? ¿Son malas noticias?

—No, no es nada de eso, pero…

—¿Entonces qué es? ¿Por qué la reacción?

—¿Estás bien? ¿Qué es…? —Le entregué el papel a Allendis, quien se había quedado sin palabras. Leyó el contenido y suspiró antes de dejarlo. Carsein no tardó en tomarlo y ladeó la cabeza mientras me preguntaba—: ¿Hmm? ¿Qué significa esto? ¿Tienes que asistir a la ceremonia de mayoría de edad del príncipe heredero? ¿Y para confeccionarte ropa, te enviarán al sastre real? ¿No tienes todavía doce años? ¿Por qué tienes que asistir ya a esos eventos?

—Porque soy la prometida del príncipe heredero.

—Ah, es cierto. Ahora que lo pienso, eres la prometida del príncipe heredero… Ah, maldita sea. No es el momento de perder el tiempo con el objetivo equivocado.

Carsein se sumió en el silencio después de murmurar cosas que no pude entender. Evité la mirada preocupada de Allendis y cerré los ojos.

Su ceremonia de mayoría de edad. El plazo que había acordado con el emperador hace unos años llegaba pronto a su fin. Me sentía como si estuviera al borde de un precipicio. ¿Por qué tenía que ser ahora, cuando mi padre no estaba cerca?

—Tia.

—¿Hmm?

Abrí los ojos al oír una voz apagada. Allendis me atrajo sin palabras hacia él mientras sonreía amargamente.

Su suave tacto al acariciar mi espalda y el dulce calor que desprendían nuestros cuerpos al tocarse me tranquilizaron. No tanto como el abrazo de mi padre, pero me reconfortó de igual forma.

Apoyé ligeramente la cabeza en él mientras disfrutaba de la comodidad. Rodeada por el aroma refrescante y único de Allendis, la oscura desesperación se disipó ligeramente.

Respiré hondo mientras mi estado de ánimo se aligeraba un poco. Entonces, cuando mis ojos se encontraron con los de Carsein, su rostro se llenó de ira y gritó:

—¿Qué están haciendo? ¡Aléjense el uno del otro! ¡No puedo seguir viendo esto! ¿Cómo puede una señorita abrazar a alguien así?

—Joven Rass.

—¿Qué pasa? ¡Lo mismo pasa contigo! ¿Qué es esto…?

—Creo que es hora de irnos. Puede ser descortés quedarnos más tiempo —respondió Allendis con frialdad mientras sonreía y me dejaba ir. Me levanté lentamente y miré por la ventana.

¿Cómo había pasado el tiempo tan rápido?

Cuando los vi alejarse, Carsein no dejaba de mirarme mientras Allendis decía que me volvería a ver mañana. Me dirigí a mi dormitorio y me pareció prudente acostarme temprano.

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