Traducido por Lugiia
Editado por Yusuke
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Era el final de la tarde y corría una brisa fría mientras me dirigía al castillo exterior de la propiedad con Carsein, los dos guardias reales y los sirvientes de la casa de campo. Era para dar la bienvenida al príncipe heredero que estaría de visita.
Aunque el caballo de aquí no era tan bueno como el mío de la capital, su crin seguía siendo suave al tacto. Lo acaricié mientras miraba hacia el cielo, el cual era especialmente brillante y azul el día de hoy.
Nuestra casa era tan grande como la de un duque, y como servía de última defensa en el camino hacia la capital, tenía una doble capa de muros que solo se podían ver en las zonas fronterizas. La robusta capa de muros que rodeaba el castillo exterior, así como las armas defensivas, eran un gran orgullo de esta propiedad de los Monique.
Ya había muchos plebeyos reunidos en una larga fila cerca de las puertas del castillo exterior.
La relación entre mi familia y la familia imperial era tan famosa que todo el mundo en el Imperio la conocía, por lo que la gente de nuestra casa de campo era en general muy leal al Imperio. Para ellos, las visitas del príncipe heredero y de la guardia real eran algo que no podían perderse.
¿Era porque no había salido mucho del castillo interior? Podía sentir miradas curiosas sobre mí a nuestro alrededor.
Les dirigí la mirada por un momento antes de girar la cabeza lentamente. Aunque no hubiera importado si hubiera salido sin motivo, ahora mismo, como había salido a recibir al príncipe heredero, no podía responderles.
Después de un tiempo mayor del que esperaba, oí el sonido de los cascos de varios caballos. Parecía que había llegado.
—Aristia La Monique saluda al futuro Sol del Imperio. Es un honor que visite nuestra humilde propiedad.
—Ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo ha estado?
—He estado bien, gracias a usted. ¿También ha estado bien, Su Alteza?
—Sí. Gracias por su preocupación.
Tal vez era consciente de la cantidad de gente que lo observaba, pero tenía una fina sonrisa en lugar de su habitual expresión fría.
De repente, me encontré con su mirada. Sus ojos azul marino estaban fríamente apagados, a diferencia de su comportamiento amistoso. Me paralicé y traté de mantener la calma mientras montaba de nuevo en mi caballo.
—¡Que el Imperio continúe por la eternidad!
Al sonar la voz de alguien, se oyeron gritos por todos lados. El hombre curvó los labios y saludó a la gente alineada a su izquierda y a su derecha.
Los oídos quedaron ensordecidos por los estruendosos vítores que estallaron.
—¿Ha pasado medio año desde que nos encontramos?
—¿Qué? Ah, sí. Así es, Su Alteza —respondí, sobresaltada.
El príncipe, quien había estado mirándome fijamente, miró hacia su izquierda y habló:
—Ha pasado mucho tiempo, joven Carsein.
—Ha pasado mucho tiempo, Su Alteza. ¿Ha estado bien?
—Así es. Hm, ¿cómo va el entrenamiento?
—Estoy haciendo lo mejor que puedo, a pesar de mi falta de habilidades.
—Ya veo. Tengo grandes expectativas para usted, joven Carsein.
—Estoy muy agradecido, Su Alteza. Trabajaré duro para no decepcionarlo.
Asintió ligeramente a Carsein, quien había estado expresando su gratitud, y volvió su mirada.
Las gruesas murallas del castillo interior se vislumbraron en la distancia. Los soldados, quienes habían estado de guardia, se apresuraron a saludarlo y a abrir las puertas. El príncipe, quien había estado atrapado en sus pensamientos hasta entrar en el palacio interior, preguntó:
—¿Dijiste que la casa de campo de los Monique era la última defensa en el camino a la capital?
—Sí, Su Alteza.
—Hmm, ¿es esa la razón? La defensa por aquí es muy minuciosa. Las armas también están en buen estado.
—Me siento halagada, Su Alteza. Solo hemos estado tratando de hacer lo mejor para llevar a cabo los deberes que se nos han dado. Ah, pronto llegaremos. Aquella es nuestra mansión.
Pasando por la amplia carretera, llegamos a la hermosa mansión. A diferencia de la nuestra en la capital, los muros exteriores en este lugar estaban construidos con ladrillos y cubiertos de hiedra. Bajo el sol de otoño, las hojas verdes estaban ligeramente teñidas de rojo, revoloteando con la brisa como si fueran olas. Bajo aquella ola de hermosos colores, las personas alineadas a ambos lados se inclinaban para saludar.
—¡Es un honor, Su Alteza, el futuro Sol del Imperio!
Ordenando fríamente que levantaran la cabeza, el joven de cabello azul saltó de su caballo. Uno a uno, los guardias reales y yo también le seguimos.
—He recibido la noticia de que se ha saltado el almuerzo, así que, aunque es un poco pronto, le he dicho a los sirvientes que preparen ya la cena. ¿Qué prefiere, Su Alteza? ¿La servimos ahora mismo?
—Primero, me gustaría quitarme el polvo.
—Ya veo. Entonces, le acompañaré a su habitación.
El mayordomo, quien se había acercado con rapidez, hizo una profunda reverencia. Observé durante un rato cómo desaparecía, escoltado por el anciano.
No tengo tiempo para esto. Me separé de Carsein, quien parecía incómodo, como si estuviera molesto por algo, y me dirigí a la cocina. Si hubiera sido en otro momento, le habría preguntado por qué, pero ahora estaba muy ocupada.
—¿Chef?
—Ah, ha llegado, señorita.
—Sí. Sé que está ocupado, pero me preguntaba si las cosas van bien. ¿Cómo van los preparativos de la cena?
—En primer lugar, estamos preparando tres raciones para el príncipe heredero, el joven Carsein y para usted, señorita, así como algunas raciones más. ¿Cree que será suficiente?
—Ah, sí. Creo que estará bien si solo prepara porciones para el príncipe heredero, el joven Carsein y para mí.
Como la mayoría de los asistentes que habían escoltado al príncipe heredero hasta aquí eran, en su mayoría, guardias reales, no podían cenar con nosotros. El vicecomandante de esta escolta podría haber asistido, pero estaba ocupado organizando las posiciones de los guardias. Así que solo Carsein y yo podíamos cenar con el príncipe heredero.
—Entiendo, señorita. El resto del menú es el mismo para los tres, pero como usted ha indicado, algunos platos y el vino, así como el postre, se servirán de forma diferente.
—Estupendo. Ha tenido en cuenta las precauciones, ¿verdad?
—Por supuesto. He preparado champiñones a la plancha en lugar de pescado para el príncipe y lo he condimentado tan suave como fuera posible. Para el vino, he preparado vino tinto Belote del 900, así como vino blanco Freia del 928. Para el postre, he preparado una refrescante tarta de limón que no es demasiado dulce. ¿Le parece bien?
—Sí, todo está perfecto. Aunque no sea fácil, ya que él es una persona exigente, por favor, preste más atención. Haz lo mejor que puedas en la preparación de la comida para el príncipe heredero, y también asegúrate de no descuidar la del joven Carsein. Confiaré en tus habilidades.
—Gracias, señorita. No la decepcionaré.
Le di una ligera palmadita en el hombro al hombre de mediana edad que declaró eso en voz alta, y salí de la cocina.
Busqué a Carsein, pensando en hablar con él un rato, pero ya estaba entrando en el comedor con el joven de cabello azul.
Oh, vaya. Supongo que tendré que preguntarle más tarde por qué está molesto.
Me senté a la derecha del príncipe heredero, frente a Carsein. Comimos en completo silencio, sin ni siquiera el sonido de alguien respirando. Como personas que dominan los modales en la mesa, todos demostramos nuestros ágiles movimientos de manos para que ni siquiera se oyera el tintineo de la vajilla.
Tras el aperitivo y una sopa clara, las doncellas se acercaron sin decir una palabra y depositaron más platos. Para el príncipe heredero, sirvieron champiñones en lugar de pescado, mientras que Carsein y yo disfrutamos de platos hechos con pescado.
Mirando los platos que tenía delante, el joven de cabello azul se detuvo un momento.
—¿Qué ocurre, Su Alteza? ¿Hay algo que no sea de su agrado?
—No es nada, no se preocupe.
—De acuerdo… Hm, ¿y usted, joven Carsein? ¿Es la comida de su agrado?
—Bueno… Quiero decir, estoy bien, señorita.
Carsein, quien inconscientemente había empezado a hablarme de manera informal, pareció sobresaltarse. Mientras volvía rápidamente a hablar de manera formal, el príncipe heredero, quien había estado mirando a Carsein, tomó con molestia su tenedor.
La sirvienta se acercó y nos sirvió las bebidas a cada uno. Para el príncipe heredero y Carsein, vino blanco, mientras que yo tomé un simple vaso de zumo de frutas.
Después de comer un sorbete agridulce, el joven de cabello azul tomó un sorbo de vino blanco y se volvió hacia mí con una expresión insondable.
¿Sucede algo?
Cuando me estremecí ante su sorpresa y le pregunté si sucedía algo, volvió a negarlo. Mi corazón se sintió pesado de alguna manera. Si lo que decía era cierto, ¿por qué me miraba así?
Su mirada persistente continuó hasta que se sirvió la ensalada para limpiar el paladar, así como el postre.
Después de echar un vistazo al postre colocado delante de cada uno de nosotros, se volvió hacia mí una vez más. Me enderecé un poco en la silla mientras evitaba su mirada, sintiéndome bastante incómoda. ¿Por qué se comportaba así?
En aquel ambiente extrañamente apagado, apenas terminé de cenar y le acompañé al salón. ¿Era porque había estado preocupada por su mirada? Me puse la mano en el pecho hinchado y le hice un gesto a la doncella. Ella inclinó rápidamente la cabeza y se marchó, volviendo pronto con una tetera, tazas de té y una pequeña jarra que colocó sobre la mesa.
Veamos… Una taza de manzanilla, dos tazas de hibisco. Lo había preparado bien, como le había indicado. Revolví la manzanilla ligeramente preparada con una cuchara de plata y la puse delante de él.
Fingiendo no notar su repetida mirada, la evité mientras colocaba un terrón de azúcar en una taza y se la daba a Carsein.
—Gracias, señorita.
—De nada.
Sonriendo ligeramente a Carsein, atraje hacia mí mi propia taza de té. Solo entonces el príncipe heredero retiró su mirada de mí y levantó lentamente su taza de té. Tomando un sorbo del té amarillo, dijo:
—¿Joven Carsein?
—¿Sí, Su Alteza?
Habló con un lado de la boca levantado, entrelazando los dedos mientras se inclinaba hacia atrás con una expresión despreocupada.
—Gracias. Había estado preocupado por mi prometida, ya que estaba sola en la finca. Me alivia ver que ha tenido a alguien tan hábil como usted a su lado.
Carsein no respondió por un momento, produciendo un frío silencio. Aunque no sabía la razón, me sentí incómoda y bajé mi taza de té con cuidado. Cuando estaba a punto de abrir la boca tras dudar por un momento, una fría voz habló antes de que pudiera hacerlo:
—¿Qué ocurre, joven Carsein?
—No es nada, Su Alteza.
—Hmm, ¿es así?
Miró ligeramente a Carsein durante un momento antes de volverse hacia mí.
—Entonces, ¿cuándo piensa mi prometida regresar a la capital?
—¿Su Alteza?
Me sorprendió su tono excesivamente amistoso y sus palabras. ¿Por qué estaba actuando de esa manera? Era demasiado decir que solo estaba fingiendo delante de Carsein.
Por lo general, me habría reprendido fríamente por no responder, pero volvió a preguntar como si no hubiera pasado nada:
—¿Hmm? ¿Cuándo piensa volver?
—A-Aún no lo he decidido. ¿Por qué me lo pregunta, Su Alteza?
—Me siento vacío ya que has estado fuera durante mucho tiempo. Mi padre también parece desear verte.
—¿S-Su Alteza?
Me quedé absolutamente sorprendida. ¿Por qué actuaba así? Levantó ligeramente las comisuras de los labios ante mi tartamudeo y alargó la mano para tomar su taza de té. Era el único que estaba disfrutando de su té en el ambiente helado. El príncipe heredero habló como si recordara algo en ese momento:
—Joven Carsein.
—Sí, Su Alteza.
—Lo siento, pero deseo pasar tiempo con mi prometida a solas, ya que hace tiempo que no la veo.
Mi corazón se hundió ante sus repentinas palabras. Aunque estaba preparada para ello, la idea de pasar tiempo a solas con él me asustó.
Mientras me ponía rígida y bajaba la mirada a mi taza de té, repitió su petición al vacilante Carsein.
—¿Tiene acaso algo más que decir?
Carsein, quien estaba sentado en silencio, se levantó de su asiento lentamente. Aunque parecía que le temblaban los hombros mientras se inclinaba de forma respetuosa y se despedía del príncipe heredero, no podía permitirme preocuparme por él. Ya había sido devorada poco a poco y sacudida por una fría sensación de horror.
—Tú.
Su voz era baja y fría. Me estremecí y temblé, apenas pude levantar la cabeza para mirarlo. Su actitud fría había vuelto y me miraba con los ojos entrecerrados.
—Sí, S-Su Alteza.
—Realmente no lo entiendo. ¿Qué es esa actitud contradictoria?
—¿Q-Qué quiere decir con…?
—¿Cómo sabes lo que solo saben unas pocas personas? Bueno, está bien. Supongo que podrías haberlo averiguado por el poder de la familia Monique, pero ¿cómo eres tan considerada con alguien a quien evitas? ¿Es esa tu naturaleza? Estás tan asustada que incluso ahora estás temblando. A eso me refería con una actitud contradictoria.
—¿Perdón? ¿Q-Qué es lo que…?
—¿Todavía no lo entiendes? La comida, el vino, el postre y el té.
¿La comida, el vino, el postre y el té? ¿Qué estaba diciendo?
Sin embargo, después de pensarlo con mucho cuidado, me di cuenta de mi error y sentí que la sangre abandonaba todo mi cuerpo.
—Parece que ahora lo has entendido.
—E-Eso es…
—¿Qué pasa con eso?
No pude escuchar bien su pregunta. Toda mi mente se había nublado y no podía volver a mis sentidos. Saber que no le gustaba el pescado, que le gustaba el vino tinto Belote del 900 y el blanco Freia del 928, así como que prefería los postres refrescantes que no fueran dulces. Que tenía un leve insomnio, lo que hacía que solo tomara manzanilla por las noches para conciliar el sueño. Y por último, cómo no le gustaba nada que tuviera un sabor demasiado fuerte…
Era un hecho que su gusto solo era conocido por unos pocos y completamente desconocido para el mundo exterior.
Me había enterado de esos detalles durante el tiempo que pasé revoloteando a su alrededor, observándolo, queriendo recibir la más mínima de sus atenciones.
Pensé que así conseguiría que se preocupara por mí, que llegaría a reconocerme o que reconocería mi amor por él. Estas fueron las cosas que descubrí una por una y que conté al personal de palacio.
Aunque había prometido no repetir el pasado, parecía que mi cuerpo se preocupaba por él de forma inconsciente, al igual que antes. De alguna manera, había estado atendiendo a sus gustos y ordenando las preparaciones de su comida como tal por costumbre.
¿Para qué habían servido los últimos tres años? ¿Por qué había pasado tanto tiempo entrenando con la espada cuando mi cuerpo ni siquiera era apto para ello? ¿Acaso estos tres años no eran suficientes para borrar los diecisiete años que había pasado como una mujer que vivía para él?
Esbocé una sonrisa vacía. Viendo cómo me había ocupado inconscientemente de sus necesidades incluso cuando me aterrorizaba, mi cuerpo y mi corazón podrían ser incapaces de escapar de él.
Aunque me esforzaba por alejarlo, algún día podría encontrarme revoloteando a su alrededor una vez más.
Podría volver a ser herida mientras esperaba su amor, preocuparme por sus sonrisas hacia Jieun, y entonces, entonces…
—¿En qué estás pensando? ¿Qué te sucede?
Estaba medio fuera de sí cuando giré la cabeza ante su fría voz. A través de mi visión borrosa, vi una luz azul vacilante, como si una capa de algo se hubiera cerrado sobre mis ojos. Inspirando hondo, parpadeé mientras él hablaba, mirándome como si estuviera atónito.
—Deja que te lo pregunte por última vez. ¿Por qué me tienes tanto miedo? —Al ver que no respondía, continuó—: ¿Por qué me evitas tanto, si conoces mis gustos con tanto detalle? No puedo entenderlo. Como ya te he garantizado una posición como mi emperatriz, no puede ser por los derechos de sucesión. ¿Por qué te niegas a ser mi mujer?
—Su Alteza.
Sentí como si una campana de advertencia sonara desde algún lugar. Detente, por favor, detente. Deja de presionarme más…
—Todo el mundo te ha identificado como mi consorte enviada por Dios, y como la Hija de la Profecía. ¿Por qué te niegas a ello? Estás destinada a ser mi mujer de todos modos.
No te engañes. No eres nada para mí.
Oí un zumbido procedente de algún lugar. Otra voz se superponía a la del joven sentado frente a mí, una más fría, pero del mismo tono que la del príncipe heredero.
—¿Quieres convertirte en la heredera de tu familia? ¿Es por eso que rechazas el puesto de emperatriz?
La familia Monique tiene suficientes riquezas y honor, así que no hay razón para que te conviertas en emperatriz por tu familia.
Detrás del joven que parecía estar perdido en sus pensamientos, vi otra versión del príncipe heredero que parecía mayor que él.
—Si te conviertes en emperatriz, tu hijo se convertirá en mi heredero. Aunque seas la próxima marquesa de la familia Monique, no se puede comparar con eso.
Tú hijo nunca será mi heredero.
¡Para! ¡Por favor, detente!
Sentí como si algo se hubiera roto. Cerré los ojos porque no quería ver a los dos hombres con el mismo rostro. Me tapé los oídos porque no quería escuchar la fría voz. El aire frío se extendió hasta mis dedos y todo mi cuerpo se congeló.
Su fría expresión, voz y energía, parecida a una capa de hielo, no me dejaban ir. El mundo parecía un espejo agrietado.
—¡Para! ¡Para! Por favor, ¡detente! ¡Ahh! ¡Ahhh!
Mientras se acercaba con rapidez, vi que el del pasado sonreía fríamente a su espalda. Con una expresión de asombro, puso una mano en mi frente, pero todo lo que pude ver fue su pasado empujándome sin detenerse a pensar en las consecuencias.
Me atrapó y gritó para que trajeran al médico real, pero solo pude a su sombra del pasado abonándome para perseguir a Jieun mientras yo sangraba.
El mundo giró y la oscuridad cayó sobre mí. De repente, estaba cayendo sin parar en un abismo familiar.