Espada y Vestido – Vol 2 – Capítulo 4 (3): Ceremonia de Compromiso

Traducido por Lugiia

Editado por Yusuke


Debería haberle hecho más preguntas.

En cuanto salí de la oficina de Ortzen, ese pensamiento apareció en mi mente.

Me dijeron repetidamente que el capitán Jullius necesitaba el título de conde, pero no podía pedir más información. Dicho esto, aunque volviera a entrar, no ganaría nada. Para ser sincera, si Ortzen quería ocultar algo, me resultará difícil averiguarlo. Aunque tengo confianza en ganar una pelea de espadas, es todo lo contrario en una batalla de ingenio.

Mientras caminaba por el largo pasillo con la intención de compartir estos chocolates con el capitán, de repente vi a Clauen, que traía un bolso de cuero cuadrado, acercándose a mí desde el otro lado del pasillo. Parecía que había archivos importantes dentro del bolso. Le hice un gesto con la mano.

—¡Clauen!

—Oh, señorita Epheria.

Me miró mientras me acercaba a él. Ahora que lo pienso, al principio este tipo también se opuso a mi compromiso con el capitán.

—Escuché que también deseabas que el capitán Jullius obtuviera un título apropiado de noble. ¿Es eso cierto?

Clauen asintió brevemente en afirmación a mi pregunta.

—Será beneficioso para él en muchos sentidos tener un título de noble. Su Majestad el emperador y también otras facciones nobles tendrán menos posibilidades de controlarlo.

—¿Así que también quieres que me case con él?

Clauen se estremeció ligeramente y luego asintió con la cabeza.

—Es cierto que espero que ustedes dos se casen.

—En aquel entonces me dijiste que no pensara en ello nunca.

—La situación era diferente en ese momento… —murmuró avergonzado y me miró directamente—. Mientras te cases con el capitán, puedo conseguirte lo que quieras.

No me digas. ¿De verdad?

—Pareces muy seguro de ti mismo.

—En este mundo, puedes resolver casi cualquier cosa con dinero. Debido a su posición como capitán, tiene muchos enemigos que desconfían de él y también deseo darle un título de noble.

—Aparentemente tienes mucho dinero, ¿eh?

—Alrededor de unos 10 millones de oro.

—Eso es mucho. ¿Son tus ahorros acumulados?

—No. Ese es mi ingreso promedio de cada año.

Por un momento me quedé sin palabras. ¿Todos los años? ¿En serio?

—¡¡Oye!! ¡Incluso el presupuesto anual de la Santa Iglesia es menos de 5 millones de oro!

—Es natural que así sea una iglesia. Aunque mis ingresos son de 10 millones de oro, sólo vale el 1,5% del total de las ganancias de la asociación de comerciantes occidentales en un año.

—¡Dijiste que sólo eras un intermediario!

—Y gracias a que lo soy, me dan una parte. Inicialmente mi parte era el 3% de las ganancias, pero le di la mitad al capitán Jullius, así que ahora sólo me queda el 1,5%.

—¿Qué…?

¡Resulta que el capitán es asquerosamente rico! ¡Ese viejo bastardo de Ortzen estaba diciendo tonterías sobre un plan de jubilación cuando no hay nada de qué preocuparse! No habrá problemas incluso si él no obtiene un título de noble. ¡No es de extrañar que Ortzen no parezca interesado en mi riqueza, porque en realidad me engañó de nuevo!

—Esto es absolutamente un secreto. Si este hecho es conocido por otros, ten por seguro que habrá muchos insectos que quieran acercarse al capitán sólo por su dinero.

Eso es verdad.

—¿Está bien que me digas esto?

—Te aceptaré con los brazos abiertos si te vas a casar por dinero.

—Para tu información, también tengo mucho dinero.

—Entonces, será mejor si te casas con el capitán por buena voluntad.

Su actitud sufrió un cambio drástico. ¿Era un título de conde tan codiciado? Sabía que tenía buenas intenciones, así que no me importó su cambio de actitud porque actuó de esa manera por el bienestar del capitán. Ortzen puede tener malas intenciones, pero creo que este mocoso que tengo delante se preocupa sinceramente por el capitán.

—No es sólo un centavo o dos, sino que incluso le diste cada año esa generosa cantidad de dinero al capitán Jullius. Te agrada bastante, ¿verdad?

—Ya te lo dije antes, lo conozco desde que era un niño.

—¿Te ocupaste de él?

—En lugar de decir que me ocupé de él… —Clauen parecía avergonzado y luego continuó con sus palabras—. Se podría decir que yo era el que estaba siendo protegido por él.

—¿Desde que eras un niño?

—P-Por supuesto que también ayudé un poco… Pero cómo decirlo, era un cobarde en ese entonces.

Francamente reveló su vergonzoso pasado. De alguna manera quería darle una palmadita en la cabeza.

—Está bien, confío en ti.

—¿Qué estás diciendo de repente…?

—Quienquiera que seas, confío en ti.

Si eres un demonio o un humano, no importa. Clauen pareció algo confundido por un momento antes de sonreír ligeramente al final.

—Gracias por confiar en mí.

—No es necesario que me agradezcas porque me he decidido por ello. Además, estoy segura de que el capitán Jullius también cree en ti.

—¿Es así…?

—Sí.

Por supuesto que es precisamente así. Clauen permaneció en silencio por un momento con una cara torpe que parecía no saber qué decir.

—Aunque seas tú la que lo dijo, estoy feliz —respondió de forma tímida.

♦ ♦ ♦

Al día siguiente, la ceremonia de compromiso entre el líder del Escuadrón de Tareas Especiales, el capitán Jullius, y la hija del conde Epheria, Silla Epheria, fue oficialmente anunciada por la corte real.

—Aunque realicen esta ceremonia de compromiso con tanta prisa, ¿cómo no pudieron enviar ninguna invitación? ¡¿Existe alguien que haga las cosas de esta manera?!

Ya que recientemente ocurrieron varios accidentes, la ceremonia de compromiso se celebrará sólo entre las partes correspondientes. Cuando Sofia oyó la noticia, se enfadó de inmediato hasta que su respiración se volvió irregular. Ignoré sus quejas mientras miraba el vestido enviado por Ortzen que estaba en la cama. Era bastante largo y lo más importante, era blanco. Me daba miedo llevarlo porque podría mancharlo. Me pregunto si es necesario llevar un vestido blanco durante una ceremonia de compromiso.

—¡Incluso la ceremonia fue anunciada el día antes de que el evento tenga lugar! La ignoran completamente, señorita.

—No, no es así. Creo que lo hicieron para evitar que algunos insectos problemáticos pusieran sus ojos en nosotros.

Si las invitaciones se enviaban mucho antes de la ceremonia de compromiso, esas personas codiciosas tendrían bastante tiempo para tramar un plan que cause disturbios durante la ceremonia.

—¿Insectos?

—Bueno, algo así.

Deliberadamente no le dije a Sofia los detalles. Si ella supiera que me convertí en un tesoro debido a mi riqueza, estaba segura de que se pondría más agitada. Incluso lloraría hasta morir diciendo que es un desperdicio para mí casarme con el capitán Jullius.

Sofia… en realidad no sabes que el capitán es muy rico.

Sólo con sus ingresos de un año, podríamos comer y vivir bien toda la vida. Si este hecho se diera a conocer al público, se ganaría la atención de la gente codiciosa que trata de obtener una parte de ella.

—Vamos a poner el vestido primero…

Sofia dejó escapar un largo suspiro de angustia y luego levantó cuidadosamente el vestido de la cama. Me temo que podría dejar una mancha en él si me lo pongo ahora.

—¿Qué le harás a la joven señorita y al joven amo? —preguntó mientras me ayudaba a cambiarme.

—Si bien Vires no es parte de la casa de la familia del conde, Roanne sí. A pesar de haberle dicho que le daré una generosa cantidad de dinero para sus dotes, parece que sigue siendo testaruda. ¿Quiénes eran de nuevo? Descubrí que una familia de condes de la que nunca había oído hablar vino y se la llevó.

Aunque es sólo una hija ilegítima, sigue siendo la hija del conde. Si muriera antes de casarme o renunciara a mi derecho como heredera, el hombre que se casara con ella se convertiría en el próximo conde Epheria. Por lo tanto, debido a ese hecho, parecía que había muchos nobles que se acercaban a Roanne. Gracias a esto, ella no tuvo que preocuparse por no poder comer y vivir bien y declaró en voz alta que no necesitaba ninguna riqueza, pero exigió sus derechos para ser reconocida como miembro de la familia del conde Epheria.

—Ella todavía vale algo, de manera que puede vivir bien al menos hasta que me case. Cuando no le quede nada de valor y la echen, en ese momento le daré algo de dinero y le diré que se ocupe de su propia vida.

Le dije que me ocuparía de ella, pero si estaba siendo obstinada y se fue por su propia voluntad, entonces no puedo ser de ayuda. Si causa algún problema en el futuro, Ortzen podría manejarlo como le pareciera.

—¡Señorita, está muy hermosa!

Después de cambiarme al vestido blanco, fui arrastrada al espejo de cuerpo completo por la muy emocionada Sofia.

—Aunque la ceremonia de compromiso no se celebra dentro del palacio, su vestido y sus joyas son muy lujosos. ¡Pero por supuesto, la señorita ya era muy hermosa!

—Hmm.

Miré el reflejo de una mujer que llevaba un vestido blanco en el espejo. Bueno, es muy lindo. Creo que oiré a los demás decir que soy bonita si sonrío un poco.

—Bueno, no es nada.

—¿Qué quieres decir con no es nada? La señorita se convertirá en el centro de atención en cualquier fiesta a la que vaya.

—Oye, no es precisamente así. Hay muchas mujeres hermosas en el imperio.

Lo sabía muy bien porque solía asistir a varias fiestas en el pasado. Después de todo, yo era alguien que había escoltado a todas las mujeres hermosas del imperio más de una vez. En respuesta a mis palabras, Sofía estaba un poco abatida y se puso a hacer pucheros con los labios mientras decía—: Bueno… la gente dice que la hija del duque Kidia es la mujer más hermosa del imperio.

—¿Qué? ¿La mujer más hermosa del imperio es la hija del duque Kidia? ¿Quién demonios te dijo eso?

—Muchas personas. Una deslumbrante belleza rubia platino con un par de ojos púrpura brillantes como joyas que la hacen parecerse a la Diosa…

—Eso es una blasfemia —dije firmemente, chasqueando mi lengua—. En todo este imperio, sólo hay una persona que puede igualar la belleza de la Diosa.

—¿Quién es…?

—El Sumo Sacerdote.

Los ojos de Sofía se abrieron de par en par con una increíble mirada en su rostro.

—Sin embargo, es la primera vez que oigo hablar de ello… Además, el Sumo Sacerdote es un hombre.

—¿Hay alguna regla que diga que un hombre no puede ser bello?

Aunque soy mujer, fui considerada el hombre más hermoso del Imperio.

Pero aun si lo dijera, Sofia dudaría de mis palabras.

—Sin importar cómo lo mire, ¿cómo puede un hombre ser más hermoso que una mujer?

—El Sumo Sacerdote es la encarnación de la Diosa. No importa si él es hombre o mujer, está más allá de los estándares humanos.

—¡Pero todavía no puedo creerlo! Además de eso, la señorita nunca se ha reunido con el Sumo Sacerdote. La gente dice que la hija del duque Kidia es la mujer más hermosa porque la han visto en persona.

Solía encontrarme mucho con él. ¡Incluso actué como su guardaespaldas! Sin embargo, no puedo decirlo.

—Es verdad.

—Pero… No, olvídelo. Está bien, lo entiendo.

—De verdad lo es.

—Está bien. Ahora, pondré este accesorio para el cabello en tu cabeza, así que por favor bájala un poco, señorita.

Sofía movió su mano y fingió escuchar mis palabras. De alguna manera me sentí apenada. Consideré llevarla a la iglesia después de que terminara el compromiso.

♦ ♦ ♦

Como estaba previsto, la ceremonia de compromiso se celebró sencillamente dentro del cuartel general del Escuadrón de Tareas Especiales. Sofía estaba insatisfecha pero en realidad, la ceremonia se hizo mayormente de manera informal sólo intercambiando regalos de compromiso. A diferencia del matrimonio, un compromiso tiende a ser cancelado por varias razones, la mayoría de las cuales son causadas por las circunstancias familiares de cada lado. En particular, esto sucedía más en la mayoría de los matrimonios políticos donde cualquiera de las partes puede tener un cambio de actitud a mitad del compromiso si parece que encuentran otra oportunidad más beneficiosa antes de casarse de verdad. Por lo tanto, a menos que el novio fuera el hijo mayor de una familia noble o alguien de una familia influyente que tuviera una gran riqueza y una gran autoridad, es raro que haya una gran ceremonia de compromiso.

La ceremonia tuvo lugar al aire libre en el jardín, bajo un buen tiempo con un cielo azul claro. En realidad, fue más una fiesta en el jardín que una ceremonia de compromiso. En una larga mesa decorada con flores rodeaba de sillas, se prepararon muchas delicias como chocolates, pudines, tortas, pastelillos, dulces, pasteles, jaleas, galletas, tartas y bebidas. A mis ojos, todo estaba bien y era muy satisfactorio, pero Sofía tenía una mirada escandalosa en su rostro y dejó escapar un pequeño suspiro.

—Esto no parece una fiesta de compromiso sino la fiesta de cumpleaños de un niño…

No podía hacer ninguna comparación ya que nunca he tenido una fiesta de cumpleaños, y mucho menos he recibido alguna felicitación de ello. Ahora que lo pienso, ¿el capitán Jullius tampoco sabía de su cumpleaños? Estaba a punto de correr hacia él, que estaba parado en la entrada del jardín esperándome, pero Sofía rápidamente me agarró del brazo.

—¡No corras! —me regañó en voz baja—. Por favor, presta atención a tu conducta. Para ser una buena dama necesitas moverte lenta y firmemente.

Qué manera tan frustrante de vivir… No podría ser más correcto no casarse con un noble ordinario. Debido a las quejas de Sofía, caminé lentamente hacia el hombre que pronto se convertirá en mi prometido. El capitán Jullius, que llevaba un traje negro que le quedaba bien al cuerpo, inclinó su cabeza y me miró. Bueno, mis estándares son muy altos, pero creo que en general es hermoso. Pero, por supuesto, mi yo del pasado era más hermoso.

—Señorita Epheria.

Su gran mano me alcanzó. Puse la mía sobre la suya y pude sentir su callosa palma que servía como evidencia que se usaba para empuñar una espada. Hasta hace un tiempo, yo también tenía este tipo de mano. Las mías en este momento eran muy tiernas y no podían usarse para levantar una espada sin la ayuda del poder sagrado.

De alguna manera estoy celosa. ¿Debería morderlas?

El dulce aroma se hizo más notorio mientras caminábamos juntos, uno al lado del otro, por el camino pavimentado que estaba adornado con setos ornamentales formados por bojes. Las personas que se encontraban allí no sumaban más de 20 personas y, a excepción de Sofía y yo, el resto eran miembros del Escuadrón de Tareas Especiales. En realidad, también tengo muchas personas que podrían ser invitadas.

Me siento un poco triste…

No es gran cosa, pero mi corazón se sentía un poco vacío. Todos se sorprenderían si supieran que estoy comprometida. Probablemente no lo creerían.

—Nunca pensé que el capitán se casaría tan rápido.

—Pero sigue siendo sólo un compromiso, ¿verdad?

—El Señor de los Demonios ha decidido que se casen, así que no tardarán mucho en hacerlo de verdad.

—Así es.

Lathy y un joven del que no sabía nada, estaban cotilleando. También pensé que me casaría con el capitán Julius, pero aún no estaba segura de ello. Quién sabe, tal vez un primer amor predestinado aparecería frente a mí o al capitán.

—Estos son los regalos de compromiso.

Ortzen, con una encantadora cara de zorro astuto, abrió la caja envuelta en terciopelo. Dentro de ella, había un par de anillos. De tantas cosas, ¿por qué tiene que ser eso? Es común intercambiarlos durante una boda, pero normalmente la gente podría usar otros accesorios para ser intercambiados en una ceremonia de compromiso.

—Un anillo se usa en tu mano.

—De todas formas, si te casas más tarde, también llevarás uno, así que es mejor acostumbrarse a llevarlo a partir de ahora.

Aunque es posible que no me case. De todos modos, el capitán Jullius y yo agarramos un anillo del interior de la caja de terciopelo al mismo tiempo y estábamos a punto de ponérnoslo en el dedo…

—¡Tienes que ponerlo en el dedo de tu pareja, tu pareja!

Ortzen nos detuvo rápidamente. Oh, así que es así.

—Por favor, devuélveme los anillos.

—Aquí.

Después de que Ortzen cambiara los anillos que teníamos en las manos, nos los pusimos en el dedo del otro. Puedo usar bien ambas manos pero normalmente uso mi mano derecha más a menudo mientras que el capitán Jullius es diestro así que ambos nos ponemos el anillo en la mano izquierda del otro. Ahora está hecho.

—De ahora en adelante el capitán Jullius es mi prometido.

—Y la señorita Epheria es mi prometida.

—Sí.

—Hmm.

Ahora que ya estamos oficialmente comprometidos, me pregunto si podría dormir con el capitán Jullius. Todo este tiempo tuve que dormir sola después de que Sofía me lo prohibiera desesperadamente y me vigilara, por miedo a que me escapara en medio de la noche.

—Su Alteza Aranea, la primera princesa, ha pronunciado sus palabras de felicitación. También dijo que quería invitarte al palacio en un futuro.

—¿Por qué…?

Le agradezco que me haya enviado palabras de felicitación, ¡¿pero por qué quiso invitarme a su palacio?!

—¿Tengo que ir si ella me invitó?

—No hay ninguna razón para que no vayas. Normalmente, este tipo de invitación es un honor para el receptor. Su Majestad la emperatriz solía ser una santa, así que no se involucra en ninguna actividad social más que en un banquete oficial. Así, antes de que Su Alteza el príncipe heredero se case con una princesa heredera, Su Alteza la princesa Aranea actúa como líder del círculo de la alta sociedad.

—Yo también sé eso.

Ortzen me miró con una obvia mirada de sorpresa en su cara. Oye, solía participar activamente en muchas reuniones de la alta sociedad en el pasado, ¿sabes? Incluso fui invitada al banquete organizado por Su Majestad la emperatriz también.

—Si ya lo sabías, no necesito explicarte más. Si estás invitada, entonces por favor asiste.

—No quiero…

—No eres una condesa sino una hija noble, así que no tienes derecho a rechazar la invitación de Su Alteza sólo porque no quieres ir. Aunque seas una condesa de campo influyente, es imposible rechazarla. Si no estás contenta con eso, tienes que subir a una posición más alta.

—¿Qué tan alta?

—La señorita sólo puede negarse si se convierte en duquesa o gran duquesa.

¿De qué demonios estaba hablando esta persona? Antes de que me enfureciera, el capitán Jullius abrió la boca primero.

—¿Quiere ser una duquesa o una gran duquesa, señorita?

—Todos los duques y grandes duques son hombres casados e incluso el más joven de todos me lleva más de 30 años. En otras palabras, lo que Ortzen quiso decir fue cállate y ve al palacio.

—En realidad hay una posición vacía que es mucho más alta que eso.

—¡Intento evitar al tigre pero me pides que entre en su guarida!

El otro puesto más alto que el de duquesa y gran duquesa que está actualmente vacante no es otro que el de princesa heredera. El capitán Jullius me dio una palmadita en el hombro cuando me vio furiosa.

—Si no tienes más remedio que ir, haré todo lo posible para protegerte.

—Capitán…

Al final, mi prometido es la única persona en quien puedo confiar. Si el capitán Jullius está dispuesto a ayudar, entonces huir no será un problema. Ortzen nos miró mientras apretábamos nuestras manos con una mirada patética en su rostro.

—No es como si Su Alteza quisiera atraparte y comerte viva.

—¿No es un problema si tiene ganas de hacerlo? Como defensa propia, podemos enfrentarla llevando una espada.

—Ah, está bien. Creo que me expresé mal.

Era problemático porque era imposible resolverlo simplemente con violencia.

Quería comer algo que se sirviera después de que termináramos de intercambiar los anillos, pero de repente sentí que el capitán Jullius se puso tenso. Quería saber qué le había pasado, así que seguí su línea de visión, pero no había nada raro.

—¿Qué es?

—Eso… en realidad…

Mientras el capitán aún dudaba, vi a alguien acercándose a nosotros dentro del jardín. Un hombre robusto de unos cincuenta años caminaba a grandes zancadas y con pasos pesados. Sentí que había visto a esta persona en algún lugar, me pregunto quién es. Mirando sus movimientos corporales, es obvio decir que alguna vez fue un soldado entrenado. En realidad, ¿quién podría ser él para hacer que el capitán Jullius se ponga así de tenso, similar al estado en el que estaba cuando me encontré con la princesa Aranea?

En ese momento, Ortzen notó la presencia del hombre que acababa de entrar en el jardín y se acercó inmediatamente y lo saludó.

—Bienvenido, General Herva. Cuánto tiempo sin vernos.

—¡Veo que todavía estás vivo!

—Sucedió que todavía soy útil.

¿General Herva? Estoy segura de haber escuchado… ¡Ah! Inmediatamente le di un codazo en el costado al capitán Jullius.

—¿No es tu guardián?

—Es verdad… —respondió el capitán temblorosamente. ¿No era tan buena la relación entre él y su guardián? Bueno, tampoco era tan cercana con el mío, el primer ministro Mord. Pero parece que el general Herva es una buena persona. Bueno, ya sabes, el primer ministro es muy meticuloso, estricto y tenso en comparación… Estaría muerta si se enterara que me comprometí al azar sin informarle.

El general, que terminó su saludo con Ortzen, se acercó a nosotros con una sonrisa radiante en su rostro. Por su aspecto exterior, parecía una buena persona, ¿pero por qué el capitán Jullius daba la sensación de querer huir? O tal vez, en realidad, ese hombre da mucho miedo.

—¡Yujuuu! ¡Nuestro capitán del Escuadrón de Tareas Especiales! ¡Y también la señorita prometida! Encantado de conocerla.

El general Herva, riéndose, me extendió la mano. Tal vez esto esté bien si me encontrara en mi antiguo cuerpo, pero ahora que soy una dama noble… el pedirme que le dé la mano lo hace una persona muy singular. Estreché mi mano con la suya y me incliné ligeramente ante él.

—Encantada de conocerle, general Herva. Soy Silla Epheria.

—No hay necesidad de ser tan educada, puedes llamarme tío. ¡Después de todo, la señorita Silla es la prometida de mi ahijado!

—¿No eres su guardián?

—Eso es lo que el público sabe. Bueno, verás, a medida que crezco, hay algunos idiotas que me vigilan porque no tengo hijos.

Oh, así que es así. Por otra parte, los parientes del general Herva estarían descontentos si se enteraran de que un ahijado apareció de repente cuando se supone que no tiene hijos. No sólo el hijo biológico y el hijo adoptivo, sino que un ahijado también tiene derechos de herencia.

—Ahora, entonces…

El general Herva puso su gran mano en el hombro del capitán Jullius. Al mismo tiempo, los pálidos ojos grises del capitán fruncieron el ceño.

—Hoy es un buen día, ¿así que deberíamos tomar un trago después de tanto tiempo? Por supuesto, la señorita Silla también podría veni…

—La señorita Epheria no puede beber alcohol —dijo firmemente el capitán Jullius, cortando las palabras de su padrino. Extendió sus manos frente a mí como si me estuviera protegiendo—. También me disgusta su sabor.

—¿Así que quieres pedirle a tu padrino, al que no has visto en mucho tiempo, que beba solo? No seas así, ¡bebamos juntos! ¿Qué hay de divertido en beber solo?

—No, no quiero.

—Vamos, no deberías huir así delante de tu prometida. No seas así…

—También me disgusta —expresé mi opinión de repente.

Con ello, la mirada del general Herva se volvió hacia mí. Al mismo tiempo, el capitán Jullius entró en pánico y esta vez no sólo usó sus brazos para protegerme, sino que se paró delante de mí, usando todo su cuerpo para obstaculizarlo.

—Padrino, señorita Epheria…

—El alcohol sabe mal.

Extendí mis manos y las envolví alrededor del cuello del capitán y luego las colgué en su espalda. Escuché el sonido de alguien que me reprendió gritando—: ¡Señorita! —Por allí, pero elegí ignorarlo y me apoyé en los hombros del capitán. Luego, miré directamente al general Herva.

—¡No deberías tratar de forzarnos a consumir algo que no sabe bien!

El general se sorprendió un poco y luego volvió a reír.

—Es porque la señorita aún no conoce el verdadero sabor del alcohol.

—Realmente sabe mal.

Aunque dentro de la iglesia hay una regla que prohíbe cualquier consumo de bebidas alcohólicas, había bebido en secreto un poco por mi curiosidad. Tomé un sorbo y lo escupí de inmediato.

—Capitán, usted también cree que sabe mal, ¿verdad?

Al escuchar mis palabras, el capitán Jullius echó un vistazo a su padrino antes de asentir con la cabeza.

—Sí, sabe mal.

—¡Ves! ¡El capitán también lo dijo!

—Lo que dijo la señorita Epheria es cierto, el alcohol sabe mal.

—Hay toneladas de cosas deliciosas en el mundo, ¿por qué trataste de hacernos comer algo que no es delicioso? No seas así, tío Herva.

—No seas así, padrino. Además… —El capitán Jullius dudó por un momento y luego dijo—: Tu capacidad para beber es demasiado. —Con un tono que parecía ser el resultado de sufrir una experiencia dolorosa después de haber bebido con él en el pasado.

Le lancé una mirada de reproche al tío Herva.

—Tío, no deberías beber en exceso. Beber demasiado alcohol es dañino para tu cuerpo. El capitán Jullius es mi prometido, así que incluso si tú eres su padrino, no deberías forzarlo a beber.

El capitán Jullius es mío. El general Herva que nos miró en blanco a los dos, se rascó la parte de atrás de su cabeza.

—Oh… Esto es muy… Pensé que este compromiso era sólo otro plan de Ortzen para conseguir a la familia del conde, pero… supongo que no lo parece.

Pero es cierto. Este es un matrimonio político.

—Señorita Silla.

—Sí.

El tío Herva me miró con ojos gentiles.

—Dependeré mucho de ti de ahora en adelante.

—Yo también estaré a tu cuidado, tío.

El capitán es huérfano, así que el tío Herva, su padrino, podría ser considerado como mi futuro suegro. El general se disculpó por venir con las manos vacías y luego comenzó a alejarse. Al verlo lejos, el capitán suspiró aliviado.

—Creo que es una buena persona.

—Eso es cierto pero… es un poco terco.

—¿Te ha costado mucho enfrentarte a él?

—Sí.

De forma honesta, asintió con la cabeza. Sin embargo, como el capitán Jullius tiene una personalidad suave, es inevitable que sus personalidades no coincidan. Necesito protegerlo bien. Miré a mi futuro suegro que estaba conversando con Ortzen por un momento, antes de bajar de su espalda. Tan pronto como mis pies tocaron el suelo, Sofia, que me había estado mirando fijamente, se acercó y empezó a regañarme en voz baja.

—¡Señorita! ¡No debería aferrarse a la espalda de otra persona!

—No es cualquier persona. Es mi prometido.

—Aunque no sea tu prometido, sino tu esposo, no deberías hacer eso delante de todos los demás.

Vivir como una dama noble de verdad difícil… Viendo que Sofía parecía que iba a seguir molestando por un tiempo, me aferré rápidamente al costado del capitán Jullius.

¡Sálvame!

—Sofia me está molestando.

—¡Señorita!

¿Por qué? En momentos como éste, es el deber de mi prometido protegerme. El capitán, nervioso, nos miró a mí y a Sofía por turnos, y luego me abrazó.

—No molestes a mi prometida.

—Eso, no es así…

Sofía se echó para atrás e inclinó la cabeza. Oh, bueno, la mayoría de las mujeres ordinarias lo pasaron mal cuando se enfrentaron al capitán Jullius. Evitó la mirada del capitán y se agarró las manos con fuerza.

—Mi señor… creo que no debe permitirse el comportamiento infantil de la señorita. Ahora que ya están comprometidos, deben prestar más atención a su comportamiento en público.

—Pero, ella dijo que no le gusta.

—Aunque no le guste, lo que debe hacerse, debe hacerse.

Si bien Sofía no se atrevió a mirar directamente al capitán, aun así expresó su opinión con determinación. Emm, me siento un poco ansiosa. En realidad, lo que dijo no está mal.

—El capitán no me abandonará, ¿verdad? —le susurré al capitán mientras lo abrazaba por el cuello.

—No lo haré.

—Entonces, vamos a ir allí, ¡apúrate!

Mientras señalaba la larga mesa donde se apilaban pulcramente muchos pastelillos de colores, el capitán Jullius comenzó a dirigirse a ese lugar. Sofia trató de seguirnos, pero después de unos pasos, finalmente se rindió y dejó escapar un largo suspiro al final. Me sentí un poco culpable, pero al menos debería pasar por alto mi mal comportamiento mientras aún estamos dentro del cuartel general del Escuadrón de Tareas Especiales.

Mientras nos acercamos a la mesa, la gente que se había reunido allí primero se dispersó furtivamente. El capitán tomó un pastelillo y me lo dio.

—Señorita Epheria.

—¿Sí?

Está delicioso. ¿Fue hecho por la señorita Ira?

—¿Te importaría si también te llamo por tu nombre como mi padrino?

—Eso…

Al principio quise dar mi consentimiento, pero al final sólo cerré la boca. Es porque en realidad no soy Silla. Cuando nos reunamos con el Sumo Sacerdote mañana, el capitán Jullius sabrá que soy Roel. Ugh, después de pensarlo mucho, significa que lo he engañado. Pero, la Silla que el capitán Jullius conocía siempre había sido yo desde el principio, y nunca cambiaría, así que debería estar bien.

—Ahora no. Mañana después de que vayamos a la iglesia, puedes llamarme por mi nombre.

Tal vez cuando llegue el momento, ya no sea Silla.

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