Gato K – Capítulo 34

Traducido por Anissina

Editado por Ayanami

—Oh, Dios. ¡Mira a  ! —Exclamó Julia, con una voz tan dulce como la de un ruiseñor. Al oír esto, las doncellas dispersas por aquí y por allá se apresuraron a reunirse a su alrededor. Miré a las doncellas que me rodeaban con ojos hoscos.

—¡Oh, Dios mío! ¡¿Qué debería hacer~?!

¿Cómo que qué hacer? ¿Qué vas a hacer?

—¡Ah! ¡Es tan lindo que podría morir~!

¡No te mueras!

—¡No puedo! ¡Es tan adorable que podría morir!

¡Pero todavía tienes que seguir viviendo!

Cada una de las sirvientas hizo un escándalo sobre cómo iban a morir. Sus voces eran tan agudas que me dolían los oídos. Pero yo era el tipo de hombre que sabía ser comprensivo con las mujeres, a veces. Algo como que las criadas fueran un poco alborotadoras era algo que debía soportar.

—Mariposita, ¿tanto te gusta? —Preguntó Julia. Miré alrededor del nuevo escondite del que había tomado posesión. Era perfecto.

Mm. Me gusta un poco.

Nyan, mientras maullaba, las criadas empezaron a hablar de morir de nuevo, incluso de que no podían seguir viviendo y armaron un escándalo. Sólo me gustaría que no se murieran de verdad.

Me retorcí y abracé el ovillo de hilo rojo.

El ovillo era suave y redondo, perfecto para abrazarlo y rodarlo. Era tan grande que tuve que sacar las garras y asegurarlo clavando los dos lados, pero eso también me gustó. A decir verdad, me había enamorado a primera vista. Como tenía un gran bulto lo llamaría 「”Bulky”」.

Ayanami
«Bulky» Al ser un nombre propio se respetará el nombre en inglés ♥

En este momento, estaba dentro de la cesta de tejido de Julia. Para ser más precisos, estaba dentro de la cesta de punto abrazando un ovillo de hilo rojo. Rodar a la derecha, rodar a la izquierda; nada podía ser más divertido que sostener esta gran cosa y rodar de lado a lado. Por supuesto, al no ser un tipo fácil, también rodaba hacia delante y hacia atrás de vez en cuando.

Había otra cosa buena. Era la cesta de punto profunda que ocupaba. Debido a la forma de ésta, su borde era bastante alto y perfecto para rodar. Rodando a la derecha, rodando a la izquierda, mi espalda siempre estaba bien pegada a la cesta.

Los diversos cojines y almohadas que las criadas y Julia me habían hecho a diario eran todos desechables, pero parecía que esta cesta era única. No sabía por qué Julia no me la había regalado antes.

Julia, que había estado retorciéndose durante un rato, finalmente se tranquilizó y volvió a estar absorta en su tejido. Verla sentada en una silla tejiendo era algo muy femenino. Desde luego, era una mujer… sobre todo por el tamaño de su suave pecho.

Pero había surgido un problema.

Cada vez que las manos de Julia se movían, un hilo rojo se desenredaba de mi ovillo. Golpeé ese trozo de hilo con mis patas delanteras.

No. Esto es mío. Mío.

Pero con mi interferencia, el hilo se desenredó obstinadamente. Mirando a Bulky, no había mucho cambio en el tamaño, pero lo sabía bien. Si se dejaba así, este adorable chico se encogería y acabaría desapareciendo.

Abrazando a Bulky con todas mis fuerzas para no perderlo, observé fijamente a la asesina que era Julia. Pero ésta se encontraba tan absorta en su tejido que ni siquiera era consciente de a quién estaba matando. Pero aun así, no podía arañar ni agujerear con los dientes a la bonita Julia por eso.

¿Qué debería hacer?

Por un momento, pensé, mirando a Bulky, a Julia y al hilo rojo que se desenredaba. Esta acogedora cesta y Bulky, nunca podría renunciar a ambos. En cuanto pensé en perder a uno de los dos, se me saltaron las lágrimas.

Me arrepentí. Nunca debí venir a esta habitación donde descansaban las Julias[1]… Nunca hubiera conocido este dolor de perderlos si nunca hubiera sabido de su existencia.

Todo esto fue por culpa de ese Sugar Prince que había rozado su cara contra mis labios. Si no fuera por ese tipo, no habría buscado refugio en esta habitación, y no habría tenido este encuentro tan doloroso para el corazón.

Mientras pensaba, Bulky, que estaba entre mis brazos, se iba haciendo, poco a poco, más pequeño. Con una mente decidida, me levanté. Y le susurré:

—Bulky. Te salvaré, pequeña.

Mirando a Julia, que se perdió en el tejido.

Me deslicé ligeramente fuera de la cesta y, mordí el borde de la misma. El cesto, tejido con algo parecido a la paja, era bastante pesado, pero no era tanto como para no poder cargarlo. Aunque no pudiera levantarla, tenía que hacerlo para salvar a Bulky.

Mordiendo la cesta en mis mandíbulas, me puse de puntillas hacia la puerta.

Cuatro metros… tres metros… dos metros…

A medida que me acercaba a la puerta, me dolían la mandíbula y los dientes, pero persití.

Dos metros… un metro…

Ahora estaba a punto de llegar a la puerta, cuando…

—¡Oh, Dios! ¡Mariposita! ¡No puedes cargar eso!

Julia se puso en pie y venía hacia mí.

Al ver a Julia avanzando a grandes zancadas hacia mí, mordí con fuerza la cesta y me lancé hacia la puerta con todo lo que tenía.

—¡Mariposita!

Oí a Julia llamarme detrás de mí, pero no me detuve. Si conseguía llegar así a la alcoba de Sugar Prince, esta cesta y Bulky serían míos.

—¡Mariposita!

Sólo un poco más lejos. Sólo tengo que ir un poco más lejos.

Mirando la puerta de la habitación que se encontraba ante mí, me esforcé al máximo. Pero, debido al peso de la cesta, no pude soportar más tiempo su sujeción.

—Dios mío. Serás mi muerte. Ven aquí, Mariposita.

En última instancia, había planeado dejar la cesta en el suelo y recuperar el aliento, pero Julia se acercaba cada vez más mientras daba un grito. La cesta y Bulky, Julia y las puertas de la habitación de Sugar Prince, miré entre ellas. Y tomé una decisión. Mientras mordía el Bulky, que estaba dentro de la cesta y salía disparado, Julia me llamó con inquietud. No le hice caso y corrí hacia la puerta. Bulky, que colgaba de mis mandíbulas era más ligero comparado con la cesta y éste juntos, así que estaba bien correr sólo con él.

—¡Mariposita!

En cuanto llegué a la puerta, el guardia que había estado vigilando desde antes me abrió la puerta. Sin demorarme más, me colé dentro.

¿Dónde estaría más seguro?

Ojeé la alcoba, y la gran cama apareció a la vista. Si estaba encima de la cama de Sugar Prince, seguro que no me quitarían a Bulky sin más. Rápidamente salté a la cama.

—¡Mariposita!

Miré detrás mio y vi a Julia entrar en la habitación de la cama. Dejé caer a Bulky, hinché el pecho y levanté la barbilla hacia Julia.

Nyaa

Esto es mío ahora.

La miré con ojos retando a que se acercara a mí si se atrevía pero…

—Pfft

De repente, Julia se tapó la boca con la mano y empezó a reírse. Mientras seguía reprimiendo sus risas, todo su cuerpo temblaba.

—Jajaja

Finalmente, Julia estalló en carcajadas sujetándose el estómago, y me pregunté si había perdido la cabeza por haberle robado el hilo. Pero cuando las criadas que me perseguían entraron y me vieron, Puhahaha, también empezaron a reírse como si hubieran perdido la cabeza. Me pregunté si todas se habían vuelto locas.

—Jajaja… Ma-Mariposita. Jajaja. Oh, Dios mío. Nuestra Mariposita…

Julia, secándose las lágrimas que brotaban de sus ojos, dijo mientras reía y lloraba. Arrugando la cara, desvié la mirada hacia donde señalaba el dedo de Julia.

—…

—…

¡Ay!

Miré debajo de mis patas y salté de sorpresa. Bulky, que definitivamente había sido redondo y regordete cuando me había escapado con él, se había desvanecido en el aire, y en su lugar había un pequeño y enmarañado lío de hilo. Hurgué en las sábanas bajo mis patas buscando al verdadero Bulky. Pero había desaparecido.

—Jajaja. Oh, Dios. Oh, Dios. Nuestra mariposita. Pobrecita, jajaja

Todas las criadas se habían desplomado en el suelo riendo. Di un codazo con la pata al pequeño fardo de hilo que tenía delante en lugar de a Bulky. El manojo estaba unido a un único hilo rojo. Levantándome, seguí con la mirada el hilo atado al bulto; bajé de la cama y llegué hasta la puerta. Cuando salté de la cama y saqué la cabeza por la puerta, pude ver cómo el hilo rojo se extendía por todo el pasillo.

—…

Volví a saltar a la cama y levanté las sábanas con la nariz. Y tras hurgar en los pliegues de las sábanas, me hice un ovillo y me acosté.

Mi rojo, regordete y redondo Bulky estaba muerto. Lo había matado al huir imprudentemente con él. Cuando había huido, si me hubiera limitado a morder el cordón atado a la cesta de punto de Julia, entonces Bulky no habría muerto en vano de esta manera.

Todo esto era culpa de ese imbécil de Sugar Prince.

Fue porque ese tipo, de repente, había frotado sus labios contra mí. Si no fuera por eso, habría ido a su oficina con él, y no habría conocido a Bulky. Villano. ¡Bastardo pervertido!

[1] Se está refiriendo a las criadas. Al parecer para él todas son Julias.

Bulky: El original dice Butterfly pero como se refiere a nuestro querido minino pues me parecía feo dejarlo como Mariposa. Así suena más tierno

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