Traducido por Lugiia
Editado por Freyna
—¿Hm?
Una disculpa significaba pedir perdón y hacer las paces. El concepto era bastante sencillo, pero Yulan se sentía totalmente perdido. La propia Violette se esforzaba por ordenar sus pensamientos; sus ojos se desviaban y sus dedos estaban rígidos. Su actitud resuelta casi nunca se derrumbaba; era raro verla en ese estado.
—Um, ¿he vuelto a hacer algo? —preguntó Yulan.
—No, en absoluto…
Incapaz de explicarse adecuadamente, Violette se arrepintió de haber hablado. Quería disculparse por la repentina aparición de Maryjun. El ultimátum de su padre la había enfadado porque Yulan le había preparado todo esto. Sabía lo que él sentía por Klaude, así que comprendía lo difícil que debía ser para él pedirle ese favor. La había hecho increíblemente feliz y quería hacer lo que pudiera para devolvérselo.
No obstante, su padre no tenía la más mínima consideración por los esfuerzos de Yulan o la gratitud de Violette. Sus palabras eran ley. Violette podía tolerar sus insultos, pero tenía que oponerse cuando se convertían en algo más que eso.
Y en este caso sentía que no solo la menospreciaba a ella, sino también a Yulan.
Ahora que estaba con él, su rabia se había convertido en culpa. Quería disculparse por la descortesía de su padre, por haber involucrado a Yulan en sus problemas familiares y por hacer que soportara un ambiente incómodo durante las sesiones de estudio. Sin embargo, cuando intentó expresarlo con palabras, tuvo que reprenderse a sí misma por ser tan desconsiderada.
—Um… Es sobre Maryjun.
—Oh, eso no me molesta. Después de todo, no soy yo quien le enseña.
—Ah, sí… Eso es cierto.
Por supuesto que Yulan diría eso. Aun así, Violette no podía sentirse satisfecha con la facilidad con la que él apartaba el asunto hasta que ella lo pensara por sí misma. Violette se había precipitado, impulsada por su propia culpa, pero Yulan no había estado allí para oír las palabras de su padre. Si Maryjun le hubiera planteado el asunto, seguramente habría omitido gran parte de los matices. Maryjun siempre supuso la buena fe de su padre, ya que sus palabras le llegaban envueltas en un amor paternal absoluto. Si Yulan hubiera escuchado la explicación de Maryjun para unirse al grupo de estudio no contendría la incomodidad de Violette, ni su culpabilidad, ni el contexto que la llevaba a disculparse ahora.
Lo que significaba que no había necesidad de contárselo todo a propósito y hacerle sentir incómodo. Por suerte, no importaba si el extraño comportamiento de Violette llamaba la atención de Yulan. A ella no se le había escapado nada de lo que había querido decir en un principio, y mientras pudiera engañarle, seguro que él no iba a husmear más.
—Bueno, siempre que te parezca bien… Estaba un poco preocupada desde que de repente traje a otra persona.
Se preguntó si estaba sonriendo correctamente. Las comisuras de sus labios se levantaron, pero eso fue todo. Bajó su rostro todo lo que pudo, con la esperanza de ocultar su expresión. Prefería que él viera a través de los huecos de su flequillo a que escrutara su torpe sonrisa.
—Siento haberte entretenido. Si no nos damos prisa en volver, nuestra sesión de estudio no será más que un descanso.
Se preguntó cuánto tiempo había pasado desde que salieron del salón. Si tardaban demasiado, perderían un valioso tiempo de estudio. Su ausencia podría convertirse en motivo de preocupación, y Violette temía imaginar la clase de problemas que su bondadosa hermanastra podría crear.
Ella tocó ligeramente el brazo de Yulan y le incitó a volver, con la esperanza de pasar a su lado. No importaba la expresión que llevara, no la descubrirían.
Justo entonces, su cálida mano se extendió y agarró la suya para detenerla.
Ella soltó una pequeña exclamación de sorpresa y estuvo a punto de caerse; sin embargo, su cuerpo fue tirado ligeramente hacia atrás, y la parte posterior de su cabeza tocó algo sólido pero cálido. Fuera lo que fuese lo que la sostenía, lo hacía con un toque más ligero que el aire. No obstante, antes de que pudiera levantar la vista, una voz sonó por encima de ella.
—De verdad, estoy bien.
Violette no se atrevió a responder. La estaban abrazando, pero suavemente; él había acercado su cuerpo, pero sus brazos no la rodeaban por la cintura, y ella tampoco se aferraba a él. Era solo un leve roce; ella solo sintió el tenue encuentro del calor corporal.
—Soy mucho más valiente de lo que crees —le dijo Yulan—. Y tampoco voy a dejar que hieran mis sentimientos.
Aquel Yulan joven y herido que había estado a las puertas de la muerte ya no existía. Desde el día en que Violette lo salvó, el corazón de Yulan se había hecho más fuerte. Aunque Violette seguía mimándole como a un hermano pequeño, él se había vuelto lo bastante audaz como para recibir sus mimos sin preocuparse de lo que pensaran los demás. No le importaban en absoluto esos miserables, sus impresiones o sus palabras. Si Violette estaba bien, si lo permitía, si lo aceptaba, entonces todo estaba bien. Nada más importaba.
—Estoy bien. Gracias por preocuparte por mí —añadió.
Yulan no podía adivinar lo que pensaba Violette o lo que le preocupaba. Más bien, solo tenía una ligera idea. Lo único que sabía era que se sentía en deuda con él por el asunto de su hermanastra, pero Violette no necesitaba preocuparse por nada. A los ojos de Yulan, Maryjun era tan inútil como un guijarro en el camino.
Un guijarro que supusiera un problema para Violette sería erradicado sin discusión. No obstante, si Violette estaba fuera de juego, Yulan no tenía ni una pizca de interés en Maryjun. En todo caso, la presencia de Maryjun era algo bueno, ya que significaba que Yulan no tenía que ver a Violette y Klaude actuando como pareja de estudio.
—No me importa nada mientras pueda estudiar contigo. No me importa si otras personas van o vienen. —A pesar de la profunda verdad de aquella afirmación, mantuvo un tono ligero.
Violette guardó silencio, con la mirada baja. Empujó suavemente su hombro y devolvió el espacio que había entre ellos. Le soltó la mano, se puso a su lado sin mirarle a la cara y empezó a marcharse. Los dos caminaron al mismo paso.
—Sé que eres valiente, Yulan —dijo Violette.
—¿Ah, de verdad lo sabes? Lo que sea que estés pensando, yo lo soy diez veces más.
—Una persona humilde no se impondría al príncipe.
—¿Sigues disgustada por eso?
—Estoy agradecida por lo que hiciste, pero, aun así, me dio un susto de muerte.
—¡Entonces, parece que no tengo motivos para reflexionar o arrepentirme!
—¿Ni siquiera un poco de reflexión?
Su conversación fue informal como siempre; no había ni rastro de la intimidad que acababan de experimentar. Violette aceptaba todo lo que Yulan le ofrecía. Al fin y al cabo, su afecto por ella no era nada inusual.
Sin embargo, la oscuridad que anidaba en el pecho de Violette se sintió un poco más ligera.