Traducido por Adara
Editado por Sakuya
Heinley había estado un poco extraño después de asistir a la boda. Parecía desanimado…
De camino a la boda, había disfrutado de nuestro tiempo juntos en el carruaje. Sin embargo, a la vuelta, parecía deprimido. Aunque íbamos en el mismo carruaje, intentaba no mirarme a los ojos.
Me preocupé y le pregunté qué le pasaba, pero no me respondió.
Sólo me cogía de la mano de vez en cuando, y en un momento dado me preguntó: —Siempre estarás a mi lado, ¿verdad?
—¿Por qué dices algo tan obvio?
Cuando le contesté con una sonrisa, apoyó tranquilamente su mejilla en mi mano, cerrando los ojos.
Incluso a veces me besaba suavemente la mano.
—¿Heinley? —le pregunté.
Era mono, pero hacía cosquillas. Entonces, me hizo una pregunta parecida a la anterior.
—Eres mi esposa, ¿verdad?
¿Por qué mi príncipe pajarito dice cosas tan obvias?
Pensé que era porque estaba cansado en el camino de vuelta. Sin embargo, después de regresar al Reino Occidental, el humor de Heinley seguía siendo similar.
Incluso cuando vino a visitarme, se paseaba de un lado a otro ansiosamente y suspiraba como si tuviera algo que decir, pero no pudiera. Seguía sin responder cuando le preguntaba qué le pasaba.
Nada cambió durante varios días hasta que decidí tomar la iniciativa y animar a Heinley.
Le habían hecho mucho daño en el Imperio del Este. Fue al Imperio del Este por mí, así que quería hacerle sentir mejor.
Pero ¿qué debía hacer? ¿Cómo podía animar de nuevo al deprimido Heinley?
Estuve luchando con este problema durante un tiempo. Mientras pensaba, me fijé inconscientemente en Rose tejiendo. Un ovillo de suave hilo amarillo y unas agujas.
Al ver esas dos cosas, me vino una buena idea a la cabeza.
¡Ropa! Puedo hacerle ropa.
♦ ♦ ♦
Heinley estaba sentado en una posición peligrosa en el alféizar de su ventana, mirando al cielo.
Había una pila de papeles apilados sobre su escritorio en los que se suponía que debía estar trabajando, pero ahora incluso eso estaba fuera de su vista.
El día del último banquete de bodas se repetía angustiosamente en su cabeza hasta el punto de sentirse al borde de la locura.
[—Vuelve.]
[—No quiero que seas la mujer de otro hombre.]
[—Somos una pareja casada, Navier.]
¿Qué respondió Reina a semejante disparate? Heinley hubiera deseado poder escucharlo todo.
La voz de Reina era tan tranquila y baja que no pudo oír su respuesta desde el otro lado de la puerta. Sin embargo, creyó que ella lo rechazó porque oyó al emperador Sovieshu gritar molesto: —¡Navier!
Aun así, su ansiedad no desapareció. Tenía entendido que la Reina y el Emperador Sovieshu habían crecido juntos.
Habían estado tan unidos como hermanos.
¿Y si los sentimientos de la Reina por Sovieshu eran de amor-odio? ¿Y si quería darle otra oportunidad?
Heinley ladeó ligeramente la cabeza mientras pensaba en todo lo malo que podría pasar. Incluso pensó que Reina vendría a verle en cualquier momento y sacaría el tema, diciendo: —Lo siento, pero…
Fue entonces cuando…
—Majestad.
Un caballero entró y le informó de que Rose, la dama de compañía de Navier, había estado aquí. Heinley preguntó entonces: —¿Para qué?
—Su Majestad la Reina tiene algo especial que darte, ha dicho que vaya a visitarla cuando tenga tiempo.
Los ojos de Heinley se abrieron de par en par.
—¿Qué quiere darme Navier?
—Solo sé que es algo hecho por ella misma. Majestad, baje del alféizar. Es peligroso.
¿Es un plato…? No es un aviso de divorcio, ¿verdad?
Inquietud y expectación surgieron en él simultáneamente.
Heinley se apresuró a bajar del alféizar.
♦ ♦ ♦
Heinley apareció en menos de cinco minutos después de que Rose regresara.
—He dicho que vengas cuando tengas tiempo, —le reprendí con una risita.
Heinley se excusó y sonrió avergonzado.
—Me había tomado un descanso casualmente.
Una vez que mis damas de compañía se apresuraron en salir, Heinley me preguntó con un brillo en los ojos: —He oído que querías darme algo. ¿De qué se trata?
¿De verdad había venido durante su descanso? Observando su expresión, parecía haber venido corriendo porque sentía curiosidad por el regalo.
Su actitud llena de expectativas me hizo reír. Sin duda, su anterior aspecto deprimido había disminuido un poco.
Rápidamente abrí un cajón del escritorio, saqué una caja de regalo envuelta y se la entregué.
—Es pequeño.
Heinley murmuró sobre el regalo que le entregué, examinando la caja por todos lados. Supongo que sentía curiosidad por lo que había dentro.
—Ábrelo, —le dije con una sonrisa.
Heinley me miró y tiró del extremo de la cinta. La caja quedó totalmente al descubierto al caerse la cinta que ataba cuidadosamente el envoltorio. Abrió rápidamente la tapa de la caja como si estuviera impaciente por ver qué era.
—¿Qué te parece?
Le pregunté mientras miraba asombrado el regalo. Se quedó ligeramente boquiabierto.
Luego metió la mano en la caja, sacó el regalo que le había dado y lo levantó un poco.
—¿Qué te parece? —Le volví a preguntar.
Dentro de la caja, estaba la ropa que había tejido para Queen.
Le había dicho en el pasado que lo vestiría si volvía a aparecer ante mí en forma de Queen.
De repente, al ver a Rose tejiendo, recordé aquellas palabras y se me ocurrió hacerle ropa. Aunque en el momento en que lo dije como castigo a Heinley pareció gustarle mucho…
—Es hermoso. ¿Me lo has hecho para ponérmelo cuando me convierta en pájaro?
Heinley soltó una carcajada mientras miraba la ropa como si fuera de bebé.
Tal y como esperaba, parecía muy feliz. La melancolía de los últimos días se desvaneció y su rostro volvió a iluminarse.
Era un alivio, su humor estaba mucho mejor.
Miré a Heinley y le propuse: —Si te conviertes en Queen ahora mismo, te vestiré.
Heinley se sobresaltó y me miró, sus ojos preguntando “¿En serio?”
Para demostrarle que iba en serio, me senté en el sofá y me di unas suaves palmaditas en el regazo.
En cuanto lo hice, Heinley desapareció y vi que algo temblaba dentro de su ropa en el suelo. Queen salió a través de su ropa y se apresuró a acercarse a mí.
Se acercó a la parte delantera del sofá y miró hacia arriba, lo cogí y lo puse en mi regazo. Como en los viejos tiempos.
Sus ojos se abrieron de par en par y se crisparon. Fingiendo no darme cuenta, cogí la ropa de punto y se la puse a Queen.
—Que apuesto.
Cuando terminé de vestirle, le cantaba mientras le acariciaba la cabeza. Canté en voz baja, tarareando.
Parecía sentirse tan a gusto que sus ojos se entrecerraron poco a poco mientras yo cantaba, hasta que finalmente se cerraron por completo.
Al terminar la canción, miré hacia abajo y vi a Queen completamente dormido. Su pecho subía y bajaba constantemente, sus párpados se movían de vez en cuando como si estuviera soñando.
—Que apuesto.
Me quedé mirándolo y lo besé suavemente en la frente.
♦ ♦ ♦
¿Es bipolar?
Heinley, que había estado deprimido toda la mañana, se pasó toda la tarde sonriendo.
McKenna lo miró con suspicacia.
No sólo sonreía, sino que también se reía mientras se tocaba la frente.
De camino a la sala de conferencias, se quedó mirando una columna que reflejaba su cara en ella y dijo: —Soy apuesto.
McKenna miró con inquietud a Heinley.
Mejor soñar despierto que deprimido.
Heinley siempre había mantenido una actitud de absoluta confianza en sí mismo, por lo que le preocupaba que sus emociones fueran ahora tan inestables.
En ese momento.
Heinley, que caminaba entusiasmado, se detuvo bruscamente y se tapó la boca con una mano. Luego miró a la nada con ojos serios y profundos, frunciendo el ceño.
Parecía sorprendido de haberse dado cuenta de algo tardíamente.
—¿Majestad? ¿De qué se trata? —preguntó McKenna inquisitivamente.
Heinley miró a su alrededor y finalmente susurró: —Si me caso pronto…
Pero, Heinley fue incapaz de decirlo, así que cerró la boca.
—¿Su Majestad?
¿Qué pasa si se casa pronto?
McKenna sintió curiosidad por el resto y preguntó: —¿Qué iba a decir?
Pero Heinley permaneció en silencio, sin contestar.
McKenna preguntó repetidamente.
—¿Su Majestad? ¿Su Majestad?
Sólo entonces habló Heinley con preocupación.
—McKenna. ¿Cómo se ve mi persona?
—¿La de Su Majestad? Puede que no lo parezca, Majestad, pero es inteligente, digno y romántico…
—No la imagen que ves. Mi imagen externa.
—Pues entonces, no es ni inteligente, ni digno, ni romántico.
Heinley suspiró, sacudió la cabeza y echó a andar de nuevo. Esa no era la respuesta que quería.
En realidad, lo que quería preguntar era sobre la primera noche después de la ceremonia nupcial.
Después de esa noche, los siguientes encuentros tendrían lugar teniendo en cuenta los deseos de cada uno, pero la noche de bodas tendría lugar independientemente de eso.
No dijo nada, pero el solo hecho de pensar en ese día hizo que su corazón latiera cada vez más rápido.
Se sentía tan bien tocar a la persona que amaba. ¿Cómo se sentiría cuando realmente la tuviera entre sus brazos?
No podía ni imaginarlo.
Pero de repente un pensamiento vino a su mente.
Él… Él no tenía experiencia en eso.
El problema era su imagen de playboy.
Aunque Navier no parecía pensar que era tan promiscuo como los demás, creía hasta cierto punto que Heinley era un playboy.
¿Navier no pensaría que era bueno en todo “eso” si era un playboy?
Por supuesto, seguro que le iría bien una vez que aprendiera y se familiarizara. Pero si no podía hacerlo bien en la noche de bodas, ¿habría siquiera una segunda noche?
Heinley quería ser el hombre perfecto para Navier.
—¿Majestad?
Lo llamó McKenna con expresión firme; estaba realmente preocupado.
Heinley hizo un gesto con la mano para indicar que estaba bien, y luego cambió de tema.
—¿Cuándo llegarán todos los de la Expedición de los Caballeros?
No creo que estuviera pensando en eso, pensó McKenna y respondió con calma: —Es un largo camino, pero llegarán hoy.
—Entonces la ceremonia de bienvenida está prevista para mañana.
—Así es. ¡Ah! Debo decirle a la Reina que prepare un pañuelo.
♦ ♦ ♦
—¿Un pañuelo?
McKenna vino a visitarme y me dijo que debía preparar un pañuelo.
—Sí, todos los caballeros que participaron en la Expedición de los Caballeros llegarán hoy.
—Habrá un evento.
—Así es. Para ser exactos, hoy se reunirán en las afueras de la capital, y mañana partirán desde ahí hacia el Palacio Real con el correspondiente traje ceremonial. Suele venir mucha gente a verlos.
—Ah…
—Una vez terminado el desfile, cada dama coloca un pañuelo en el bolsillo de su caballero. Creo que lo mejor sería que Su Majestad la Reina se uniera a nosotros en ese momento.
Pensando en el silencio que recibí de la gente del Imperio del Este, estaba un poco preocupada.
—No necesita preocuparse demasiado, Majestad.
Como si supiera lo que estaba pensando, McKenna sonrió suavemente y me tranquilizó: —Sir Koshar es uno de los caballeros más populares de esta expedición.
♦ ♦ ♦
A la mañana siguiente.
Me puse un vestido formal y me recogí el pelo en un elegante moño sin dejar un solo cabello suelto.
No era una fiesta, pero hoy conocería a los caballeros que participaban en la expedición, así como a las jóvenes y nobles relacionadas con ellos. No cenaríamos juntos, pero al menos nos saludaríamos mientras esperábamos a los caballeros.
Aún no estaba afianzada en la alta sociedad, así que definitivamente no debía tomarme la ocasión a la ligera.
Tras mirarme varias veces en el espejo para asegurarme de que tenía buen aspecto, subí al carruaje y salí por las puertas de palacio a la hora prevista.
Heinley salió antes que yo, así que solo me siguieron Rose, Mastas y los Caballeros Supranacionales.
Cuando bajé del carruaje, las nobles que habían llegado primero me saludaron cortésmente.
—Es un honor ver a Su Majestad la Reina.
—Saludos a Su Majestad la Reina.
Como no teníamos una relación cercana, no podían iniciar una conversación primero, así que se limitaron a mirarme en silencio después de saludarme.
Cuando personas que no son cercanas se encuentran en el mismo lugar, se supone que la persona con el estatus más alto debe iniciar la conversación.
Pero en lugar de hablar con ellos, le pregunté a Rose.
—¿Cuándo va a empezar?
—Está a punto de empezar, Su Majestad.
Tan pronto como terminó de hablar, el sonido de un cuerno de batalla se escuchó en la distancia. Sin embargo, como las puertas de la capital no se podían ver desde aquí, una vez que el sonido se desvaneció, todo volvió a la calma.
Hubo un silencio incómodo durante un momento. Pero no mucho después, comenzaron a oírse fuertes vítores a lo lejos.
Los caballeros parecían venir hacia aquí. Podía sentir los vítores cada vez más cerca. De vez en cuando oía nombres, pero las voces estaban tan mezcladas debido a los fuertes vítores que era difícil distinguir lo que se decía.
Poco a poco se hicieron más fuertes, como las olas del mar.
Finalmente, los caballeros se hicieron visibles desde aquí. Venían a caballo en filas de tres. La gente les aclamaba y les rociaba con pétalos de flores de sus cestas.
Sorprendentemente, mi hermano era uno de los tres de la primera fila. Y, contrariamente a lo que me preocupaba, nadie lo ignoró.
También pude oír a algunas personas gritar: —¡Koshar!
Mientras observaba asombrada, Mastas me dijo desde un lado: —Los tres caballeros más populares están en primera fila, Majestad. Detrás, los tres siguientes. Después, solo por orden de llegada.
Mi hermano sonrió y saludó a los presentes como si se sintiera incómodo.
Ante la vista, me hinché de orgullo. Estaba orgullosa y emocionada a la vez.
Finalmente, los caballeros se detuvieron disciplinadamente al acercarse a nosotros y, a la señal de McKenna, desmontaron de sus caballos.
Entre esos caballeros estaba mi hermano.
Mi hermano se adelantó unos pasos y sonrió mientras me miraba en silencio.
Pensé que iríamos al mismo tiempo a colocar los pañuelos, o en fila. Sin embargo, mientras mi hermano seguía avanzando, nadie más se movía.
¿Tengo que ser la primera en colocarlo?
Mirando a Heinley, me guiñó un ojo y asintió. Entonces, saqué mi pañuelo y me acerqué a mi hermano. De repente me di cuenta de que en la segunda fila estaba Sir April, el hermano de Mastas.
Tras saludarle con una leve inclinación de cabeza, guardé el pañuelo en el bolsillo del pecho del traje de gala de mi hermano como si fuera un accesorio.
El tiempo que tuve para ver a mi hermano por primera vez en mucho tiempo fue breve. Tras regresar de la expedición, los caballeros que habían participado debían informar de los detalles en la sala de conferencias.
Me alivió verlo incómodo y avergonzado, pero adaptándose bien.
Ojalá mi hermano pudiera deshacerse poco a poco de la mala reputación que tenía en el Imperio del Este…
Esa noche, visité el templo y recé brevemente.
Pero al día siguiente, me sorprendió saber que la imagen de mi hermano era mucho mejor de lo que pensaba.
—¿Qué es esto?
Alrededor del mediodía, Rose había traído un montón de cartas. Estas cartas procedían de remitentes de diferentes familias. Al abrir una para leerla, el contenido era sencillo, pero amistoso. Lo mismo ocurría con las demás cartas.
¿Por qué enviaron de repente estas cartas?
Cuando miré a Rose perpleja, dijo mientras miraba a Mastas: —Las jóvenes de la ceremonia de bienvenida de ayer deben de haberse enamorado de Sir Koshar.
¿De mi hermano?
—¿En serio?
Le pedí que me contara más al respecto, Rose dijo, mirando de nuevo a Mastas.
—Sir Koshar es tan bello como un cuadro. En esta ocasión ha hecho una gran actuación, así que estoy segura de que a los ojos de las jóvenes es maravilloso.
Mastas añadió emocionada, sin darse cuenta de que Rose la estaba mirando.
—Además, es el sucesor de una influyente familia del Imperio del Este y el único hermano de la Reina.
—Sí…
Cuando asentí torpemente, ambas me miraron con extrañeza.
—¿No es siempre así?
—Sir Koshar debe ser popular en el Imperio del Este también, ¿no?
En absoluto.
Mi hermano tenía mala reputación. Desde los siete años, la popularidad de mi hermano había caído en picado. Sin embargo, era imposible que ellas y las jóvenes no supieran de los rumores sobre mi hermano.
Dado que los rumores sobre mi hermano no se originaban en el Reino Occidental, ¿se consideran exagerados aquí?
Tal vez.
Al día siguiente.
Recibí más cartas que ayer, lo que confirmó mis sospechas. La gente del Reino Occidental pensaba que su mala reputación era exagerada. Al principio, encontré esta situación incómoda. Pero, pensándolo bien, me pareció algo bastante bueno.
¿Quizás Nian y mi hermano podrían hacerme un lugar en la alta sociedad sin la ayuda de Mullaney?
Unir fuerzas con Mullaney sería una forma fácil de encajar en la alta sociedad del Reino Occidental. Sin embargo, si tomaba este camino perdería a la otra mitad que apoyaba a Christa, lo que no era bueno a largo plazo.
No tenía que gustarle a todo el mundo, pero tampoco era necesario convertir a la mitad de la alta sociedad en enemigos al mismo tiempo.
Aunque tenía que tener cuidado al seleccionar a mis ayudantes cercanos, no me importaría acercarme un poco a Christa si se trataba de una amistad moderada.
Por ahora, iré a ver a Christa de nuevo.
¿Hay la más mínima posibilidad de que nos acerquemos? Habiéndome decidido, me cambié de ropa y salí del palacio separado.
Mientras caminaba por el pasillo, vi carruajes extranjeros y gente que se dirigía al palacio principal. Los dibujos de los carruajes me resultaban familiares.
¿Se parecen a los carruajes de Rwibt?
En cuanto lo pensé, vi al Gran Duque Kapmen.
Aceptó la invitación.
El Gran Duque Kapmen, que caminaba tranquilamente con expresión grave, giró la cabeza hacia mí.
¿Sintió mi mirada sobre él?