La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 116: Ni se te ocurra…

Traducido por Lucy

Editado por Sakuya


Rashta paseaba ansiosa por su habitación. 

Al día siguiente de ordenar el encarcelamiento de Delise, Sovieshu la llamó a su habitación, pero ella no acudió con el pretexto de que tenía dolor abdominal.

Pero pronto el dolor se hizo real, tal vez porque no dejaba de pensar en lo ocurrido, así que llamó al médico de palacio y éste le recetó algunos medicamentos.

A partir de ese día, se sintió nerviosa por la mirada de descontento que a menudo recibía de él.

Después de quedarse embarazada, él se sentaba junto a su cama para cantarle canciones de cuna cuando estaba a punto de dormirse.

A veces no lo hacía porque estaba ocupado, pero siempre que iba a su dormitorio le cantaba durante una hora. Sin embargo, tras el incidente de Delise, el tiempo que le cantaba nanas se redujo a unos treinta minutos.

No cree en las palabras de Rashta. 

Se sintió triste solo de pensarlo y se mordió con fuerza el labio inferior. Para ella, estaba claro que Sovieshu sentía algo por Delise. Era hermosa y encantadora, y eso siempre le había preocupado. Ahora que había sido encarcelada por cometer un delito, era evidente que estaba disgustado.

—Es injusto. —Sollozaba sentada en el sofá—. Delise intentó hacer daño a Rashta. ¿Acaso eso no le importa a Su Majestad? Rashta estaba en peligro, ¿significa eso que Delise es más importante para él?

Cuando Arian escuchó sus palabras mientras dejaba el té recién hecho sobre la mesita, sintió un escalofrío.

Ella había afirmado que fue Delise quien arrancó las plumas del pájaro. Pero aquel día la mucama había estado fuera durante horas haciendo recados.

Aunque sabía que la estaba acusando con falsedad… no podía hacer nada.

Como criada experimentada, había visto muchas veces a sus amos inculpar a sus subordinadas. Perlas perdidas, zapatos estropeados, bolsas de dinero desaparecidas, espías, etc.

Lo que había aprendido trabajando durante tantos años era que no debías refutar a tus amos cuando intentaban inculpar a sus subordinadas.

Si lo haces, solo te castigarán o expulsaran junto con la persona inculpada, no serviría de nada.

El escalofrío que sintió Arian no fue porque la dulce y encantadora Rashta hubiera acusado y dado órdenes terribles contra Delise.

Era por hablar consigo misma.

A ella se le puso la carne de gallina al verla hablar consigo misma.

Era evidente que la había inculpado. Sin embargo, mientras hablaba consigo misma, ¿parecía de verdad considerar a Delise como la culpable?

—¿Actuó incluso estando sola, o…?

La mirada de Rashta se posó en ella.

Arian dejó de pensar, se dio la vuelta y salió de su habitación. En cualquier caso, no era asunto suyo. Solo tenía que callarse y hacer su trabajo.

♦ ♦ ♦

A este paso, no solo me ridiculizarán, sino que ni siquiera podré demostrar lo bien que estoy. 

Después de refunfuñar durante horas, Rashta volvió en sí al sentir un movimiento en el vientre.

Sí. Ahora no es el momento de estar así.

A pesar de estar embarazada, había venido hasta aquí para demostrarle a Navier lo bien que estaba.

Al igual que ella había ido al Imperio del Este para persuadir a los nobles, ella quería persuadir a los nobles del Reino del Oeste para vengarse. Para ello, primero tenía que dejar de lado la cuestión de Sovieshu y encontrar una manera de vengarse de inmediato.

Pero, ¿cómo? Si el duque Elgy estuviera conmigo en este momento. 

Lamentó que no viniera con ella, pero rápido le ordenó a la vizcondesa Verdi y a sus guardias.

—Averigüen cómo le va aquí a la Emperatriz depuesta, qué tal se ha adaptado y si tiene algún problema.

Poco después, la vizcondesa Verdi descubrió que Navier estaba en un delicado enfrentamiento con la antigua reina, Christa.

—¿Estás segura? No puedo creer que te hayas dado cuenta tan rápido. ¿Llegaste tú sola a esa conclusión?

—No parecía ser un secreto.

—¿En serio? Uf… Mi hermana traicionó a Su Majestad creyendo que viviría bien. Pero parece todo lo contrario.

La información que los guardias descubrieron después era similar.

Convencida de que Navier seguía ajustándose aquí, Rashta se mordió el dedo pensándolo con detenimiento. Entonces, dio instrucciones.

—Llama a Christa. Ella es la antigua reina, y Rashta es la emperatriz, así que vendrá, ¿verdad?

—No se pueden dar órdenes a nobles de otro país. Sin embargo, no creo que ella rechazaría una invitación teniendo en cuenta su posición.

—Entonces, invitala.

Habiendo dado instrucciones a la Vizcondesa Verdi, llamó ahora a Arian y ordenó.

—Prepara comida sencilla. Comeré con la antigua reina cuando venga.

—Sí, Majestad.

—Ah, una cosa más. Trae bebidas que tengan un aroma y sabor muy fuertes.

—Entendido.

—Un vino dulce también estaría bien.

Poco después, Arian regresó con comida sencilla.

Bocadillos crujientes hechos de patatas dulces picadas, azúcar y queso, bebidas muy dulces, champán de frutas, etc.

Una vez que se marchó tras dejar la comida sobre la mesa, Rashta mezcló el champán con una de las bebidas dulces y lo agitó.

Justo entonces, Christa entró y la saludó.

—Es un honor conocer a Su Majestad la Emperatriz del Imperio del Este.

Al ser recibida con tanta cortesía, olvidó por un momento su propósito original y sintió un placer inexplicable. Su humor mejoró cuando la antigua reina de otro país se inclinó con cortesía ante ella.

Habló con una sonrisa sincera y amable.

—Bienvenida, Lady Christa.

Por el contrario, ella sonrió con torpeza.

Había visto en el periódico que Sovieshu y Rashta habían prometido casarse antes del divorcio. Aunque ella misma no tenía una buena relación con Navier, esto no le gustaba.

—Toma asiento.

Sin embargo, se trataba de la Emperatriz de un poderoso Imperio, así que Christa se sentó con tranquilidad.

Rashta se apresuró a sentarse enfrente y sonrió radiante.

—He oído hablar mucho de Lady Christa en el Imperio del Este.

—¿De verdad?

—Sí. He oído que eres elegante, inteligente y amable. Viéndote ahora, parece cierto.

—Gracias.

Le preguntó con cortesía mientras le servía la bebida mezclada con alcohol.

—¿Te sorprendió la repentina invitación de Rashta?

—Un poco…

Christa aceptó el vaso y bebió, pensando que ahora empezaría a hablar del tema principal. Sin embargo, las palabras de Rashta fueron sobre ella misma.

—Bueno… como sabes… Rashta pasó por un proceso algo complicado para casarse. Mis padres son nobles respetables, pero no son del Imperio del Este, y de niña me separaron de ellos y me criaron como una plebeya.

Christa asintió mientras daba otro sorbo a la bebida.

De hecho, había oído esa historia antes. Fuera cierto o no, había muchos cotilleos al respecto en el Reino Occidental.

Mientras tanto, ella seguía hablando.

—Por eso, el debut de Rashta en la alta sociedad fue tardío, y no hay nobles cercanos.

—Ah.

—Además, todos los nobles del Imperio del Este están del lado de Navier, así que Rashta se siente aislada ahí.

—Lamento oír eso.

—No los culpo. No hace mucho que Rashta aprendió etiqueta.

Sonrió con tristeza y agarró sus manos con fuerza, los ojos de Christa se abrieron de par en par sorprendida por su extraño comportamiento.

Mirando a la sorprendida mujer, Rashta habló con una expresión genuina.

—Por eso me gustaría acercarme a todos los nobles del Reino Occidental.

Christa estaba un poco sorprendida por su inesperado comportamiento.

Se trataba de una mujer con un encanto diabólico que había ascendido a Emperatriz tras haber sido concubina del Emperador Sovieshu.

Incluso en el Reino Occidental se hablaba mucho de Rashta por este motivo. Todo el mundo pensaba que era una mujer fatal con un encanto mortal. Pero a Christa le parecía una ingenua campesina.

Además, resultaba chocante ver a la Emperatriz del Imperio del Este hacer tales confesiones sobre su escasa integración en la alta sociedad y su inexperiencia con la etiqueta.

—Durante mi estancia aquí, me gustaría ser amiga de Christa.

Ante su petición con mirada angelical, asintió por reflejo.

De hecho, cuando fue informada de su invitación, supuso que planeaba utilizarla para enfrentarse a Navier. Sin duda, le pareció extraño que hablara tanto de sí misma. Pensó que iría al grano ahora.

Sin embargo, no solo no mencionó nada más sobre Navier, sino que actuó como una dama que debutaba en la alta sociedad.

A Christa le resultaba agradable escucharla hablar de diversos temas porque parecía que de verdad no estaba familiarizada con la alta sociedad.

Una vez que bajó la guardia, Rashta cambió al tema que quería.

—Um, espero que no te ofendas por lo que voy a decir. No sé mucho sobre la nobleza, de ahí la pregunta. Aunque Navier fue emperatriz, se volvió a casar con Su Majestad Heinley del Reino Occidental. ¿No puede Christa volver a casarse?

Christa la miró con el rostro rígido.

Mientras las damas de compañía le preguntaban porque estaban preocupadas, a ella le desconcertaba que Rashta, a quien acababa de conocer, sacara el tema del nuevo matrimonio.

—El único caso de matrimonio de conveniencia que conoce Rashta es el de Navier… Quizá porque era un matrimonio de conveniencia, Navier no sentía nada por Su Majestad. Por eso se volvió a casar de inmediato con Su Majestad Heinley.

A pesar de darse cuenta de que a Christa no le hacía gracia hablar de esto, continuó.

—Si ese es un patrón común en los matrimonios de la nobleza, entonces Lady Christa también tuvo un matrimonio de conveniencia…

Al final, la interrumpió con firmeza.

—No quiero hablar de ello.

—Oh, lo siento.

Se apresuró a disculparse con cara de sorpresa. Sin embargo, se rio en su interior ante la firme respuesta de Christa.

Debe de estar enamorada. Si no, no se habría puesto tan seria. 

—Bebamos un poco más.

Fingiendo no darse cuenta, le ofreció más bebida mezclada con alcohol.

La bebida fue haciendo efecto y a medida que pasaba el tiempo Christa se iba relajando cada vez más.

Cuando parecía borracha, Rashta preguntó.

—No es que te vuelvas a casar por una aventura como hizo Navier. Tú perdiste a tu marido, pero Lady Christa no puede volver a casarse. Es injusto, ¿verdad?

Si volvía a negarse a hablar del tema, la haría beber más.

Pero sonrió con amargura, y Rashta se exultó. ¡Ya casi!

Tras unos murmullos, por fin abrió un poco su corazón.

—Aunque podría casarme con cualquier hombre del mundo, no puedo casarme con el único hombre que quiero.

—¿Por qué?

—Él no siente lo mismo por mí…

Sonriendo impotente, las lágrimas se agolparon en sus ojos. Rashta sonrió con alegría y le tendió un pañuelo.

En un principio, pretendía hacerle sentir que la habían echado del poder para aprovecharse de ella de alguna manera. Sin embargo, descubrió información más interesante de lo esperado.

Así que le gusta Heinley. 

♦ ♦ ♦

Un día antes de la boda…

Heinley y yo fuimos a la sala de ceremonias para ensayar primero la ceremonia nupcial.

Él planeaba proclamarse emperador, así que sus ayudantes más cercanos también estaban reunidos aquí. Se estaba discutiendo cuál sería el momento ideal para que se proclamara emperador de Occidente.

Debería hacerlo en el momento en que recibiera más atención. Sin embargo, debido a las diversas opiniones fue difícil llegar a un acuerdo y la discusión se prolongó más de lo esperado.

Al final, nos dirigimos a un rincón de la sala de ceremonias para hacer un breve descanso. Aproveché la ocasión para preguntarle algo que me preocupa desde ayer.

—¿De qué hablaste anoche con Su Majestad Sovieshu?

Él se detuvo en seco mientras intentaba entrelazar su mano con la mía. Como nuestros dedos se tocaron sentí de inmediato que se estremecía.

Lo miré con suavidad, tomándole la mano primero.

¿Sovieshu lo atormentaba? ¿De qué hablaron? 

Entonces suspiró y refunfuñó.

—Es injusto. Eres cruel.

¿Qué? 

—Tomándome de la mano y preguntándome con esa mirada, no me dejas más remedio que contestar.

Mientras yo estallaba en carcajadas, Heinley contestó de mala gana.

—Acabo de elegir las palabras adecuadas para hacer que Su Majestad Sovieshu pierda los estribos.

Ante sus palabras dejé de reír.

¿Heinley? ¿Hablas en serio? 

Me sorprendí. ¿Heinley también actúa así?

Pero pronto, los acontecimientos del banquete especial de Año Nuevo pasaron por mi mente.

Heinley… había imitado la forma de hablar de Rashta delante de Sovieshu para enfadarle. 

Ahora que lo pienso, es verdad. Él era así. 

Lo había olvidado porque desde que nos habíamos hecho íntimos había sido muy amable, pero antes de que nos hiciéramos íntimos, pensaba que Heinley tenía una personalidad parecida a la de Rashta. 

Se le daba bien enojar a la gente mientras se reía…

Fruncí el ceño al pensarlo.

Preguntó mirándome fijo.

—¿Estás enfadado con Heinley?

No pude evitar reírme de su forma de hablar. Él volvió a imitar la forma de hablar de Rashta, mirándome con una gran sonrisa.

—No te enfades con Heinley.

—No imites esa forma de hablar.

Aunque siendo él, sonaba lindo. Era la forma de hablar que yo más odiaba.

Él sonrió y susurró, apoyando la cabeza en mi hombro.

—Esposa, me gustas mucho.

Parecía lindo, así que froté mi cabeza contra la suya. Sin embargo, me di cuenta de que sus ayudantes nos miraban boquiabiertos y me apresuré a poner cara seria.

Por supuesto, también volví a levantar la cabeza. Sin embargo, McKenna ya se estaba riendo.

Con rapidez miré a Heinley con expresión severa y dije lo que creí necesario.

—Heinley. No tienes que llevarte bien con Su Majestad Sovieshu, pero tampoco tienes que luchar contra el Emperador de un país con un poder nacional similar. Es mejor no causar problemas innecesarios.

El ambiente era bueno, pero de repente cambió. La expresión de Heinley se volvió rígida.

Lamenté ver esa expresión, pero tenía que decirlo.

—Eres mi marido, pero al mismo tiempo debes cuidar del Reino Occidental.

No respondió.

¿Pretende seguir causando problemas?

—Heinley.

Solo cuando lo llamé por su nombre, levantó la vista. Pero lo que dijo en voz baja no fue una respuesta a mis palabras.

—Tengo algo que confesarte.

Intentaba desviar el tema de conversación. Fruncí el ceño e intenté decírselo de nuevo, pero…

—No tengo experiencia.

Lo que dijo me dejó sin palabras.

¿Qué… acababa de decir? 

Mientras estaba conmocionado, me susurró al oído.

—Así que debes guiarme en la noche de bodas.

Mi mente se quedó en blanco aunque sabía que él había cambiado a propósito el tema.

No lo había mencionado, pero eso había estado rondando mi mente todo el tiempo.

Pero ¿qué quería decir? 

Quería que lo guiara. ¿Me está pidiendo que tome la iniciativa? 

Se me calentó la cara y bajé la mirada.

Si tan solo fingiera no darse cuenta. Sin embargo, inclinó la cabeza hasta que nuestras frentes se tocaron, me miró a los ojos y se burló de mí.

—Esposa, estás completamente sonrojada.

—…Tú también.

—Mis maestros me lo decian,

—¿?

—Soy un estudiante que sólo necesita aprender algo una vez para dominarlo por completo.

—¡!

Aunque intenté mantener una expresión indiferente en mi rostro, no funcionó como esperaba.

Al final, inventé que esto era suficiente para el ensayo, y salí del salón de bodas como si estuviera huyendo… pero fuera del salón ceremonial estaba de pie el Gran Duque Kapmen.

Debería saludarlo… No.

Si lo saludaba, después no podría mantener una conversación tranquila con él mientras pensaba en la noche de bodas.

—¡!

Por suerte, cuando lo observé detenidamente, la expresión de Kapmen era realmente sombría.

Tampoco parecía tener muchas ganas de hablar.

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