La hija del Emperador – Capítulo 36

Traducido por Lily

Editado por Herijo


Contrario a mis expectativas, lo que Elene hizo fue entregarme el plato que sostenía.

—¡Pero el pudin está a salvo! Jeje. ¡Aquí tiene, Princesa!

¿Ahora mismo te preocupa el pudin? ¿En serio? Oh, tontorrona.

Aunque me compadecí de esa sonrisa idiota en su rostro, acepté el pudin. Después de todo, era mi favorito. Aunque se había aplastado un poco en su tumultuoso viaje, todavía estaba en buena forma. Sinceramente, me sorprendió que no se hubiera volcado después de la caída de Elene.

Miré el plato por un momento y luego tomé la cuchara para probar un bocado.

—¡Está rico!

Elene sonrió radiante al ver la sonrisa en mi cara. Para entonces, Serira había vuelto y le había puesto una toalla fría en la cabeza a Elene.

—¿Lo está, Princesa?

—¡Sip! ¿Quieres un poco, Elene?

—No, estoy bien. ¡Es todo para usted, Princesa!

Mmm. Giré la cabeza hacia Serira para mirarla, preguntándole con los ojos si quería un poco, pero ella solo sonrió y negó con la cabeza. ¿Tú tampoco, Serira? Entonces, supongo que es todo para mí. ¿Por qué nadie quiere esto? ¡Está tan rico! Digo, sé que solo están renunciando a él por mí, pero… Ah, está tan bueno.

—Ve a ver al médico imperial —le dijo Serira a Elene.

—Estoy bien. No es nada.

—Aun así, deberías recibir tratamiento.

—Necesita ayuda para cuidar de la Princesa. Estoy bien.

Uh, me porto muy bien, muchas gracias. ¡Serira se las arreglará perfectamente! Sabía bien que a Elene solo le daba vergüenza ir al médico imperial porque su torpeza la hacía visitarlo al menos una vez por semana.

—¡Ve! —dije yo. Era doloroso verla decir que estaba bien cuando claramente tenía las rodillas raspadas. Al unirme a Serira para presionarla —aunque con una sonrisa—, Elene no pudo decir nada más. ¡Eres un caso! ¡Ve cuando te lo dicen, por el amor de Dios!

—Entonces, vuelvo enseguida.

Ahí va, corriendo de nuevo. Espero que no se caiga y se lastime otra vez.

Estaba chupando la cuchara en medio de mi pudin cuando sentí la mano de Serira en mi cabeza. La miré y me sonrió.

—Parece que Su Majestad se retrasará un poco hoy. ¿Volvemos al palacio por ahora?

—¡Nop!

Si entrábamos, tendríamos que esperar de todos modos, y prefería mil veces esperar en el Jardín de la Serenidad. Tomé mi pudin y fui a sentarme bajo el árbol de invierno. El frescor que emanaba era muy refrescante. Ah, hace tanto calor en todas partes.

—Quiero jugar más. Me encanta el árbol. ¡Me encanta!

No le dejé otra opción a Serira. Se encogió de hombros y vino a sentarse a mi lado. Me senté allí con el cuenco en mi regazo, comiendo mi pudin, y de repente sentí ganas de suspirar.

Mi padre debe de estar muy ocupado. Cuando estábamos juntos, estaba desesperada por irme. Pero ahora que estábamos separados porque estaba tan ocupado, me sentía un poco conflictuada. Estoy bastante segura de que es por la guerra con Praezia en el sur. Supongo que las cosas no van como esperaban. Así es la vida, después de todo.

Si todo hubiera ido según el plan, ya debería estar resuelto, pero la realidad era que las cosas se estaban demorando. Afortunadamente, el caballero Asisi estaba allí para manejar la situación, pero era posible que mi padre tuviera que ir e involucrarse. Y hablando de Praezia…

Mmm. De repente sentí un peso en el corazón. ¿No era esa princesa de Praezia? ¿Cómo se llamaba…? ¿Princesa Faylene? Ah, no sé. No me acuerdo. Me deprime el hecho de que esa princesa muriera de verdad… Ni siquiera cometió un crimen que mereciera la muerte. Si lo piensas, en realidad murió por mi culpa. Ahhh, no puedo creer que alguien muriera por mi culpa.

Aunque la sensación no era tan dramática como recibir un golpe en la cabeza, sí que onduló en mi corazón lo suficiente como para influir incluso en mis pequeñas y aparentemente insignificantes acciones. Podrán decir que fue culpa de la princesa, pero si yo no hubiera llorado, ella no habría muerto.

—No lo sé —murmuré. Serira se giró para mirarme. Sonreí, fingiendo que no pasaba nada.

Praezia del Norte ya había sido conquistada, así que al parecer el problema era Praezia del Sur. Curiosamente, el Imperio de Praezia estaba dividido en Praezia del Norte y del Sur, de forma muy parecida a como la antigua Roma se dividió en los Imperios de Oriente y Occidente. La única diferencia era que Praezia seguía siendo técnicamente una nación unificada gobernada por el mismo emperador, a pesar de que sus sistemas, culturas e idiomas tenían ligeras diferencias. Pero no solo eso, la gente decía que el emperador era en realidad solo una “figura decorativa” o algo así.

Si se unieran, serían más fuertes que Agrigent. Pero supuestamente, el canciller del Norte y el primer ministro del Sur estaban demasiado ocupados rivalizando entre sí como para que eso sucediera. Ese argumento quedó confirmado por la guerra actual.

Todo era muy complicado, pero como ahora era ciudadana del Imperio de Agrigent, no podía evitar animar a mi país para que ganara. Qué ingenua y complaciente. Qué cosa más infantil. Al final, no hay ganadores ni perdedores en lo que respecta a la guerra.

—¿Qué es eso de allí?

Estaba holgazaneando después de terminar mi pudin cuando de repente noté un sendero que no había visto antes. ¿A dónde lleva ese camino?

Debí haberlo olvidado, ya que solo iba y venía del Palacio Soleil, pero el Jardín de la Serenidad en realidad estaba ubicado en el corazón del palacio imperial, lo que significaba que conectaba con todas partes. O algo así. La ubicación más cercana era el Palacio Soleil, por supuesto.

—Ese camino lleva al harén.

—¿”Harén”?

¿Qué es un “harén”? Nunca había oído ese término antes. ¿Harén?

—Es donde se alojan todas las princesas que visitan Agrigent.

Oh. Harén. Ahora que lo pensaba, me di cuenta de que también me había encontrado con la princesa de Praezia en algún lugar por allí. Serira pareció inquieta ante mi repentino interés.

—Por favor, evite ir allí si es posible, Princesa.

—¿Por qué?

¿Mmm? Oh. No necesitaba preguntar eso. Fue una pregunta desconsiderada. “¿Por qué?” ¡Pues es obvio! Fue una pregunta descuidada, pero ya no puedo retirarla. Qué más da. Me limitaré a mirar a Serira.

—No hay nada bueno para usted allí, Princesa.

—Ya veo.

Digo, no se equivocaba. No había ninguna garantía de que la gente del harén fuera amable conmigo. Es decir, ahora tenían prohibido entrar en el Jardín de la Serenidad por mi culpa, así que, ¿qué más había que decir? Parecía que Kaitel no consideraba a las que vivían en el harén como su gente. Digo, para empezar, fueron arrojadas a un lugar que la gente llamaba abiertamente un “harén”, así que…

—Qué refrescante.

Vaya, árbol de invierno. Eres un calentador en invierno y un aire acondicionado en verano. Eres realmente útil, ¿no? Ojalá hubiera cien más de estos.

Era poco realista, pero no pude evitar pensar que si plantaba estos árboles por todas partes a las que fuera, podría hacer realidad mis sueños de tener aire acondicionado natural y universal.

Mmm, ¿debería intentar propagar este árbol?

—Debes pasar mucho calor.

Sobresaltada por la voz profunda, me giré. Lo sabía. No tenía ni idea de cuándo había llegado, pero ante mí estaba mi padre, con quien ya estaba demasiado familiarizada.

Digo, no es que estuviera jadeando como un perro ni nada. ¿Cómo sabía que soy sensible al calor? Supongo que sería más sorprendente si no lo supiera. Estoy corriendo en cada oportunidad que tengo, pero ahora, estoy toda despatarrada y apoyada en Serira, mirando este árbol. Maldita sea. Supongo que me delaté.

—¡Papá!

Los labios de Kaitel se relajaron ligeramente mientras me levantaba con una gran sonrisa para saludarlo. No era como si estuviera animando a gritos como lo haría Perdel o dándome una cálida sonrisa como lo haría Serira, pero esa pequeña reacción suya extrañamente me hizo más feliz. ¿Será porque es raro obtener una reacción de él?

—Bienvenido a casa.

Tal como lo había hecho una vez antes, agarré la falda de mi vestido y me incliné ligeramente. Esta era una de las formas adecuadas, según la etiqueta, para que las damas saludaran a los demás en este país. Últimamente había estado aprendiendo sobre etiqueta aquí y allá. Mi maestra era una de las doncellas que me cuidaba de vez en cuando, y resultó que estas cosas eran bastante complicadas.

Vaya. ¿Tengo veinticinco años y necesito aprender modales? ¿A qué ha llegado el mundo?

—Oh, cielos. —Serira se cubrió la boca con las manos, orgullosa de lo bien que lo había hecho. Eché un vistazo a la cara sonriente de Serira y luego volví a mirar a Kaitel.

¿Qué te parece, papá? ¿No te alegras de haberme criado? ¿No estás orgulloso?

Kaitel puso su mano en mi cabeza como para responder a mis pensamientos. Su tacto me resultó familiar. Normalmente odio que la gente me toque, ¿sabes? Pero claramente, muchas cosas habían cambiado en mí después de reencarnar.

Negué con la cabeza al compás de su mano y luego me enterré en su abrazo. Digo, todavía era tan baja que apenas podía agarrarme a su pierna, pero eso era suficiente para mí.

—¿Qué hizo hoy? —Después de acariciarme el pelo, Kaitel de repente miró a Serira. Ella todavía parecía incómoda a su alrededor. O asustada.

Viendo que a mi mamá le costaba responder, respondí yo en su lugar.

—¡Comí pudin, rodé por ahí, conté las hojas y miré el árbol!

En otras palabras, estuve vagueando. No debería decir eso, ¿verdad?

—Sip. Eso es lo que hice.

Kaitel me acarició la cabeza ante mi respuesta.

Uh, di algo, ¿quieres? ¡No me dejes colgada! Sin respuesta. Cara inexpresiva. ¿Qué iba a hacer con este tipo? Todo lo que hacía era acariciarme la cabeza. ¡Esto es tan incómodo y vergonzoso! ¡Me siento tan cohibida! ¡Gah!

—Ven aquí, papá.

Ah, qué más da. Le vendería mi alma al diablo para salir de esta incomodidad. ¿Qué fue eso? ¿Nadie quiere comprar mi alma? Maldita sea. Ahora hasta el diablo me rechaza.

—Mira, mira. Es genial por aquí.

¡Así que por favor, di algo…! Tiré de Kaitel hacia el árbol de invierno. Cuando nos acercamos, pudimos sentir inmediatamente una ráfaga de aire frío. Ah, es taaan refrescante. ¡Casi frío!

—Ya veo.

¿Eso es todo lo que vas a decir? ¿Por qué tus respuestas son tan cortas?

Lo miré, disgustada, y Kaitel me miró, indiferente. Durante un rato, el padre y la hija se miraron así. ¿Qué es esto? ¿Un concurso de miradas? En este punto, no puedo evitar cuestionar sus verdaderas intenciones… Agh, me empiezan a doler los ojos.

—Princesa, debemos entrar ya.

Parpadeé rápidamente después de haber mantenido los ojos abiertos durante tanto tiempo. Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano cuando Serira me llamó.

Awww, ¿ya? Ni siquiera se ha puesto el sol. ¡¿Por qué entramos ahora que acaba de llegar Kaitel?! ¿De verdad tenemos que entrar? No quiero. Quería jugar fuera más tiempo. ¡Solo acabaré vagueando más si vuelvo a entrar! ¿Sabes lo que se siente al no ser más que una máquina de hacer caca día tras día?

—¿Damos un paseo?

¿Oh? ¿De verdad? ¿Por qué Kaitel es tan amable de repente? ¿Un paseo? ¡Oh, vaya!

Asentí con entusiasmo y le tomé la mano.

—¡Paseo!

Maldita sea, su mano está muy alta. Probablemente sea solo porque soy muy baja, pero me niego a admitirlo. ¡Es tu mano la que está demasiado alta!

Pero Kaitel, con bastante mala educación, no bajó su mano para mí, y tuve que conformarme con agarrarme a su capa y prácticamente ser arrastrada.

—¡Paseo!

¡Vamos antes de que Serira diga algo! Deprisa, papá. Realmente quería ir a dar un paseo.

—Pero ya ha estado fuera mucho tiempo… —Su voz preocupada era tan poderosa que era imposible seguir siendo tan insistente y terca.

Ah, por eso quería escabullirme antes de que dijera algo más. Por mucho que quisiera quedarme fuera más tiempo, la forma en que Serira me miraba y el tono con el que me hablaba hicieron que toda la motivación se derritiera como la nieve. Ugh. Supongo que tendré que entrar. Bien, vamos.

Abatida, me giré en dirección al Palacio Soleil con la cabeza gacha. Ah, supongo que es hora de lavarse y dormir. Otro día perdido sin lograr nada. ¿Lo más gratificante que he hecho en todo el día es… comer pudin?

Iba a volver al palacio como Serira quería cuando de repente, una mano grande me agarró por la cintura.

¿Hm? Me levantaron del suelo en un instante. Oí la voz de Kaitel desde arriba.

—Yo me haré responsable.

♦♦♦

Este mundo no tenía luna. Miré vagamente al cielo. Estaba más claro y brillante que el cielo que estaba acostumbrada a ver. No se veía ni una mota de nube, sino innumerables estrellas que brillaban cada una con su propia luz intensa.

Que bonito.

Me sentí aliviada al mirar sus luces. Me hizo sentir como si todavía pudiera aplicar lo que sabía sobre el universo de mi vida pasada a esta. Era reconfortante en cierto modo, pensar que, aunque este era un mundo diferente, no era del todo distinto…

Ah, ahora que lo pienso, no es del todo cierto que no haya luna.

—¿Cuándo saldrá Achlys?

Me detuve en seco y me giré para mirar a Kaitel, que caminaba detrás de mí. Pasé de mirar al cielo a una persona, y sin embargo, el ángulo en el que tenía que mirar hacia arriba no cambió mucho. Me dolía el cuello. A este paso, podría necesitar un collarín.

Yo caminaba delante, y Kaitel detrás. Así solían ser nuestros paseos. El tipo de paseo que yo tenía en mente era uno en el que íbamos de la mano, pero había un hecho muy desafortunado que se interponía en el camino: nuestra astronómica diferencia de altura, por supuesto.

Maldita sea. Supongo que tendré que esperar a crecer un poco más para tener el tipo de paseo que quiero. ¡Tengo que darme prisa y crecer!

—Salió hace dos años, por mayo, así que debería salir el próximo año por junio.

—Oh…

Eso es demasiado tiempo. Hay que esperar mucho. Vaya. Esperar a ver la luna es como esperar las Olimpiadas.

Achlys. Una luna que brilla en el cielo durante tres meses cada tres años y deja todo el cielo completamente negro durante otros tres meses. Esta era la luna que salía en este planeta. Pero era diferente de la luna que yo conocía. Achlys era lo suficientemente masiva como para cubrir todo el cielo. Era una luna al menos miles de veces más grande que el tipo de luna que estaba acostumbrada a ver.

Cuando Achlys estaba presente, la gente decía que era lo único visible en el cielo, y las noches eran brillantes como en el fenómeno de la “noche blanca”. Por eso, durante los tres meses que estaba en el cielo, se celebraban festivales. Y durante los tres meses que estaba oscuro sin una sola estrella en el cielo, la gente aprovechaba para rezar por la paz.

Digo, a este ritmo, realmente es como esperar las Olimpiadas, porque cuando Achlys está aquí, supuestamente, se celebran todo tipo de conferencias académicas y competiciones internacionales por todo el país.

—¿Quieres verla?

—¡Sí!

Por supuesto que quiero. ¿No querrías tú también ver una luna grande? Esto era algo que habría querido ver incluso si no tuviera recuerdos de mi vida pasada. ¿Una luna tan masiva? ¿Qué tan masiva podría ser? Me muero por saberlo. Está más allá de mi imaginación.

—¿Hm?

Tenía la mano en la boca mientras pensaba para mi cuando la mano de Kaitel de repente se deslizó por el hueco. Ack, qué frío. Fruncí el ceño instintivamente ante la temperatura mucho más fría que la mía.

¿Qué estás haciendo?

A pesar de mi expresión de descontento, su mano rozó suavemente mis labios antes de moverse para posarse en mi frente. Luego me acarició el pelo. Mi pelo, que me llegaba un poco más abajo de los hombros, se enganchó en sus dedos.

Levanté la vista para ver que Kaitel se había agachado para encontrarse con mi mirada. Sus ojos estaban justo delante de los míos. Rojo oscuro. Ojos casi carmesí. Parecían rubíes finamente tallados.

Este tipo… Hace tiempo que no hacía esto, pero ahora vuelve a ello. ¿Qué pasa esta vez, papá?

—Ariadna.

¿Hm? ¿Qué pasa?

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