Traducido por Lily
Editado por Herijo
Ladeé la cabeza ante el hecho de que Kaitel me llamara por mi nombre de la nada. Solo me miraba en silencio.
¿Está intentando hablarme con la mirada o algo así? Oye, papá, que yo sepa no sé leer la mente. ¿Qué tal si tenemos una buena conversación y aclaramos las cosas? Ya puedo hablar el lenguaje humano. ¿Eh?
—Tu nombre es demasiado largo.
¡Tú me diste este nombre, imbécil! Digo, si fuera solo mi nombre de pila, no me quejaría, pero… ¿Cómo era? Oh, Dios, ¿cuál era mi nombre completo?
—Ariadna Lerg iIIestri Preg Agrigent
Sí, ese es. Asentí como si estuviera de acuerdo, cuando de repente algo no me cuadró. E-espera. Un momento, Kaitel. ¿Recuerdas mi nombre completo? ¿De verdad?
Acababa de ocurrir ante mis ojos, pero aun así era asombroso. Nunca mostraba afecto, así que estaba segura de que ni siquiera sabía mi nombre completo.
—¡Ria! —grité. Todos me llaman así. No me gustaba especialmente ese apodo porque sonaba demasiado común, pero me lo había puesto Elene, y tanto Serira como Perdel también me llamaban así, así que…
—¿”Ria”?
¡Sip, Ria! Asentí con entusiasmo, y Kaitel puso su mano sobre mi cabeza. Vaya. Pesa.
No me quejaba. Es que pesaba de verdad. Vaya, hasta una mano me resulta pesada. Oh, ser una niña es… ¡Urgh! Pero no mostré mi frustración, pues los ojos de Kaitel parecían especialmente hundidos hoy.
Realmente no sé qué hacer cuando tienes esa mirada. Me encontré poniendo una cara triste. Realmente no sé qué espera, qué desea o qué quiere hacer. Prefería mil veces verlo discutir con Perdel o blandir su espada y armar un alboroto. Realmente no sabía qué hacer cuando tenía esa mirada vacía y distante, o suspiraba como si no tuviera más ganas de vivir.
¿Qué quieres que haga, eh, papá? ¿Eh?
—¡Tel!
Había pensado que no volvería a mostrarme ese tipo de cara nunca más. Pero parecía que simplemente era porque pasábamos menos tiempo a solas, así que naturalmente tenía menos oportunidades de verlo en este estado. De alguna manera, me sentí arrepentida.
Lo señalé con una sonrisa. Kaitel bajó la vista hacia mi dedo. Luego giré el dedo para señalarme a mí.
—¡Ria! —Entonces esbocé una sonrisa radiante.
Aunque no era fácil fingir no darse cuenta cuando alguien se ponía deliberadamente una máscara delante de ti, hice lo mejor que pude y sonreí para él. Sonreí como una bebé inocente que no sabía nada. Solo así, él podría sentirse a gusto.
Kaitel sonrió. Fue apenas la más leve curva de sus labios, pero para mí, pareció una sonrisa.
—¿Estás diciendo que yo soy “Tel”?
¡Sip, sip! ¡Lo has entendido! ¡Bien hecho!
Como el nombre de mi padre era “Kaitel”, su apodo tendría que ser “Kai” o “Tel”. “Kai” me sonaba un poco duro, pero sentía que “Tel” era un poco más simple y más apropiado. Kaitel Leche Vayebizel Luan Agrigent. Ni siquiera es mi nombre, así que ¿por qué es tan fácil de recordar a pesar de lo malditamente largo que es?
—Ya veo.
La mano sobre mi cabeza me acarició el pelo. Sonreí radiante mientras me inclinaba hacia ella. Como siempre, Kaitel sonrió suavemente en respuesta.
—Antes eras como un perro, pero ahora eres como un gato.
—¿Un gato?
Cuando dijo que era como un perro, sonó como si me estuviera insultando. Pero, ¿por qué no sonaba como un insulto cuando me llamaba gato? Me encontré desconcertada por lo mucho que sonaba a cumplido.
¿Qué es esto? ¿Cuál es exactamente la diferencia entre un perro y un gato? Todo lo que sé es que son especies diferentes.
—¿Eso significa que soy bonita?
—¿Quién ha dicho eso?
¡Ugh! ¡Qué imbécil! Entonces, ¡¿qué quieres decir con que soy como un gato?! ¡Dímelo ahora!
—¿No lo significa? —pregunté con coquetería, pero Kaitel cerró la boca. Y la mantuvo cerrada. Firmemente cerrada.
¿Qué demonios…?
—Entonces, ¿qué significa? —pregunté con el ceño fruncido, pero Kaitel mantuvo los labios sellados.
¡Oye! ¡¿Por qué no me contestas?! ¡¿Te estás burlando de mí?! ¡Has dicho que soy como un gato! ¡Tú eres el que lo ha sacado! ¡¿Qué diablos significa?! ¡¿Por qué no me contestas?! ¿Es otro insulto, imbecil?
Una oleada de tristeza me invadió de repente. Y yo aquí, encariñada con este tipo que se supone que es mi padre. Qué vida tan triste la mía.
Pero quizás porque sintió que no podía ignorar por completo la mirada de resentimiento que le estaba dirigiendo, Kaitel procedió a levantarse.
¡Oye! ¡Eh, tú! ¿Me estás ignorando?
Solo cuando agarré el borde de la capa de Kaitel se giró para mirarme de nuevo. Y entonces procedió a decir:
—Volvamos.
Pero serás…
♦♦♦
A la edad de dos años, finalmente comprendí la verdad de la vida.
Kaitel podrá haber dicho que yo era como un perro, pero en realidad, era peor que un perro. Dicen que ni los perros se resfrían en verano. Pero, adivina qué… ¡yo sí!
¡¿Qué demonios?! Se supone que ni los perros se ponen enfermos así en verano. Estaba tan segura de que yo tampoco lo haría. Pero, oh, me siento mareada.
—Serira…
Claramente, había podido salir del baño por mí misma, pero ya no sentía que pudiera sostenerme sobre mis propios pies. Después de volver a la habitación y darme una ducha, sentí una fiebre recorrer todo mi cuerpo en un instante. Sentía como si me estuviera cociendo con mi propio calor corporal. Me agarré a Serira y jadeé en busca de aire.
Ah, mi pecho se siente como si me estuviera asfixiando. Sentía como si algo me estuviera apretando la tráquea y bloqueando el flujo de aire. Era tan difícil respirar. Tenía la boca completamente abierta para tratar de tomar todo el aire posible. Pero incluso así, no era suficiente.
—¡Princesa!
Debía de ser obvio que algo iba muy mal conmigo. El rostro de Serira palideció en cuanto me miró. Me levantó en brazos. Su piel se sentía fresca contra la mía. Se sentía bien.
Ah, siento que podría morir. Mi cerebro se sentía entumecido por la fiebre. Tenía la garganta reseca. Esto no parece un resfriado común. ¿Los resfriados siempre fueron tan brutales?
—Está ardiendo, cielo santo…
Incluso yo podía oír lo cortas y ásperas que eran mis respiraciones. Ah, no sé. Quiero tumbarme. Agh, me duele la cabeza. Gah. ¡¿Por qué este dolor de cabeza repentino?!
—¿Qué pasa?
Kaitel entró en la habitación después de terminar su ducha. Una sobresaltada Serira inclinó rápidamente la cabeza. Se encogió tanto que pensé que tal vez mi padre estaba completamente desnudo o algo así, pero cuando logré abrir los ojos un poquito, vi que no era el caso. Estaba completamente vestido con su pijama. No estaba segura de cuál era el problema. O… quizás el pijama es el problema.
—B-bueno…
Serira me miró en sus brazos con un rostro pálido y aterrorizado. En ese momento, vi claramente cómo el rostro de Kaitel se endurecía.
¡Papá! ¡Estoy enferma!
Kaitel pareció tan sorprendido que dejó caer la toalla y corrió hacia mí. Puso su mano en mi frente. La frialdad de su gran mano se sintió refrescante. Ah, qué bien. Parece que ayuda un poco. Pero mi cuerpo se siente tan pesado. Mi cuerpo parecía pesar mil kilos.
—¡¿Qué está pasando?!
Su voz era feroz mientras presionaba a Serira para obtener una respuesta. Quería decirle que dejara de molestarla, pero todo lo que pude hacer fue dejar escapar una respiración superficial antes de cerrar los labios de nuevo.
Solo respirar era un suplicio para mí. Me palpitaba la cabeza, sentía el cuerpo pesado y el mundo parecía arder. Ah, ¿voy a morir así?
—¡Llamen al médico imperial!
—Sí, Su Majestad.
El sirviente que estaba de guardia salió de la habitación, y las doncellas se dispersaron presas del pánico. Normalmente, Serira también se habría ido, pero parecía no poder hacerlo, viendo mi estado. Todo lo que hizo fue mirarme preocupada mientras yo yacía en los brazos de Kaitel.
—¡¿Por qué está pasando esto?! ¡Estaba bien hace un momento!
Suena enfadado. Sonaba tanto enfadado como presa del pánico, como si luchara por entender la situación. Créeme, estoy tan confundida como tú.
—T-temo que Su Alteza haya estado fuera demasiado tiempo…
Ah, soy una idiota. Había olvidado que no tenía veinticinco años, más aún porque nunca había estado enferma en este cuerpo. Mi cuerpo de veinticin-coañera había sido capaz de aguantar beber toda la noche, ir de un sitio a otro sin problemas, así que naturalmente asumí que este cuerpo sería igual.
Había olvidado que solo tenía dos años y que este nuevo cuerpo mío era delicado, como un castillo de arena propenso a desmoronarse. Debería haber escuchado a Serira. La razón por la que no había estado enferma todo este tiempo no era porque fuera fuerte, sino porque Serira me había cuidado muy bien.
Agh, mi cabeza.
—¿Por qué está ardiendo? Maldita sea. ¿Qué demonios está pasando?
Kaitel estaba tan asustado, pero yo no entendía muy bien por qué. ¿Era porque era la primera vez que me ponía enferma? Pero aun así, parecía una reacción exagerada. Ah, no sé. Oye, ¿quieres calmarte ya?
—Parece ser un resfriado, Su Majestad. P-por favor, intente mantener la calma…
—¿Qué necesito hacer? ¡Dime qué necesito hacer primero!
Casi parecía que iba a agarrar a Serira por el cuello, así que extendí mi débil mano para apenas agarrar el borde de la túnica de Kaitel. Un profundamente nervioso e impotente Kaitel bajó inmediatamente la mirada hacia mí.
—Pa… pá.
Deja de gritar. Me retumba la cabeza. Ponerse hecho una furia no solucionará nada.
Afortunadamente, Kaitel finalmente comenzó a calmarse una vez que lo agarré. ¡Como debe ser! Si tu hija enferma te agarra y te dice que pares, ¡más te vale hacerlo! Si no, ¡menudo imbecil! Digo, no es que añadir “imbecil” a su lista de títulos como “perro rabioso”, “bastardo” o “psicópata lunático” fuera a marcar una gran diferencia… Ah.
De repente, sentí que su agarre se tensaba mientras me sostenía. Mientras apretaba mi pequeña mano, Kaitel miró hacia fuera de la habitación y comenzó a gritar de nuevo. Conseguí que te callaras, y ahora vuelves a las andadas. ¡Me está haciendo retumbar la cabeza, te digo!
—¡¿Qué le pasa al médico imperial que tarda tanto?!
Fue la última cosa que oí antes de que mis ojos finalmente se cerraran.
♦ ♦ ♦
Oh, Dios mío.
No sé si fue porque había llamado a Dios o si simplemente estaba siendo una idiota, pero fue oscuridad total después de cerrar los ojos. Realmente sentí como si algo frío se presionara contra mi frente y como si alguien me diera palmaditas en el pecho suavemente cada vez que me retorcía de agonía, pero todo eso fue tragado por la oscuridad que me rodeaba.
Oh Dios mío, esto me está matando.
También sentí que alguien me abría la boca a la fuerza para darme de comer algo. Logré comerlo, pero fuera lo que fuera, era tan amargo que me picaba la nariz. Puaj. No sé si podría haberme obligado a tragar eso si hubiera estado en un estado mental claro.
Agh, qué asco. Ahora quiero pudin.
Ah, un poco de pudín suave y tembloroso. O gelatina. En realidad, siento que me he convertido en gelatina. Sentía como si mi cuerpo se hubiera derretido en agua caliente. O como si se hubiera convertido en un horno. En algún momento, empecé a sentirme sofocada. Ah, qué calor. ¡Alguien, por favor, quíteme esta manta de encima!
—No puede hacer eso, Su Majestad Imperial.
Era la voz de Serira. ¿”Su Majestad Imperial”? ¿Está con Kaitel ahora mismo? Oí otra voz cerca. Mis párpados pesaban tanto que no lograba levantarlos. Pero, oh, cómo quería.
—No le haría daño caminar un poco, ¿verdad?
—Necesita mantener su cuerpo caliente.
No peleen, ustedes dos. Serira probablemente acabaría perdiendo de todos modos, pero solo esperaba que no fuera golpeada o herida por Kaitel. No es que creyera que fuera el tipo de escoria que golpearía o asaltaría a una mujer indefensa, por supuesto.
—Dámelo.
Mi garganta está tan seca. Quiero agua, gah. Tengo tanta sed. ¿Por qué mi cuerpo está tan caliente? Sentía como si cada músculo de mi cuerpo doliera. Mi nariz está toda congestionada, así que apenas puedo respirar. La próxima vez, seguro que haré lo que Serira me diga. No seré difícil. Estoy pagando el precio por no escucharla, ¿no?
Gimoteé y me retorcí. De repente, sentí una sensación muy fresca en mi frente. Parecía una toalla húmeda. Alguien debe estar limpiándome. Que me limpiaran la cara con una toalla húmeda realmente ayudó con el calor. Incluso sentí que era más fácil respirar. Luego fue mi cuello, luego mis brazos, y de vuelta a mi frente.
—Tiene un aspecto terrible.
Perdón por tener un aspecto tan terrible. Pero, ¿cómo es que el tono de su voz es un poco extraño? Sonaba ahogado. Hice todo lo posible por abrir los ojos. De alguna manera, debo… Ah, no puedo. No se abren.
Oigan, párpados, realmente son un par de pesados, ¿eh?
—¿Cómo puede algo tan pequeño ponerse tan enfermo?
Un rostro ceñudo pasó ante mis ojos. Fue el rostro de Kaitel el que vi en el fugaz momento en que pude abrirlos.
Yo soy la que está enferma. ¿Por qué parece que él sufre más que yo? Nunca entenderé a este tipo. En serio.
En cualquier caso, la toalla en mi frente se sentía muy bien.
—Su Alteza puede ser pequeña, pero sigue siendo un ser vivo. Puede enfermar y llorar.
—No me sermonees —replicó él bruscamente.
¡Oye! ¡Puede que seas mi padre, pero aun así, no dejaré que te salgas con la tuya hablando así a Serira! ¡No seas malo con ella! Si pudiera, me levantaría de un salto y le daría una patada en la pierna o algo así. Ah, este cuerpo inútil mío. Tú eres el verdadero enemigo en todo esto. Odio estar enferma, buaaa.
—Realmente eres igual que tu marido.
¿Eh? ¿El marido de Serira? ¿Está hablando del conde que murió? Me sorprendió lo mucho que su tono insinuaba que conocía bien al conde. Ahora que lo pienso, Kaitel es quien le sugirió a Serira que fuera mi niñera. Supongo que tiene sentido que lo conociera bien.
—Gracias por el cumplido.
—También se parecen en eso.
Si son iguales, ¿por qué suena tan disgustado al decirlo? Le cuesta mucho ser honesto, ¿verdad?
Sonaba como si Serira estuviera sonriendo mientras le daba las gracias, así que se sintió un poco extraño. No puedo abrir los ojos, así que no sé si realmente está sonriendo. Ah, no sé. Me voy a dormir.
Sentí que mi conciencia se deslizaba más y más hacia el abismo.
—Déjanos. Me quedaré aquí con ella.
¿Sí? ¿Y qué piensas hacer exactamente aquí solo? Quería criticarlo, pero sorprendentemente, Serira acató su orden sin mucha resistencia.
—Sí, Su Majestad.
Entonces un profundo silencio se apoderó de la habitación. De repente, me dio un ataque de tos, y mi cuerpo se sacudió. Agh, me duele la garganta. Sentí como si tuviera un montón de flema que quería expulsar, pero me dolía tanto que cualquier cosa rozara mi garganta que no podía pensar con claridad.
Sentí a algo o alguien moverse y buscar a tientas con prisa cerca. Pero la flema o saliva o lo que fuera se tragó de nuevo por mi garganta, y todo lo que pude hacer fue toser. Sentí como si la tos me estuviera desgarrando la garganta. Buaaa.
—No hay nada que pueda hacer por ti —oí decir a una voz arrepentida. Incluso sonaba como si se estuviera culpando a sí mismo.
—Dije que me haría responsable de ella.
Fue un suave murmullo, como si estuviera susurrando para sí mismo. Sentí una oleada de tristeza. Es mi culpa que esté enferma ahora, no de Kaitel. Si no hubiera sido tan terca antes, no me habría enfermado. Digo, estuve al lado del árbol de invierno, disfrutando del aire frío todo el día, así que por supuesto me puse enferma. Fue una estupidez por mi parte.
—Maldita sea.
Y con esa última y pequeña frase… fui tragada de nuevo en las profundidades del sueño.
