Traducido por Lily
Editado por Herijo
—¿Su Alteza?
Cuando regresé a la habitación, encontré a Serira tal como la había dejado.
En el instante en que entró en mi campo de visión, sentí que algo se derretía dentro de mí. Relajé el ceño y corrí a sus brazos. Aunque la tomé por sorpresa mientras estaba tejiendo, me recibió con los brazos abiertos. Su cuerpo era muy cálido, tan cálido que disipó mi mal humor.
Ah, qué calor. Apreté los ojos para concentrarme mejor en esa sensación. Mi respiración agitada, por haber corrido todo el camino, se fue calmando gradualmente. Solo mucho después abrí los ojos. Era más que comprensible que se hubiera desconcertado al verme correr hacia ella, pero Serira aun así me recibió con una sonrisa.
Casi sentí ganas de llorar cuando sentí sus suaves labios en mi mejilla. No tenía el abrazo suave y mullido de mi madre de mi vida pasada, ni era una mujer mayor y maternal —¡diablos, si era más joven de lo que yo fui en mi vida anterior!—, pero aun así, era mi madre. Sí, aunque fuera más joven que mi edad mental, seguía siendo mi madre.
—Me pregunto qué preocupa hoy a nuestra princesa… —dijo, con nuestras frentes juntas. Su voz tenía un matiz divertido.
Sonaba como si se estuviera burlando de mí, así que arrugué la cara automáticamente. Serira se rio suavemente.
—¿Y si no hacemos nada más por hoy? —preguntó mientras me volvía a abrazar—. Podemos quedarnos aquí si quiere.
Asentí.
—Mmm.
Estar así en sus brazos me hizo sentir mucho mejor. Ya ni siquiera recordaba por qué estaba tan enfadada. En el momento en que hundí el rostro en su abrazo e inhalé su aroma familiar, el que conocía desde que nací, todo se desvaneció.
¿Será este el poder de una madre? Hace un momento, estaba tan furiosa que quería romper algo.
—Siempre pensé que nuestra princesa era muy madura. Es tan bondadosa, considerada, rara vez se muestra testaruda o celosa…
¿Pero? Levanté la vista, contrariada, y me encontré con la mirada de Serira. Sus ojos eran de un verde intenso y vívido, como un frondoso bosque. Tuve una extraña sensación al mirarlos.
—Pero parece que, al final, sigue siendo una niña. Qué adorable.
¿Que esté enfadada es adorable? ¿Acaso quieres morir?
Fruncí el ceño y Serira se rio. Me acarició el pelo y, tal como su caricia me invitaba a hacer, volví a hundir la cara en sus brazos.
—Por eso la quiero tanto. La querría incluso si tuviera una rabieta, o si fuera terca, celosa o desconsiderada. Pero sé que nuestra princesa seguirá siendo la persona considerada que es. Sé que no será ni terca ni celosa. ¿Verdad?
Entonces, ¿qué es lo que quieres de mí exactamente? ¡Hmph! Era un cumplido tan típico…
Y sin embargo, no lo odié. Simplemente apreté los labios y me entregué a la calidez que me sostenía. Sin ninguna razón en particular, solo eso me consoló y me levantó el ánimo. Qué extraño. De verdad.
Entonces, oí a alguien abrir la puerta y entrar. Estaba segura de que era Elene, así que no me moví.
¿Debería dormir así? Tenía sentimientos encontrados. ¿Qué diablos estoy haciendo? Me comporto como un bebé recién nacido indefenso. Sabía que estaba actuando de forma infantil, que era tonto y estúpido… pero no podía evitarlo. Quería hacerlo. Solo porque seas un adulto no significa que siempre tengas que mantener la compostura. Un corazón herido por una razón desconocida es algo inevitable. Incluso el corazón de un adulto puede salir lastimado. Y aunque no sea una gran herida, sigue siendo una herida.
—Alteza…
Oí la voz de Elene llamándome, pero no me moví ni un centímetro de los brazos de Serira. Me llamó un par de veces más, pero pronto se rindió.
Serira le preguntó a una suspirante Elene:
—¿Sabe por qué Su Alteza se comporta así?
—No estoy segura —respondió Elene con frustración. Me limité a cerrar los ojos.
—Bueno, la verdad es que…
Sinceramente, solo quería olvidarlo todo, pero la voz de Elene reavivó la llama dentro de mí. Levanté la vista con el ceño fruncido y Elene cerró la boca.
—C-creo que tengo una idea.
—Primero ve a buscar un poco de té caliente. Y un trozo de pastel dulce también.De ser posible, un pastel de chocolate con mucho sirope, o un brownie. —Si Serira no hubiera cortado la conversación ahí, me habría lanzado sobre Elene.
—¡Vuelvo enseguida!
Puedes tomarte tu tiempo. Observé a Elene marcharse un momento antes de volver a hundirme en los brazos de Serira. La forma en que me daba palmaditas en la espalda se sentía más suave que de costumbre.
En fin, claro. Quizás fui yo la que malinterpretó que nos habíamos vuelto más cercanos. Es posible que solo me estuviera usando como su juguete. Todo el cuidado y la consideración que me ha mostrado podrían haber sido solo un cebo para usarme para su diversión. Quizás todo fue un malentendido mío. Sí, es posible. Lo sé. ¡Lo sé!
Pero a pesar de toda esta conciencia, el dolor en mi pecho no disminuía en absoluto.
Ugh, odio esto.
—Se sentirá mejor después de un dulce.
Lo dudo mucho. Sigo intentando olvidarlo, pero no deja de aparecer en mi mente. ¿Por qué me miró así? ¿Por qué? Era una persona completamente diferente. No era el Kaitel que conozco. Ah, supongo que eso es una completa tontería. Si no era la persona que conocía, ¿entonces quién iba a ser? No tengo ni idea. Mi mente era un completo desastre.
—Y algo caliente en el estómago la calmará. No pasa nada, princesa. No hay nada malo.
Serira me acarició la cabeza. Su tacto era considerado y cálido.
La frustración que había empezado a resurgir volvió a calmarse. ¿Serira es una maga?, pensé de repente. Si no, ¿cómo es que le resulta tan fácil manejarme?
Sentí como si acabara de despertar de un mal sueño. Serira sonrió, y toda la preocupación dentro de mí se disipó.
—¡Alteza, su delicioso pastel está aquí!
♦♦♦
Mantenía una leve esperanza de que, tal vez, solo tal vez, todo fuera un malentendido. Que solo fue un momento extraño. Que, seguramente, Kaitel tenía una razón para haberse comportado así conmigo.
Solo un resquicio de esperanza…
Pero incluso esa pequeña astilla se hizo añicos a la mañana siguiente.
No vino a dormir a su habitación. Pensé que al menos podría verlo cuando viniera a dormir.
Confirmar su ausencia me dejó un sabor amargo en la boca. A pesar de toda mi resistencia, pensé que algo pasaría cuando nos viéramos.
Pero supongo que no. Mi humor se desplomó de nuevo. Dejé escapar un suspiro corto y exasperado. Este era un mal humor diferente al de ayer. Dios, qué patética soy.
—¿Ya está despierta, Alteza?
Serira entró en la habitación, pero no me alegré de verla en absoluto. Me había pasado todo el día de ayer lamentándome en sus brazos, pero no podía hacerlo de nuevo. Además, esto no era algo que ella pudiera resolver. No pude evitar suspirar.
—¡Ya es hora de levantarse y lavarse. Hoy tiene que estar especialmente guapa!
¿Eh? ¿Por qué?
Ladeé la cabeza y Serira me tomó las mejillas con las manos.
—Su Majestad parte para la guerra. Debemos despedirle, ¿no cree?
¿Despedirle? No quiero. ¿Es obligatorio? Refunfuñé, intentando negarme, pero no pude emitir ni un sonido con sus manos apretando mis mejillas. ¿Qué clase de artimaña es esta?
Serira sonrió. Casi parecía intencionado. ¿Por qué?
—Esto es algo que debemos hacer, aunque no le apetezca, Alteza. ¡Vamos!
¡No, de verdad que no quiero! ¡Pero por supuesto, mis opiniones siempre son ignoradas! ¡Como siempre lo han sido y siempre lo serán! ¡Maldita sea! Aunque ahora puedo hablar, no ha cambiado mucho. ¡¿De qué sirve saber hablar?! Bueno, hay una cosa. Que me he vuelto más “humana”. Sí, esa parte me gusta. ¡Pero todo lo demás sigue igual!
—Venga, princesa. ¡Hora de lavarse los dientes y la cara!
—¡No!
Si lo hago, tendré que ver a Kaitel. ¡Y no quiero verlo en absoluto!
—Entonces lo haré yo por usted.
Intenté rebelarme, pero cuando Serira empezó a echarme agua en la cara con la mano, no tuve más remedio. Incluso me cepilló los dientes. Ah, está haciendo que sea imposible rebelarse.
Fruncí el ceño, disgustada por mi impotencia, y cuando me di cuenta, ya había terminado de lavarme. Había sido en un instante… ¿Significa eso que de verdad tengo que ir a ver a ese idiota de Kaitel? ¡Gaaaaah, no quiero! ¡De verdad que no quiero! ¿Debería intentar huir? Si pudiera correr y esconderme en algún sitio…
—Listo, princesa. Está fresca y reluciente.
Pero en el momento en que vi a Serira sonreírme radiante, cualquier impulso de ese tipo se evaporó. Se acabó. Estoy condenada.
Sinceramente, si fuera por cualquier otra cosa, no importaría, pero Serira era diferente. Si me escapaba, la pondría en una situación terrible y podría enfrentarse a graves consecuencias. Sí, así es. Serira era mi niñera, pero también la persona responsable de todo lo relacionado conmigo.
¡Aaaah, pero sigo sin querer ir!
—Es hora de un delicioso desayuno. ¿No está emocionada, Alteza?
Yo llevaba todo el tiempo con el ceño fruncido, pero Serira seguía sonriéndome y acariciándome las mejillas.
¿De qué estás tan contenta, mamá?
Como de costumbre, me sirvieron la comida en mi habitación. Sabía que no iba a desayunar con Kaitel, pero aun así, era una posibilidad que existía de vez en cuando.
Esto es injusto. Muy injusto. ¡Entonces no deberías haber sido amable conmigo para empezar! Ahora me siento peor al ser ignorada. ¿Cuándo me acostumbré a ese tipo de trato? ¡Maldición!
—¡No quiero comer!
—Es su favorito, princesa. ¿De verdad no va a probarlo?
—¡No quie…!
En el momento en que abrí la boca, Elene me metió la cuchara. Agarré la cuchara y la fulminé con la mirada. ¿Cómo te atreves? ¡Soy una princesa!
—No debe quejarse de la comida, Alteza. Si se niega a comer, ¡el trabajo de incontables personas se habrá desperdiciado!
¿Y eso a mí qué me importa? Pero una vez más, habían logrado evitar que huyera.
Elene sonrió y me acercó otra cucharada a la boca.
No quiero, pero… ¡Ugh! ¿Por qué tuve que nacer princesa y verme atrapada en un aprieto tan tonto? Sé que cualquiera que escuchara esto pensaría que no es motivo de queja, pero… Bueno, vale. Sé que son problemas del primer mundo. Lo sé.
Por eso, al final, me senté allí y comí obedientemente.
—Se lo ha terminado todo, Alteza. Bien hecho.
—¡Ahora a elegir su ropa! ¡Algo bonito, por supuesto!
¿Ropa? ¡Quería volver a meterme en la cama y entregarme a un sueño profundo! Pero, como antes, pronto me encontré en brazos de Elene, dirigiéndome al vestidor en contra de mi voluntad. ¿Acaso soy tu juguete o qué?
—Creo que un vestido azul estaría bien porque simboliza la paz.
—Pero los adornos son muy cargados, señorita Serira. ¿Qué tal este vestido blanco?
—¿No te parece demasiado sencillo?
—Entonces, ¿qué tal este?
—El color es demasiado apagado. ¿Qué te parece este?
Elijan cualquier cosa ya, por favor. Tanto tiempo y esfuerzo para una prenda…
Sabía que todo esto era porque querían que estuviera lo más guapa posible, pero en este momento todo me resultaba molesto.
Ugh. ¿Por qué me comporto como una niña de verdad? Qué patética soy. Lo siento, no puedo ser genial.
—¡Qué hermosa!
Hermosa, y un cuerno.
El vestido que finalmente me pusieron era de un corte limpio con unos bonitos volantes en los puños. Bueno, sí. Es bonito, eso lo reconozco. Pero ahora que lo llevaba puesto, sentí una punzada de miedo.
¿De verdad tengo que verlo? ¿Esa cara? No estoy segura… No estoy segura de poder recuperarme de esa mirada gélida. ¿Debería fingir que me encuentro mal? ¿O debería intentar lesionarme a propósito?
Levanté la vista con cuidado para evaluar la situación cuando vi a las dos mujeres mirándose y sobresaltándose. ¿Eh? ¿Qué pasa?
—¡Alteza!
—¿Sí?
Di un paso atrás, sorprendida por la repentina llamada. Mmm, esto no me da buena espina. Una sensación ominosa empezó a subirme desde los pies. Elene me dedicó una sonrisa radiante.
—Tenga, princesa. Por favor, entréguele esto a Su Majestad.
Me tendió un pañuelo blanco con la letra “A” bordada en una esquina.
—¿Qué es esto?
—Es su pañuelo.
¿Mi pañuelo? ¿Desde cuándo tengo un pañuelo? Pero a ellas no pareció afectarles mi total confusión. Esto parece un plan malvado…
—¿Por qué? —pregunté, todavía desconcertada.
Serira sonrió mientras tomaba el pañuelo de la mano de Elene y lo ponía en la mía.
—Debe dárselo a Su Majestad.
—¡¿Por qué?! —grité tan fuerte que me sorprendí a mí misma.
¿Pero qué estás diciendo? ¿Por qué tengo que darle un pañuelo a ese idiota?
La noticia me sorprendió, pero más aún el sonido de mi propia voz. Cerré la boca de inmediato. Los engranajes de mi cabeza empezaron a girar.
Serira me acarició el pelo y me respondió con una voz suave y tranquila, que empezó a calmar mi corazón desbocado.
—Para despedirle y desearle bienestar.
—¿Bienestar?
—Sí. Es su forma de desearle un regreso seguro.
Esa parte la sé. ¡Lo que no sé es por qué tengo que ser yo quien lo haga!
—Es costumbre que una dama le dé un presente a su caballero.
Serira habló con una sonrisa, pero yo dejé caer el pañuelo por puro reflejo.
—No.
¿Qué me importa a mí si vuelve sano y salvo o no? Pero más que eso, el hecho de tener que verlo cara a cara me aterraba. Solo quería evitarlo el resto de mi vida.
Para empezar, me daba miedo salir, ¿y ahora querían que le entregara esto? ¿¡Personalmente!? ¿¡Creen que le hará feliz recibirlo de mí!? Podría tener que renunciar a mi título de princesa y vivir el resto de mi vida como la hija ilegítima del emperador. La única razón por la que había llegado tan lejos era porque me ha mostrado su favor. No, olvídenlo. ¿Y si rechazaba mi pañuelo delante de toda esa gente? Nuevo miedo desbloqueado.
—Vamos, princesa. Es la única que puede hacer esto.
—¡No quiero!
—Alteza…
¡No les importan mis sentimientos! ¡Esto es muy serio, no lo hagan enojar! Si acabo humillada ahí fuera, ¡también se acabará para ustedes!
Y sin embargo, Elene y Serira fueron implacables.
—Normalmente, la emperatriz tendría que hacer esto, pero como el puesto está vacante, le corresponde a usted, princesa. ¿No está de acuerdo?
—Alteza, ¿de verdad va a enviar a Su Majestad al peligroso campo de batalla sin un amuleto de buena suerte?
—¡Si se va así, no lo verá en al menos seis meses!
Con ambas presionándome desde los lados, me encontré sin otra opción. Por mucho que me resistiera, por mucho que jugáramos a este tira y afloja, al final sería yo quien cediera.
¿Por qué mis opiniones son siempre las que se ignoran? ¡Solo quiero que se me respete!
