La hija del Emperador – Capítulo 43

Traducido por Lily

Editado por Herijo


Me llevaron a rastras al Palacio Estella, otro palacio del que nunca antes había oído hablar. El estruendo de la multitud me retumbaba en los oídos. Todos los nobles de la corte estaban presentes en el evento, desde aquellos que nunca había visto hasta los que me encontraba con frecuencia.

¿De verdad esperan que le dé un regalo delante de toda esta gente? ¿Están locas?

Me di la vuelta y Serira me tomó en brazos con una sonrisa. ¡Eh! ¡Suéltame!

Como me había entretenido tanto intentando librarme de toda la situación, la ceremonia de guerra casi había terminado cuando llegamos. ¿Adónde demonios me llevas, mamá? ¡Te digo que esto es una locura! ¡Es tan descabellado como casarse!

—Su Majestad Imperial.

Oh, voy a perder los estribos.

Un enorme ejército de decenas de miles de soldados de aspecto fiero se encontraba bajo la plataforma, junto con los nobles que se habían reunido. Kaitel llevaba un uniforme para la ocasión. Se parecía un poco al que solía llevar, pero era diferente. El sol de pleno verano brillaba intensamente sobre nosotros. Tragué saliva con nerviosismo.

—Adelante, Su Alteza.

Apenas podía procesar las palabras de Serira. ¿Qué hago? ¿Debería huir?

Lo único positivo en este momento era que Kaitel estaba de espaldas al sol, así que no podía verle la cara.

Qué alivio. ¿Debería hacerme la loca un segundo y dárselo? Podría salir corriendo después para que no tuviera oportunidad de rechazarme, ¿verdad? Sí. Creo que eso sería lo mejor.

Tenía las manos sudorosas, pero ni se me ocurrió secármelas. Me acerqué a Kaitel contoneándome. Agh, no creo que pueda hacer esto.

—Un r-regalo… de mi parte —había planeado salir corriendo, pero mi cuerpo se quedó rígido en el momento en que le tendí el pañuelo.

¿Puede todo el mundo mirar para otro lado un segundo? Las miradas de la gente en la multitud se sentían como espinas clavándose por todo mi cuerpo. Me sentía como si estuviera allí de pie, desnuda.

¿Qué hago? Este maldito hombre ni siquiera me está dando ningún tipo de reacción. Igual que… ayer.

Sentí que se me hacía un nudo en la garganta por un segundo, pero apreté los labios con fuerza para reprimirlo.

¿Debería simplemente tirarlo al suelo y correr?

Estaba siendo lo suficientemente amable como para darle personalmente este regalo, pero lo único que hacía era quedarse ahí parado. No pude evitar sentir resentimiento hacia él. Idiota. Te la devolveré, ya lo verás. Algún día, cuando sea grande y exitosa, me vengaré.

De repente, la sombra frente a mí empezó a encogerse. ¿Mmm?

No… No era que la sombra se hubiera hecho más pequeña, era que Kaitel se había agachado.

—Tienes que atármelo.

¿Eh…? ¿Oh? Es mi padre.

Mis ojos se abrieron como platos. Era realmente mi padre.

—¿No vas a atármelo?

¿Dónde te habías metido todo este tiempo, papá? ¡Te vas a enterar! ¿Dónde has estado?

Su cara y su cuerpo eran exactamente los de la persona que había visto ayer, pero la mirada de sus ojos era completamente diferente. El hombre que tenía delante era totalmente distinto al de ayer. ¡Imbécil!

Por un momento, sentí que se me hacía un nudo en la garganta por una razón diferente a la de antes, pero contuve las lágrimas y empecé a mover mis diminutas manos. Até el pañuelo que Serira me había dado alrededor del brazo de Kaitel. Los movimientos de mis pequeñas manos eran lentos y torpes, pero Kaitel esperó pacientemente.

Cuando terminé, levanté la vista y crucé la mirada con aquellos ojos carmesí. No era esa mirada fría y afilada que me había dedicado antes. Era más bien una mirada vacía y nebulosa, pero aun así, me gustaba. Porque esos eran los ojos que yo conocía.

Abrí mis dos brazos de forma natural y Kaitel, con su rostro inexpresivo, me levantó. Su reacción fue tan natural como el agua fluyendo.

Siento que podría llorar. Pff. Así es, imbécil. Sé que tú también te has encariñado conmigo. ¡No soy solo yo! ¡Te tengo en la palma de mi mano, ¿lo sabías?!

Estos gestos y acciones se sentían tan naturales que no había necesidad de ninguna explicación. Me sentí de alguna manera orgullosa y triste al mismo tiempo. En realidad, era un sentimiento que no podía explicar del todo.

—Tres meses, ¿verdad?

¿Mmm? ¿Tres meses, qué?

Mis ojos se abrieron de par en par y Kaitel sonrió.

—Lo terminaré para entonces.

Kaitel me bajó y me puso la mano en la cabeza. Me sentí muy feliz de sentir el calor de su gran mano.

—Espera tres meses, ¿de acuerdo?

¿Esperar a qué?… En ese momento, algo pasó por mi mente. Oh, está hablando de cómo los niños no pueden recordar nada más allá de tres meses porque tienen una memoria terrible. ¿Pero tres meses? ¡Serira dijo que no podría verlo durante al menos seis!

—¡Papá! —grité mientras Kaitel se dirigía a su caballo. Se giró para mirarme.

Este maldito hombre. Ibas a volver de todas formas. Simplemente no podía entender a qué vino el episodio de ayer. Imbécil. El comportamiento frío de ayer se está borrando lentamente de mi mente. Gaaah. Ni siquiera puedo odiarlo. Supongo que me he encariñado con él.

—No causes problemas —dijo.

¿Yo? Tú eres el que va por ahí causando problemas.

Pero el sentimiento de disgusto solo duró un segundo. Mientras veía a Kaitel subir a su caballo, grité con todas mis fuerzas:

—¡Vuelve a casa sano y salvo!

En ese momento, el sonido de los cuernos llenó el aire. Vi a algunas damas llorando mientras se despedían de sus caballeros, y luego me volví para mirar a Kaitel de nuevo. De repente sentí una oleada de urgencia.

Realmente no lo veré en seis meses…

En medio de innumerables voces que despedían a sus hijos y seres queridos, grité con todas mis fuerzas, aunque sabía que no podría oírme.

—¡Promételo!

Estaba segura de que no podría haberme oído, pero justo antes de que empezaran a marcharse, Kaitel se giró y nuestras miradas se encontraron. Quería sonreír, pero no pude.

Quería despedirlo con una sonrisa… Mientras mi cara se contraía por la emoción, Kaitel me dedicó una sonrisa. Esa sonrisa en ese momento fue la cosa más deslumbrante y radiante que había visto en mi vida.

FIN PERDEL

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