La Tierra está en línea – Capítulo 144: Revolución del tiempo

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


—¿Quién demonios eres?

El rugido sacudió el patio, cargado de sorpresa y pánico. Li Chaocheng clavó la mirada en los tres frente a él, como si quisiera arrancarles la verdad de sus rostros. Pero Tang Mo y Chen Shanshan permanecían imperturbables, sin un gesto de cambio. Jack, en cambio, no comprendía el trasfondo de aquellas palabras y no reaccionó en absoluto.

Tang Mo observaba con frialdad al «hombre invisible» aterrado. Estaba tranquilo en apariencia, pero en su mente destellaban innumerables pensamientos.

¡La gente invisible no sabía que los mundos se estaban fusionando!

Desde el principio, aquello le había parecido anómalo. La Torre Negra siempre había sido justa; sin embargo, esta vez los dos mundos se fusionaron de repente sin previo aviso, y la gente invisible podía desplazarse entre ellos a voluntad. Para los jugadores supervivientes, aquello era una injusticia intolerable.

Tang Mo había necesitado medio mes para descubrir la verdad de la tabla de tiempos y a lo que Bai Ruoyao llamaba «gente invisible». Los jugadores ordinarios, sin organización, tardarían aún más en enterarse. Para ellos, todo era desconocido; los invisibles los llamaban cerdos y los mataban sin explicación, dejándolos morir sin saber siquiera por qué ni por quién.

Al principio, Tang Mo pensó que la propia Torre Negra la que había dispuesto semejante injusticia.

Medio año atrás, más de seis mil millones de personas desaparecieron. Tang Mo nunca supo qué había sido de ellos. Tal vez tenían que desafiar sin descanso los juegos de la Torre Negra y atacarla. Y, sin embargo, la tabla de tiempos lo dejaba claro: el mundo al que habían sido arrastrados era mucho más cruel que el de los supervivientes.

Seis mil millones de seres humanos vivieron en un infierno durante seis meses. Ahora, con la inminente actualización a la versión 4.0, los dos mundos comenzaban a fusionarse y las personas invisibles parecían regresar a la Tierra. Durante todo ese tiempo habían cargado con la injusticia de una mala suerte —la de no haber podido «cargar» el juego—, y ahora la Torre Negra les otorgaba un tipo de compensación: los jugadores supervivientes no sabían de su existencia.

La Torre Negra, al final, seguía siendo justa.

Tang Mo se metió las manos en los bolsillos y murmuró:

—La suerte también es un tipo de fuerza. Nunca ha habido injusticia.

El hombre de mediana edad lo escuchó y giró la cabeza de golpe. El sol iluminaba el rostro de Tang Mo, y aunque su cuello estaba desprovisto de un número, Li Chaocheng sintió una presión sofocante que hacía mucho tiempo no sentía. La última vez había sido dentro de una instancia, frente al lunático que ocupaba el puesto 36 de la tabla de tiempos.

Su mente se agitó con rapidez. Haber entrado en el ranking no solo demostraba cuánta gente había matado, sino también que no era ningún tonto. Bastó un momento para comprender las palabras de Tang Mo, y la verdad lo sacudió hasta los huesos; la sorpresa y el horror llenaron sus ojos.

—¡Tú… no eres un retornado! Solo eres uno de esos malditos 400 millones de afortunados.

—¿Retornado? —repitió Jack, confundido.

Li Chaocheng cerró los ojos con fuerza, y luego los abrió para mirar a Tang Mo con extrañeza, antes de pasar a Chen Shanshan y a Jack.

De pronto, el hombre soltó una carcajada salvaje. Sus músculos faciales se crisparon y la cicatriz de su cara se contrajo como si cobrara vida, retorciéndose junto con la risa.

—¿Hemos vuelto? ¿Ya hemos vuelto? —gritó entre carcajadas.

El trío no respondió, pero la risa de Li Chaocheng se cortó de golpe.

—No… aún no hemos vuelto. Si de verdad hubiéramos vuelto, la Torre Negra lo habría anunciado. No ha habido ningún aviso, así que… —susurró, con una chispa en la mirada—. ¿Será por Mu Huixue?

Sin esperar respuesta, repitió para sí:

—Sí, debe de ser por Mu Huixue. Hace medio mes, la Torre Negra le dio instrucciones y fue a despejar el cuarto piso. El cuarto piso… la clave para regresar. Pero la instancia no se completó del todo… así que aún no hemos regresado por completo.

Tras pronunciar esas palabras, Li Chaocheng pareció comprender al fin.

En apenas unos minutos, Tang Mo no había revelado nada. Y aun así, el hombre, valiéndose de unas pocas frases y de sus reacciones mínimas, reconstruyó la verdad. Cuando lo comprendió, cerró la boca y una sonrisa deformada se extendió por su rostro.

Durante todo ese tiempo había forcejeado, intentando desatar la cuerda de goma que lo inmovilizaba pero fue inútil. Medio minuto después, se dio por vencido.

El hombre bajito se sentó en el suelo y dirigió su mirada maliciosa a los tres humanos que tenía delante. No dijo nada, solo se limitó a sonreír.

Jack no aguantó más y estalló:

—¿Qué estás mirando?

Li Chaocheng lo miró con desprecio, guardando silencio.

—¡Tú…! —rugió Jack, exasperado.

El extranjero estaba furioso. No comprendía cómo podía alguien transformarse tanto en cuestión de minutos. Antes se había sentido frustrado y presa del pánico tras ser atrapado por Tang Mo y no poder escapar; ahora, su rostro había cambiado una y otra vez hasta acabar en esa expresión despreocupada.

Su fea sonrisa brillaba con claridad bajo la luz del sol.

Tang Mo lo contempló en silencio, luego se agachó hasta quedar frente a frente. Se sostuvieron la mirada, sin hablar. Finalmente, los labios del joven se curvaron lentamente y dijo con voz tranquila:

—Así que eres un retornado. ¿Ese nombre te dio la Torre Negra… o fue invención tuya?

Li Chaocheng se sobresaltó, pero enseguida ocultó sus emociones y replicó:

—¿Qué retornado? No sé de qué estás hablando.

La voz serena de Chen Shanshan se alzó en el aire.

—Tú no eres tonto y nosotros tampoco lo somos. Mencionaste la tabla de clasificación de tiempo y los retornados. Si él fuese el único presente, podrías haberlo engañado. —La niña señaló a Jack antes de continuar—: Pero las cosas que tú piensas, nosotros también las pensamos. Puede que sepas la verdad, pero te hemos atrapado. Solo queremos saber una cosa… ¿qué es exactamente la tabla de tiempos?

Sus palabras fueron desacreditadas, pero Li Chaocheng no se puso nervioso. Se mofó:

—¿Tabla de tiempos? No eres muy lista si haces esta pregunta. Ya sabes lo que es, por eso me has preguntado qué número ocupo en la lista.

Tang Mo lo observaba en silencio. Li Chaocheng rió entre dientes y explicó:

—Matar a una persona te da 10 minutos de tiempo de descanso. Si esa persona acumuló tiempo extra, puedes arrebatarle la mitad.

Tang Mo levantó las cejas y dijo:

—Eso no es ningún secreto. Los jugadores supervivientes… esos «malditos 400 millones de afortunados», como tú los llamaste, ya lo saben. Es un secreto a voces en la Tierra.

Los ojos de Li Chaocheng se entrecerraron con violencia. ¿Cómo podían los jugadores supervivientes saber acerca de los retornados? Un instante después rugió:

—¡Imposible, me estás mintiendo! Acabo de enterarme de que vamos a regresar. ¿Cómo demonios podrían esos tontos, que viven bajo el ala de la madre Torre Negra, saberlo antes que nosotros?

Tang Mo respondió con ligereza:

—Créelo o no, es un secreto a voces. —Hizo una pausa y sonrió—. Entonces dime… ¿lo crees?

—¡Tú…! —Li Chaocheng rechinó los dientes, rojo de furia.

En realidad, su mente no paraba de trabajar. ¿Era posible que esos supuestos 400 millones de idiotas hubiesen descubierto la información sobre la fusión de los dos mundos antes que los retornados? ¿De verdad podían ser tan listos?

No. La Tierra llevaba en línea medio año y, en ese tiempo, millones de esos 400 habrían muerto. Los restantes —decenas de millones— debían haber superado al menos el primer piso de la Torre Negra y poseer cierta fuerza. Pero si su poder era tan alto como para que todos hubieran descubierto la verdad… ¿eran más fuertes que él?

El sentido común de Li Chaocheng le gritaba que el joven debía estar mintiendo. ¿Cómo era posible que esos humanos superaran su propia fuerza? Aun así, no podía confiar plenamente en su juicio. Si esos 400 millones de jugadores fueran realmente tan fuertes, aquello sería un desastre absoluto para los retornados.

Li Chaocheng agachó la cabeza y calló; la incertidumbre lo corroía.

Jack, irritado, quiso increparlo, pero Tang Mo lo detuvo con una pregunta directa:

—¿Qué es exactamente la tabla de clasificación de tiempos?

El hombre de mediana edad lo miró con desdén.

—¿No saben ustedes, idiotas supervivientes, lo que es?

Tang Mo sonrió.

—Sé qué es y cómo obtener tiempo. Lo que quiero saber es cómo lo conseguiste tú. ¿Te lo dio directamente la Torre Negra o es un accesorio especial? ¿O tal vez… una habilidad?

Había visto ya muchas habilidades extrañas, por lo que no le parecía imposible que la tabla de tiempos fuese una de ellas. Al fin y al cabo, existía el caso de aquel adolescente capaz de fortalecer el físico de otros ingiriendo corazones.

Li Chaocheng soltó una carcajada seca.

—¿Por qué debería decírtelo?

Tang Mo señaló la cuerda de goma.

—Porque ahora estás bajo nuestro control.

Li Chaocheng sonrió con desprecio.

—¿Solo por eso? Pensé que eras de los mejores entre los 400 millones, pero parece que no eres más listo que el resto.

La expresión de Tang Mo no se inmutó.

—Acabo de superar el primer piso de la Torre Negra. Estoy en el fondo de esos 400 millones.

La mentira hizo que los párpados de Jack se crisparan, mientras que Chen Shanshan comprendía el juego psicológico de Tang Mo, aunque no pudo evitar delatarse con una mirada.

Li Chaocheng bramó:

—¡No me lo creo! ¿Cómo puedes estar en el fondo de esos idiotas?

Tang Mo sonrió.

—Puedes elegir creerlo o no. Así que dime… ¿lo crees?

—¡Tú…! —El otro estaba tan enojado que ya no hallaba palabras.

Tang Mo insistió varias veces, golpeando siempre en el mismo punto. Aunque Li Chaocheng no creía del todo lo que decía, le preocupaba con gran intensidad que pudiera ser verdad. Atrapado en la duda, cerró la boca y se negó a responder.

Tras un tenso silencio donde Li Chaocheng mantuvo su negativa, Tang Mo suspiró y se levantó.

—Sientes que desaparecerás tarde o temprano, volviendo al mundo de los retornados. Por lo tanto, no necesitas comprometerte con nosotros para escapar.

La afirmación fue cortante, sin un ápice de duda.

Los ojos de Li Chaocheng se abrieron de par en par, llenos de incredulidad.

—¡No sé de qué estás hablando! —se apresuró a replicar.

Tang Mo asintió con calma.

—Lo sabes muy bien. Los retornados aparecen y desaparecen en la Tierra sin previo aviso.

Li Chaocheng, siendo alguien que ocupaba un puesto alto en la tabla de tiempos, podía deducir esto por sí mismo. El hecho de que aun conociendo su ventajosa posición siguiera mostrándose irritado, demostraba la astucia y profundidad de su carácter. Aquella fachada sorprendió a Tang Mo. Sin embargo…

—Pero te aseguro que una vez que empieces a desvanecerte… yo mismo me encargaré de matarte.

Li Chaocheng apretó los dientes, aunque no dijo nada.

—Es la verdad. Créela o no, ¿qué dices? —La sonrisa de Tang Mo era tan ligera como su amenaza.

Li Chaocheng ya no quería negociar con aquel joven insondable. Harto de la conversación, soltó directamente:

—Sí, estoy esperando volver a mi mundo. No hemos regresado del todo porque la versión 4.0 de la Torre Negra aún no se ha actualizado, pero es un hecho: definitivamente volveré. No importa si te creo o no. Pensé que eras muy inteligente. ¿De verdad no ves que no tengo ningún motivo para compartir la información que poseo?

Tang Mo enarcó una ceja.

—Dijiste que me matarías antes de que desapareciera. Voy a morir de todos modos. ¿Por qué debería decirte lo que sé? —se burló con frialdad.

Tang Mo fingió sorpresa, como si de verdad hubiese pasado por alto algo.

—¿Oh? ¿De verdad no pensé en eso? Qué descuido el mío.

Un mal presentimiento recorrió de golpe a Li Chaocheng. El corazón se le encogió mientras una premonición desconocida lo invadía. El joven, tan apuesto como inescrutable, se volvió hacia el robusto extranjero que lo acompañaba. Levantó la mano derecha en un ademán ligero: el dedo índice colgaba apenas de un delgado trozo de piel, casi seccionado por completo.

Li Chaocheng recordó, de repente, que lo había atravesado con agujas antes. El joven no había mostrado dolor alguno al hablar.

La inquietud de Li Chaocheng se transformó en un miedo opresivo.

Entonces escuchó al joven decir con un tono jovial:

—Jack, aún no podemos matarlo. Pero sí podemos sacarle algo de información. Sujétale la mano derecha. —Sus dedos se movieron y un cuchillo de plata apareció en su palma. La sonrisa que mostró era resplandeciente, casi luminosa—. Quizá esté dispuesto a hablar… si le corto los dedos.

El cuero cabelludo de Li Chaocheng se entumeció y el sudor frío le recorría la espalda.

Jack asintió y sujetó firmemente la mano del prisionero. Tang Mo eligió el dedo índice. El suyo ya mostraba una capa de carne rosada regenerándose; pero la sangre no había parado de chorrear, formando un espectáculo grotesco. Colocó la afilada hoja contra el dedo de Li Chaocheng. Este estaba pálido, pero aun tuvo fuerzas para mofarse:

—¿Solo esto? Ustedes, los 400 millones de idiotas, se obsesionan con unos pocos dedos. ¿Cortármelo? ¡Pues córtalo ya!

Tang Mo lo observó con calma.

—¿Quién dijo que te lo cortaría?

Li Chaocheng se quedó helado.

—Solo voy a cortarlo… un poco.

La hoja descendió. Un chorro de sangre brotó al abrirse la carne: apenas una lámina, un milímetro exacto. El cuerpo de Li Chaocheng se convulsionó, un rugido animal estalló de su garganta.  Antes de que pudiera procesar el dolor, Tang Mo ya estaba haciendo un segundo corte.

—¡¡¡Ahhh!!!

Jack apartó la mirada, incapaz de soportarlo.

Tang Mo, en cambio, seguía inclinado, inexpresivo, cortando con precisión quirúrgica como si rebanara verduras en una tabla. Ni una emoción atravesaba su rostro, sus pensamientos un misterio.

Jack no aguantó más.

—Tang, basta. No puedo seguir viendo esto.

Una pequeña mano presionó la muñeca de Li Chaocheng. Jack levantó la vista y vio a Chen Shanshan. Su expresión era serena, la voz, firme:

—Yo lo haré.

Jack dudó un instante y asintió.

—… De acuerdo.

Nadie lo habría esperado: de los tres, el extranjero fue el primero en quebrarse. Chen Shanshan y Tang Mo, en cambio, permanecieron implacables, uno sujetando, el otro cortando.

Cuando el cuchillo llegó a la mitad del dedo, Li Chaocheng estaba empapado en sudor. Su rostro lívido, su respiración entrecortada. Finalmente gritó, desgarrado:

—¡Lo diré, lo diré! Les contaré todo.

Tang Mo se detuvo… y entonces, con un movimiento limpio, cortó el dedo por completo.

—No es bueno que te hayas rendido tan pronto —murmuró.

Chen Shanshan asintió mientras se limpiaba con calma la sangre que salpicaba sus manos.

—Sí. Tan pronto no es bueno.

Jack y Li Chaocheng se quedaron sin palabras.

¡¡¡Ahora creía que los 400 millones de jugadores daban miedo de verdad!!!

Resignado, habló:

—Hace tres meses, el 12 de enero de 2018, acababa de pasar el segundo piso de la Torre Negra y estaba descansando. Habían transcurrido ocho minutos de mi pausa cuando la Torre Negra lanzó un anuncio… —Su voz, ronca, evocaba aquel instante.

¡Ding, dong! Dijan Galava, jugador de la Zona 1 de Asia Meridional, ha superado con éxito la instancia «El reverso del reloj de la verdad» y ha abierto la tabla de clasificación de tiempos.

¡Ding, dong! Dijan Galava, jugador de la Zona 1 de Asia Meridional…

La voz infantil y clara resonó con fuerza en los oídos de más de dos mil millones de personas. Tres veces sonó el anuncio. Cuando comenzó, todos estaban cubiertos de heridas, con la ropa empapada de sangre, la piel manchada por meses de mugre. Sus ojos, inyectados de rojo, hablaban de noches en vela. Nadie reaccionó: solo escucharon en silencio, arrastrando sus cuerpos agotados hacia nuevos juegos, o dejándose caer al suelo por el tan anhelado descanso.

Sin embargo, esta vez, tras el tercer aviso, la voz de la torre negra no se detuvo. Una música alegre comenzó a sonar.

Ese mismo 12 de enero, Tang Mo y Fu Wenduo se enfrentaban a 21 jugadores del primer piso en la instancia del Circo Extraño. Ese mismo día, más de 100 millones de jugadores en la Tierra ignoraban por completo que, en otro mundo, estaba a punto de comenzar una transformación.

Si hubiera sido en la Tierra, la Torre Negra repitiendo un nombre tres veces y luego cantando una canción habría bastado para que todos se detuvieran y escucharan. Pero allí, los jugadores siguieron con sus rutinas, indiferentes, como si fueran sordos a la voz y a la música.

Treinta segundos después, la música se detuvo, y la potente voz de la Torre Negra volvió a retumbar:

¡Ding, dong! Las reglas de la tabla de clasificación de tiempos son las siguientes:

Primero, de acuerdo con el presente, cada jugador obtiene un descanso de 10 minutos tras cada ronda del juego, como tiempo inicial de prueba.

Segundo, matar a un jugador con un tiempo inicial de prueba permite arrebatar esos 10 minutos de la otra persona como tiempo de descanso extra.

Tercero, el tiempo extra se mostrará como números visibles en el cuello.

Cuarto, matar a un jugador que posea tiempo de descanso extra otorgará la mitad de ese tiempo más los 10 minutos iniciales.

Quinto, antes de cada juego nuevo, el jugador podrá consultar en tiempo real la tabla de clasificación de tiempos.

Sexto, la tabla clasificatoria de tiempos admite 100 puestos. Matar a alguien entre los 100 primeros, otorga 50 minutos de descanso; entre los 50 mejores, 100 minutos; entre los 20, 500 minutos. Matar a un jugador del top 10 otorgará como recompensa un objeto de buena calidad. Acabar con el tercero otorgará el privilegio de renunciar a cualquier partida de la Torre Negra. Acabar con el segundo otorgará un objeto de calidad rara.

Séptimo, matar al primer jugador del ranking concede una oportunidad única de resurrección. Con esto se le podrá devolver la vida a cualquier jugador que haya muerto en el juego de la Torre Negra.

¡Ding, dong! ¡Por favor, intenten atacar la torre y volver a la Tierra!

Esta fue la revolución del tiempo para los retornados.

♦ ♦ ♦

La autora tiene algo que decir:

Viejo Fu: ¡La mano de Tang Tang! ¡Su mano!

Mo Tang: Rebanar carne, rebanar carne~ [Cara fría]

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