Traducido por Shisai
Editado por Shiro
Los ojos de Li Chaocheng se movían con rapidez mientras hablaba, pensando en cómo escapar y evitar revelar información.
Los dedos de Tang Mo se agitaron y se oyó el claro chasquido de la afilada hoja al incrustarse en la tierra. El frío cuchillo se aferró al dedo cortado de Li Chaocheng, listo para atravesar su carne en un instante.
El hombre de mediana edad se quedó paralizado, los ojos abiertos de par en par. Tang Mo volvió la cabeza hacia Chen Shanshan.
—Ey, sujétale la mano.
—¡Espera, espera! —Li Chaocheng gritó al instante, presa del pánico—. Te lo diré todo. ¿Qué más quieres que saber? La tabla de clasificación del tiempo apareció de repente, y los que no tienen tiempo extra de descanso son unos cerdos… —Vio el ceño fruncido de Jack y se apresuró a añadir—: ¡No fui yo quien los llamó así! No sé quién empezó, solo repetí lo que escuché. Te he contado todo lo que sé, ¡lo juro eso es todo!
Tang Mo y Chen Shanshan se cruzaron una mirada silenciosa.
—¿Dónde está la zona asiática 1? ¿India? —preguntó Chen Shanshan con serenidad.
—No lo sé —respondió Li Chaocheng.
—No hay ningún jugador llamado Dijan Galava entre los cincuenta primeros de la tabla de clasificación del tiempo.
La expresión de Li Chaocheng cambió. Miró el cuchillo en la mano de Tang Mo y apretó los dientes.
—Dijan Galava murió hace dos meses. Ocupaba el puesto veinte. Fue él quien abrió la tabla de clasificación, pero eso no afectó su posición.
Dicho esto, la expresión de Li Chaocheng era desagradable, pero su tono resultó extraordinariamente firme. Tang Mo asintió a Chen Shanshan, y con ese gesto ambos confirmaron la veracidad de la información. En ese caso…
—¿Qué tipo de persona es Mu Huixue? —preguntó Tang Mo con ligereza.
—No lo sé —respondió Li Chaocheng.
Tang Mo enarcó una ceja.
Li Chaocheng, nervioso, se apresuró a continuar:
—De verdad no lo sé. Ella es del Distrito 3 de China y yo soy del Distrito 1. No podemos encontrarnos fuera de los juegos internos, nunca la he visto. Solo conocí a un retornado del puesto treinta y seis en la tabla de clasificación del tiempo.
—Entre los retornados —dijo Chen Shanshan con voz neutra—, ¿cuántos han superado el tercer piso de la Torre Negra?
Li Chaocheng vaciló antes de responder con sinceridad:
—No sé cuántos exactamente, pero deben de ser muchos. Yo mismo superé el tercer piso el mes pasado. Todos los que están en la clasificación lo han hecho, al menos. Se dice que Mu Huixue ya superó el cuarto.
Jack escuchó aquello y miró inquieto a sus compañeros. Pero Tang Mo y Chen Shanshan no mostraron sorpresa alguna, como si ya lo hubieran previsto. Jack se rascó la cabeza, desconcertado, hasta que de pronto comprendió.
Los seis mil millones de personas desaparecidas medio año atrás afirmaban ser retornados. La Torre Negra los había obligado a atacar la torre para regresar a la Tierra. Día tras día, jugaban sin descanso. Mientras mantuvieran los ojos abiertos, debían seguir jugando. Después de cada partida, apenas diez minutos de respiro antes de la siguiente.
No había elección. Todo era compulsión.
Con el tiempo, los humanos comenzaron a insensibilizarse. El futuro era incierto, la muerte, inminente. Escapar una vez solo significaba morir más tarde. No bastaba con sobrevivir: había que soportar el dolor, resistir las heridas. Pero las lesiones nunca sanaban del todo, y arrastrarlas a la siguiente instancia equivalía casi siempre a una sentencia de muerte.
Ni siquiera los más fuertes podían sostener en juegos tan despiadados. La muerte era inevitable; solo variaba el cuándo.
Hasta que apareció la tabla de clasificación del tiempo.
Con ella, los retornados encontraron una dirección. Descubrieron que aún podían vivir.
Gracias a la tabla, los jugadores poderosos consiguieron más descanso, más oportunidades. Cazaban a otros para obtener tiempo y accesorios, volviéndose aún más fuertes, mientras los débiles eran devorados. Un ciclo perfecto.
La pregunta de Chen Shanshan sobre la fuerza de los retornados sorprendió a Tang Mo, aunque en su rostro no se reflejó nada. No permitió que Li Chaocheng viera una sola grieta.
Li Chaocheng, por su parte, no podía dejar de preguntarse: ¿Por qué los jugadores de la Tierra eran tan fuertes? Una persona que apenas había superado el primer piso de la Torre Negra podía enfrentarse a quienes estaban entre los cincuenta primeros de la tabla de clasificación del tiempo.
Si era así, el tan llamado «regreso» de los retornados no era más que ovejas entrando en la boca de un tigre.
Sus ojos se movían sin cesar, un torbellino de pensamientos atravesando su mente. Mientras su boca continuaba revelando información, su voz temblaba. Tang Mo tenía una copia de la lista con los cincuenta primeros, y Li Chaocheng comenzó a enumerar los nombres que los seguían. Cuando llegó al puesto noventa, un débil resplandor envolvió su cuerpo.
Se estremeció. El pánico cruzó su rostro cuando comprendió de inmediato lo que ocurría. Sin embargo, al segundo siguiente, una hoja se hundió directamente en su corazón.
Sus ojos se clavaron en los de Tang Mo, que lo miraba con calma, extrayendo el cuchillo antes de guardarlo sin prisa.
Como había dicho antes, sí tenía la fuerza para matarlo antes de que desapareciera.
Sangre brotó de los labios de Li Chaocheng, y su mirada se tiñó de odio mientras murmuraba:
—Tú… tú…
Tang Mo habló con calma:
—Cierto, hay algo que no te he dicho. En efecto, lo has adivinado bien. La cuerda de goma que te ata tiene el efecto de la causalidad. Una vez que se ata, nadie puede desatarlo. Sin embargo, la duración es solo de un minuto. —Su expresión no mostraba expresión alguna—. Por supuesto, te estoy diciendo la verdad. Puedes creerme o no.
El cuerpo de Li Chaocheng tembló con violencia. Miró a Tang Mo con ojos cargados de veneno, como si quisiera despedazarlo. Pero al fin y al cabo, ya estaba muerto. En el instante en que su vida se extinguió, el número dorado de su cuello se hizo añicos, y enseguida su cuerpo comenzó a desvanecerse lentamente en el aire.
Cuando la figura de Li Chaocheng desapareció por completo, Chen Shanshan recogió el bolígrafo y observó la lista escrita en el trozo de papel.
—Solo hay noventa nombres. Faltan diez —murmurró—. Hermano Tang, esta lista debe ser auténtica. No tenía necesidad de mentirnos. Es una pena que haya muerto. —La niña dejó escapar un suspiro de frustración. Había querido preguntarle más cosas: por ejemplo, si entre los retornados existía alguna organización poderosa. Quizá él no lo sabía; por su forma de actuar, no parecía haber mucha cooperación entre ellos. Aun así, hubiera sido mejor confirmarlo.
Tang Mo asintió.
—Son diferentes a nosotros. Aparte de los polizones que disfrutan matar, los jugadores normales no asesinarían sin motivo. Nuestro enemigo común sigue siendo la Torre Negra y sus juegos.
Los retornados eran enemigos de todos. Matar a otros les otorgaba tiempo, y eliminar a quienes aparecían en la tabla de clasificación del tiempo traía aún mayores beneficios. Tang Mo reflexionó un momento antes de añadir:
—Cuanto más fuerte es un retornado, más difícil resulta cooperar con él.
Jack también enseguida.
—Sí. Matar a un retornado poderoso ofrece grandes recompensas. El que acabe con el primero en la clasificación puede incluso resucitar a alguien. Lástima que Nie muriera a manos de humanos en lugar de una instancia. Si no, quizás habría tenido una oportunidad de matar a Mu Huixue y traerlo de vuelta.
El trío miró a su alrededor, asegurándose de que no hubiera emboscadas, y entraron juntos en la casa.
Era, en efecto, la vivienda de Fu Wensheng. La placa junto a la gran puerta de hierro llevaba la inscripción «Fu». Tang Mo forzó la cerradura, entró y revisó el interior. Encontró provisiones: comida y agua. Repartió los materiales entre Jack y Chen Shanshan. Llevaban demasiado tiempo sin comer, y compartieron un bocado antes de que Jack saliera a patrullar. Mientras tanto, Tang Mo y Chen Shanshan subieron al estudio del primer piso.
En cuanto entraron, extendieron sobre el escritorio la lista de la tabla de clasificación del tiempo. Con bolígrafo en mano, Tang Mo marcó los nombres chinos, incluido el de Li Chaocheng, recién muerto. En total, eran veinticuatro.
—Todos los de la clasificación han superado el tercer piso de la Torre Negra —dijo Chen Shanshan con voz clara y firme, impropia de su edad—, pero deben de ser pocos los que han llegado al cuarto. —Sus ojos se detuvieron en los tres primeros nombres de la lista—. Solo Mu Huixue ha superado el cuarto piso.
»Según las conjeturas del profesor, la versión 4.0 de la Torre Negra solo se activará cuando un retornado haya superado ese nivel. Él supuso que Mu Huixue sufrió un incidente que detuvo la actualización. Sin embargo, esto no implica que ella no haya superado el cuarto piso.
Tang Mo coincidió con ella, aunque una nueva idea cruzó su mente:
—Tal vez Mu Huixue todavía está en el cuarto piso.
—¿Todavía allí? —repitió Shanshan, sorprendida. Frunció el ceño, intentando seguir el razonamiento antes de que él respondiera—. No es imposible. La Torre Negra suele asignar misiones secundarias junto a la misión principal. En cada juego de ataque a la torre, pueden aparecer varias misiones. Es posible que, justo al finalizar el cuarto piso, Mu Huixue activara una nueva tarea. Eso explicaría por qué la actualización se detuvo. —Su voz se cortó de golpe, y sus pupilas temblaron al mirar a Tang Mo.
Él sostuvo su mirada. Durante un instante, ambos se entendieron sin palabras. Tang Mo suspiró.
—Es una carrera contra el tiempo. Shanshan, ¿cuándo planean Jack y tú intentar el tercer piso? Con su fuerza y tu inteligencia, deberían poder superarlo sin problemas.
—Dentro de dos días —respondió ella con firmeza.
La decisión estaba tomada: desafiarían el juego de ataque a la torre.
Li Chaocheng creía que Tang Mo estaba al borde de la supervivencia y que solo había logrado despejar el primer piso de la Torre Negra. No sabía que, aunque Tang Mo no era el combatiente más fuerte, su poder se encontraba entre los más altos. Era casi imposible matarlo, pero muy fácil morir a manos suyas.
Los retornados, en cambio, eran jugadores experimentados, endurecidos tras incontables juegos de la Torre Negra. Tang Mo no podía asegurar haber participado en más partidas que ellos. Incluso sumando las suyas, las de Fu Wenduo y las de Chen Shanshan, probablemente no alcanzaban ni una fracción de las que Li Chaocheng había jugado.
En un mundo donde la vida se apostaba en cada partida, era natural que los retornados fueran, en promedio, más fuertes que los supervivientes. Y si Mu Huixue seguía atrapada en el cuarto piso, entonces, una que completara su desafío, la Torre Negra se actualizaría a la versión 4.0… y ambos mundos se fusionarían.
El tiempo apremiaba, y cada segundo debía invertirse en fortalecerse.
—Los jugadores de la clasificación son si duda poderosos —comentó Tang Mo—. Ese Li Chaocheng era realmente fuerte, pero era demasiado engreído. Nos subestimó a Jack y a mí como si fuéramos cerdos y, en su arrogancia, no se preocupó por ocultar las limitaciones de su habilidad. —Sus ojos se entornaron mientras analizaba con precisión quirúrgica—. Su habilidad consiste en fabricar esas extrañas agujas de acero: extremadamente rápidas y resistentes. Solo tienen un defecto. Con el paso del tiempo, su velocidad disminuye y, además, puede invocar menos agujas con una sola mano que con ambas.
Ese detalle era casi imperceptible cuando lanzaba una lluvia de agujas al mismo tiempo. Tang Mo necesitó varios minutos de observación para descubrirlo, y por eso optó por separarse con Jack y atacar desde dos flancos.
La fuerza de Li Chaocheng era indiscutible. Sin embargo, lo que preocupaba a Tang Mo era otra cosa:
—Es posible que haya jugadores más fuertes que él, pero que no aparezcan en la tabla —dijo en voz baja, antes de corregirse—. No… deben existir. Hay gente más poderosa escondida en la oscuridad.
Chen Shanshan, que recogía el bolígrafo y el papel, se detuvo por un instante. Bajó la cabeza sin decir palabra, pero su silencio equivalía a una afirmación. Si lo que Tang Mo decía era cierto, la situación de los humanos supervivientes era más desesperada.
La niña se levantó y fue a descansar al dormitorio contiguo.
Tang Mo notó las sombras bajo sus ojos; era buen momento para dejarla dormir. Se quedó solo en el estudio, sumido en un silencio denso.
Sacó de su bolsillo una pequeña caja de cerillas y la observó con detenimiento. La agitó con fuerza, y al instante unas letras doradas comenzaron a brillar sobre su superficie.
【Objeto: Fósforo mágico de Mosaico】
【Propietario: Tang Mo】
【Calidad: Excelente】
【Grado: 3】
【Función: Enciende el fósforo y obtén el objeto que desees. El objeto debe haber sido visto previamente por el usuario. Puede ser un objeto de la Torre Negra, pero su nivel no puede superar la calidad del Fósforo mágico de Mosaico. El objeto materializado durará 24 horas antes de desaparecer.】
【Restricciones: De un solo uso. Se destruirá tras ser encendido.】
【Observación: Mosaico bajo la nieve, los demás devoran pollo, ella solo prende cerillas. ¡Ay, las cerillas~, las cerillas!】
Tang Mo leyó la última línea y tarareó mentalmente el extraño comentario. Cuando se dio cuenta de lo absurdo que sonaba, la comisura de sus labios se crispó levemente y tosió, guardando de nuevo la caja.
Los Fósforos mágicos de Mosaico eran un accesorio tan útil como temible. Tan poderosa era su función que Tang Mo llegó a cuestionar la clasificación otorgada por la Torre Negra. Aquello superaba, con creces, la simple etiqueta de «Calidad Excelente»; era, sin lugar a dudas, un objeto legendario, digno de la categoría «Calidad Rara».
Sin embargo, solo había tres cerillas… y un límite de veinticuatro horas.
Tang Mo cerró los ojos, meditando cómo aprovecharlos. Poco a poco, una sonrisa apenas perceptible se dibujó en su rostro. Sus dedos tamborilearon sobre la caja con un ritmo ligero, hasta que, de pronto, sacó del aire un libro delgado y lo abrió por la última página.
【Habilidad: Lluvia ligera de agujas de flor de peral】
【Propietario: Li Chaocheng (Retornado)】
【Tipo: Atomico.】
【Función: Al levantar las manos, puedes liberar entre 1 y 100 agujas de acero. Estas se desplazan a velocidad sónica y son extremadamente duras.】
【Límite: Cuanto más tiempo se utilicen, más lenta será la activación y menor el número de agujas liberadas. La velocidad y la cantidad son inversamente proporcionales. Las agujas lanzadas por la mano izquierda serán siempre tres veces más numerosas que las de la derecha.】
【Observación: Malvado, contempla mi lluvia ligera de agujas de flor de peral.】
【Instrucciones de uso de la versión de Tang Mo: Puede liberar hasta 50 agujas de acero, con una velocidad máxima de 100 m/s. Solo puede usarse dos veces al día. Mmm… las agujas son demasiado finas para Tang Mo. Creo que él prefiere cosas más ♂gruesas♂ y ♂robustas♂.】
Tang Mo observó en silencio el libro de habilidades, con el rostro impasible. Había desarrollado ya una inmunidad total a ese nivel de comentarios y no veía nada inusual en ellos. Sin embargo, que no le afectaran no significaba que le gustara ese libro barato. Alzó la mano con intención de hacerlo desvanecer en el aire… pero justo cuando iniciaba el gesto, sus ojos se entornaron bruscamente. Algo —una anomalía, un detalle discordante— había capturado su atención.
El libro de habilidades cayó al suelo con un golpe sordo.Tang Mo giró bruscamente sobre sus talones, lanzándose de inmediato hacia el pequeño balcón del estudio. Mientras corría, su pequeña sombrilla ya estaba desenvainada. Las palabras del hechizo brotaron de sus labios a toda velocidad, y el conjuro atravesó la cortina como un relámpago para clavarse en la figura negra que acechaba tras el cristal. El intruso se deslizó a un lado con velocidad felina, y la luz del sol, al colarse por la ventana, obligó a Tang Mo entrecerrar los ojos.
Sin perder el ritmo, Tang Mo giró y barrió con una patada baja. El otro volvió a esquivarlo, como si leyera sus movimientos.
Pelear con una sombrilla en combate cuerpo a cuerpo no era lo ideal. Tang Mo la lanzó a un lado, usó una mano para apoyarse en el suelo y se impulsó con todo el cuerpo hacia el oponente. Pero, en el aire, una mano grande y cálida atrapó su puño al vuelo.
El hombre soltó una risa profunda y retrocedió medio paso. Ese sonido le bastó a Tang Mo para reconocerlo. Su corazón dio un vuelco. Alzó la mirada justo a tiempo para ver cómo Fu Wenduo levantaba el brazo y lanzaba un golpe directo a su cabeza.
Por puero reflejo, Tang Mo giró el cuerpo, igual que aquellos días en los que entrenaban juntos. Pero el puño de Fu Wenduo se abrió a medio camino y, al llegar a su mejilla, su mano se hundió en la cabellera del joven. Sorprendido por el cambio de técnica, a Tang Mo le faltó un suspiro para reaccionar. Ya era tarde: Fu Wenduo le sujetó la nuca con firmeza y lo atrajo hacia sí con fuerza bruta.
Tang Mo chocó contra el pecho del hombre, duro como una roca, con un impacto que le arrancó un jadeo. Antes de poder descifrar la intención de aquel movimiento, una mano poderosa se cerró en torno a su garganta.
El cuerpo del joven se tensó al instante. Alzó la mirada, desconcertado, hacia el hombre que lo inmovilizaba. Fu Wenduo lo sujetaba en un doble cerco: una mano en su nuca y la otra en su cuello.
¿Tan abismal es la brecha?
En un combate cuerpo a cuerpo, sin depender de habilidades especiales, Tang Mo siempre había creído que, aunque no igualara a Fu Wenduo, la distancia entre ellos no era tan grande.
La realidad de ese forcejeo le dempostró lo contrario.
Los dedos de Fu Wenduo, de yemas ligeramente ásperas, acariciaron casi involuntariamente el cuello del joven. Aquel apretó los labios.
… La textura bajo sus dedos era inquietantemente placentera.
La nuez de Tang Mo se movió ligeramente, y su piel rozó los dedos de Fu Wenduo, lo cual los dejó a ambos paralizados por un instante. El polizón no retiró la mano. Tras unos segundos de tenso silencio, una sonrisa resignada se dibujó en los labios del joven.
—Esta técnica… no recuerdo que me lo hubieras enseñado.
Era cierto. Fu Wenduo jamás había utilizado esa jugada antes, ni siquiera durante sus innumerables sesiones de entrenamiento.
Su comentario rompió la tensión suspendida en el aire. Una esquina de los labios de Fu Wenduo se curvó casi imperceptiblemente antes de que su voz grave resonara:
—Solo se la enseño a quienes me son íntimos.
—¿Hace tres meses no lo éramos? —replicó Tang Mo.
—¿Lo éramos? —Fu Wenduo arqueó una ceja, desafiante.
La lógica dictaba que Tang Mo debería apartar la mano de su cuello en ese instante… pero no lo hizo. Y, para su sorpresa, Fu Wenduo tampoco la retiró. Lo que en un principio era una inmovilización, ahora, con ambos conversando en esa postura, adquiría una cualidad extraña… casi la de una caricia prolongada.
Tang Mo esbozó una sonrisa sardónica
—Entonces, mayor Fu, ¿ya somos lo bastante cercanos?
Fu Wenduo no respondió. Continuar habría sido demasiado deliberado. Retiró ambas manos, y Tang Mo se irguió. Los diez centímetros que ahora los separaban parecieron, de pronto, un abismo.
Fu Wenduo abrió la boca para decir algo, cuando algo que captó con el rabillo del ojo le heló la expresión. Tomó la muñeca de Tang Mo con urgencia.
—¿Qué sucede?
