La Tierra está en línea – Capítulo 146: No quiero matar a nadie. Son ustedes quienes me atacaron

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


Vio que la mano de Tang Mo estaba manchada de sangre seca. Durante la pelea, todo había ocurrido con tal rapidez que Fu Wenduo no la había notado antes. Ahora, bajo la luz del sol, podía ver con claridad que el dedo índice de Tang Mo estaba casi cortado; un hilo de carne nueva crecía lentamente en el borde de la herida, que tardaría aún unas horas en cerrarse por completo.

Había pasado tanto tiempo que Tang Mo casi había olvidado la lesión.

Fu Wenduo frunció el ceño, aunque su rostro permaneció sereno. Sin decir palabra, sacó el nido de pollo de su bolsillo y agarró una botella de agua mineral. Le tomó la mano a Tang Mo, la apoyó sobre la barandilla del balcón y, con calma meticulosa, destapó la botella. Vertió el agua fría sobre la herida mientras con la otra mano limpiaba los restos de sangre seca.

El agua helada resbaló sobre la piel, Tang Mo apretó los labios y no emitió sonido alguno.

Cuando la sangre desapareció por completo, la herida quedó al descubierto, de un rojo crudo y violento. Fu Wenduo murmuró con voz grave:

—¿Te cruzaste con alguien de la organización Tian Xuan?

Tang Mo comprendió de inmediato el malentendido.

—No fue Tian Xuan —respondió—, sino una persona invisible. —Hizo una breve pausa—. Ocupaba el puesto 89 en la clasificación del tiempo. Tenía una habilidad poderosa, pero me subestimó. Pensó que yo era un cerdo y bajó la guardia. —Extendió la mano, intentando tomar la botella—. Déjame hacerlo.

Fu Wenduo vertió el último resto de agua en la herida antes de que Tang Mo pudiera alcanzarla.

Bajo el resplandor dorado, el hombre alto, vestido de negro, limpiaba con cuidado los restos de sangre. Tang Mo lo observó, y una ligera sonrisa se dibujó en sus labios antes de apartar la mano. Fu Wenduo lo miró fijamente; sus miradas se encontraron en el aire, entre una calma silenciosa que pesaba más que las palabras.

Entonces, una voz los interrumpió.

—¿Hermano Tang?

El cuerpo de Fu Wenduo se tensó. Tang Mo levantó la vista y vio a una chica de cabello corto en el balcón de contiguo. Nadie sabía cuándo había salido, pero ahora los miraba sorprendida.

Fu Wenduo giró la cabeza.

—¡¿Mayor Fu?! —exclamó Chen Shanshan, igual de atónita.

Fu Wenduo se mostró aún más sorprendido que Chen Shanshan. Ella sabía que ellos eran compañeros de equipo y habían viajado juntos, pero él no sabía que Chen Shanshan había llegado desde Shanghái. Tang Mo aprovechó la ocasión para liberar su muñeca del agarre del otro y ambos entraron en el estudio.

Apenas cruzó la puerta, Tang Mo reparó en el libro de habilidades caído. Se inclinó de inmediato, lo tomó y lo lanzó al aire.

Fu Wenduo no pareció darse cuenta de su apuro. Tang Mo exhaló con alivio.

Si hubiese visto la nota, ni lanzándose al Río Amarillo se lavaría de esa vergüenza.

Shiro
Cuando se dice que alguien «ni lanzándose al Río Amarillo se lavaría de esa vergüenza», está diciendo que la deshonra es total e irreparable debido a que el agua de ese río es turbia, por lo tanto, no purifica, sino que, en un sentido figurado, simplemente añade más impurezas.

Cinco minutos después, Jack regresó del exterior y los cuatro volvieron a reunierse en la villa.

Tang Mo, aún con una duda en mente, preguntó:

—¿Ya superaste el tercer piso de la Torre Negra? Si fue en modo difícil, deberías ser el primero en China, o en todo el mundo, en lograrlo. —Alzó la vista, intrigado—. Pero… ¿por qué no he oído el anuncio de la Torre Negra?

La Torre Negra solía anunciar la información del primer jugador en superar un piso en modo difícil a todos los jugadores que ya lo hubieran superado. Era imposible que se le hubiese pasado una información tan importante, ni siquiera durante su enfrentamiento con Li Chaocheng. Sin embargo, la Torre Negra no había dicho nada.

—No superamos el modo difícil —respondió Fu Wenduo con serenidad.

—¿Qué? —Tang Mo lo miró sorprendido.

—Después de entrar en el bosque, Fu Wensheng y yo aparecimos en un lugar muy denso —explicó Fu Wenduo—. Detrás de nosotros había una cabaña escondida… y dentro, dos jugadores más: un hombre y una mujer. Igual que el pequeño Sheng, eran jugadores del segundo piso, y su misión era superar ese nivel de la Torre Negra…

Fu Wenduo narró con calma y de forma ordenada los cuatro días que habían pasado dentro del juego de ataque a la torre.

El escenario era un bosque de árboles descomunales, tan rectos que parecían atravesar el cielo. En el corazón de ese lugar, se alzaba una cabaña deshabitada. En los cuentos de hadas, una bruja solía vivir allí. No importaba lo que se ocultase, precipitarse nunca era buena idea. Por lo tanto, las cuatro personas se abstuvieron de entrar.

Poco después, se toparon con un subterráneo que afirmaba ser cazador y descubrieron una enorme montaña de cristal.

Fu Wensheng, percatándose de las mentiras del supuesto cazador, lo atacó en defensa propia. Los dos bandos se enfrentaron, y el niño acabó con el oponente. Con un compañero ya muerto, la misión de las tres restantes se estancó. Se vieron obligados a utilizar la flor de luna para vislumbrar el método de resolución de la instancia y, así, descubrieron finalmente que el cazador era, de hecho,  la clave para superar la partida.

—Ya que la Torre Negra no anunció nuestro fracaso, debía existir otro método para superarla.

—Eso debe haber sido el modo difícil —aventuró Chen Shanshan.

Fu Wenduo negó con la cabeza.

—También lo creí. Pero en la misión final, la Torre Negra nos dio dos opciones. Una era claramente el modo difícil; la otra… no era el modo normal, aunque tampoco el difícil. En circunstancias normales, no habría elegido el modo difícil —añadió con franqueza—. Así que tomamos el otro camino, y con eso logramos superar el tercer piso.

Nadie quería ponerse en peligro. Incluso Fu Wenduo no elegiría deliberadamente el modo difícil.

Tang Mo reflexionó unos segundos.

—Entonces no solo hay dos maneras de superar un juego. Puede haber tres… —Su voz se quebró, y clavó su mirada en Fu Wenduo—. ¿La Torre Negra te dio una recompensa extra?

Los labios del hombre se curvaron apenas.

—¿Por qué tendría que haberla? —preguntó, con una chispa divertida en los ojos.

Tang Mo comprendió que lo estaba provocando, pero el momento no daba lugar para bromas. Insistió con impaciencia:

—¿Y bien? ¿Cuál fue la recompensa?

Tang Mo no tenía intención de seguir charlando, lo que hizo que Fu Wenduo suspirara con fingida resignación.

—Sí, hubo una.

Sin embargo, no sacó ningún accesorio.

Tang Mo lo observó con atención y empezó a sospechar.

—¿No es un accesorio?

Chen Shanshan analizó la situación con rapidez.

—¿Podría ser una oportunidad para abstenerse de un juego, como la Moneda de Oro del Rey? ¿O quizá algo intangible, que se activará en el futuro? —recordó el misterioso beso de Mosaico del que Tang Mo le había comentado.

Jack, perdido en la conversación, se rascó la cabeza.

—Si no es un accesorio… ¿entonces qué es?

—Un mensaje.

Tang Mo entrecerró los ojos.

—¿Qué mensaje?

La expresión del hombre se tornó grave.

—A todos los jugadores supervivientes de la Tierra —citó en voz baja—, el consejo de la Torre Negra es: atacar de inmediato el cuarto piso.

Diez minutos después, Fu Wenduo salió para buscar a Fu Wensheng.

Ahora que su identidad había sido expuesta, era imposible ocultar también la del niño. Para Tian Xuan resultaba sencillo rastrear la dirección de la familia Fu: bastaba con acudir a una agencia gubernamental y verificar el registro del padre del pequeño Fu. Por eso, tras salir del juego de ataque a la torre, Fu Wensheng se escondió mientras su primo comprobaba si había emboscadas. Si las hubiera, al menos el polizón tendría una oportunidad de escapar.

Aquel malentendido había provocado que ambos lucharan entre sí sin decir cruzar palabra alguna.

Las adolescentes crecían y se desarrollaban mucho más rápido que los chicos. Una vez que el pequeño Fu se colocó junto a Chen Shanshan, Tang Mo descubrió que el niño era, de hecho, media cabeza más bajo que ella.

Tang Mo había pensado que la niña era bajita. No esperaba que el pequeño Fu lo fuera aún más.

Miró a ambos con cierta resignación: el futuro todavía sería largo, y aunque el mundo se hubiese reducido a este nuevo orden, los niños seguían necesitando alimento y tiempo para crecer. Entonces recordó la barbacoa que Lian Yuzheng había pateado días atrás… y suspiró. Era ya demasiado tarde para recuperarla.

Cuando los cinco finalmente se reunieron, comenzaron las presentaciones.

Al oír que Fu Wensheng era el primo de Fu Wenduo, Jack lo miró con cierta aprensión.

—Antes de reunirte con Fu Wenduo, ¿el parecido de nombres no te causaba problemas?

El niño se giró de inmediato hacia su primo, temiendo su reacción. Vio a Fu Wenduo apoyado con calma contra la pared, hablando con Tang Mo. No parecía estar prestando atención.

Fu Wensheng soltó un suspiro de alivio y, con una seriedad casi conmovedora, proclamó:

—Mi hermano es increíble. ¿Cómo podría alguien decir algo malo de él? —Su pecho se infló con orgullo al hablar de él.

Era una mentira demasiado obvia para ser creída. Sin embargo, Jack, con sus nervios de acero, no se percató del fuerte deseo de supervivencia del otro. El pequeño Fu estaba incómodo, pero el miedo lo obligó a callar, impidiéndole pedirle al extranjero que no hablara de su primo. Por ello, solo pudo seguir conversando.

A un lado, Chen Shanshan se levantó de golpe y caminó hacia Tang Mo y Fu Wenduo, que discutían sobre la gente invisible. Al verla acercarse, se detuvieron y la miraron.

La chica levantó la cabeza y habló con voz tranquila:

—Lo he pensado un rato y creo que esta situación es más apropiada para… romperlo uno a uno.

♦ ♦ ♦

Guangzhou, China.

El sol descendía lentamente, tiñendo de rojo anaranjado el horizonte. Su reflejo hacía ondular sobre el río de las Perlas bajo un resplandor cobrizo. Las carreteras a ambos lados estaban desiertas; solo el viento, al deslizarse entre las hojas secas, dejaba oír su murmullo.

Bajo la Torre Negra de Guangzhou, una figura vestida de negro distorsionó el aire levemente… emergiendo de la nada. Primero unos pies, luego un cuerpo, como si hubiera atravesado una barrera invisible para materializarse en la Tierra. La mujer avanzó sin mostrar sorpresa.

Era alta, de cabello largo y negro recogido en una coleta alta. Llevaba un par de botas de cuero y avanzaba tranquilamente con las manos hundidas en los bolsillos. A medio camino, susurró un breve «Hace calor» y, sin detenerse, bajó la cremallera, abriendo su abrigo de cuero.

Apenas se detuvo bajo la Torre Negra, una luz plateada destelló a su derecha.

La mujer enarcó las cejas y giró el cuerpo con precisión quirúrgica. Esquivó el proyectil sin perder el equilibrio, el dardo pasó rozándole la mejilla sin arrancarle un solo cabello. Al momento siguiente, tres figuras se abalanzaron desde lo alto de la torre.

Una de ellas golpeó el suelo y el terreno bajo sus pies se agrietó. La mujer sonrió apenas, apoyó una bota en el suelo y se impulsó con tal fuerza que su cuerpo se elevó más de diez metros. Los tres atacantes se sobresaltaron, seprándose y cercándola desde distintas direcciones.

Tres contra uno: una estrategia simple y efectiva. Si uno lograba inmovilizarla, los otras dos podrían acabar el trabajo. Pero entonces, un látigo de plata apareció en su mano. Su muñeca se movió con un chasquido, y el arma se desplegó con la vivacidad de una serpiente metálica. En un parpadeo, látigo azotó a los tres enemigos, impidiéndoles escapar.

Su expresión se volvió glacial. Con un nuevo golpe, liberó una fuerza brutal. Dos de los hombres fueron lanzados por los aires, estrellándose contra la orilla del río de las Perlas.

El tercero intentó huir aterrorizado, pero el largo látigo se enroscó a su alrededor como una soga viva, arrastrándolo de vuelta. La mujer lo derribó y su bota de cuero se hundió en su pecho, aplastándole las costillas.

Mientras el hombre suplicaba clemencia, sus ojos recorrieron el número dorado que flotaba en el cuello de ella: 864, una cifra de tres dígitos.

La desesperación se apoderó de él. Estaba claro que esa persona solo disponía de ochocientos minutos, por lo que no debería aparecer en la tabla de tiempos. ¿Cómo era posible que fuera tan fuerte? Solo hacía tres días habían atacado a alguien en el puesto 81 y no había demostrado ni la mitad de ese poder.

La mujer inclinó la cabeza con lentitud. Al moverse, la luz del ocaso reveló una secuencia de números ocultos bajo su cabello.

[261,864.]

Los ojos del hombre se abrieron con pánico al mirar a la joven que lo pisaba. Un nombre llenó su boca, pero fue incapaz de pronunciarlo.

Vio cómo la mujer le tocaba el cuello con la punta del látigo y sonreía con un gesto de falsa impotencia:

—Yo no quiero matar a nadie. Pero fueron ustedes quienes me atacaron.

El hombre estaba tan aterroizado que no pudo decir una sola palabra.

Mu Huixue frunció el ceño.

—Hmm… no soy de aquí. ¿Entiendes el cantonés?

El hombre seguía en estado de shock y no contestó.

—Vale, no tengo intención de matar a más supervivientes. Lárgate de aquí. Si vuelves a aparecer, te mataré —concluyó Mu Huixue habló con tono de frustración.

A continuación, retiró el pie, pero el hombre, paralizado por el terror, no se atrevió a moverse. Solo cuando la vio alejarse, esperó unos segundos antes de levantarse y hui despavorido.

El sol se ocultó por completo tras el horizonte mientras tres jugadores del Distrito 3 de China corrían frenéticamente hacia el río de las Perlas. Mientras tanto, la mujer de cabello largo se alejaba de la Torre de Guangzhou. Justo cuando alcanzó cincuenta metros de distancia, se desvaneció con lentitud, tan de repente como había aparecido.

♦ ♦ ♦

Beijing, China.

El cielo se oscureció y Tang Mo corrió las cortinas. Jack encendió la linterna de bajo voltaje y los cinco se sentaron a la mesa.

Chen Shanshan, con inclinó la cabeza, habló en voz baja:

—Es obvio que la gente invisible no sabe que los dos mundos se están fusionando. Su información es idéntica a la nuestra. Una de las causas fundamentales de este fenómeno es que viven en un mundo exactamente igual a nuestra Tierra.

—¿Un mundo paralelo? —preguntó Tang Mo.

Chen Shanshan asintió:

—Podría ser, pero me inclino más a creer que la Torre Negra creó una Tierra nueva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido