La villana vive dos veces – Capítulo 24

Traducido por Herijo

Editado por Freyna


El casino del barón Yetz en la calle Fontin era el lugar más espléndido y, al mismo tiempo, el más vulgar de la capital. Las columnas de la entrada estaban envueltas en hojas de oro, mientras que obras de arte cautivadoras estaban dispuestas en el salón principal sin ningún orden particular. La alfombra que se extendía por el suelo estaba hecha de un tejido muy caro importado del Sur. El candelabro de cristal reflejaba la luz de las velas, brillando intensamente incluso a mitad de la noche. Esta era la estrategia del barón Yetz: gastar dinero hasta el punto de parecer ostentoso.

Sin embargo, no importaba cuán extravagante estuviera decorado el interior; la única impresión que se podía obtener era cómo un plebeyo había comprado su título con dinero. En ese caso, era mejor que presumiera de la abrumadora cantidad de riqueza que poseía.

Se escuchaban los gritos de los invitados enmascarados animando mientras jugaban cartas o lanzaban dados. Hombres y mujeres semidesnudos con copas doradas se deslizaban como peces a través del ruido. El barón Yetz estaba contento con los resultados de hoy; los negocios iban en auge.

Cuando terminó con su patrullaje y se dio la vuelta para irse, el secretario se acercó a él de repente, pálido y en pánico. Todos los presentes miraron al secretario, preguntándose qué sucedía.

—¿Qué te dije, tonto? Si entras así al salón principal, los clientes no pueden concentrarse en sus juegos…

—¡No es momento para preocuparse por eso! ¡Estamos en problemas!

—¿En problemas?

—¡El Gran Duque Evron está aquí! ¡Trae consigo el documento de propiedad del Corazón de Santa Olga!

Por supuesto, era imposible que el barón Yetz no supiera quién era el Gran Duque Evron. Sin embargo, se sintió confundido y por un momento no pudo entender lo que su secretario quería decirle. Nunca había pensado que el propio Gran Duque Evron vendría a su casino.

Además, el asunto del Corazón de Santa Olga había sucedido hace tanto tiempo que le tomó un tiempo comprender el significado detrás de las palabras del secretario. Pero poco después, entendió la situación y se apresuró a ir a su oficina.

Un aire gélido recorrió la oficina como una cuchilla afilada. El barón Yetz dudó al entrar. Siete caballeros habían tomado control de la oficina. Los caballeros del Gran Duque Evron tenían una estricta disciplina militar y gran vigor. Todos eran jóvenes, así que podrían haberse dejado llevar por la atmósfera bulliciosa y desenfrenada del casino; sin embargo, todos mantenían su compostura.

Sentado en un sillón, el Gran Duque Evron lucía visiblemente molesto.

—Saludos, Gran Duque Evron. ¿A qué debemos el honor de que Su Gracia haya tomado tiempo para venir a este lugar humilde y miserable?

—Toma asiento —dijo Cedric con firmeza.

No le gustaba la atmósfera del casino. Por lo tanto, ejercer su poder sin tener en cuenta el debido proceso no podría considerarse inapropiado.

Su Gracia debe ejercer su poder. Puede señalar en cualquier dirección que desee. Esto es solo una gota en el océano de todo lo que ha hecho el barón Yetz hasta ahoraexpresó Freyl con un resoplido. Recordó.

El barón Yetz se sentó con las piernas juntas cuidadosamente. Cedric lanzó el documento sobre la mesa.

Cedric esperó a que el barón Yetz verificara el documento con sus manos temblorosas y luego habló:

—He adquirido la propiedad del Corazón de Santa Olga. Dado que no has pagado durante siete años, no creo que tengas derecho a hacer ninguna reclamación al respecto.

—E-Eso es…

—Voy a buscar el lugar para encontrarlo y también aprovecharé para revisar tus libros contables —declaró Cedric de manera imponente.

—¿Perdón? —preguntó el barón Yetz reflexivamente.

Pero los caballeros no esperaron para actuar. Tan pronto como Cedric hizo un gesto con la mano, comenzaron a registrar la oficina en perfecto orden.

El barón Yetz se asustó y trató de levantarse. Sin embargo, antes de que se diera cuenta, uno de los caballeros detrás de él le puso la mano en el hombro y lo obligó a sentarse de nuevo.

Un grito se escuchó de repente afuera. Los siete caballeros en la oficina no eran los únicos que Cedric había traído. Docenas de caballeros ocupaban al mismo tiempo el área administrativa del casino. Los guardias del barón Yetz intentaron responder, pero se encontraron rápidamente superados.

Por supuesto, no había forma de que simples matones pudieran resistir a verdaderos caballeros. El espacio donde se encontraban los invitados no había sido controlado, pero era imposible que el alboroto no se hubiera transmitido hacia afuera. Los asustados invitados salieron corriendo del casino. Uno de los empleados corrió a la oficina para informar sobre la situación, pero los caballeros lo atraparon y lo hicieron arrodillarse.

—¡Incluso Su Gracia no tiene derecho a hacer esto en mi lugar de negocios! —gritó el barón Yetz con voz llorosa.

Cedric entonces afirmó sin cambiar su expresión:

—La Oficina de Seguridad Pública no se opondrá a mi búsqueda en la oficina de un casino que parece haber cometido ilegalidades. O quizás, ¿no es necesario hacer esto para que me entregues la joya?

Cedric preguntó aunque sabía que el barón Yetz no la poseía. ¿Mencionará a la marquesa Camellia? En ese caso, Cedric haría lo que fuera necesario para que el barón lo acompañara a una reunión con la marquesa Camellia. Sin embargo, la probabilidad de que el barón Yetz la nombrara era extremadamente baja.

Perlas de sudor se formaron en la cara del barón Yetz. Como era de esperar, trató de excusarse:

—Bueno…, si espera un momento, se la traeré.

—Los caballeros presentes pueden traerla de inmediato; solo tienes que decir dónde está.

—Deme tiempo hasta mañana.

—¿Cómo puedo confiar en ti? Las personas que toman las posesiones de otros y no pagan durante siete años no tienen ninguna credibilidad, ¿no crees? —dijo Cedric con frialdad.

—Si tú mismo has usado tu poder para estafar a un buen comerciante y has conseguido el diamante en el que él había invertido la mayor parte de sus activos, seguramente has hecho otras cosas similares. Lo demostraré.

—Uhh…

—Si tienes alguna queja, dime dónde está el diamante.

Cedric exigió educadamente, pero su tono era completamente amenazador. El barón Yetz no pudo articular una respuesta; se encontraba atrapado en una situación de la que no podía escapar. El Gran Duque Evron tenía un estatus demasiado alto para ignorarlo u oponerse a él. Si hubiera sido un noble insignificante de bajo rango, podría haber intentado utilizar la reputación de la marquesa Camellia a su favor. Sin embargo, la marquesa no toleraría que el barón usara su nombre contra el Gran Duque.

Su otra opción sería pretender que el documento del señor White ya no era válido, pero eso conllevaba un riesgo demasiado grande. En uno de los archiveros ocultos, había un documento manipulado. Sin embargo, no podía abrir esos archivos frente a otros. Hace mucho tiempo, había almacenado el documento con otros documentos falsos, sin prever que esto sucedería.

Además, el Gran Duque Evron tenía el documento original en su poder, por lo que no tendría problemas para desacreditar la autenticidad del documento manipulado. El tribunal también se alinearía incondicionalmente con el Gran Duque Evron. Esto podría incluso provocar la ira de la marquesa Camellia por causarle inconvenientes.

Mientras los caballeros revisaban la oficina, sacaron tanto las cajas de archivo ocultas como la caja fuerte. El asustado secretario del barón Yetz entregó la llave, lo que hizo innecesario romper la cerradura de la caja fuerte.

El barón Yetz intentó su último recurso con la cabeza agachada:

—Su Gracia, tengo un diamante azul que es aún más grandioso y magnífico. Puedo dárselo en su lugar…

—Qué lástima. Realmente necesito el Corazón de Santa Olga. La dama me lo pidió específicamente como regalo. No debería darle otra joya, ¿verdad?

La cara del barón Yetz se volvió pálida al darse cuenta de que la única dama con suficiente estatus para recibir el Corazón de Santa Olga como regalo del Gran Duque Evron era la emperatriz.

Estaba en un verdadero aprieto y no podía pensar en una salida sin importar cuánto lo intentara. Y si descubrían lo que había en el sótano…

Cedric apartó la mirada del barón Yetz. Este hombre era escoria; destruir su oficina no era algo por lo que sentir culpa. Además, le había prometido a Freyl que ignoraría el debido proceso.

Sin embargo, a Cedric no le gustaba usar pretextos para oprimir a otros con su poder. Justo cuando estaba pensando en eso, uno de los caballeros se apresuró a acercarse y se arrodilló ante él.

—Su Gracia, hay unas mazmorras en el sótano; creo que debería venir a verlo por sí mismo.

—¿Qué pasa con eso? —preguntó Cedric, confundido. La mayoría de las mansiones aristocráticas tenían al menos una pequeña mazmorra; sería extraño que no hubiera una en este casino lleno de matones.

Sin embargo, la actitud del caballero era inusual. Cedric se levantó y siguió al caballero hacia el sótano.

Cuando llegó al lugar, contuvo la respiración. Lo que había allí no era una pequeña mazmorra que pudiera albergar a tres o cuatro personas, sino un campo de prisioneros capaz de contener a más de cien. Dentro, docenas de niños y niñas desnudos estaban encadenados.

Era un caso de trata de personas

♦ ♦ ♦

—Aunque las leyes imperiales ahora existen solo nominalmente, eso no significa que no haya un estado de derecho —dijo Artisea en voz baja, sosteniendo su taza de té.

El té tenía un aroma maravilloso. Sin embargo, era un poco pesado para que lo bebiera a medianoche, ya que contenía un poco de nuez de betel[1] que no se ajustaba a su frágil constitución. Pero no podía rechazarlo, ya que se lo había dado la marquesa Camellia. No tenía más remedio que beber el té.

—Aunque el emperador hace lo que quiere, aún teme provocar la ira del pueblo, aunque no lo diga abiertamente. Está bastante obsesionado con la legitimidad y el poder.

—Leí en alguna parte que lo que experimenta un príncipe heredero puede influir en todo su gobierno, y creo que eso es cierto.

—¿Qué quieres decir, Lady Artisea?

—El juego es aceptable. Las drogas son aceptables. Los sobornos son aceptables. Incluso la violencia es aceptable. Al público no le importa, porque para ellos ese es el comportamiento típico de los nobles.

Artisea continuó:

—Pero herir a niños pequeños provocará la ira del pueblo. Su Majestad también estará furioso, incluso si es solo una pretensión para mantener el sentimiento público bajo control.

—¿Estás tratando de amenazarme?

—Solo te estoy diciendo que es de tu interés cortar esa conexión, por el bien del Gran Duque Roygar. Marquesa Camellia.

Artisea la miró con sus ojos turquesa.


[1] Nuez de betel, también conocida como nuez de areca, es una semilla del árbol Areca catechu, que es una especie de palmera, su consumo proporciona relajación, felicidad y es un estimulante.

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