Traducido por Herijo
Editado por YukiroSaori
—Sí, almorzó con la hija de Klein. Fue ya tarde, pero como fue su primera comida del día después de despertarse, le sirvieron una comida suave y ligera. Afortunadamente, comió casi todo.
—¿Le conseguiste un vestido nuevo de la oficina de vestuario real?
—Según la hija de Klein, la talla de su ropa era correcta y también le gustó.
—¿Te aseguraste de que regresara a salvo?
—Sí, he asignado un sirviente aparte para despedirla y he enviado a seis miembros de los caballeros de Eluan para escoltarla. Aunque todavía está lloviendo, el viento ha disminuido, así que creo que no tuvo problemas para volver a casa. También he informado a la condesa Reinhardt, así que estará lista para recibirla en la mansión.
—Como sabes, el clima aquí es muy diferente de donde nació y creció. Como aquí es húmedo y frío, podría enfermar fácilmente. Díle a la oficina médica que le envíe algunas medicinas antes de la cena.
—De hecho, anticipándome a tu orden, recogí algunas hierbas para prevenir resfriados y hojas de té que deberían ayudarla a relajarse.
—Buen trabajo.
Kloud abrió la boca mientras vertía té en una taza vacía.
—¿No habría sido mejor que comprobaras su estado en persona si estabas tan preocupado por ella? Supongo que se habría puesto muy contenta si hubieras comido con ella y la hubieras despedido desde tu palacio.
Eckart preguntó con cuidado mientras tocaba el asa de la taza:
—¿Se sintió arrepentida por eso?
—No lo sé. No dijo exactamente eso, pero me preguntó dónde estabas y qué estabas haciendo. También preguntó si habías comido, si habías salido del dormitorio demasiado temprano por culpa de ella, si te habías excedido en el trabajo porque ella te quitó demasiado tiempo…
—Siempre se preocupa por nada. Es demasiado bondadosa —dijo Eckart con una suave sonrisa. Solo escuchar sobre sus palabras le hizo sentir como si pudiera oír su voz vívidamente y ver su rostro radiante justo delante de sus ojos.
Sabía que ella expresaría preocupación por él de esa manera. Por eso, quiso quedarse a su lado hasta la mañana, desayunar juntos y despedirla.
Pero no pudo actuar con naturalidad cuando la vio a la mañana siguiente porque le había dicho algo embarazoso la noche anterior.
De hecho, había experimentado demasiada felicidad como para tratarla con descaro a la mañana siguiente.
Si no, no habría salido de la habitación temprano en la mañana después de observarla dormir un poco. Para él, los momentos dulces y felices eran piezas de una fantasía extraña y desconocida. Eran momentos pequeños, melancólicos y preciosos que podría romper por error si los sostenía imprudentemente.
—Bueno… realmente no pude hacerlo. Como ella dijo, debería hacerle caso cuando dice que no haga algo.
—¿Perdón?
Kloud negó con la cabeza ante su respuesta desconcertante.
—Por favor, escúchame cuando digo que no deberías hacerlo. Cuando te rías delante de otros, por favor, hazlo con un poco de moderación… ¿Entendido? Sabes a qué me refiero, ¿verdad?
Eckart recordó su rostro, que era tan solemne y serio. Cerró los labios y decidió hacer honor a su apodo de “Muro de Hierro Azul de Milán”
—Nada. Simplemente envía los documentos a la oficina del palacio.
♦♦♦
—Marie. Corre un rumor muy interesante sobre ti en el palacio —dijo Ober con una sonrisa.
Su voz estaba mezclada con un extraño sarcasmo y un poco de molestia.
Ella lo dejó entrar por un oído y salir por el otro, mientras estaba absorta moviendo su pincel por el lienzo.
—He oído que saliste del dormitorio del emperador esta mañana. ¿Es verdad?
Ella no respondió.
—¿Marie… Marie?
Llamándola repetidamente, Ober frunció el ceño.
Pero Marianne mantuvo la boca cerrada. Inmersa en la pintura. Dibujados en el pequeño papel del tamaño de un marco había muchas grecas, elegantemente modeladas según rosas de verano y lirios entre varios patrones con forma de meandro.
Tan pronto como terminó de pintar el último patrón, Ober le quitó el pincel de la mano.
—¡Ober!
—Lo siento. Sé que tus pinturas son bastante populares en los salones de damas de la zona norte, pero no me siento nada bien al ser derrotado por tu pintura.
Le lanzó una mirada aguda, como para hacerla sentir presionada. Ella enderezó la cintura mientras se lavaba la pintura del borde de la mano. Después de arrojar un pañuelo sobre la mesa, se giró y se acercó a él.
—¿Qué quieres decir con que eres derrotado por la pintura? Creo que es una gran exageración.
—No es una exageración. Solo lo dije tal como era. Vine a verte a través de esta fuerte lluvia, pero has estado mirando la mesa todo este tiempo en lugar de a mí.
—Por favor, compréndeme. Lo hice porque quería presentarte este dibujo.
—No importa lo buena que sea tu pintura, ¿cómo puedo compararla con tus ojos y tu tiempo? Creía que sabías mejor qué quería de ti… —replicó Ober, frunciendo el ceño.
En el fondo, Marianne lo insultaba mentalmente, pero en la superficie intentaba parecer lo más encantadora posible. Quizás si Eckart hubiera visto su expresión, se habría enfadado mucho.
—Ober. Mi tiempo ya es tuyo. Mis ojos, todo mi interés y… —Marianne titubeó.
Luego cayó en sus brazos con naturalidad. Su afilada mandíbula estaba vuelta hacia la mesa.
Ober no suavizó su rostro endurecido ni siquiera después de que ella se acurrucara en sus brazos. No miró hacia donde ella señalaba, no río ni frunció el ceño.
—Incluso esos patrones que he memorizado por tí.
Como si sintiera que lo que acababa de decir era algo significativo, lentamente volvió sus ojos hacia ella y preguntó:
—¿Patrones que has memorizado por mí?
—Sí. Había varios documentos en la mesita auxiliar del dormitorio del emperador, y uno de ellos tenía un patrón así.
No mintió. No fue otra que Marianne quien diseñó el patrón y garabateó en un papel en blanco por diversión.
—¿No recuerdas que me pediste que te trajera cualquier pista o indicio, por insignificante que fuera? Así que memoricé el patrón. Intenté dibujarlo lo más fielmente posible a pesar de mi deficiente habilidad para el dibujo.
—¿No has visto el contenido de los otros documentos?
—No. Los otros documentos estaban todos sellados… Como los caracteres eran demasiado pequeños y la habitación estaba tan oscura, no podía leer los caracteres que el emperador escribía. Sabes lo fuerte que llovió anoche, ¿verdad? Oh, Dios mío, pensé que todas las ventanas se harían pedazos. Sabía que había una estación lluviosa cada año en Milán, pero era la primera vez que experimentaba una tormenta tan feroz. Estaba tan asustada y sorprendida…
Mientras ella se estremecía, con la mano en el pecho, Ober examinó de nuevo el dibujo sobre la mesa con una sonrisa profesional.
Conocía la mayoría de los símbolos de las organizaciones clandestinas que operaban en el imperio.
Incluían una banda de traficantes de drogas y personas involucradas en la trata de personas, una asociación de falsificadores profesionales y ladronzuelos, recaderos que se ocupaban de trivialidades, mercenarios que harían cualquier cosa siempre que estuvieran satisfechos con la recompensa y traficantes de información que eran buenos diseminando inteligencia.
Pero los patrones que ella dibujó no coincidían con los símbolos de ninguno de ellos.
¿Es una nueva coalición de asesinos del sur? Es un patrón que nunca he visto antes…
Con semblante serio, estaba perdido en sus pensamientos. Ella abrió la boca, observando felizmente cómo él se atormentaba por los patrones falsos que ella había creado.
—Ober, ¿estás preocupado por otras cosas mientras estás conmigo?
—No, no lo estoy. De hecho, me impresionó lo mucho que trabajaste por mí.
—Déjame esforzarme más. Si puedo volver contigo, haré cualquier cosa.
Ante eso, Ober la miró con lástima.
—Pensé que estaría bien, pero me siento un poco angustiado.
—¿Perdón? ¿Por qué?
—Bueno, me siento mal por tener que seguir viendo a esta encantadora dama caer en los brazos del astuto emperador. —Luego torció ligeramente la boca.
Realmente parecía disgustado, haciendo una mueca como si estuviera atormentado por no poder evitar enviar a su amante al campamento enemigo. Ella cambió su expresión facial, dándose cuenta una vez más de que él era bastante bueno fingiendo.
Estaba harta de eso. Sabía que ya no podía dejarse vencer por él.
—Ober.
Tiró del cuello de su camisa con sus delgadas yemas de los dedos. Cuando apoyó la cara en su clavícula, olió un fuerte aroma a perfume. Estaba familiarizada con eso desde hacía mucho tiempo o quizás solo desde hacía un par de meses, pero ahora lo sentía extraño. En ese momento, recordó sus buenos viejos recuerdos, como el aroma del viento y los árboles, el aroma de un hombre al que deseaba abrazar durante mucho tiempo porque parecía tan solitario como las coníferas nacidas en un denso bosque invernal.
