Prometida peligrosa – Capítulo 184

Traducido por Herijo

Editado por YukiroSaori


La doncella de la señora Chester, Annette, y un hombre, aparentemente el asistente de Shahar, estaban de pie un poco alejados de la mesa. Lo inusual de su presencia era que estaban listos para escribir, sosteniendo pluma y papel.

—Realmente creí que este tipo de reunión ocurriría desde el momento en que el difunto Duque Hubble le presentó una espada a su madre, la Emperatriz Alessa —dijo la señora Chester—. Para ser más precisa, desde el momento en que el difunto duque Hubble le pidió que entregara la espada.

Fue directo al grano de inmediato en lugar de andar con rodeos.

—Probablemente el difunto duque Hubble le pidió que asumiera el papel que se suponía que Ober asumiría en el futuro, ¿verdad?

Shahar se sentó arrogantemente en el sofá e inclinó ligeramente la cabeza. Movió ostentosamente sus largas piernas cruzadas hacia arriba y hacia abajo.

—¿Pero tiene sentido que el orgulloso príncipe de Faisal ocupe su lugar? De ninguna manera. Esa fue realmente una oferta grosera —dijo la señora Chester.

—Tiene toda la razón. ¿No habría realmente un puesto perfectamente adecuado para él? —intervino Elias, tratando de apoyarla.

Apoyando la barbilla en la mano, Shahar miró a los dos alternadamente y descruzó las piernas. El tacón de su bota hizo un chirrido al golpear el suelo.

—¿Por qué no es honesta conmigo? señora Chester, usted quiere decirme que su hijo Ober tiene el ojo puesto en una posición particular, ¿verdad?

—Por supuesto, eso también es cierto. Cada uno tiene una posición adecuada. ¿No cree que Ober también tiene una posición adecuada para él?

Ella replicó con voz elegante. Riéndose entre dientes, Shahar dirigió la mirada a Ober.

—Ober, eres una copia exacta de tu madre.

—He escudado lo mismo de mucha gente.

—A veces no podemos creer que un hombre haya nacido de los mismos padres por su aspecto diferente, pero en otras ocasiones podemos decir inmediatamente que un hombre es de tal palo, tal astilla. ¿No es asombroso?

Cuando de repente le prestó atención, Elias carraspeó y dijo:

—Oh, sí, tiene razón. Mire a mis hijos. Mi hijo se parece a mí, pero mi hija no. Todo el mundo dice que se parece más a mi esposa.

La siguiente presa de Shahar fue Elias, estalló en carcajadas ante su respuesta, pensando para sí mismo: ¡Qué estúpido es este tipo! ¡Me estoy burlando de tu caracter, hombre!

En ese momento, Shahar borró los persistentes deseos que le quedaban. Sintió que las fuerzas del difunto duque Hubble cambiarían su lealtad hacia Ober. Elias era demasiado estúpido para gobernar.

Mientras Elias se reía sin saber por dónde iban los tiros, el resto de la gente allí ocultó su burla hacia él riendo también. Incluso su esposa sintió lástima por su marido.

—Bien. No tenemos que andarnos con rodeos ya que estamos en el mismo barco de todos modos. —Shahar se inclinó un poco hacia adelante en la silla—. Si me ayuda a obtener el honor que merezco, le ayudaré a tomar la posición que legítimamente merece.

—¡Qué sabia decisión! —lo elogió Ober astutamente. Hizo una reverencia a Shahar por cortesía.

—¿Le gustaría escuchar mi plan de inmediato?

—Parece que está muy bien preparado. ¿Qué habría hecho si yo hubiera rechazado su oferta?

—Bueno, pensé que no tenía que preocuparme por eso porque no es tan estúpido como para perder esta oportunidad de oro.

—También se le da bien elegir palabras agradables de escuchar. Es un hombre de talentos versátiles, Ober. —Shahar sonrió con satisfacción, apoyando la barbilla en la mano.

Ober empujó el vaso frente a él hasta el borde de la mesa y desplegó un pergamino de color rojo oscuro en el centro de la mesa.

Era un mapa dibujado sobre tela con coloridas borlas. El mapa, que parecía haber ampliado la topografía de una parte de la vasta tierra de Aslan, tenía los nombres de los principales castillos y elementos naturales claramente grabados. El castillo de Lennox, situado en el extremo norte del imperio, rodeado por ríos profundos y poco profundos que fluían por debajo y las crestas montañosas que ocupan los bordes de las enormes montañas Piaget, tenía varias puertas en las fronteras, incluida la puerta de Euroslaf…

—¿Ancartium?

—Sí. Es un castillo que jugará un papel muy importante en esta estrategia.

Shahar observó en silencio el castillo al borde derecho del mapa. Mientras que el interior de Aslan detallaba cada relieve e instalación, el área de Ancartium era apenas un bosquejo tosco con su nombre en ambos idiomas. Probablemente era una cautela diplomática para evitar incidentes si el mapa caía en manos extranjeras. Resultaba irónico: un mapa diseñado para no ofender a nadie, sobre una mesa donde se gestaba una revolución que cambiaría el destino de dos imperios.

—¿Dijo que es el ministro de asuntos exteriores?

—Así es.

—Lamento oír eso. Habría sido una gran ventaja para el imperio si un talento como usted hubiera seguido sirviendo como ministro de asuntos exteriores.

Se rió sardónicamente de la extraña contradicción de Ober. Su mirada seguía fija en el mapa sobre la mesa.

Ancartium.

Shahar recitó el nombre del castillo. Aquella frontera entre Aslan y Faisal era un santuario donde la paz se firmó hace veinte años, tras la guerra de Lennox. Invicta durante siglos, nunca había conocido el rastro de la sangre ni el galope de una invasión. Hoy, como territorio del príncipe Rashid, era el paso más firme y seguro hacia el oeste de Faisal.

—Voy a empezar aquí.

Ober señaló el centro de la frontera entre Aslan y Faisal.

—¿Va a empezar una guerra desde el principio?

—Bueno, voy a hacer que parezca una guerra.

—Su intención de crear una brecha causando agitación es buena, pero la alianza entre Aslan y Faisal se ha establecido durante más de doscientos años. Creo que costará demasiado para que yo o usted podamos soportarlo.

—Cierto. Quizás cause demasiados problemas para que Ober los soporte solo.

La señora Chester dejó la copa de vino con un gesto elegante.

—Por eso, creo que tenemos que hacer que aquellos que pueden y deben soportarlo asuman la responsabilidad.

Shahar la miró a los ojos. Su significativa sonrisa le dio rápidamente una clara comprensión.

—Por ejemplo… Como el dueño de Lennox y el señor de Ancartium.

—El duque Kling, dueño del castillo de Lennox, es el más alto de los pocos asesores cercanos al emperador. Hay varias áreas más además de Ancartium gobernadas por el emperador, pero no habrá área más importante que esa en caso de conflicto armado entre los dos países.

—Ya hemos desplegado varios espías astutos en varias puertas de Lennox, incluida la puerta de Euroslaf, y en los caballeros de Astolpf, los caballeros nacionales del norte. En cuanto reciban la orden, cruzarán la frontera, invadirán el territorio de Faisal y ejecutarán las masacres necesarias.

—Hm…

—Ya que usted ha venido aquí, supongo que habrá espías de Faisal que cruzarán las fronteras de Aslan y harán lo mismo —añadió Ober rápidamente.

Shahar pudo descubrir fácilmente el significado de sus palabras. Ober advertía que una agresión de Aslan no solo era arriesgada, sino que invitaría a una escalada mayor; por ello, su plan consistía en que ambas partes compartieran la responsabilidad política del conflicto.

—Bueno, puedo hacer eso por usted. ¿Y luego?

—Incluso si es un conflicto pequeño, pronto se extenderá a Pars, la capital de Faisal. Pero como ambas partes deben asumir la responsabilidad, y los dos imperios son tan grandes, no declararán una guerra a gran escala. Además, Aslan tiene el principado de Sorman en el sur, mientras que Faisal tiene el principado de Belasq en el este. ¿No cree que deberían evitar jugar una mala carta en la batalla?

—Así es. Ningún monarca quiere romper el pacto que ha mantenido durante cientos de años debido a una guerra temporal e invitar a la invasión de Sorman o Belasq.

—En conclusión, la guerra terminará después de repetidos conflictos locales porque los residentes de Lennox y Ancartium vivirán bajo mi gobierno y el suyo de todos modos. No necesitamos matar a mucha gente. En ese caso, será más difícil hacerse cargo de las consecuencias…

—Ober, su introducción es bastante larga. En resumen, quiere decir que tiene otra cosa en mente, ¿verdad? —Shahar dio en el clavo, sonriéndole brillantemente.

—Para poner fin a la lucha… —respondió Ober, curvando los labios en una leve sonrisa—, debemos concluir con un nuevo tratado de paz, como dicta la costumbre. Todo lo que necesitamos es que Eckart y Rashid acudan a la cita para la firma.

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