Pronto, utiliza el rostro del demonio – Arco 3 – Capítulo 9

Traducido por Shiro

Editado por Meli


El séptimo príncipe dijo en su corazón: La plaga es incurable, incluso yo estuve a punto de caer en las garras de la muerte, ¿cómo podría un cuenco de medicina curarla? Ese Shen Yi Bin seguro dijo puros sinsentidos. 

Aunque el séptimo príncipe disipó con rapidez las dudas que albergaba y trajo hacia sí a Xie Yu Rou para consolarla, esta colapsó en sus brazos, rostro pálido y dientes castañeando.

No mucho después, el emperador Tian Chen envió al eunuco jefe, quien llegó con un grupo de guardias imperiales.

—Su Alteza el príncipe heredero está curado. Dama concubina, por favor, acompañe a este sabio a una caminata, necesito preguntarle algunas cosas.

La salud del emperador Tian Chen estaba declinando de manera progresiva debido a su avanzada edad, por lo que, estaba buscando un elixir que prolongara la longevidad. Los asistentes que lo seguían también ansiaban eternas riquezas y honor, y su condición actual les generaba ansiedad. Por esa razón, el príncipe heredero no tuvo ni siquiera que dar la orden de captura cuando alguien ya había venido por Xie Yu Rou.

Ella sabía que su espacio medicinal y manantial espiritual eran milagrosos. No podía permitir que otros supieran de ellos, de lo contrario, el resultado sería fatal. Sin mencionar que el espacio dimensional estaba ligado a su alma, siendo el medio de acceso un brazalete de jadeíta, el cual nadie podía ver, incluso si lo llevara en la muñeca, mientras ella así lo deseara.

No pueden robarme el brazalete, y siempre que tenga a mi disposición el espacio y el manantial espiritual, podré sobrevivir esta calamidad.

Debido a la seguridad que sentía, sin importar cómo el eunuco jefe la interrogara, no estuvo dispuesta a confesar. Eso lo hacía sentir impotente, no era tan valiente como para castigar a la concubina de un príncipe sin que el emperador le diera la orden, por lo que no tuvo más remedio que irse enojado junto con los guardias imperiales.

En cuanto se fueron, Xie Yu Rou se tragó una píldora rejuvenecedora y, finalmente, se desplomó en un rincón, jadeando. Podía esconderse en su espacio, pero cuando saliera estaría atrapada aún en una celda, no serviría de nada. Además, su familia estaba en la capital, su hermano menor tenía grandes perspectivas para su futuro, y si los ignoraba y desaparecía, el emperador descargaría su ira sobre la familia Xie.

Así que, su única opción era ofrecer al emperador Tian Chen la receta para la longevidad, ayudarlo a recuperar su salud y que este se sintiera por siempre agradecido con ella.

Esto podría considerarse un atajo a una promoción, y el séptimo príncipe se beneficiaría mucho, pensó Xie Yu Rou esbozando una leve sonrisa, su pánico e impotencia previos erradicados por completo.

Sin embargo, si ella pudo pensar en ello, Zhou Yun Sheng también. Esa noche, hipnotizó a los guardias imperiales y entró a la prisión caminando con osadía.

—Dama concubina, ¿cómo se siente? —Sonrió y juntó las manos a modo de saludo, sus ojos llenos de burla, entonces, olisqueó el aire y suspiró—. La dama parece siempre llevar consigo medicinas excepcionales, y esta medicina es bastante peculiar. Basándome en el aroma, este funcionario teme que varios de los ingredientes que la componen no se consigan en todo DaZhu. Si la dama le ofrece este tesoro al emperador, y el emperador vive por cientos de años, la dama con toda seguridad experimentará un cambio en su futuro.

Xie Yu Rou lo miró con desdén pero permaneció en silencio. Había aprendido a temerle un poco al campeón académico, no parecía mortal.

¿Cómo puede un hombre mortal penetrar mi espacio dimensional con solo una mirada?

Sin darle importancia, él caminó hasta la puerta de la celda, agarró una pajita al azar del suelo y lo insertó en el candado de bronce. Y después de una breve manipulación, la abrió. Para un villano, nunca era desventajoso ser habilidoso; a excepción de dar a luz, no había nada que no pudiera hacer.

Shiro
ZYS, no le des ideas a los cielos. ¬‿¬

Boquiabierta, Xie Yu Rou lo siguió con la mirada, consiguiendo apartarla solo cuando despertó de su estupor. Entonces, se acurrucó en una esquina y gritó en pánico:

—¿Qué estás haciendo?

—Relájate, no te mataré —dijo caminando hacia ella, tras lo que se agachó y la miró.

Si asesinara al héroe o heroína del mundo, este colapsaría de inmediato. Debido a que era un agente foráneo, las consecuencias serían devastadoras; sin embargo, si un residente del mundo fuese el que los matara, no habría ninguna otra repercusión.

Pero no deseaba lidiar con eso. Lo que quería era el espacio espiritual y el manantial espiritual. Como masas de energías que eran, para él, eran alimento.

Al escuchar sus palabras, Xie Yu Rou se puso aún más alerta. Las manos con las que se abrazaba los hombros estaban rígidas y, cuando intentó gritar, descubrió que no podía emitir sonido.

¿Qué está pasando?, pensó mirando a Zhou Yun Sheng con un horror indescriptible.

—Es solo un poco de hipnosis. No entres en pánico. —Con sonrisa gentil, le señaló la delgada muñeca y suspiró—. Un brazalete de jadeíta verde imperial, verdaderamente inusual.

—¿P-Puedes verlo?

Siempre que fuese en tono moderado, podría hablar, pero estaba demasiado asustada para notarlo. Todo lo que llenaba su mente eran preguntas respecto a la identidad de ese hombre. El brazalete era el regalo de un inmortal, que él pudiese verlo lo ponía en el mismo plano.

Sin contestar, Zhou Yun Sheng estiró el brazo y le quitó el brazalete, haciéndolo rodar en su palma.

Xie Yu Rou se quedó mirando con horror cómo el brazalete se convirtió en pequeñas luces fluorescentes, las cuales fueron absorbidas por el cuerpo de Zhou Yun Sheng.

—Aunque no es nada en comparación a la absorción de un mundo entero, la carne de mosquito sigue siendo carne. Así que, muchas gracias, dama concubina. —Juntó las manos con elegancia y salió de la celda. Al final, no olvidó volver a colocar el candado de cobre. Entonces, llevando un dedo a sus labios, dijo en voz baja—: Mientras el espacio dimensional y el manantial espiritual sean considerados tabú, que no sean mencionados en presencia de otros.

Esa fue su última hipnosis.

Con expresión aún horrorizada, Xie Yu Rou asintió de manera obediente. Debido a que el brazalete estaba vinculado a su alma, tomarlo a la fuerza implicaba que su mente saldría lastimada. Poco después que Zhou Yun Sheng se fue, el terrible dolor de cabeza que la embargó la hizo rodar por el suelo a causa del dolor.

♦ ♦ ♦

—¿Adónde fuiste?

Cuando Zhou Yun Sheng regresó a la habitación, el príncipe heredero lo miró mientras permanecía apoyado contra la cabecera de la cama.

—Al baño.

—¿No hay uno cerca de aquí?

—El olor es desagradable y el sonido indecente.

El príncipe heredero se rio entre dientes, levantó la colcha y dijo:

—Eres un entrometido, ven ya.

Zhou Yun Sheng vaciló por unos segundos antes de quitarse la túnica y meterse en la cama. Durante las últimas dos semanas, mientras el príncipe heredero había estado críticamente enfermo, había dormido con él todos los días. Rehusarse en ese momento carecía de sentido.

El príncipe heredero lo abrazó, su fuerza inusual, y sin más, durmieron en paz.

♦ ♦ ♦

Xie Yu Rou enloqueció. Como no respondía a las preguntas, el jefe eunuco no tuvo opción salvo escoltarla de vuelta a la capital para que el emperador Tian Chen la interrogara personalmente. Una medicina celestial que podía curar la plaga casi de manera instantánea, era natural que él quisiera obtenerla, yendo en persona incluso a la Oficina de Castigos para supervisar la situación.

Sin embargo, Xie Yu Rou parecía trastornada. Gritaba que el príncipe heredero sería abolido y que el séptimo príncipe sería quien ascendería al trono; que ella sería emperatriz y otras tantas cosas. Su ambición quedó clara a todos los presentes.

Furioso, el emperador Tian Chen no quería pensar en la clase de ideas que albergaría el séptimo príncipe si su concubina era tan ambiciosa. Quizás quería que él y el príncipe heredero murieran para así poder ascender al trono. De lo contrario, Xie-shi no se habría negado a compartir con el príncipe heredero la medicina celestial capaz de curar la plaga.

De ese modo, el séptimo príncipe cayó en una situación muy poco favorable. El emperador Tian Chen lo encarceló en su residencia y le arrebató todas sus asignaciones. La familia de Xie-shi también cayó en desgracia. Los guardias imperiales volcaron sus propiedades durante la investigación y encarcelaron a toda la familia por traición y otros delitos graves.

La conducta de Xie Yu Rou no había sido cautelosa, había dejado recetas medicinales y otros objetos de su espacio dimensional en sus estanterías, permitiéndole al emperador conseguir una gran recompensa. No obstante, muchos de los ingredientes crecían solo en su espacio, encontrarlos en el mundo mortal era imposible.

El emperador Tian Chen les entregó las recetas a los médicos imperiales para que las investigaran, y al no obtener resultados fructíferos, se las dio a varios monjes taoístas errantes. Con el tiempo, se obsesionó con la elaboración de píldoras de la inmortalidad y comenzó a recorrer el camino en pos de la longevidad.

Con frecuencia, el príncipe heredero le aconsejó que se detuviera, pero sus recomendaciones se encontraron con oídos sordos, y no tuvo alternativa salvo abandonar el tema. Entonces, lentamente comenzó a encargarse de los asuntos gubernamentales.

Cuando el emperador Tian Chen tenía cincuenta y seis años, colapsó, y el país entero lamentó su muerte. El príncipe heredero se sentó en el trono supremo con el apoyo casi universal de los funcionarios.

Luego de la grandiosa ceremonia, el recién nombrado emperador Tian Qi convocó con impaciencia al recién nombrado gran académico.

—¿Soy o no un hombre sabio? —El emperador agarró de manera íntima la muñeca del joven hombre.

—Es usted sabio. —Zhou Yun Sheng luchó por liberarse, pero al ver que la fuerza del agarre del otro incrementaba casi al punto de romperle los huesos, tuvo que rendirse.

—¿Soy o no un hombre imponente?

—Es usted imponente —contestó, la comisura de su boca crispándose.

—Entonces, ¿te sientes atraído hacia mí?

Zhou Yun Sheng guardó silencio, pero al ver la tormenta gestándose en los ojos oscuros del hombre, dijo después de considerarlo un momento:

—Usted es ahora el emperador y yo un consejero de la corte. Si nuestra relación excediera los límites de monarca y ministro, que otros lo noten sería el menor de nuestros problemas; entre nosotros, sospechas y celos se presentarán eventualmente. Contradicciones serán inevitables y, con el tiempo, nuestro amor podría marchitarse.

El emperador Tian Qi ignoró todo lo que no era de su interés y preguntó con deleite:

—¿Amor? Tú también albergas sentimientos por mí, lo sabía. —Atrajo al joven hombre y lo abrazó con fuerza—. ¿Por qué no me das una oportunidad? Quizás nuestros sentimientos no se marchitarán y, al contrario, se mantendrán frescos por una eternidad. Si no accedes hoy a estar conmigo, los cien años de prosperidad que te prometí para la familia Shen serán invalidados.

Con los hombros adoloridos bajo su férreo agarre, Zhou Yun Sheng levantó la cabeza y lo fulminó con la mirada mientras decía entre dientes:

—El emperador nunca falta a su palabra, ¿no ha escuchado nunca este dicho?

—El emperador es impredecible, ¿no has escuchado tú ese? —replicó.

Zhou Yun Sheng quedó atónito.

—Ah, no te enfades —El emperador vio su expresión sombría y enseguida comenzó a persuadirlo con tono gentil—: Mientras permanezcas a mi lado y no desaparezcas, no tocaré a la familia Shen. Yun Sheng, Yun Sheng, te lo ruego, por favor, te lo ruego…

Como un niño, enterró y frotó su cabeza contra la curvatura del cuello del joven, su imponente fuerza de hacía un momento olvidada. Zhou Yun Sheng desde un principio había sentido un afecto inexplicable hacia él, y verlo tan frágil y en pánico en ese momento lo hizo reflexionar durante un largo tiempo. Entonces, lentamente abrazó su delgada y poderosa cintura, accediendo.

El emperador Tian Qi se regocijó en su corazón, y sin demora capturó sus labios…

♦ ♦ ♦

Xie Yu Rou fue sentenciada a muerte por el emperador Tian Chen y al séptimo príncipe se le revocó su título y rango. Además, ahora que el nuevo emperador había ascendido al trono, su rango no podía ser restituido. La enorme residencia que le pertenecía al séptimo príncipe estaba desierta, los ingresos no cubrían los gastos, e inesperadamente tuvo que apoyarse en Shen Qiao Dan para mantenerla.

—Acaban de otorgarle a mi hermano el título de duque de ZhongYong, y hoy celebrará un banquete. ¿Vienes conmigo?

Shiro
«ZhongYong» significa valiente y leal.

Shen Qiao Dan había abandonado su antigua humildad frente al séptimo príncipe, y su forma de dirigirse a él desde hacía mucho tiempo había pasado a «tú y yo».

—Naturalmente, iré con mi amada concubina imperial —contestó, sonrisa gentil.

—Ahora que has perdido tu rango, no me llames «amada concubina imperial» para que otros no juzguen —replicó ella con ecuanimidad, tras lo que se fue sin mirar siquiera el cambio drástico en la expresión del séptimo príncipe.

Cuando los dos llegaron a la residencia Shen, se encontraron con la grandiosa escena de invitados entrando y saliendo del lugar como en un mercado. El mundo entero sabía de la confianza extrema que el emperador Tian Qi depositaba en su hermano. Para el emperador, cientos de oraciones no se equiparaban a un breve comentario que viniera de él. Y por lo tanto, todos querían ganarse su favor.

Shen Qiao Dan abandonó al séptimo príncipe, quien estaba intentando de todo corazón entablar relaciones amistosas con los cortesanos, para pasear por el jardín trasero; pero se encontró con una fila de majestuosos guardias imperiales estacionados en la puerta del patio, los cuales lanzaban miradas amenazadoras a quienquiera que se acercara.

Asustada, Shen Qiao Dan se puso de puntillas, tratando de mirar adentro. Allí vio a su hermano menor y al emperador Tian Qi bebiendo vino junto al estanque de lotos. No pudo escuchar lo que su hermano dijo, pero el emperador levantó su copa de vino y se rio de buena gana. Acto seguido, extendió su mano y la pasó a través del cabello del joven que había revuelto por el viento, su expresión gentil.

Ese par de monarca y ministro se la habían llevado bien casi durante una década, pero sus sentimientos parecían sempiternos.

Shen Qiao Dan se sintió tranquila, sonrió levemente y se dio la vuelta.


Meli
¡Llegamos al final de un arco más! Me encantó como Zhou Yun Sheng hizo de todo para salvar al príncipe. Como que en este arco, lo sentí menos dependiente de su pareja ¿fue mi imaginación? Por cierto, soy Meli, creo que no me había presentado (-_-;)

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