Querida “amiga” – Capítulo 35: ¿Debería tratar de conquistar al duque? Falsa amiga

Traducido por Den

Editado por Ayanami


Miré a Dorothea corriendo hacia mí consternada. ¿Por qué está aquí?

—¿Dorothea…?

—¡Marie!

Parecía haber olvidado que yo era una paciente, porque vino hacía mí a toda velocidad.

—¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cuánto tiempo ha pasado? —Chilló.

Tres meses según mi cuenta, pero eso no importaba. La miré y traté de adaptarme a verla una vez más. ¿Era tan descarada, confiada, irreflexiva o amnésica? Parecía haber olvidado por completo cómo nos despedimos la última vez.

—Tres meses. —Respondí.

—¡Ha sido mucho tiempo! Eso es un cuarto del año, ¿verdad? ¿Sabes cuánto te he extrañado? —Dijo.

No pude evitar sentir una pequeña irritación.

—¿Por qué no viniste a visitarme si tanto querías verme?

—¡He estado demasiado ocupada! He estado yendo a fiestas de té y tiendas de moda. Además, escuché que no te encontrabas bien. Los pacientes necesitan descanso incondicional, ¿no es así?

Incluso después de todo este tiempo, Dorothea era su yo insensible y molesto de siempre, pero igualmente me quedé sin palabras. Incluso como una autoproclamada “mejor amiga”, estaba demasiado concentrada en asistir a todas las fiestas de té y tiendas de moda del mundo. Por supuesto, dejando de lado el sarcasmo, de todos modos no quería verla.

Pero, desafortunadamente, ya estaba aquí

—Entonces, ¿qué pasa? —Le pregunté con un tono áspero. Dorothea respondió como si lo que pasó entre nosotras dos la última vez no hubiera pasado en absoluto.

—Mi mejor amiga está aquí —dijo en un tono como si fuera obvio.

Sus ojos se apartaron de mí.

—Ha pasado un tiempo, ¿verdad, Martina? —Dijo. Ahora parecía que su interés se había dirigido hacia Martina, a quien no le agradaba Dorothea.

Martina hizo una mueca como si se viera obligada a imitarla, pero luego decidió que al menos debería actuar con cierta etiqueta.

—Ha pasado un tiempo, señorita Dorothea —dijo Martina en un tono mecánico.

Una decepción obvia apareció en el rostro de Dorothea ante su saludo intencionalmente distante.

—Oh, no tienes que hacer esa clase de saludo entre nosotras, Martina. Soy la mejor amiga de tu hermana.

La expresión de Martina parecía decir: “Claro que sí”, lo que hizo que mi pecho se estremeciera por alguna razón. Padre se enfadaría de nuevo si lo viera. Aquello me preocupó, por lo que intervine rápidamente entre ellas.

—En cualquier caso, ahora estoy bien, Dorothea —interrumpí y la atención de Dorothea se volvió a desviar de ella.

—¡Me alegro mucho! Dijiste que tuviste un accidente de carruaje, ¿verdad? —Dijo asombrada.

—Sí.

—Escuché que el duque Escliffe también estuvo involucrado en el accidente.

—Técnicamente no es culpa suya. El caballo que tiraba del carruaje comió pasto alucinógeno y causó el accidente —expliqué.

—Menos mal que no pasó nada peor, Marie. Estaba muy preocupada —dijo aliviada.

—Sí —respondí secamente, asintiendo mientras la escuchaba. Luego, otra voz me llamó.

—¡Marie!

Era la condesa Bellefleur, la madre de Mariestella. Levanté la mano para responderle, pero dudé cuando vi a una mujer desconocida junto a ella. Tenía un cabello rubio brillante y ojos azules que se parecían a un mar de coral. Traté de adivinar quién era, pero nadie me vino a la mente.

—¡Ah, madre!

Me sobresalté con la voz que provino de mi derecha.

¿Madre?

—¿Condesa Cornohen? —La voz de Martina vino desde mi izquierda.

No podía creerlo. Esa mujer era la madre de Dorothea y la esposa del conde Cornohen, la condesa Cornohen.

Atónita, miré alternativamente entre la condesa Cornohen y la condesa Bellefleur. Un momento después, ambas mujeres llegaron hasta donde estábamos.

—Ha pasado un tiempo, señorita Mariestella —dijo a modo de saludo la condesa, la bella mujer rubia. —Te has vuelto aún más hermosa desde la última vez que nos vimos. Escuché que tuviste un accidente, ¿estás bien?

Me decanté por una respuesta habitual.

—Gracias por preocuparse. Estoy bien ahora. —Luego agregué: —Gracias por su preocupación.

La condesa me sonrió con simpatía.

—Señorita Mariestella, usted es como una hija de verdad para mí. Por supuesto que estaría preocupada.

¿Cómo es posible? Al igual que Dorothea, esa mujer ni siquiera apareció mientras estaba en cama. Me eché a reír a carcajadas en mi interior, pero fingí una sonrisa en mi rostro.

—Estoy muy feliz de volver a verte. Ha pasado mucho tiempo desde que pasaste por aquí. —Esta vez habló la condesa Bellefleur.

—Ah, sí —dijo, asintiendo la madre de Dorothea. —En realidad, vine a responder la pregunta del viaje que mencionaste la última vez. También tengo algo que decirle a la señorita Mariestella.

—¿A mí…? —Parpadeé.

—Sí —sonrió alegremente la condesa Cornohen y luego se volvió hacia mi madre, que estaba a su lado. —Condesa Bellefleur, si le parece bien, ¿puedo hablar con su hija?

—Está bien, pero… por favor, también considere la opinión de su médico. —Se volvió hacia mí con una expresión seria. —¿Te parece bien, Marie? Me preocupa tu condición física.

¿De verdad? Mi estado mental era peor que el físico. En cualquier caso, sería indigno rechazar a la condesa Cornohen, así que sonreí incómoda y asentí.

—Creo que estaré bien, madre. Estoy mucho mejor ahora.

—Me alegra oír eso, señorita Mariestella. Entonces, ¿vamos al salón? —Sonrió la duquesa Cornohen.

—Por supuesto, condesa —dijo mi madre, luego se dirigió a Florinda. —Florinda, llévalas al salón. La señorita Cornohen puede venir a casa conmigo. Llegaron justo a tiempo, tenemos un poco de té exótico.

—¿Té exótico? —Dijo Dorothea, sus ojos brillaron repentinamente con interés.

—Sí. Su Alteza el príncipe heredero lo envió con la esperanza de que Marie se recuperara —respondió mi madre en un tono un poco más feliz.

Pero el rostro de Dorothea se tensó visiblemente. Era de esperar, así que no estaba sorprendida. No obstante, esta vez, también miré a la condesa Cornohen, y vi que su rostro estaba igual de tenso. De tal palo tal astilla, supuse. ¿La condesa estaba igual de disgustada de que Mariestella fuera cercana a Xavier?

“La manzana no cae lejos del árbol.”[1]

Había algunas excepciones para la regla, pero en mi experiencia, el dicho decía en gran parte la verdad. En la novela, la condesa Cornohen no fue descrita como un personaje malo, más bien, fue presentada como una buena madre que se preocupaba profundamente por la comodidad y seguridad de su hija. Sin embargo, no confiaba demasiado en la novela original. Y resultó ser que después de todo no era muy diferente de Dorothea.

Decidí molestarlas un poco más.

—Su Alteza el príncipe heredero es un hombre muy benevolente. No sabía que sería tan amable conmigo.

Sus rostros se tensaron aún más simultáneamente.

Esto realmente vale la pena verlo. Hagámoslo una vez más. 

—El duque vino hace tres días y también dijo que el té era delicioso —proseguí.

—¿El duque, señorita Mariestella?

—El duque Escliffe —respondí en un tono un poco pretencioso. —Nos visita a menudo.

—¿A menudo?

—¡Viene todos los días! —Dijo Martina convenientemente desde mi lado. Observamos en tiempo real cómo los rostros de madre e hija se deformaban aún más, por lo que decidí agregar algo más.

—Pero hoy no vendrá. Vendrá mañana.

—¿D-De verdad? —Tartamudeó la condesa.

—¿Por qué los visita tan a menudo el duque? —Preguntó Dorothea con una voz triste.

La sonrisa en mi rostro era brillante y amplia.

—Por ninguna razón.

—¿Viene todos los días aunque no tiene ningún asunto contigo?

—¿Qué hay de malo con eso? —Dije despreocupadamente. —Somos amigos.

—¿Amigos? —Repitió.

—Mm. Amigos. —Cuando le sonreí a Dorothea, pude ver su rostro tensarse aún más. En este punto, me preguntaba cómo podría controlar sus expresiones bajo esa máscara.

—Ayer dijo que quería que fuéramos amigos —dije.

—¿El duque…?

—Me lo pidió él.

Las palabras “¿a ti?” permanecieron atrapadas en su boca, pero no pude evitar reírme en mi mente.

En la novela original, a Dorothea no le importaba mucho Klaude, y él naturalmente permanecía al margen, como un personaje secundario. Sin embargo, uno tendría que ser un tonto para ignorar a alguien con un título tan alto como el duque. La condesa Cornohen parecía pensar lo mismo.

—Me sorprendió —agregué a la ligera.

—A mí también. ¿Amiga del duque? —Dorothea apretó sus labios de una manera desagradable. —¿Es posible que un hombre y una mujer sean amigos?

—Entonces… ¿crees que debería aprovechar la oportunidad para conquistar al duque? —Dije con una sonrisa salvaje, y Dorothea de repente enmudeció. Después de un momento, levanté levemente un párpado. —Bueno, llegaste automáticamente a esa conclusión porque no tienes experiencia con las interacciones.

—¿Qué?

—Incluso si no es con el propósito de salir, hay muchas personas con las que relacionarse.

—Bueno, estás perdiendo mucho tiempo con esa historia, Marie —interrumpió repentinamente la condesa Bellefleur. Debe haberse dado cuenta de que el estado de ánimo se estaba volviendo, poco a poco, desagradable. —No es de buena educación mantener de pie a un invitado durante demasiado tiempo. Florinda, por favor, llévalas al salón.

—Sí, mi señora —dijo Florinda con una reverencia. Luego, se volvió hacia mí y preguntó: —Señorita, ¿necesita ayuda?

—Gracias, Florinda. Estoy bien. —Me volví hacia la condesa Cornohen con una leve sonrisa en mis labios. —¿Vamos, condesa?


[1] La manzana no cae lejos del árbol vendría a ser lo mismo que “De tal palo, tal astilla”.

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