Querida “amiga” – Capítulo 36: Tu familia está endeudada

Traducido por Den

Editado por Ayanami


¿Por qué la condesa Cornohen solicitaría una reunión privada conmigo? Barajeé varias razones en mi cabeza, pero había demasiadas respuestas para elegir.

Mientras miraba a la condesa sentada frente a mí, finalmente dije:

—¿El té es de su agrado?

El té servido era el que me regaló Xavier.

—Sí… —respondió con una sonrisa un tanto burlona.

—Me alegra escuchar eso —contesté. Tomé un sorbo de mi té y luego profundicé en el tema. —Así que tiene algo que decirme…

Los ojos de la condesa Cornohen brillaron, como si no esperara que fuera tan directa. No obstante, tampoco perdió más tiempo vacilando.

—Sí.

—Por favor, cuénteme —le pedí con una suave sonrisa.

—Quería reunirme contigo por Roth —habló sin titubear, realmente debe haber querido decírmelo.

Permanecí en silencio y ella prosiguió:

—Roth dijo que tuvo una discusión contigo.

—Ya veo. —Traté de decir lo mínimo. Sabía por intuición que me beneficiaría.

—¿Puedo preguntar qué sucedió?

—Supongo que Dorothea no se lo dijo.

—Sólo dijo que de repente te enfadaste.

—No me enfade “de repente”, condesa. —repliqué. —Si eso es todo lo que escuchó, debe pensar que tengo problemas para manejar la ira.

—Entonces, me gustaría escuchar tu explicación de primera mano.

—Dorothea habló despreocupadamente sobre mi vida privada en una fiesta de té. Me enseñaron que era descortés hablar sobre la información personal de otra persona sin el permiso de la persona en cuestión.

—¿Roth realmente hizo eso…? —Preguntó.

Dios mío. ¿Esta no era una reunión donde un profesor llamaba a un padre para discutir sobre el mal comportamiento de su hijo? Suspiré en mi interior y afirmé los hechos una vez más.

—Lo hizo.

Después de escuchar mis palabras, la condesa guardó silencio durante mucho tiempo. Luego, habló una vez más

—¿Qué dijo sobre tu vida personal que te enfadó?

—Independientemente de lo que fuere, me molestó que hablara sin mi consentimiento. ¿No se sentiría usted de la misma forma, condesa? —Le pregunté.

—Aun así, me gustaría preguntar qué dijo que querías mantener en privado. —insistió.

Al final, decidí contárselo…

—Antes de mi accidente, fui al palacio Thurman. Su Alteza el príncipe heredero me invitó para darme algo.

En verdad, no tenía la intención de decir los detalles, pero no pude contenerme. Sentía que la madre sentada frente a mí no estaba realmente reflexionando sobre el error de su hija, así que tenía que asegurarme que no diría nada injusto más adelante.

—Como sabe, el príncipe heredero es un adulto hecho y derecho, y yo también. —Seguí explicando. —En este momento, en que la selección de la princesa heredera es el tema principal, Dorothea complicó la situación entre el príncipe y yo al decir cosas innecesarias.

Cuanto más hablaba al respecto, cuanto más recordaba, más se reavivaba mi ira.

—No tengo que explicarle lo avergonzada que estuve. Usted ha estado en la alta sociedad mucho más tiempo que yo. Ahí, una simple palabra puede provocar falsos rumores, ¿no es así?

—Hmm…

La condesa se quedó pensativa. Sin embargo, sus siguientes palabras me dejaron absolutamente estupefacta.

—Pero realmente no es la culpa de mi hija, ¿no? —Dijo.

Por un momento, pensé que la había escuchado mal, por lo que parpadeé confundida.

—¿Qué…? —Espeté.

—Me quedó más claro una vez que escuché tu historia. Mi hija no es la única que se equivocó, ¿verdad?

—Condesa, ¿qué está…?

—Para ser honesta, también estabas actuando engañosamente. ¿Por qué te comportaste de una manera que podría causar un malentendido? Era natural que tales rumores surgieran si ibas al palacio imperial, y justo cuando el príncipe heredero está considerando casarse —concluyó.

—Entonces ¿está diciendo que es mi culpa…? —Dije, sintiéndome indignada.

—Debiste haber actuado de una manera en que esto no se hiciera público, pero no lo hiciste. Si tenías que recibir algo del príncipe heredero, deberías haberlo hecho a través de un sirviente. ¿Por qué fuiste personalmente al palacio Thurman?

—¿Está diciendo que debería haber rechazado la invitación de Su Alteza? Debe saber lo difícil que es rechazar una orden del príncipe heredero.

—No. Pero deberías haberte comportado mejor. Este es un momento delicado para todos. Después de todo, ¿no bailaste con Su Alteza en el banquete?

Solo pude observar a la condesa Cornohen, quien se negaba obstinadamente a culpar a Dorothea por sus errores. ¿Qué podría hacerle darse cuenta de que su hija, al menos, tenía un poco de culpa?

Pero no tardé mucho tiempo en rendirme a intentarlo, porque tenía la fuerte sensación de que ella no cambiaría de opinión. En primer lugar, si hubiera alguna esperanza de ello, no me habría acusado de haberme equivocado sin un indicio de querer disculparse.

—Entonces, ¿está diciendo que es mi culpa?

—No… no necesariamente. Solo me pregunto si es algo de lo que deberías estar molesta. Francamente, ¿por qué estarías tan reacia a decir algo? —Preguntó.

—Es de mala educación hablar sobre la vida personal de una persona sin su permiso —reiteré. —Eso es evidente. Incluso si una pareja tiene una relación sana y honorable, no hablan de su vida sexual.

—¿Q-Qué? —Tartamudeó la condesa, sonrojándose por el ejemplo provocativo, pero no me importó.

—Es solo un ejemplo. No es vergonzoso que una pareja esté junta, ¿verdad? Pero no cuentas lo que sucede en su cama.

—Señorita Bellefleur, eso es muy ofensivo —me reprendió.

Traté de darle un ejemplo que la hiciera comprenderlo mejor. Quería que sintiera lo mismo que yo en ese entonces y ahora.

—En efecto, condesa Cornohen —dije con una sonrisa tranquila. —Sus sentimientos de ahora y los que yo tuve en ese momento no son tan diferentes. ¿Debo entrar en más detalles?

—¡No, gracias! —Espetó indignada y me miró como si dijera: “¿quién es esta p**a loca?“. Ignoré su mirada y tomé lo que quedaba de mi té mientras ella recuperaba la compostura.

—No sabía que era una persona tan imprudente, señorita Mariestella —dijo.

—Yo tampoco lo sabía, condesa Cornohen. No sabía que su hija era una persona imprudente que hablaba sobre los asuntos de otras personas sin permiso.

Guardó silencio ante mi comentario.

—Me alegro de haberlo descubierto.

Después de eso, dejé la taza sobre la mesa y la miré a los ojos. No dudó en dirigirme una mirada desagradable. Madre e hija eran sorprendentemente similares.

—Entonces, ¿por qué quería verme? —Le volví a preguntar.

Curiosamente, sus ojos parecieron perder su agudeza e inesperadamente permaneció en silencio durante mucho tiempo. Comencé a  sentirme incómoda mientras el silencio se prolongaba, por lo que finalmente lo rompí.

—¿Condesa?

Fue entonces cuando pareció salir de sus pensamientos, y me miró fijamente. Su expresión ya no era tan severa como antes, pero todavía sentía el peso de sus ojos por lo que sucedió anteriormente.

—¿Nunca más volverás a ver a mi Roth…? —Preguntó.

—Traté de hacerlo —dije soltando un pequeño suspiro. —Pero esta es la situación ahora.

—Entonces, señorita Marirstella, déjeme ir al grano. —Su voz se volvió más penetrante y fría que antes, pero con una pequeña mota de seriedad tras ella. —Por favor, vuelva a ser amiga de Roth.

—Parece que ha olvidado todo lo que dije antes… —dije cansada. —No quiero ser amiga de su hija. Me lastimó la última vez.

—Por favor, señorita Mariestella, hágalo —sonó más como una firme exigencia que como una petición.

Resoplé en mi interior, pero mantuve mi expresión educada en mi rostro.

—Lo siento condesa.

—¿Realmente, vas a hacer esto…?

¿Puedes preguntarle a tu hija: “¿vas a seguir haciendo esto?”, condesa?

—Lo siento, condesa. —Sentía que me estaba repitiendo como un loro, pero en ese momento la condesa me miró con los ojos entrecerrados. Para ser honesta, esa era la expresión facial que quería hacerle, pero era una pena que no pudiera.

—Entonces, me retiraré —dije.

De hecho, era más apropiado que ella se levantara primero y no yo, pero no quería seguir sentada en este ambiente desagradable. No obstante, justo cuando me estaba poniendo de pie, la condesa me agarró del brazo.

—Señorita —dijo de modo cortante, y la miré.

—¿Si, condesa? ¿Tiene algo más que decir?

—Siéntese. Sabía que esto resultaría así, así que preparé algo.

Mis ojos temblaron cuando le dirigí una mirada, pero no parecía particularmente “preparada” para algo. Por eso, me vi obligada a volver a sentarme, ya qué, sería  de mala educación ignorarla y salir de la habitación. Una vez tomé asiento, la miré con ojos cansados.

—Dígame, condesa.

—Ya lo sabes, pero tu familia está endeudada.

—¿Eh?

—Tu familia tiene una deuda con la familia Cornohen. ¿Por qué finges no saber nada?

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