Querida “amiga” – Capítulo 37: Quiero que esto sea un secreto

Traducido por Den

Editado por Ayanami


Esta era la primera vez que me enteraba de esta deuda. ¿La casa de Mariestella le debe algo a la casa de Dorothea?

Una expresión de idiota se plasmó en mi rostro, pero rápidamente recobré la compostura.

Las circunstancias dictaban que se suponía que debía entender lo que acababa de decir la condesa Cornohen.

—Ah, sí –respondí vagamente.

La condesa me lo explicó con lujo de detalle.

—Cada mes, la familia Bellefleur paga una gran suma de intereses a nuestra familia.

—¿Una gran suma de… intereses?

—Oh. ¿No lo sabías? —Sus ojos se volvieron tan afilados como cuchillos. —No hay forma de que no lo sepas. Tu abuelo contrajo una deuda importante. Por supuesto, uno debe pagarla, y tu familia paga intereses mensualmente.

¿Mi abuelo tenía una deuda…? ¿Con la familia Cornohen? Estaba sorprendida, ya que no estaba al tanto de todo este trasfondo. La condesa Cornohen no mentía, ¿verdad? Estaba confundida.

—En cualquier caso, consideré aumentar el interés —prosiguió.

—¿Qué?

—A menos que vuelvas a ser amiga de Roth.

Espera, espera.

—Si vuelves a ser su amiga, consideraré no aplicar los intereses.

Hablando sin rodeos, estaba comprando amigos con dinero. Dios bendito. No podía creer esta forma de pensar. No era de extrañar que Dorothea actuara de esa forma.

Me senté aturdida, incapaz de decir palabra alguna.

—¿Qué dice, señorita Mariestella? Son términos buenos, ¿no? —Dijo ella.

—Lo siento, condesa. Debe estar equivocada… quiere que vuelva a ser amiga de Dorothea, pero yo no represento un grupo comercial.

—¿Qué significa eso?

—En otras palabras, condesa Cornohen, una amistad no puede ser una transacción comercial. De lo contrario, la relación no es genuina…

—No lo entiendo —interrumpió, y sacudió la cabeza desconcertada. —Entonces, ¿serás amiga de Roth o no?

No hablé.

—Piénsalo cuidadosamente. Esta es una excelente oportunidad —me urgió. —Con los intereses mensuales cobrados a la familia Bellefleur, puedes comprar un castillo en el campo en solo diez años. Tu familia ha estado pagando una gran suma de intereses desde la época de tu abuelo. El pago de capital se está realizando a paso de tortuga.

No sabía que era tan significativo. No vi ningún efecto en mi vida en absoluto.

—Por supuesto, si vives más frugalmente, es posible que puedas pagarlo antes. Pero lo entiendes, ¿verdad? Se necesita una gran cantidad de dinero para proteger el orgullo y la dignidad de un noble.

Esa era una declaración cierta, pero era un principio distante de alguien que vivió como un ciudadano promedio durante más de dos décadas. No obstante, eso no significa que no entendiera el concepto. Los nobles tenían que mantener su honor y prestigio. Necesitaban dinero para pagar a sus sirvientes, para administrar su propiedad y para comprar vestidos y trajes para las fiestas. Todo se trataba de capital.

La condesa Cornohen me miró con ojos brillantes.

—Eliminaré los intereses a partir del próximo mes. ¿Qué opinas sobre mi oferta? ¿No es tentadora? —Continuó. —Considere la relación entre nuestras familias, señorita Bellefleur. Han sido cercanas desde la época de su abuelo. ¿Está segura de que quiere cortar esos lazos históricos?

Me mantuve en silencio mientras consideraba sus palabras.

—¿Su marido sabe lo que está proponiendo…?

—Por supuesto. Soy el agente de mi marido. —Su voz sonó orgullosa. No sabía si era un orgullo que surgía naturalmente cuando una persona tenía riqueza, o un orgullo de cuando uno tenía la capacidad de ejercer poder sobre alguien.

—¿Mis padres lo saben? —Pregunté.

—No —respondió, y con una amplia sonrisa agregó: —¿No sería mejor que no lo supieran?

Si aceptaba esta oferta, entonces, ciertamente, lo sabrían. Una expresión de preocupación se formó en mi rostro antes de decir:

—¿Haría esto para que volviera a ser la amiga de su hija…?

—Lo que quiero de ti no es nada especial —dijo con voz indiferente. —Sólo necesito a alguien en una “posición de igualdad” para apoyar a mi hija. Alguien que escuche sus preocupaciones y que esté de acuerdo con ella efusivamente si critica a alguien. Esa clase de persona.

Básicamente, Dorothea necesitaba una criada. La condesa Cornohen no quería una amiga de verdad para su hija, sólo quería una secretaria que estuviera subordinada a ella.

—¿Por qué hace esto, condesa? —Pregunté con curiosidad.

—Porque mi Roth lo quiere. Necesita a alguien a su lado para hacerla brillar —dijo.

—¿Cree que eso es bueno para Dorothea, milady? ¿A Dorothea realmente le gustaría eso? —Cuestioné.

—Sí, señorita Mariestella. Eso creo —respondió llena de confianza.

—¿Es una ilusión suya, condesa?

—Jovencita, —dijo con severidad. —Esto no es más que una charla ociosa. Soy una persona muy ocupada.

No le respondí.

—¿Aceptarás mi propuesta o no?

—Hablando sin rodeos, necesita un títere del lado de su hija… ¿no es así?

—Esa expresión es ofensiva, señorita Mariestella.

—No, condesa. Prefiero decirlo sin rodeos —dije sacudiendo la cabeza. —Muy bien, condesa Cornohen. Seré el títere de su hija. Pero, por favor, cumpla su promesa. Para este mes, asegúrese de que no se pague ni un solo centavo de intereses a la familia Cornohen. Si lo hace, entonces, seré el títere de su hija como usted desea. Pero eso es todo.

No iría tan lejos como para ser su amiga.

—¿Le parece satisfactorio? —Concluí tranquilamente.

—Sí —dijo la condesa con una leve sonrisa. —Eso es aceptable. Eres sabia, como era de esperar.

—Quiero que esto sea un secreto para mis padres… —solicité.

Si el conde Bellefleur lo descubría, seguramente me interrogaría y luego insistiría en que no quería lastimarme. Y yo no quería eso. Ya sentía pena por ellos por apoderarme del cuerpo de Mariestella y quería ayudar todo lo posible a esta casa.

Por supuesto, convertirme de nuevo en el títere de Dorothea no era lo ideal. Cada esfuerzo que había hecho para alejarme de ella desde que entré en esta novela se iría a la basura. Era una trágica ironía que me esforcé tanto por no ser el personaje secundario de Dorothea, solo para cambiar abruptamente de marcha. Sin embargo, la propuesta de la condesa era demasiado buena como para hacerme la difícil por mi orgullo y, en todo caso, quería aliviar la carga financiera de esta casa.

—Por supuesto —dijo. —Lógicamente, lo mantendré en secreto —me dirigió una sonrisa tranquilizadora. —¿Por qué no vamos a la sala de estar? Roth y la condesa Bellefleur deben estar esperándonos.

♦ ♦ ♦

—¡Marie! —Dorothea me saludó tan pronto como entré en la sala de estar con la condesa Cornohen. Mientras consideraba cómo debería responderle, recordé que la condesa estaba a mi lado y plasmé una falsa sonrisa en mi rostro.

—Roth.

No era difícil ser un títere. Lo consideraré como un negocio: un trabajo a tiempo parcial. Era una ofensa llamar esta relación una amistad.

—¿Qué te parece el té? —Pregunté.

—¿Es del príncipe heredero? Sabe delicioso —dijo Dorothea con un rubor rosado en sus mejillas.

Sinceramente, el té era asqueroso. No lo elogiarían tanto si no fuera del príncipe heredero.

—Me alegro que sea de tu agrado —luego me volví hacia la condesa y dije: —¿También quiere una taza?

Ante mi pregunta, miró hacia la condesa Bellefleur.

—¿Puedo tomar un poco de té, condesa?

—Por supuesto —respondió alegremente mi madre, y llamó a una doncella para que trajera otras dos tazas de té. Observé el intercambio y luego me dirigí al sofá. Me senté junto a la condesa a Bellefleur y luego miré a Dorothea.

—¿Realmente estás aquí para visitar a un enfermo? —Pregunté.

—Por supuesto —respondió. —Me alegra saber que estás mejor.

Guardé silencio por un momento, insegura de la sinceridad de sus palabras. Luego, me volví hacia su madre.

—Pero no esperaba que viniera la condesa Cornohen.

—Entonces, ¿cuál sería nuestra relación? —Comentó la condesa Cornohen.

Bueno, una en la que se compraban y vendían relaciones con dinero.

—De todos modos, tengo algo más que decir. —La condesa se sentó junto a su hija y prosiguió: —El viaje que mencioné antes. Vine para hablar de eso.

—Oh, ¿no dijiste que estabas ocupada? Pensé que solo podíamos ir en pleno invierno… —se extrañó la condesa Bellefleur.

—Por supuesto que estoy ocupada —dijo con altivez la madre de Dorothea. Madre e hija eran realmente un par. —Pero mi relación con la familia Bellefleur es preciada. ¿No es así como suele ser?

Qué repugnante.

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4 thoughts on “Querida “amiga” – Capítulo 37: Quiero que esto sea un secreto

  1. Angie says:

    Me parece tonto que haya aceptado así sin más. ¿Qué tal si ni siquiera hay una deuda? Debió de hablarlo con sus papás y no caer en los juegos de esas locas. Solo espero que no pase nada desagradable.

  2. Mar says:

    Mmmm no me parece que dicidiera lo de la deuda sin decirle a sus padres, es que ni siquiera hay un contrato, no se me hace fiable la tipa esa, y luego ni siquiera van a saber cuando ya no tienen deuda
    Muchas gracias por el capítulo

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