Reina Villana – Capítulo 44: Ven Conmigo

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


—De todos modos, enviaré una invitación oficial. A menos que haya una razón tan grande como dices, ella no rechazará la invitación, así que no te preocupes. Cualquier sentimiento que tenga hacia ti es personal, y eso no debería interponerse entre los asuntos oficiales del reino —Kasser le explicó más.

Eugene asintió lentamente. Él tenía un punto.

—Pero tienes que ser respetuosa —continuó él —no puedes preguntarle cosas como la imagen de agua que vio en su sueño.

—Sí, por supuesto que lo sé —dijo Eugene.

Kasser estudió su rostro para asegurarse de que no solo estuviera diciendo cosas que él quería escuchar.

—Jin, sé que es importante que te entiendas a ti misma, pero debes ser más consciente de que eres un Anika.

—Está bien, me aseguraré de recordar eso.

Eugene respondió obedientemente, pero, en su interior, se sintió desafiante.

Ella siempre sintió que la clase social de las Anikas estaba sobreestimada en Mahar. Al menos, los reyes usaron su Praz para luchar contra los Larks y proteger el reino, pero ¿qué hicieron las reinas? ¿Dar a luz a un príncipe? Ese único logro no era suficiente para ella, no merecía tanto privilegio.

Supongo que tengo que encontrarme con él Sang-je después de todo. No creo que la princesa de Slloan sea de mucha ayuda. 

Eugene reflexionó hasta que sintió la mirada de Kasser sobre ella. Ella levantó la vista y le devolvió la mirada.

— ¿Hay algo más que Su Majestad quiera decir? —preguntó ella.

Kasser sacudió la cabeza. Nunca dejarán de sorprenderle los cambios drásticos que la reina experimenta.

Un tiempo atrás, Kasser había regañado a Jin por tratar a sus sirvientes con crueldad innecesaria. Al principio, se dirigió a ella de manera amable, pero, a medida que su comportamiento se tornaba más violento, comenzó a alzarle la voz. Cada vez que lo hacía, la reina siempre respondía de la misma manera.

Deja de molestarme. Estoy a cargo de lo que sucede en el palacio.

Kasser creía que la esencia fundamental de una persona siempre era la misma, pero ahora, dudaba de si eso era realmente cierto.

—Me preguntaste si las Anikas también ven un lago o un río. Acabo de pensar en algo. ¿Recuerdas el viejo árbol en el centro de la plaza principal de la Ciudad Santa? —pregunto Kasser y dijo de repente.

—Sí, lo recuerdo.

No necesitaba que Kasser se lo describiera, ya que recordaba cada detalle que se ve en la plaza principal, incluso podía dibujarlo si alguien se lo pedía. La plaza principal era el centro de su historia en la novela. Dedicó páginas y páginas a describir el lugar, por lo que, era obvio que conocía muy bien el árbol.

En el centro de la plaza principal de la Ciudad Santa, hay un viejo árbol plantado desde hace más de mil años. El árbol era tan vasto que se necesitaban varias personas que lo abrazaran con los brazos bien estirados para rodearlo una vez. Sus frondosas ramas y hojas eran tan gruesas que cubrían el sol, creando una enorme sombra que cubre casi cada centímetro del cuadrado.

La leyenda dice que siglos antes, el árbol germinó de una sola semilla de lark por el toque de una Anika.

Sin embargo, el árbol era demasiado viejo para florecer y mostrar flores o dar frutos, sus hojas solo ofrecían un refugio fresco del sol durante los días más calurosos del verano. La gente de la ciudad se sentía agradecida con el árbol y lo reconoció como un símbolo de paz.

Cuando Jin atacó la ciudad con un ejército de Mara, el árbol fue atacado sin piedad. El Sang-je trató de devolverle la vida al árbol, pero había fracasado miserablemente. Solo quedaba un pequeño tocón en su lugar. Y, aunque había ganado la justicia, las cicatrices son daños permanentes. El tocón era un claro testimonio de las pérdidas en la guerra.

—Aparentemente, la semilla de ese árbol era púrpura.

Las semillas de lark son de siete colores. Dentro de una semilla púrpura, permanece dormido el tipo de lark más poderoso.

—Escuché que la Anika responsable del florecimiento del árbol había visto un lago en sus sueños.

— ¿Un lago…? —repitió Eugene.

—Un estanque, pozo, embalse y un lago —explicó Kasser.

—Entonces, ninguna de ellas puede ver aguas con corriente.

Entonces, Eugene entendió que la Ramita son ejemplos de agua finita. Sin embargo, el agua que fluye puede restaurarse independientemente de la cantidad que sea. Pero, aun así, lo que pasa con las aguas que fluyen es que nunca se vuelve a tocar la misma agua dos veces.

Entonces, ¿el lago es el grado más alto? Entonces, ¿qué fue lo que vi en mi sueño? ¿Era solo un sueño tonto después de todo? Eugene se confundió cada vez más.

—De todos modos, ¿qué tenías en mente sobre los guardias cuando salgas del palacio?

Al verla inmersa en sus pensamientos, Kasser decidió cambiar el tema.

—No quiero nada demasiado grandioso.

—Depende de a dónde vayas.

—Bueno, hoy… ¿tal vez, solo visite el mercado? No planeo ir a ningún lado demasiado lejos. Como dije, no recuerdo nada, y no quiero sobrecargarme de información.

La reina solo entraba y salía de su estudio, y no iba a ningún otro lugar del palacio. Todavía no podía entender por qué ella se había contenido tanto.

La reina que conocía no era introvertida. La primera vez que la vio fue en un salón de baile, deambulando y hablando con todos como si hubiera vivido allí.

Ella siempre tenía a alguien a su lado y era competente para hablar con la gente. Parecía cómoda en las fiestas extravagantes. Habría disfrutado las reuniones de la alta sociedad y de conocer gente nueva. Pero, después de casarse, ella no se interesó en las reuniones realizadas por la más alta nobleza del Reino de Hashi.

—Cinco…no, cinco guardias no son suficientes —dijo Kasser, volviendo de su reminiscencia.

— ¿Qué quieres decir con cinco? Cinco guardias son más que suficientes. En realidad, solo pensaba llevar uno.

— ¡No puedo dejarte salir con un solo guardia para protegerte! —Kasser rechazó su idea.

—Tener cinco guardias a mi alrededor, definitivamente, me hará parecer sospechosa —explicó Eugene.

—Cinco es el mínimo que permitiré —Él resistió, pero Eugene estaba furiosa.

—Uno —negoció ella.

—Cinco o nada. De lo contrario, no se te permitirá salir.

— ¡Dijiste que no necesitaba tu permiso! —Eugene alzó la voz. Esto solo provocó que Kasser levantara la voz también.

— ¡Dejé en claro que debes ser escoltada! ¡Te dejaré salir con los mejores guardias para no tener que preocuparme por lo que haces o por dónde vas!

— ¡Pero cinco soldados destacarán entre la multitud!

— ¡Para eso están los guardias! —Kasser se mantuvo firme, la frustración era notoria en su voz —Necesitas protegerte antes de que algo suceda, no después. ¡Es importante que nadie intente atacarte!

Eugene lo fulminó con la mirada, dándose cuenta de que nunca llegarían a un acuerdo. Era injusto, no estaba indefensa, estaba indignada.

—Entonces, ¿por qué no vienes conmigo? —sugirió sarcásticamente.

Pero Kasser se aferró a la idea como lo haría una abeja con la miel.

—Sí. Quizás eso sería mejor —no dudo ni un segundo en estar de acuerdo con acompañarla.

—Va a ser un vistazo rápido… ¿qué? —Eugene, de repente, se dio cuenta de lo que había dicho — ¿Realmente, vas a venir conmigo?

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