Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 102: Una conversación silenciosa: El trabajo de un escolta

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


—Señor Kuroitsu, parece que un invitado bastante extraño ha venido, pero… ¿qué debemos hacer?

—¿Qué tipo de invitado?

—Dice que vino a entregar una carta al huésped que se hospeda en esta posada. Sin embargo, este lugar está totalmente reservado por nosotros, y no tienen el nombre de la persona a la que deben entregarle la carta. El gerente de la posada está encargándose de él, pero, por mucho que lo explique, sigue diciendo: “debería estar aquí” y no se echa para atrás. Es bastante preocupante.

—Ya veo. Entonces, ¿dónde está este raro huésped?

—En la entrada.

—Entiendo. Gracias por el informe.

Después de recibir la noticia de mi subordinado, me levanto y me dirijo a la entrada.

Ahora mismo, hemos creado un rumor de que el maestro Romeru ha colapsado. La causa de ello fue la fatiga de sus viajes.

No sé la razón por la que tuvo que poner esa fachada y tampoco necesito saberlo. Era algo que no me incumbía.

Lo único que necesitaba hacer era priorizar el perfecto cumplimiento de mis tareas asignadas…

El maestro Romeru no permitía que nadie se le acercara, y siempre estaba sentado en su silla, muy pensativo. Y solo por la atmósfera fría que flotaba a su alrededor, podía decir que había ocurrido una situación difícil.

Cuando llego a la entrada, el invitado mencionado anteriormente y el gerente todavía estaban conversando.

—Lamento interrumpir, pero somos los únicos alojándonos en esta posada. Perdone mi pregunta, pero ¿no se ha equivocado de posada? —Al escuchar mis palabras, el huésped mostró una expresión dudosa—. Esta es la posada Faboma. ¿Podría ser que la haya confundido con la posada Farima?

Luego de oír mi segunda respuesta, el huésped pareció pensar un momento antes de asentir con la cabeza.

—Ese puede ser el caso… Siento mucho el alboroto. En ese sentido, ¿son todos ustedes viajeros o algo así?

—Bueno, algo parecido…

—Ya veo. No es de extrañar que tenga algo de músculo… Gracias por explicarme las cosas tan amablemente.

El huésped golpeó mi pecho ligeramente de manera amistosa y se fue.

—Lamento mucho ese inconveniente, querido invitado… —El gerente de la posada me pidió disculpas desde el otro lado del mostrador.

—No, está bien. Casi me confundo con la posada también, así que lo recuerdo.

—Eso es natural… Hace dos generaciones, mi hermano y yo abrimos cada uno, al mismo tiempo, nuestra propia posada, e incluso las nombramos de forma similar. Aunque descubrimos que era muy confuso y pensamos cambiar el nombre de cada una, al final decidimos dejarlo como estaba.

—Ja, ja… Una vez que te apegas a algo, es realmente difícil cambiarlo, ¿no es así? Bueno, entonces, con esto me disculparé.

Después de decir eso, dejé el vestíbulo y me dirigí a la habitación del maestro Romeru con un papel en la mano.

A decir verdad, Alf, antes de que se fuera de la posada, me había dicho la posibilidad de que un invitado inusual apareciera.

También me había dicho cómo manejar a tal invitado. Y, por lo tanto, hice todo como se me indicó, sin ningún problema…

Sin embargo, ahora tendría que llamar al maestro Romeru, quien estaba oculto en esa aterradora atmósfera.

—Maestro Romeru…

Dicho esto, no podía huir, así que me preparé y lo llamé.

—¿Qué sucede…? ¿Vino alguien?

Con su frente aún arrugada, mi maestro respondió sin levantar su mirada hacia mí.

—S-Sí, justo como dijo Alf que lo harían.

—Ya veo… Entonces, ¿podrías darme lo que esa persona dejó contigo?

En realidad, el invitado de antes fue alguien preparado por Alf.

Esa persona trabajaba bajo su mando, y estaba activo en el Principado de Rinmel, donde actualmente estamos.

No había manera de que pudiera entregar abiertamente la información obtenida de su infiltración; no obstante, en la remota posibilidad de que el mismo Alf no pudiera recibirla, me había informado a mí y a sus informantes sobre cómo entregarla de antemano.

Siguiendo ese método, ese huésped visitó la posada, y dijo sus líneas predeterminadas según las instrucciones.

Todas mis respuestas también estaban predeterminadas bajo las órdenes de Alf. En otras palabras, toda la conversación anterior fue un código…

Y, como me las arreglé para dar la contraseña apropiada, el huésped me entregó el memo con la información… cuando me golpeó ligeramente el pecho.

 

Después de que el maestro Romeru tomó el papel de mi mano, lo miró muy intensamente.

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