Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 104: La batalla del primer ministro

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Dos días después…, en el quinto día desde que empecé a recluirme en la posada, Alf regresó con su amable sonrisa habitual, sin dar ningún signo de fatiga.

—¿Cómo estuvo…?

—Los fondos serán devueltos mañana a la casa ducal Baskar.

—Oh… ¿cómo te las arreglaste para completar esa tarea con una programación tan estricta? ¿Es una pregunta tonta de mi parte?

—Con mucho gusto asumí esa tarea, maestro. Lo más probable es que las finanzas del duque Baskar estaban en un estado bastante precario… ya que aceptó casi de inmediato la solicitud de reunirse con el conde Talbot.

»Uno de nuestros oficiales administrativos está trayendo una carta del conde Talbot y de los fondos, debería llegar para mañana. Por supuesto, he confirmado el contenido de la carta.

»En cuanto a los detalles, deberían ser algo como: “Me he hecho cargo de los fondos de la empresa Nord, con la cual usted, duque Baskar, se ha estado facilitando, como garantía por el peaje de pasar por mi territorio. Como su gente ha pasado por mi dominio sin causar ningún problema en particular, deberíamos haber devuelto los fondos, pero debido a que mi familia está cada vez más ocupada con la toma de posesión del nuevo jefe y la falta de solicitud para su devolución, nos disculpamos terriblemente por su tardío retorno. Con esto, hemos devuelto todos los fondos extras que nos habían sido confiados”.

No era tan común, pero prominentes casas mercantiles y nobles daban dinero extra como depósito, además del peaje que pagaban al entrar en el dominio de otro.

Esa acción tenía dos significados: como una garantía de su identidad, y como cobertura en el caso de que se vieran involucrados en algún tipo de problema dentro de su territorio.

Si no pasaba nada para cuando salieran del territorio, el depósito extra sería devuelto.

Ahora, los fondos que recibió del conde Talbot se tratarán como un depósito.

—Bueno, eso debería estar bien…

—Si me permite, maestro… Su reunión con el duque Sligar está programada para mañana. Una vez más, hay planes con la casa ducal Crow antes de reunirse con el duque Sligar, así que he incluido una reunión con ellos también.

—De acuerdo… Lamento que hayas tenido que pasar por todo esto.

—No es nada por lo que tenga que disculparse, maestro. Ahora bien, eso es todo lo que tengo que informar, así que me retiraré.

—Por supuesto. Descansa y tómalo con calma esta noche.

Y así, al día siguiente, nos dirigimos a la casa ducal Crow durante la mañana.

Al principio, una sensación de nerviosismo fue transmitida por la expresión rígida de la cabeza actual, Chester Crow, pero eso pronto desapareció cuando saqué el tema de un tratado de no agresión mutua entre nuestros países, y me las arreglé para que aceptara encontrarse conmigo en el reino de Tasmeria.

Después de esa discusión, volví temporalmente a la posada para tener un rápido descanso antes de dirigirme a la residencia del duque Sligar.

Después de un corto paseo en el carruaje, llegamos a la mansión. Sin embargo, antes de entrar, me detuve un momento y la miré.

—¿Cuál es el problema, maestro? —me preguntó Alf a mis espaldas, habiendo visto inesperada tal acción de mi parte.

—No, no es nada… Vamos —respondí con una ligera sonrisa en mi rostro y, una vez más, comencé a caminar.

Alf no siguió indagando y simplemente me siguió en silencio.

—Bienvenido, maestro Romeru.

Poco después de pasar por la entrada, un anciano con uniforme de mayordomo nos dio la bienvenida con una hermosa reverencia.

—Mi amo está esperando. Por favor, por aquí.

No obstante, después de ver a ese hombre, solté un suspiro interno mientras lo etiquetaba como “alguien con quien no se puede bajar la guardia”.

No era como si ese mayordomo hubiera hecho movimientos particularmente sospechosos. Más bien, parecía una persona amable con una sonrisa de buen corazón.

Pero, con esa perfecta sonrisa delante de mí, y habiendo percibido de él una atmósfera similar a la de Alf, inconscientemente me sentí cauteloso.

El mayordomo caminó a través de la alfombra roja del pasillo sin hacer ningún sonido.

Tras él íbamos Alf y yo, así como Kuroitsu y el resto de los escoltas.

—Ahora bien, por favor, espere aquí un minuto. Los escoltas pueden quedarse en la habitación contigua.

Me senté en el sofá que él señaló en la habitación a la que nos llevaron. Detrás de mí, estaba Alf, esperando de pie.

No mucho después, el mayordomo apareció una vez más con el sonido de un golpe. Esta vez, una persona que parecía ser su amo lo acompañaba, así que me levanté.

—Es un placer conocerle… Soy Curtis Sligar. Bienvenido, ha recorrido un largo camino… ¿Se siente mejor de salud?

—Lamento mucho mi descortesía durante esta ocasión. No estoy muy acostumbrado a viajar, así que parece que mi fatiga se ha acumulado. Me he recuperado completamente ahora… Gracias por tomarse la molestia de recibirme el día de hoy.

Mientras Curtis se sentaba en el asiento de enfrente, yo también me senté una vez más en el mío.

—Entonces, señor Romeru… ¿Por qué usted, un hombre tan ocupado, se ha esforzado tanto en venir a este país?

Bajo mi fachada sonriente, dejé salir un suspiro interno al ver que sus palabras eran irónicas desde el comienzo.

—¿No es natural como primer ministro tratar de profundizar la relación con el país vecino?

—Hmm… ¿y la razón detrás de eso? —Las comisuras de la boca de Curtis se elevaron ligeramente; sin embargo, sus ojos no sonreían en absoluto—. Usted es un hombre bastante diligente, señor Romeru. Después de todo, en el pasado, su país y el nuestro nunca tuvieron este tipo de interacciones… Ah, ahora que lo pienso, parece que una parte de nuestro país y una parte del suyo sí están teniendo algunas pequeñas interacciones.

Sonreí ante sus palabras, que ya había previsto.

—Sí…, he oído hablar de estos asuntos. El conde Talbot de mi país y el duque Baskar del suyo tuvieron algunas interacciones. Antes de dejar la posada, recibí un informe de que un mensajero del conde Talbot vino hoy a visitar al duque Baskar, así que por ahora puede que ya hayan terminado de hablar.

La expresión de Curtis palideció por primera vez ante mis palabras.

—Ya veo… Sería bueno que se convirtieran en un buen puente entre nuestros países.

No obstante, pronto recuperó su compostura y, una vez más, hizo una sonrisa sarcástica.

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