Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 118: La confesión de una cierta sombra, parte 2

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


—Oh, ¿en la casa ducal Armelia…?

—Sí. Mis padres vivieron en el pueblo que se convirtió en un campo de batalla durante la guerra con Towair. El pueblo fue severamente dañado y, a excepción de mis padres, todos sus parientes fueron aniquilados. Sin nadie de quien depender, dejaron el lugar y se casaron en la capital, donde nací, pero… mi padre falleció debido a un accidente en su trabajo, y luego mi madre también murió poco después. Después de eso, cuando estaba vagando por mi cuenta, el maestro Louis me dio refugio, y después de aprender bajo la sombra Iroha, me convertí en miembro del ejército. Debido a esa secuencia de acontecimientos, no tengo parientes, así que no tengo que preocuparme de que mi identidad sea revelada por mi rostro. A veces, puedo cambiar mi nombre para infiltrarme en varios lugares.

—¿Por qué estás en el ejército…?

Por un momento, el rostro de mi padre se oscureció. Era como si se culpara a sí mismo por no haber podido ayudar a Abel.

—¿Por qué, dice?

—Los que fallaron en proteger a tu pueblo y a tus parientes, fuimos sin duda nosotros, los soldados. A pesar de eso, ¿por qué vas tan lejos para servir al país?

Por alguna razón, Abel sonrió ante la pregunta de mi padre.

—Es todo lo contrario… Es cierto que mis padres perdieron sus amigos y parientes debido a la guerra con Towair. Sin embargo, si el general no hubiera venido a salvarlos, mis padres también habrían muerto… Es cierto que no pudo protegerlos a todos, pero, si no hubiera estado ahí, se habrían perdido muchas más vidas. Por eso mis padres estaban agradecidos con usted por haber salvado sus vidas y al pueblo… Les gustaba contar historias sobre el héroe que luchó mientras lograba proteger al mismo tiempo al pueblo. Es precisamente por eso que lo admiro.

—Eso es….

Estoy segura de que, incluso con las palabras de Abel, la maldición de mi padre no se romperá.

Mi padre es esa clase de persona.

Él no aparta la vista de lo que se ha perdido… y siempre carga con las vidas de los demás como suya.

Es por eso que no se alegró en lo más mínimo y en su rostro se mostró una expresión que parecía no estar del todo convencido.

—Al mismo tiempo, no pude agradecer lo suficiente el entorno que me ofrecieron… Había mucha gente con circunstancias similares a las mías. Por fortuna, el maestro Louis me recogió, pero… muchos de ellos siguen viviendo en la penuria. Es por eso que aspiré a unirme al ejército, para que no aparecieran más niños como yo y nadie tuviera que experimentar el dolor de perder a alguien o el miedo de poder hacerlo.

—Ya veo…

No pude decir nada más.

Así de bien se transmitieron sus sinceros sentimientos a través de todas y cada una de sus palabras.

—Con respecto al caso de esta vez, sentí su desarrollo mientras me infiltraba en el Principado de Rinmel. Sin embargo, lamentablemente… para cuando me di cuenta de eso, aunque cabalgara sin descanso, no llegaría a tiempo para el comienzo de la fiesta. A pesar de eso, como la información era tan incierta, vine aquí de inmediato desde el Principado de Rinmel… Fue entonces cuando me infiltré en medio de la fiesta y me encontré con la señorita Mellice mientras adquiría información interrogando a algunas personas sospechosas.

—Entonces, Abel… ¿Quién fue el conspirador de nuestro país?

—Desafortunadamente, ellos tampoco lo sabían. Por lo tanto, en estos momentos estoy investigando cómo obtuvieron el uniforme de nuestro ejército.

—Ya veo…

Al escuchar la respuesta de Abel, mi padre dejó escapar un profundo suspiro. Probablemente quería saber la respuesta lo antes posible.

El hecho de que hayan podido obtener el uniforme del ejército tan fácilmente para un número tan grande de personas, se debía, sin duda, a la cooperación con alguien dentro del ejército, o con influencia en el mismo.

—¿Qué hay del conspirador del lado del Principado de Rinmel…?

Por un momento, Abel se estremeció ante la pregunta de Louis.

—Aunque todavía tengo que obtener evidencia definitiva…, debería ser la casa ducal Sligar.

—Espera… ¿No participó el duque Sligar en la fiesta? No me digas que pidió que lo asesinaran….

Sin pensarlo, Louis murmuró tal pregunta que no parecía estar dirigida a alguien en la habitación.

—No quiero reducir demasiado nuestras opciones, pero actualmente puedo pensar en dos situaciones potenciales… La primera es que, al convertirse él mismo en un objetivo cuando atacaran a las otras casas ducales, lograría evitar la sospecha. En ese caso, es probable que tuviera algún medio para garantizar su propia seguridad.

—¿Y la otra…?

—Que el hijo mayor de la casa ducal Silgar, Cordis Sligar, quien no vino al reino de Tasmeria, es el que mueve todos los hilos detrás de escenas.

—¿Estás diciendo que… él pidió que mataran a su propio padre y hermano menor?

—Son solo situaciones hipotéticas… No obstante, no es imposible, ¿verdad? Puede haber algún propósito o razón por la que pediría que mataran a sus propios parientes.

El comentario de Louis me dejó sin palabras.

En efecto, era verdad… En el pasado, también estuve a punto de caer en la desesperación, ¿no es así?

Gracias al incidente de mi madre, sentí el profundo rencor de mi tío que estaba dispuesto a matar a sus parientes…

Tal vez porque mi padre también tenía pensamientos similares, estaba rodeado de una atmósfera inusualmente triste.

—Mis disculpas, dije algo que traería algunos recuerdos dolorosos. —Louis se disculpó, tal vez al haber notado nuestros pensamientos.

—No te preocupes… es como dices, Louis. Mientras sea una posibilidad, no debemos excluirla de nuestras consideraciones.

Escuchando las palabras de mi padre, Louis bajó la cabeza.

—Entonces, Abel… Investiga más a fondo con esas dos posibilidades. También, general Gazelle, aunque lamento molestarle…

—Por supuesto, le daré mi mayor cooperación. Buscaré la identidad del conspirador interno usando mis propios métodos.

—Entendido, maestro Louis, general Gazelle, gracias por su cooperación… Con esto, ya es hora de que me disculpe. Sería antinatural quedarme aquí demasiado tiempo con el pretexto de dar un saludo.

—Sí, eso es cierto. Buena suerte, Abel.

—Muchas gracias, general Gazelle.

—Ah, entonces también me disculparé. Todavía tengo que prepararme para mi encuentro de la tarde.

Con eso, dejé el estudio de mi padre con Abel.

—Gracias por hoy…

Mientras caminaba al lado de Abel, le di mi agradecimiento que también contenía una pequeña disculpa.

Cuando lo encontré en el castillo, no pude evitar sospechar de él… Le hice una petición irrazonable mientras estaba trabajando como una sombra.

—No, soy yo quien debería decir eso… Una vez más, permítame extender mi agradecimiento por su cooperación el otro día. Muchas gracias.

Se comportó como si no le importara en absoluto, y en su lugar, me dio las gracias.

—Um…, Abel, si estás dispuesto a decirlo… ¿cuál es tu verdadero nombre?

—¿Qué? —preguntó Abel, perplejo.

No pude evitar reírme ante su inusualmente agitada apariencia.

—Lo dijiste antes, ¿verdad? Que a veces cambias tu nombre para infiltrarte… Por eso me imaginé que el nombre “Abel” también era falso.

—Ah, entonces era eso… Lo siento, pero no puedo decirle mi verdadero nombre. Cuanta menos gente sepa un secreto, mejor.

—Pensé que dirías eso.

Sintiéndome un poco decepcionada, dejé escapar un suspiro interno.

| Índice |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *