Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 99: El desafío del primer ministro (6)

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Después de mi reunión con el duque Maurice Grindal, me dirigí hacia la casa del duque Ferring.

Al igual que el duque Grindal, el duque Ferring estaba en su villa de la capital para la conferencia, y como tal, no me llevó mucho tiempo llegar ahí.

—Bienvenido, señor Romeru.

Bruno Ferring, el jefe actual de su familia, me saludó con calma. A su lado, se encontraba una mujer con una sonrisa amable en su rostro.

—Le agradezco haberse tomado la molestia de venir a recibirme, señor Bruno.

Tomé la mano que me ofrecía e intercambié un apretón de manos con él.

—Esta es mi esposa, Kelly.

—Vaya, vaya, para que incluso su señora venga a saludarme… ¿Cómo está usted? Soy Romeru Jib Armelia. Es un honor conocerle. —Volviéndome hacia ella, bajé mi cabeza ligeramente de forma respetuosa.

—Gracias por su amable saludo. Me llamo Kelly. Es un placer conocerle.

La sonrisa de Kelly se profundizó mientras hacía una reverencia propia de una dama.

—Por favor, por aquí.

La estructura de la mansión era similar a la de la casa del duque Grindal, pero como había más muebles con base de madera, daba una impresión más suave.

Siendo guiado por ellos, llegué a un salón.

—¿Cómo estuvo su viaje de camino aquí…?

Después de sentarnos, Bruno comenzó la conversación con una charla inofensiva e inocente.

Kelly, que estaba sentada a su lado, entró en la conversación con un tiempo magnífico.

Y luego, desde el principio hasta el final de la conversación, charlamos con una atmósfera armoniosa.

—Ahora que lo pienso, señor Romeru. ¿Ya ha bebido el alcohol de mi territorio?

—Por supuesto que sí. Después de todo, el vino de cebada del territorio del duque Ferring es bastante delicioso.

—Me siento honrado por sus elogios… ¿Qué le parece? Tengo uno muy valioso guardado.

—Por supuesto.

—Es bueno oír eso… Bueno, entonces, señor Romeru, le guiaré a una habitación separada.

—Entonces, me despediré aquí, señor.

Tan pronto como Bruno se levantó, Kelly, que había estado sentada a su lado, también hizo lo mismo

—Muchas gracias por hacerme pasar un grato momento. Si hay otra oportunidad en el futuro, encontrémonos de nuevo.

—Por supuesto. Eso sería un honor, señor.

Y entonces, Kelly se fue, y yo me dirigí a otra habitación con Bruno.

La pared de la habitación estaba cubierta de libros, y con solo mirarla, se podía ver cuánto le agradaba la lectura a Bruno.

—Me disculpo por lo aburrido que puede parecer la habitación —dijo Bruno avergonzado al seguir mi mirada.

—Para nada…, parece que te gustan bastante los libros, ¿no es así?

—Sí… He sido ridiculizado como un ratón de biblioteca, pero eso no está necesariamente mal.

Nos sentamos uno frente al otro en los sofás situados en el centro de la habitación.

Como para buscar de qué hablar a continuación, o para sondear al otro, intercambiamos miradas.

Dentro del silencio, parecía que por mucho tiempo que pasara, no había signos de que nos trajeran el alcohol valioso del que había hablado.

—Viendo como ha determinado que vale la pena escuchar lo que tengo que decir, ¿puedo entender que nadie más entrará en la habitación…?

El primero en romper el silencio fui yo.

Más allá de mi mirada estaba la puerta por la que habíamos pasado antes.

Como para expresar su reconocimiento, Bruno sonrió irónicamente mientras enderezaba su postura.

—Sí, así es… El alcohol era solo una excusa. Pensé que sería mejor que nuestra próxima conversación fuera solo entre usted y yo. Por supuesto, no estaba mintiendo cuando dije que tenía un alcohol muy valioso.

—Ya veo… En mi caso, no tengo ningún problema en particular con que su esposa esté cerca… —Al escuchar esas palabras, Bruno me miró con una mirada inquisitiva—. Estoy bromeando… Esto demuestra que no hay nada de lo que me sienta culpable —añadí con una sonrisa amarga en respuesta a su mirada.

—Ya veo… Entonces, señor Romeru, pasemos al tema principal.

Luego, justo como hice en casa del duque Grindal, hablé de la indecencia del duque Baskar y de la firma de un tratado con el reino de Tasmeria.

Si tuviera que decir lo que difiere de mi encuentro anterior, sería que no cuestioné la resolución de Bruno como lo hice con Maurice.

Si hay muchas personas involucradas en una tarea, podría no terminar bien… Puesto que Maurice ya había declarado que tomaría la iniciativa, no había necesidad de más instigación.

Solo que, para facilitarle el movimiento a Maurice, cambié mis palabras con la intención de compartir información sobre el asunto del duque Baskar.

—Bueno, entonces, señor Bruno… Esperaré ansiosamente el día en que venga a visitar nuestro país.

—Sí. Una vez que las conversaciones con nuestro país se hayan resuelto de forma pacífica, lo visitaré. Probablemente estará ocupado en ese momento, pero me encantaría poder hablar de esta manera una vez más con usted.

—Por supuesto… En ese momento, la señora Kelly podría unirse también. Estoy seguro de que mi esposa estará esperando ansiosamente.

Con eso, una vez más, estreché su mano, y las discusiones terminaron.

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