Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 54: El secuestro por romance es malo incluso cuando el género es angustia (4)

Traducido por Shroedinger

Editado por Tsunai


Afuera había mucho ruido por alguna razón.

Leo se despertó bruscamente de un sueño profundo a causa de los sonidos molestos.

—¿Ng?

Inconscientemente levantó la cabeza y gimió al chocar contra algo. Leo estaba atrapado dentro de una jaula y lo estaban trasladando a algún lugar.

—¿Qué? ¿Ya está despierto?

—Dense prisa. Joder, justo hoy aparece un intruso… No es un buen día.

Una tela gruesa cubría la jaula, impidiéndole ver el exterior. Leo inclinó la cabeza, confundido. Estaba seguro de que hacía un momento estaba jugando en casa, así que no podía entender por qué había acabado allí de repente.

Sus orejas y su nariz se tensaron al mismo tiempo.

La alarma que llenaba el pasillo era lo suficientemente fuerte como para lastimar sus oídos sensibles. Pero, al mismo tiempo, un aroma delicioso flotaba en el aire. Sin duda, era el olor de hígado fresco.

La saliva comenzó a escapársele por la comisura de los labios. Sin embargo, sacudió la cabeza con fuerza y se tapó la nariz con ambas manos. Le había prometido a Arachne que no causaría problemas, así que tenía que aguantar…

Pero pronto sus manos cayeron y volvió a babear. Leo llevaba demasiado tiempo hambriento, y ahora tenía una comida perfectamente presentada justo delante de él. Su fuerza de voluntad no era suficiente para resistir una tentación tan intensa.

Soltó un aullido.

Al final, Leo se vio completamente superado.

Su cuerpo comenzó a hincharse rápidamente dentro de la jaula.

—¡U-uwa!

—¿¡Qué demon…!?

La jaula se rompió en un abrir y cerrar de ojos, abriéndose en todas direcciones. Los hombres que la transportaban salieron despedidos hacia atrás y cayeron al suelo.

—¡Awoo…!

Una bestia enorme apareció antes de que nadie pudiera reaccionar y rugió desde donde estaba, llenando por completo el pasillo con su cuerpo.

—¡Ahhh!

La bestia de pelaje marrón balanceó una de sus patas y aplastó a un hombre que se desplomó contra el suelo. Sus pupilas doradas y verticales brillaban con un frío cortante. Los afilados colmillos que sobresalían de su boca reflejaban una luz aterradora.

—¡Comida…!

Leo finalmente perdió toda la razón. Se transformó por completo en una bestia feroz y comenzó a arrasar el pasillo sin control.

♦♦♦

Lakis derribó sin esfuerzo a las personas que custodiaban la entrada y penetró en el mercado de esclavos.

En cuanto cruzó el umbral, una alarma ensordecedora comenzó a sonar.

Las puertas del edificio se cerraron automáticamente una tras otra. Era un sistema diseñado para convertir a los intrusos en presas fáciles, pero en ese momento jugó a favor de Lakis. Así podría eliminar a todas las alimañas del interior sin que nadie escapara.

—¿¡Quién eres tú!? ¡Identifícate… gah!

Mató sin piedad a todo aquel que se acercó para detenerlo. La sangre que rezumaba de su mano diezmó a los enemigos frente a él, dejando tras de sí la imagen residual de una delgada línea carmesí.

Lakis había venido únicamente por Yuri. No le importaba salvar a nadie más.

Utilizó su poder de obediencia sobre algunos de los presentes y descubrió que el mutante estaba encerrado en lo más profundo del edificio.

En cuanto al cuervo Odín, al que había visto anteriormente en casa de Yuri, lo había dejado en un rincón de un almacén vacío que encontró mientras exploraba el ala este. En cualquier otra circunstancia, lo habría obligado a hablar por cualquier medio necesario, pero en ese momento su prioridad absoluta era encontrar a Yuri.

Lakis, hay mucho ruido más adelante… viene de esa dirección.

Entonces, de repente, se dio cuenta de que, tal como había dicho el insecto, podía oír el sonido de cosas rompiéndose y gente gritando no muy lejos. Al principio lo ignoró, pero, por desgracia, el ruido provenía exactamente de la dirección hacia la que se dirigía Lakis.

—¡Argh…!

—¡Grrrr!

Muy pronto, Lakis se encontró con un monstruo que estaba causando estragos en los pasillos.

¿Qué demonios es esa cosa?

El ceño de Lakis se frunció.

No obstante, llevaba una máscara como precaución, por lo que su expresión no se reflejó en el exterior.

El monstruo repetía un comportamiento bastante peculiar: agarraba a las personas frente a él con su enorme pata, las acercaba a su nariz y las olfateaba. Luego fruncía el ceño, las arrojaba al suelo y comenzaba a escarbar, como si buscara algo.

Espera… este olor…

Los ojos de Lakis se agudizaron de repente al distinguir el aroma que flotaba en el aire. El olor del monstruo que devastaba el pasillo era similar al hedor bestial que había percibido anteriormente en Yuri.

—¿Ng?

En ese instante, Leo también olió a Lakis.

La nueva persona que había aparecido despedía el aroma más delicioso entre todo lo que había probado hasta entonces.

Sin razón alguna, Leo comenzó a babear y se lanzó hacia él.

Los ojos de Lakis se llenaron de burla al ver que aquella cosa se atrevía a considerarlo una presa, y acto seguido se movió.

—Joder… ¿por quién cree que está babeando este bastardo rabioso?

Aunque el monstruo era diez veces más grande que Lakis, este logró agarrar la cola de Leo y lanzar su enorme cuerpo con facilidad.

—¡Kkaeng!

La pared contra la que Leo se estrelló se derrumbó con estrépito. Incapaz de comprender por qué no había logrado atrapar a su presa, miró a Lakis con desconcierto. Luego, comenzó a babear de nuevo y se puso de pie de un salto.

Lakis le dirigió una mirada fría y ordenó con voz implacable:

—Mantén los ojos en el suelo.

La voz, extrañamente poderosa, se propagó como una ola invisible. De inmediato, los ojos de Leo se clavaron en el suelo.

—¡Kyaa!

Leo gritó, confundido y aterrorizado por la repentina negativa de su cuerpo a obedecerle.

Entonces, de pronto, otro aroma procedente de Lakis se filtró en su nariz.

El olor de… Y-Yuri…

Leo recuperó brevemente la lucidez y comenzó a olfatear el aire mientras murmuraba para sí mismo.

Al oírlo, Lakis arqueó una ceja.

Tal como sospechaba, el olor que emanaba de aquella bestia era el mismo que había percibido en Yuri la última vez. En realidad, había querido despedazar a esa cosa en el mismo instante en que se lanzó hacia él babeando, pero precisamente por eso se contuvo.

—Oye, bastardo —dijo con frialdad—. La Yuri de la que hablas… es una mujer de cabello negro y ojos rojos, ¿verdad?

—¡Yuri…!

Los ojos de Leo brillaron y jadeó, como si se alegrara de oír el nombre pronunciado por Lakis. Luego arrugó la nariz, alzó ligeramente la cabeza y volvió a olfatear el aire.

—¿El olor de… dos Yuri…?

Al escuchar eso, Lakis entrecerró los ojos.

¿El olor de dos Yuri?

Eso significaba que ese monstruo sabía dónde se encontraba Yuri en ese momento.

Lakis comprendió la situación al instante y volvió a darle una orden a Leo.

—Maldita sea. ¿De dónde viene ese olor?

♦♦♦

—¿Qué ha pasado…?

Por otro lado, el hombre que había logrado infiltrarse primero en el anillo de esclavos percibió que algo iba mal.

—¿Nos han descubierto?

El subordinado que estaba detrás de él también se tensó ante la repentina situación. El hombre agudizó sus sentidos y examinó el entorno con cautela. Sin embargo, los pasos apresurados que se oían no se dirigían hacia ellos; por el contrario, se alejaban.

—No. Parece que hay otro intruso.

—¿Entonces deberíamos movernos? —preguntó rápidamente su perspicaz subordinado.

El hombre asintió.

—No importa si atraen la atención allí. Nos moveremos según lo planeado.

—Sí, lord Crawford.

El líder del grupo de búsqueda, Kalian Crawford, avanzó con paso firme. El equipo que lo acompañaba se movió con rapidez, decidido a encontrar a las personas desaparecidas.

De cara al público, solo se sabía que habían desaparecido niños de un orfanato, pero en realidad también había niños nobles entre los secuestrados.

Si únicamente se hubiera tratado de huérfanos, jamás habrían enviado personalmente a Kalian.

Para ser honesto, aquella idea no le agradaba en absoluto. Sin embargo, no era momento de dejar que sus pensamientos divagaran, así que centró toda su atención en la misión: rescatar a los secuestrados.

—¡Kyaa!

—¡M… mamá!

Mientras corría en busca de Leo, me encontré de pronto con un grupo de personas que huía apresuradamente hacia alguna parte. Por los grilletes que llevaban en muñecas y tobillos, era evidente que se trataba de esclavos.

—¿Q… quién eres?

La persona que parecía ser su supervisor gritó en cuanto nos vio a Siren y a mí. Lo ignoré por completo, salté hacia ellos y lo derribé de una patada antes de continuar mi camino.

—¿Nos vamos a ir? —preguntó Siren.

—¿Qué otra cosa podríamos hacer?

—No lo sé… pensé que los ayudarías, así que me sorprende —murmuró, un poco desconcertada.

Pero era lo más natural del mundo. Las personas que habían sido capturadas daban lástima, sí, pero no tenía ningún impulso heroico. Mi único objetivo allí era sacar a Leo de ese lugar.

Justo en ese instante, una enorme explosión estalló frente a nosotros. Un segundo después, una figura apareció entre la nube de polvo que se elevaba en el aire.

Lo primero que llamó mi atención, entre la visión borrosa, fue un uniforme que me resultaba familiar. Luego, al distinguir el rostro del hombre, no pude evitar detenerme en seco.

—¿Qué pasa? ¿Es alguien que conoces? —preguntó Siren al notar mi reacción.

Si nos atenemos a la definición literal de “conocer”, entonces sí, era alguien a quien conocía. Se trataba de Kalian Crawford, el mismo hombre al que había visto el día anterior.

—Tu gente… —murmuró él.

En cuanto nos vio a Siren y a mí, frunció el ceño.

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