Una Verdadera Estrella – Volumen 4 – Capítulo 28: Infiltración (2)

Traducido por Shisai

Editado por Sakuya


Normalmente, Tang Feng no marcaría proactivamente un número de teléfono que había olvidado borrar, pero hoy, la única persona en la que podía pensar que podía ayudarle de forma inmediata era Albert.

De pie en la escalera del piso, marcó un número al que nunca había llamado antes, aunque dudaba bastante de que el rubio lo hubiera cambiado.

La llamada se conectó y, en menos de dos segundos, la otra parte contestó.

【Me cuesta creer que tomes la iniciativa de llamarme. Debes haber estado esperando este día durante mucho tiempo.】 La voz grave y característica de Albert se oyó con una calidad granulada en la transmisión electrónica.

Tang Feng no tenía tiempo ni ganas de apreciar su voz. Aunque era un poco grosero, fue directo al grano.

—Albert, ¿puedes hacerme un favor? Ven ahora mismo a la planta del despacho del presidente. Te espero en las escaleras.

Sin palabras innecesarias, sin preguntas de más; Albert accedió con prontitud, 【Dame un minuto.】

Entonces terminó la llamada. Albert era decidido y directo.

Tang Feng se quedó un rato mirando el teléfono. ¿El hombre no temía que pudiera tratarse de una trampa? ¿O estaba tan seguro de sí mismo que no creía que nada lo pudiera amenazar?

En cualquier caso, esto también era una señal de confianza.

Como había prometido, Albert llegó a la escalera en menos de un minuto. Su eficiencia era asombrosa; pasaron menos de tres minutos desde que Tang Feng lo llamó hasta que apareció.

El actor había estado preocupado de que podría preguntar por qué tenía que venir, pero Albert fue sorprendentemente directo.

—Habla. Es raro que me pidas ayuda —el rubio preguntó sin rodeos.

Como ambos eran personas directas, Tang Feng no dudó. Fue directo al grano.

—¿Puedes entrar en el despacho del presidente? Entra conmigo.

Sin necesidad de razones ni explicaciones, Albert sonrió ligeramente y le tendió la mano.

—Dame la mano.

No era momento para ser tímido ni vacilar. El actor extendió rápidamente la mano y Albert la agarró con firmeza, caminando en dirección al despacho.

La secretaria, la cual ya había visto a Albert antes, de inmediato se puso de pie y miró cómo el hombre llevó a Tang Feng hacia la oficina del presidente. La secretaria los siguió rápidamente.

—Señor Albert, ¿está buscando al Presidente Lu? Hoy no está aquí.

La secretaria, incapaz de detener físicamente a Albert, sólo pudo trotar a su lado. El hombre no caminaba despacio.

—Abra la puerta —ordenó el rubio. Era una puerta cerrada con contraseña, y Albert llegó rápidamente a la entrada.

—Lo siento, pero sin el permiso del presidente no puede entrar —respondió formalmente la empleada. Sin embargo, no estaba tratando con alguien que pudiera ser despedido con formalidades, Albert no era de ese tipo.

—Abra la puerta —repitió con voz fría, y aunque no había amenaza manifiesta en su tono, transmitía un escalofrío inquietante.

Tang Feng sintió que un escalofrío le recorría la espalda, sin poder evitar un ligero temblor. Albert apretó un poco la mano del actor, lo que parecía ser su forma de tranquilizarlo.

Oh dios, Tang Feng pensó que podría no ser capaz de manejar a este psicópata meticuloso y gentil.

—Yo… —la secretaria tartamudeó, claramente abrumada por la imponente presencia del hombre, hasta el punto de olvidar momentáneamente lo que se suponía que tenía que decir.

—No me hagas repetirlo —dijo Albert, que no era del tipo amable.

Tang Feng observó alarmado cómo aquel hombre de aspecto elegante agarraba a la empleada por el cuello. A pesar de la sonrisa fría e impasible, el gesto era amenazador.

El actor sintió una punzada de culpabilidad y pensó que tendría que hablar de ello con Lu Tian Chen más tarde, quizá incluso darle una gratificación.

Temblorosa, la secretaria introdujo la contraseña de la puerta. Con un «clic», la puerta se abrió.

Albert la soltó, como si simplemente la hubiera tocado ligeramente en lugar de amenazar su vida. Sonrió y dijo: —Lu Tianji tiene una buena empleada.

A continuación, abrió la puerta y tiró a Tang Feng hacia el interior. Cuando la puerta se cerró tras ellos, el actor notó que la mano de la empleada temblaba mientras sostenía el teléfono, probablemente llamando a su jefe.

Pero eso era secundario; Lu Tianji acabaría apareciendo.

Aunque el despacho estaba insonorizado, el ruido de abrir la puerta lo oiría cualquiera que estuviera dentro. Tang Feng empezó inmediatamente a buscar al pequeño demonio.

Estaba familiarizado con la oficina de Lu Tian Chen. Con un poco de suposición, sabía dónde podría estar escondido, teniendo en cuenta lo pequeño que era el despacho.

—Pequeño demonio, ¿estás aquí? Sal, soy yo, Tang Feng.

Llamó pero no recibió respuesta.

¿Se había ido ya?

Justo entonces, una pequeña figura negra se abalanzó de repente sobre Albert. El hombre se quedó quieto, inmóvil. El pequeño demonio apretó un cuchillo contra el cuello del rubio.

—No te muevas.

—Así que realmente eres tú. Baja el cuchillo primero —gritó el actor.

—Tang Feng, ¿por qué estás aquí con este tipo?

Aunque el asesino estaba algo influenciado por las palabras de Tang Feng, seguía sin bajar el cuchillo.

—Lu Tianji está subiendo. Escóndete primero —Tang Feng se acercó y tiró de la mano del pequeño demonio hacia abajo, arrastrándolo hacia el salón adjunto a la oficina mientras este todavía estaba aturdido.

Este salón era normalmente donde Lu Tian Chen tomaba descansos. Tang Feng incluso había dormido ahí antes. No le preocupaba que el pequeño demonio encontrase un lugar donde esconderse; le preocupaba que se encontrara accidentalmente con Lu Tianji.

Confiaba en las habilidades del asesino, pero nada en este mundo era totalmente seguro. Incluso los expertos podían cometer errores, y como amigo, no podía fingir que no había visto nada.

—Escóndete aquí —Tang Feng utilizó el método más sencillo: lo metió bajo la cama. Dándose la vuelta, preguntó a Albert—: ¿Qué estabas discutiendo Lu Tianji esta tarde?

—Sólo algunos asuntos de negocios —Albert observó con una actitud casi indiferente y sonrió ligeramente—. ¿Quieres ayudarlo?

—Sí —admitió Tang Feng.

—Lu Tianji no se deja engañar fácilmente. Ayudaré.

—Sé lo que quieres hacer. Aunque es un poco… —el actor sacudió la cabeza. Aunque era algo frustrante, para alguien como Lu Tianji, quien nunca había tenido una buena impresión de él, ésta era la mejor manera de convencerlo de por qué él y Albert habían acudido al despacho del presidente.

♦ ♦ ♦

Unos cinco o seis minutos después, la puerta del despacho del presidente volvió a abrirse. Lu Tianji, el cual había recibido una llamada temblorosa de la secretaria, llegó al despacho con cierta confusión. Recordaba claramente que la secretaria había mencionado que Albert estaba con Tang Feng y parecía tener prisa.

¿Qué quiere hacer ahora ese hombre, Tang Feng?

Tan pronto como Lu Tianji abrió la puerta, oyó unos débiles ruidos procedentes del pequeño salón. Como hombre, aunque fuera indiferente, no podía ignorar tales cosas.

Hizo que la secretaria esperara fuera y se dirigió él mismo a la puerta del salón. De pie ahí, vio inmediatamente a dos hombres en la cama. Parecía que el verdadero espectáculo acababa de empezar. La ropa, incluyendo chaquetas y pantalones, estaba esparcida por el suelo. Tang Feng, el cual sólo llevaba una camisa, estaba medio tumbado en la cama, con la parte inferior de su cuerpo oculta bajo la manta; podía o no llevar pantalones, pero había pantalones en el suelo. Albert, en cambio, estaba impecablemente vestido, sólo se había quitado el abrigo.

—Sólo tomo prestada tu oficina —dijo Albert despreocupadamente, mirando hacia Lu Tianji. No le importó la presencia del otro y bajó la cabeza para besar el hombro de Tang Feng.

Maldita sea, ¿habla en serio este tipo?

Como actor, no saber actuar sería un problema. Tang Feng, queriendo resistirse pero también curioso, apartó la cabeza. Incapaz de mirar a Lu Tianji, enterró la cara en la manta.

—Disfruten, ya quedaremos para otra ocasión —Lu Tianji miró la hora, no parecía dispuesto a quedarse de espectador. Con una pizca de disgusto, se dio la vuelta y se marchó sin vacilar ni dudar.

Odiaba tener que ver esas cosas, así que Lu Tianji no estaba interesado en examinar la oficina en busca de algún detalle inusual.

Al oír cerrarse la puerta, Tang Feng se asomó y preguntó: —¿Se ha ido?

—¿Importa si se fue o no? —Albert, sin inmutarse, apretó su cuerpo contra el del actor y empezó a besarlo de nuevo. Incluso el hombre más elegante puede ser bastante directo en algunas situaciones; por ejemplo, ahora mismo, la mano del rubio vagaba libremente bajo la manta, tocando las piernas de Tang Feng.

Aunque Albert ya se había adelantado bastante antes de que Lu Tianji entrase.

—¡Maldita sea, quítate! —el pequeño demonio salió rodando de debajo de la cama e intentó golpear al hombre. Albert se rió y se movió para tumbarse al lado de Tang Feng.

—Deja de molestar —el actor apartó al asesino, se bajó de la cama y recogió la ropa esparcida por el suelo para ponérsela—. Ten cuidado; ¿y si vuelve?

Albert salió de la habitación, y pronto se oyó su voz desde fuera: —He cerrado la puerta.

Bien, ahora Lu Tianji no puede entrar.

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