Viviré con humildad y confianza – Capítulo 92

Traducido por Lucy

Editado por Sakuya


No quiero ir…

Para empezar, no quería tener nada que ver con esa familia. Ir sería aún peor porque ese curso de ayuno definitivamente saldría a la luz. Sería tan bueno como anunciarlo.

—¡Hola a todos! He engordado lo suficiente como para justificar el ayuno.

Sí…, ni hablar.

Pero, pensándolo bien, una fiesta de té probablemente significa que quería conocer a los niños del curso de su hijo. Con un montón de gente ahí, no habría estado mal. Si no fuera por el tema del ayuno, claro.

La verdad es que ya me habían invitado a algo así unas cuantas veces, pero me libré de ello haciéndome la tímida. Es una pena que algo así no fuera posible a mi edad. Qué deprimente…

♦️ ♦️ ♦️

Los días siguieron pasando. Dog Lover continuó forzando la colección de fotos de 『¡Yo ♡ Beatrice!』sobre mí. Mi madre se entusiasmó con la fiesta del té y empezó a arrastrarme a los salones de belleza y a las compras de ropa.

En poco tiempo, era ya el día de la fiesta del té.

Era algo informal, así que sólo llevé algunas flores y chocolates. Bueno, digo “sólo” pero este chocolate lo compré en la recién inaugurada sucursal japonesa de un chocolatero francés. Una estrella emergente del mundo del chocolate, le llaman. Me decidí por él porque pensé que el goloso Kaburagi podría apreciarlo.

En cualquier caso, llegué ahí por primera vez, sintiéndome nerviosa. La señora Kaburagi no tardó en hacerme pasar y me llevó a una gran sala que daba al jardín. En realidad, ya había varias personas. Casi todo el mundo era alguien de la Pivoine, así que dejé escapar un suspiro de alivio. Aunque naturalmente Kaburagi y Enjou se encontraban ahí.

—Reika, ¿habrá algunas personas que no hayas conocido antes? Permítame presentarle —dijo la señora Kaburagi antes de hacer exactamente eso. Una vez que terminó, se fue a saludar a los nuevos invitados.

Decidí acercarme a alguien que conocía. Nouzen Sarara estaba aquí. Era miembro de Pivoine, pero pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo tranquilamente por su cuenta.

Sarara tenía un aire tranquilo y digno, y parecía que vivía en su propio mundo, sin participar en las conversaciones inútiles que manteníamos los demás. Cualquier conversación que yo mantuviera le parecería aburrida, así que siempre evitaba hablar con ella. Gracias a eso no éramos realmente cercanas.

Sin embargo, tenía que decir que admiraba su constante compostura. Era algo con lo que sabía que tenía problemas.

En cualquier caso, era sorprendente que alguien como Sarara viniera a un evento como éste. Nunca la había visto hablar realmente con Kaburagi en el salón, y ni él ni Enjou parecían prestarle mucha atención.

Podría ser que sus padres la obligaron a venir, ¿cómo a mí?

—Buenos días, Sarara. Debo admitir que no te esperaba aquí.

—Buenos días. De todos los lugares, yo tampoco te habría esperado aquí, Reika.

—Debo admitir que es la primera vez que vengo como invitada aquí. ¿Y para usted, Srita. Sarara?

—De hecho, vengo aquí de vez en cuando. La familia Kaburagi tiene la amabilidad de permitirme examinar su colección de libros. El presidente Kaburagi es, de hecho, un coleccionista de libros raros.

—¿¡Dios, de verdad!?

¿El hobby de ese soñador papá-Kaburagi eran los libros? ¡Cielos, por qué no he leído más libros! ¡No sé nada de libros raros! ¡Y qué afición tan refinada!

En mi mente, me imaginé a papá-Kaburagi sentado en su estudio, digno, leyendo un viejo libro encuadernado en cuero…

¡Le queda tan bien! ¿Y qué hace el mapache de mi familia para divertirse? ¿Coleccionar gafas de lectura para su vista?

—De verdad. En su tiempo libre recorre Europa en busca de libros raros por su cuenta. ¡Esta maravillosa colección es el resultado directo de todo ese esfuerzo!

—¿Es así?

—¡Lo es! Piensa en ello. Copias tempranas de las obras de Huysmans. Cuando lo descubrí, ¡no pude evitar temblar!

—Vaya…

Era la primera vez que veía a la recogida Sarara hablar con tanta emoción. Sabía que le gustaban mucho sus libros, pero nunca pensé que se los tomara tan en serio. Supongo que tenía ese mismo algo que llevaba a la gente a ponerse pendientes de pata de perro…

Charlamos un poco más. Al parecer, le gustaba especialmente la literatura francesa. Examinando mis escasos conocimientos en ese campo, conseguí exprimir los nombres de Cocteau y Wilde. Se le iluminaron los ojos y empezó a enumerar, aún con más entusiasmo, un título tras otro y a discutir apasionadamente su contenido.

Eso está muy bien, Sarara, pero ¿podrías dejar de acercarte a mí de esa manera?

En ese momento, la señora Kaburagi volvió con otra chica. La chica tenía el pelo hasta los hombros, y las puntas estaban ligeramente rizadas. Vaya, qué casualidad.

—Esta es Maihama Ema de Yurinomiya. Todos se llevan bien con ella. Ahora que todo el mundo está aquí, ¡comenzamos la fiesta del té!

Y así es como empezó.

Tal vez porque su madre estaba aquí, Kaburagi estaba aún más callado que de costumbre. Literalmente, sólo daba las mínimas respuestas a Maihama, que intentaba desesperadamente iniciar una conversación. No es que no pudiera simpatizar. ¿Un chico de instituto, obligado a asistir a una fiesta de té con su madre? Era como una especie de extraño juego de castigo, si lo pensaba. Peor aún, no había ninguna Yurie aquí.

Al parecer, Yurie y Aira estaban en el Reino Unido ahora mismo, pasando sus vacaciones viviendo con alguna familia de acogida.

Apostaría cualquier cosa a que Kaburagi hubiera querido ir con ellas.

De todos modos, Kaburagi, todavía malhumorado, tomó un chocolate y se lo llevó a la boca. Su cara delataba una débil sorpresa. ¡Te atrapé!

El chocolate que acababa de comer no era otro que el que había traído de regalo.

¡Qué tal, Kaburagi! Está bueno, ¿verdad?

La señora Kaburagi, rápida como siempre, se apresuró a señalar que lo había traído yo.

—Hmm… ¿De dónde has sacado esto?

Respondí.

—Así que han abierto una tienda en Japón… —murmuró.

Realmente sabía lo que hacía.

—¿Te gustan los chocolates, Kaburagi?

—El chocolate no está mal.

Ooh, “shoh-koh-lah”[1]. Lo siento por ser una plebeya, señor francés.

—Reika, el otro día te alojaste en uno de nuestros hoteles con tu madre, ¿no? ¿Qué tal estuvo?

—Sí, sus comodidades exclusivas eran excelentes. Casi daba pena usarlas. También disfruté de su jardín. La forma en que se iluminaba por la noche era simplemente mágica.

—¡Caramba! Gracias. Me alegro de que lo hayas disfrutado.

—Kisshouin, ¿te alojaste en uno de los hoteles del Grupo Kaburagi? —preguntó de repente Enjou.

—Bueno, sí…

—Nuestro hotel tenía un curso de ayuno, para perder peso.

¡KABURAGIII!

¡Sabía que lo sabías! ¡¿Y me has revelado aquí?! ¿Qué te pasa? ¡¿No has oído hablar de tacto?! ¡No entiendes para nada el corazón de una chica!

—¿Ayuno?

—Es uno de los cursos que ofrece nuestro hotel.

—Vaya. Así que Kisshouin estaba ayunando…

Enjou parecía estar luchando por no sonreír. Todos los demás empezaron a hablar de ello también.

¡¿No era esto cómo reconocer públicamente que era una gordita?!

—Vaya, puede que fuera un curso de ayuno, pero no era sólo hacer dieta —comenzó la señora Kaburagi—. Era un curso de desintoxicación. Reika es delgada, así que no habría necesitado hacer dieta.

Por desgracia, dudo que alguien le creyera.

—Reika vino a acompañar a su madre. Está muy unida a sus padres. El presidente Kisshouin me contó que ella hace chocolates a mano para él cada San Valentín.

¡Tanuki! ¡Has vuelto a sembrar problemas!

—Cielos, me gustaría tener una hija… Los hijos no son nada lindos.

Kaburagi parecía desanimado por las palabras de su madre.

Entonces, Maihama intervino.

—Sé que tienes una norma contra los chocolates caseros, pero estoy asistiendo a la escuela dessert, ¡así que por favor prueba uno de los míos!

Además, me miraba como si fuera una especie de rival.

—No quiero. Si voy a comer los errores de una aficionada, por qué no voy a comer los éxitos de un profesional.

Maihama, derribada.

Kaburagi, uno de estos días deberías aprender el arte de la sutileza.

Después de eso, la gente siguió viniendo y preguntando por mi ayuno, así que me ofendí y solté: “Hace poco fui con un amigo a limpiar mi espíritu con meditación zazen también”, cuando una de mis mayores de Pivoine me contestó sorprendida.

—Eh-, Reika, ¿eres una de ellas?

Enjou estaba de espaldas a mí, sin aliento por la risa. Deseé tener un palo zen conmigo para enseñarle algunos modales.

En cualquier caso, como resultado de mis experiencias, varias personas dijeron que también estaban interesadas en probar el curso de ayuno.

Cuando llegó la hora de irse, la señora Kaburagi comentó.

—Hoy ha sido un día muy animado gracias a ti. Vuelve a venir, ¿de acuerdo?

Aunque no fue nada divertido para mí… Además, Maihama resopló y se apartó de mí. Qué persona tan divertida.

♦️ ♦️ ♦️

Al volver a casa, agotada, fui emboscada por mi madre, que me preguntó todo sobre la fiesta del té, pero cuando mencioné que se habían enterado de que éramos participantes en el ayuno, se quedó cabizbaja.

Aunque la mitad de la culpa fue de ella.


[1] Está haciendo referencia a la pronunciación que hizo a la hora de responder.

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Un comentario en “Viviré con humildad y confianza – Capítulo 92

  1. CecilianoBueno says:

    Enjou parece estar realmente atraído por nuestra niña, pero si sigue por ese camino alguien más se va a apoderar de ella, por favor deja de burlarte !

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